27 de noviembre de 2012

ESPORÁDICOS DE TEMPORADA


Estamos en época propicia.
Noviembre siempre fue bueno de animales.
Mes de anjovas y antesala del cachondeo general anual de los jureles. Ese peje tan nuestro, que es puro pecado zoofílico si le miramos detenidamente a los labios (“Coki” dixit), y que solo entra a los señuelos en determinadas épocas y siguiendo quien sabe que incomprensibles razones.
Ahora los días son cortos, pero las oportunidades que propicia el mar en la fachada de barlovento son grandes. Las ausencias del anticiclón de Azores dejan abierto el pasillo borrascoso y por el oeste se cuelan semanalmente  frentes y borrascas con vientos del tercer y cuarto cuadrante que aplanan el mar  de septentrión.
Salimos a hacer jigging un par de veces en semana. Si la cosa pinta bien, alguien se escapa al amanecer y pega un par de lances a spinning desde tierra.
Desde el barco, el juego vertical perpetúa un denominador común en forma de samitas y loquillos. De vez en cuando alguna bicúa, de vez en cuando algún sierra y muy de vez en cuando, un jurel. Un esporádico de caché que en el caso que nos ocupa, placó con decisión de atardecer un clásico de las últimas temporadas. El deep dog color perla de 200 gramos. Un metal sin mucho estilismo que sin embargo es ya un imprescindible en nuestros estuches jiggeros. Una imitación que aún sin parecer ni de lejos invertebrado o crustáceo, dieta habitual del trevally canario, supuso un punto de inflexión en las querencias jureleras de aquel atardecer.



El Pseudocaranx le tocó al patrón. Con su jigging Master de peces grandes. Casi de noche y para majar la tarde vencedora de Antonio Martín. Dio 5,5 kg en el boga grip y se quedó para el caldo de pescado.
El pejerrey monocromo es de un servidor. Fruto de un arranque de decisión  y ganas de pescar de estos últimos días al que no pudieron atajar ni la cama caliente ni el reboso persistente  del litoral canarión.
Un pejerrey a las 8. Cuando la cosa pintaba bolo, sobre la espuma y con otro clásico insustituible. El Saltiga Minnow de 18 cm.




Un pejerrey. Criatura cada vez más esquiva y cada vez más escasa. Personalmente uno o dos al año. Siempre por noviembre o navidades.
Dio 3 kilos y algo y volvió a su medio tras el pose fotográfico.
No hay más.
Pesca habitual y esporádicos de temporada.

14 de noviembre de 2012

INCHIKUS


Nunca nos atrajeron demasiado los inchikus. No me pregunten muy bien porque.
Y eso a pesar de que nuestro jigging pasó con cierta rapidez de la abundancia a la escasez, de las cañas gordas a las flacas, de las 20 picadas por sesión a las 2 y gracias y de reconocer en última instancia, lo que suele engatusar el animus pescandi un cambio de estrategias y un nuevo artilugio que llevarse al estuche.
Lo cierto es que nunca le hemos dedicado al binomio plomo pulpito más que algún lance esporádico cuando se nos cruzaba el cable o al aburrimiento no se le vislumbraba salida.
Quizás, los motivos de la poca aceptación nos la proporciono el hecho de haber probado como primer plato de aquella nueva técnica, los kabura. Con su desesperante acción y sus fondos de arena y fango.

Estas semanas atrás, hemos vuelto al jigging aprovechando los pantanos barométricos que en esta época se asocian a la cara norte de la isla.
Y lo hemos hecho con los inchikus y las cañas de juguete.
Y hemos pillado cacho.

En fondos nada someros, 50-85 metros, con inchikus no superiores a los 120 gramos de peso, trenzas no mayores que 30 libras y cañas parabólicas de poca potencia hemos logrado colocar en actitud de retrato varios peces entre los que sobresalen dos hermosas samas, por encima de los 7 kilogramos de peso.
Samas feroces que en profundidades medianas y con cañas de 15 y 20 libras proporcionan una fantástica pelea. Samas que no pueden vencer la tentación de dentellear con furia a la pequeña criatura de rejos y filamentos que salta sobre el fondo y coletea hasta las medias aguas.




Y también han sucumbido al engaño medregales y dorados pequeños.
Siempre con un ritmo más lento al habitual pero sin llegar a ser somnífero. Siempre prestando mucha atención a los primeros metros de recogida a partir del fondo.

En cuanto a los señuelos, sus marcas y sus ventajas y desventajas, he de confesar que en esto de los inchikus, me declaro fan de los Daiwa Pirate..
Por dos razones: por el precio, soportable y por los anzuelos, uno de los factores claves en asuntos de plomo más pulpito.
Los anzuelos que monta Daiwa son con diferencia los mejores del mercado.
Afilados, con la apertura y el tamaño exactos y sobre todo muy robustos. Algo de agradecer con peces mayores y de dentición respetable.



Tras los Daiwa, pocas cosas me convencen del todo. Quizás los inchikus de Hart (siempre hablando en relación calidad precio) son otra buena opción.
En casa Molix sigue siendo todo muy bonito, muy tentador a la vista, muy chic y muy fashion, pero también muy caro.  Y los anzuelos en el caso de los inchikus, alfileres de costurera.
No me gusta la acción de los Lucanus de Shimano, he visto unas pastillas raras de Willianson y he flipado con el mogollón de arretrancos incomprensibles que venden las fenicias locales del copia y pega.
En fin, ya esta.
Eso, que los inchikus - chucu chucu en la jerga de la cofradía - parece que poco a poco van encontrando un hueco en nuestra caja.
Ya era hora.

5 de noviembre de 2012

OTRA VEZ

Ya pasó una vez.


http://desdeellimpio.blogspot.com.es/2009/11/matar-un-pez-luna-menuda-proeza.html


Y como si fuera un deja vu, vuelve a pasar.

Otra vez un pobre pez luna se topa con la desgracia.
Con un ser antropomorfo de Carrizal, que ni corto ni perezoso "le tiro la currica" como si se tratará de un fardo de billetes verdes caído de un yate de lujo.


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En fin, sobran comentarios. Ya saben. Socialmente, la ignorancia nos lacera.
El trofeo pudo a Amelio y tumbo al pez luna.
A un ser inofensivo, tímido e inservible a nuestro paladar, que a cualquier persona más o menos normal, debería despertar siempre más ternura que deseo.

Amelio lo remató (dicen que andaba moribundo), luego lo fileteó para el contenedor de basura y a los 3 días salió en la Provincia con fanfarrias de pescador del año.
Y acudieron los ecologistas y la Guardia Civil levantó acta.

Pobre pez luna.
Si realmente andaba moribundo, ni en paz pudo morirse.

¡Que asco!.