27 de septiembre de 2012

JIGGING DE "ABERRUNTE"


Popularmente, en Canarias, y refiriéndose a asuntos meteorológicos, se conoce como aberrunte, (más bien barruntos en la península), a los indicios que hacen presentir un cambio de tiempo.
En el mundillo de la pesca, “que el pescado coma de aberrunte” o no coma porque esta “aberruntando”, viene a significar que su comportamiento positivo o negativo antes los engaños pescadores esta circunstancialmente influenciado por el presentimiento del próximo trastorno en las condiciones atmosféricas.

Ayer, en la tarde que probablemente abría nuestra zafra de jigging invernal 2012-2013, las cosas se me antoja que ocurrieron en clave de aberrunte.

Salimos del Muelle deportivo después del curro. 15:30 horas.
Tras reponer  aceite y combustible, pusimos rumbo al norte con la preocupación inevitable del patrón – el patrón en la marea siempre tiene una preocupación inevitable – respecto a la brisa del suroeste que nos llegaba de popa y que en caso de ir a más (ayer estaba claro que no iba a ser así) siempre puede liarnos la vuelta al Muelle con un buen guirigay de olas y  tambucazos.



Por supuesto, en cuanto giramos y la Isleta nos sirvió de parapeto, desapareció la brisa y las condiciones marinas mostraron un estado más cercano a la calma chicha que a cualquier clase de ventolera.

Son las 16:30 y ya estamos sobre la piedra norteña. 100 metros de nada en la cresta y una ladera de pendiente moderada que más pronto que tarde y en concurrencia del garete bueno cae sobre los 130.



La sonda marca nubes de carnada varias decenas de metros sobre el fondo y algunos ecos de mayor consistencia entre ellas.
Caemos los tres pescadores y a los pocos metros de recogida en el primer garete José canta picada y pelea. Cabezazos, peso y loquillo de unos 3 kilos sobre cubierta. Al poco le sigo yo con algo que lo mismo corre a favor que en contra y que en cualquier caso parece más dispuesto a las superficies y a las medias aguas que a la batimetría centenaria. Sierra cercano a los 4 kilos con el Momatorou de Seven Seas color lumo atravesado en las agallas. Fotos y corrección de garete. Sacamos el paracaídas para frenar un poco más la carrera que nos proporciona la corriente y volvemos al fondo. Taca, taca, taca y samita para José, toc, toc, toc para servidor y otro sierra 4 veces kilero que disimula la pelea, me confunde y da todo lo que tiene y un poco más cuando esta un metro por debajo del barco. Enredo, corte del leader, desenredo, fotos y corrección de garete de nuevo.
Así hasta cuatro veces con capturas y picadas en todas ellas. Loquillos para José y Antonio y un bocinegro peque para servidor.







Peces muy activos demostrando mucha agresividad hacia metales de 200 gramos, más bien largos y de color natural.
Para acabar, a eso de las 18:30, de regreso, paramos en un veril amesetado que en su parte más honda presenta 70 metros de distancia entre nuestros píes y el lecho marino. En dos garetes, el patrón y servidor recibimos 4 picadas que se saldan con una samita para el que escribe y un loquillo para el de Divina Pastora (o Miller Bajo, da lo mismo).
Con el mono calmado y la misión cumplida nos retiramos a puerto conjeturando seriamente, la posibilidad de que los hiperactivos peces que nos habían entretenido la tarde lo hicieran movidos por ese incomprensible impulso que precede a los cambios de tiempo (el frente frío que barrera las islas hoy jueves sin ir más lejos) y que en Canarias se conoce popularmente como “aberrunte”.

No hay más.
Hasta la próxima.

3 de septiembre de 2012

MISMO LUGAR, MISMO PEZ, MISMA HORA


Dos horas después de amanecer,  en el sur que este año me toco de veraneo, a spinning, con minnows y mucha paciencia, los sierras se han dejado ver alegrando y entreteniendo los rigores del calor veraniego y los follones que propicia la trilogía agosto-playa-familia.

A pesar de que los permisos y autorizaciones solo incluían  3 horas de pesca inmediatas al amanecer, en ese tiempo ha habido momento para todo. Para explorar, para probar y para guiar a un señor llamado Paco en su debut pesquero con señuelos, modalidad lanza-recoge.

Paco es pescador de antiguo, pero vinculado siempre a la carnada, la boya, el plomo y los “balditos” de pan y Cebanza.
Este verano quería probar eso del spinning y la semana pasada me pidió que le enseñara el arranque del sendero.




Paco es un tio legal. Un hombre serio y cabal alejado varias galaxias del perfil chavalito o de los noveleros sin vocación que siguen a la manada en los efímeros vaivenes de la moda.

Le proporcioné un equipo básico tan baqueteado como fiable; mi antigua Shimano Technium 3,60 40-100 y un Daiwa Regal 4000 modelo 12 años hace, cargado con Power Pro 30 libras.
Le complete el ajuar con un par de trabillas y una cajita del Decathlon con unos cuantos jerkbaits y jigs de metal y tras de mi, lo eché al monte, que en este caso es orilla y cambia tabaibas y tuneras por algas pardas y charcones.

Empezamos en el área más calma de nuestro litoral disponible. Sobre una plataforma de abrasión amable al transito que se asoma a un fondo de arena y blanquizal situado a unos 20 metros de profundidad.



Por espacio de unos 500 metros, hasta la punta que hace girar el viento noreste y nos protege de su embate, nuestra línea de costa es abierta. Sin recovecos ni interrupciones topográficas. Sin salpicaduras ni peligrosos embarques de marea.
Con la brisa escasa de las 7 de la mañana, la superficie del mar dibuja el rizo de las bolas de sardina 50 metros mar adentro. El escenario es de los que vienen en el libro cuando se aborda el capítulo sierras; mar azul, profundidad, sardinas, y aguas calmas.
Solamente fallo el factor siempre propicio de la poca luz y el rabioso amanecer. Desde ese día quedo claro que hasta dos horas después de amanecer, nada de nada. La hora de la pesca diaria se fijó entre las 8:30 y las 10:00 de la mañana, coincidiendo cada jornada con la primera hora de la marea llenante. Quien sabe porque.
Y como no, fue Paco, el debutante, el que tuvo el honor de abrir esta repentina y particular zafra de finales de agosto. Con un Ocea minnow de Shimano color sardina, Paco entraba en el mundillo del spinning con un sierrita estándar de 3 kilos que puso a prueba su experiencia en el veril con unas cuantas buenas carreras y varias y repetidas escaramuzas de vengo y me voy.







Sesión de fotos rápidas, carne de túnido para la degustación familiar, sonrisa de oreja a oreja para Paco y a quitarnos el traje de Superman que toca asumir el papel de concienzudos y amables señores del hogar.

En los días siguientes, se sucedieron los amaneceres moviendo señuelos. Buscamos otras zonas, pero el viento implacable y la fuerza del mar nos hacían acabar dos horas después de cada amanecer en el mismo punto en el que empezamos el primer día. Y claro, en terreno abonado para sierras y a la hora de la marea, los bonitos fueron cayendo puntualmente, engañados siempre por una trilogía de minnows solventes: Ocea Minnow, Angel Kiss de Maria y Saltiga Minnow de Daiwa en tamaño XL.







No hubo más. Ni siquiera otro tipo de pez. Un puñado de sierras a la hora de la marea diaria. La misma guerra, en el mismo lugar, a la misma hora y con las mismas armas.
Zafra de sierras para acabar agosto y zanjar las vacaciones de sol y playa.
No esta nada mal teniendo en cuenta como esta el patio en lo que a pesca con señuelos desde costa se refiere.
Yo logro decorar el registro de capturas del año y Paco ya tiene un nuevo aliciente en lo que a pesca se refiere.

En palabras fue eso.
Las fotografías cuentan el resto.