18 de febrero de 2013

¿SERÁ UNA SAMA MAYOR DEL MUNDO?

Vaya usted a saber.
Porque salió a ver la Gran Canaria emergida el pasado sábado en horas de media mañana, sin aspavientos, ni gritos, ni exclamaciones, ni bufidos de falso esfuerzo ni posturitas de video Guay.
Porque la sama, pese a que la foto no pueda parecerlo en vez de pesar 7, 8 o 9  kilos, pesó 13,800 Kg y claro, no es lo mismo. Las mayores del mundo pesan 9 kilogramos.
Una sama que al llegar a puerto no propició fotos jamoneras, ni colapso el facebook ni el twitter ni contó con un reportero del Carnaza 7, cuñado del primo de mi cuñado, que levantará ridícula acta mediática del acontecimiento.
Una sama que no reunió pandilla alguna de chavalitos changas en torno a la mesa de un restaurante ni fue despiezada con trapisonda y altavoz para elaborar 1.500 raciones de caldo de pescado.





Solo fue un "samote" espectacular, uno de los más grandes que he visto nunca.
Un espárido como una tabla de planchar que placó sin contemplaciones y con intermediación de cabo, nasa o arretranco sumergido un Alien Jig de Jigging Master, esa marca de señuelos tan lejana y poco vistosa como esplendida en la relación calidad – precio.
Un Dentex gibbosus embarcado por mi amigo José, patrón del Olga Pulido, justo en la entrada del Puerto de la Luz y de Las Palmas (¿cuando hemos ocultado nuestros lugares de pesca?), en apenas 30 segundos, bajo el parecer de un peje cualquiera y con el escaso divertimento que proporcionan en Canarias los equipos de jigging pesado.
Una sama para adecentar una mañana floja de jigging, con escasas picadas, buena marea y un solajero implacable.
¿Será una sama mayor del mundo?.
Vaya usted a saber.
De momento, fue la mayor del pasado sábado.

Hasta la próxima.

1 de febrero de 2013

OTRA VEZ. INTENCIONES DE REGULAR LA PESCA DEPORTIVA EN CANARIAS. A VER SI ES VERDAD

Escribo de oídas, o mejor dicho de leídas. No tengo datos concretos pero como el asunto es sencillo y reiterado, me vale el vistazo express que el pasado fin de semana eché en la gasolinera, al titular de un periódico local para hacerme a la idea.
Decía el papel, algo así como que la Viceconsejería de pesca del Gobierno de Canarias a través de su viceconsejero (esperemos que este tenga algún tipo de noción acerca de la materia y no sea otro Gonzalo Angulo), estudiaba, pretendía, o simplemente estaba por la labor de poner coto al disparate monumental que es la pesca en aguas interiores del archipiélago.
Y lo hacía cargando las culpas en la desproporcionada cantidad de licencias deportivas que campan a sus anchas por el litoral de cada isla y sus aguas próximas. Que los recursos han mermado, que apenas quedan pejes más allá de fulas y cabosos, que la flota profesional es mínima y sin embargo la recreativa es enorme y crece a pasos agigantados. El párrafo que leí hablaba de vedas, períodos o prohibiciones. Una regulación específica para la pesca deportivo-recreativa.
En definitiva, otro ataque ordenancista, que como siempre, especulo, puede provenir de una reunión con cofradías de pescadores, de algún informe científico-universitario o simplemente obedecer a un paseo personal por algún veril arrasado por la barbarie.

Pero al margen de reiteraciones que merman la credibilidad, el asunto tiene mucha miga, porque por supuesto, no toda la culpa de la sobrepesca la tienen los deportivos, ni es la pesca la única causa responsable del deterioro faunístico de los fondos insulares; la ocupación de la línea de costa, el urbanismo litoral y otras problemáticas ambientales más específicas tienen también cuota de responsabilidad en el desaguisado.
Por ejemplo y por no salirnos de la pura pesca, hay que reconocer que la flotilla profesional que opera en el mar canario, al menos en las islas centrales, lejos de ser los pobres dolientes que aparecen en las reuniones con la administración, son “animalitos de Dios” que hacen de su capa un sayo y tamizan hasta el fitoplacton.
Practicantes seculares del pan para hoy y hambre para mañana. Un colectivo mínimo, casi anecdótico en lo que concierne a repercusión económica general y tramposo donde los haya en lo que respecta a la regulación fiscal y laboral. Profesionales encubiertos, a tiempo parcial, con barcos a nombre de terceros que venden a su libro albedrío, contratan de cualquier forma y especulan con las ayudas y subvenciones que su actividad económica repleta de contingencias genera en la política nacional y europea.


Antes de entrar en cualquier otro considerando, manifiesto que comparto la idea de que en Canarias, pero más particularmente en Gran Canaria, el asunto de la pesca deportiva, se sale de madre. Es un disparate, tanto en lo que se refiere a cantidad como a calidad.
Sí, de acuerdo, un profesional inconsecuente y desaprensivo puede con sus métodos, depredar en una hora más que un buen número de recreativos en un mes, pero a fecha actual el daño de las malas artes profesionales se ve compensado en importancia por el ingente número de pescadores aficionados. Hay que hacer algo. La cantidad de pescadores deportivo-recreativos es enorme. Aquí todo cristo tiene derecho a tener caña, arrimarse al Atlántico y pescar. Basta pagar los 14 euros de la licencia de 3ª categoría para estar plenamente homologado y reconocido.
¿Cual es el problema de esta explosión demográfica de pescadores?, pues que adolecen de manera genérica de cualquier tipo de formación y concienciación respecto a la actividad que practican.
No tienen ni zorra idea de medio ambiente, ni de especies, ni de su ecología. Saben lo justito. Armar la caña y apuntar a todo lo que nada.
Por razones que pueden tener que ver con nuestra condición insular, por cierto atavismo proclive a la pesca y recolección marina, por carecer de una cultura cívica y respetuosa respecto al medio natural, por el subdesarrollo educativo básico que actualmente nos define o por pura coyuntura económica y social, el mar canario se ha convertido en territorio sin ley en el que cualquiera puede hacer lo que le de la gana.
Y al margen de cafres con cerebro de medusa, que cogen 3 baldes de pintura repletos de cabrillas juveniles para verterlo 3 días después en el contenedor de basuras, en pesca recreativa, lo que se lleva en materia de “lo que les da la gana”, es la venta de pescado. Venta a bares y restaurantes, al cuñado de mi cuñado que conoce al dueño de “La Marinada” y le compra la sama y el kilo de jurel a 10 euros.
Y la casuística, ¡uf!, menuda es la casuística. El “modus operandi” de cada cual. Deportivos que ponen nasas, tambores para morena y que en determinados lugares incluso hacen escarceos con artes de enmalle. Pescadores submarinos que viven de los fondos de la Isleta, Jubilados que pulpean para el bar del pueblo, esquilmadores de lapa y mejillón majorero,  matarifes de pardelas o intensivos cogedores de carnada de viejas. Sí, esa que se vende a escondidas en algunas tiendas de pesca. En la cutre y miserable fenicia local, la misma que ahora, si la enésima pulsación de la iniciativa legislativa tuviese visos de realidad pondría el grito en el cielo y llenaría sus mostradores de hojas de firmas que reflejen el clamor popular, la aberración social, la injusticia y el agravio comparativo que supone el limitar la pesca deportiva.
Mar sin ley.
Ausencia de conciencia.
Educación y valores a la altura del betún.
Ordenación inexistente o ineficaz.


Es urgente ponerle coto a la pesca deportiva. Lo reconozco. Y como pescador aficionado, cualquier normativa me afectaría, que conste. Pero no hay otra.
En cualquier caso, ninguna medida a adoptar debe renunciar a la básica, a la que daría andamiaje al conjunto, potenciar la educación ambiental y particularmente el conocimiento de nuestro mar y su singular universo. Cultivar la conciencia medioambiental desde la base, para que a medio o largo plazo, no tengamos que hablar de vedas impuestas ni de prohibiciones. Esa sería la Arcadia.
De momento, no queda otra que prohibir o limitar.
Eso sí, sin protocolos de control, ni una gestión eficaz de la normativa a establecer, la cosa serviría de bien poco. Esto aunque en su versión quinto pino, sigue siendo España. Aquí la cobardía y el anarquismo encuentran terreno abonado en según que historias y sin pistola en la sien o multa de aquí te espero, nadie se para. Y para eso hacen falta medios y voluntad.
Incluso dentro de las vedas y limitaciones estacionales a la actividad, pondría un segundo filtro. Que el que quiera pescar se faculte para ello mediante pruebas específicas que demuestren conocimientos y actitudes ante la actividad, o que al menos, se esta en posesión de las capacidades cognitivas necesarias para entender el quick de la cuestión y actuar en consecuencia.
Pero no un examen de chichinabo. No el examen de los cazadores, del que se conocen las preguntas una semana antes, ni el del “titulín”, que no cambia desde hace 15 años. Algo medianamente riguroso, serio y exhaustivo. Algo que sirva como solución a un problema que como no se den prisa, dentro de poco dejará de serlo por pura y lógica extinción.

Sí, llegados a este punto y en base a lo que experimento en cada salida pesquera. He de reconocer que la pesca deportiva carente de educación y ética que se practica en Canarias, y más concretamente en las islas capitalinas más pobladas es un problema grave para la biodiversidad marina y la disponibilidad de recursos pesqueros.

Creo que la solución esta clara y no puede demorarse mucho.

¿O es el titular del periódico del otro día un nuevo brindis al sol?.