27 de abril de 2012

FARQHUAR 2.0. LO QUE FUE


¿Existe la depresión post viaje de pesca tropical?

En mi caso sí.
Llevo casi una semana preguntándome porque carajo no sigo amaneciendo en Farqhuar, junto a la Cruz, echándole pequeños vinilos a los pargos de bengala, persiguiendo picadas de GT a bordo de una lancha liviana o vadeando a mi bola en busca de los formidables bonefish del Índico.
El ambiente de pánico socio – laboral español es repugnante, la asquerosa política económica del lobby ultraderechista que nos gobierna no da más que para soñar con mecheros y bidones de gasolina. En esta tesitura, el abandonar la indolente y enajenada vida de Robinson Crusoe que procura una semana de remota pesca tropical es asunto que le cuesta al alma un ojo de la cara. Afortunadamente, el hábito inevitable es una apisonadora y al cabo de una semana en la vieja Europa, se acaban las sarandajas y maricón el último. No obstante, me reafirmo en que al menos durante esos  cinco días de regreso a la realidad, el fenómeno de depresión post viaje de pesca tropical existe.



Farqhuar 2012

La semana de pesca empezó con un deja vu del 2011. Un terremoto en las costas indonesias activó una alerta de tsunami en todo el área indopacífica. Resultado: lo siento, esta primera tarde no se puede salir a pescar, barcos fuera del agua y a esperar 24 horas como niños buenos.
Unos cuantos nos fuimos a pescar de tierra (bonito GT para Aitor) sin perder de vista las posibilidades de alojamiento súbito que presentaban unas cuantas palmeras y un par de formidables pinos marinos. El resto de expedicionarios  permanecieron en torno al lodge velando armas para el gran comienzo del día siguiente.
Como suele ser habitual, el plan de pesca incluía jigging y popping a gusto de cada cual durante 5 días a bordo de 4 skiffs y una panga. Por un lado, los obsesos del gran doggie y por otro los adictos al GT y sus fantásticas salpicaduras de agua.





El popping tuvo sus altibajos. Pescado activo a ratos, desaparecido en muchas ocasiones e irregular en otras. Mucho GT alrededor de bolas de carnada, pocos en comparación, cercanos al arrecife. GT grandes en todos los casos, con muchos ejemplares entre 30 y 40 kilogramos. Todos cogieron su morlaco, tuvieron su picada inolvidable y disfrutaron del empuje y la ferocidad del gran jurel. Por descontado que no faltó el inevitable cortejo de especies que entre GT y GT adornan la pesca a popping en el Índico: Lutjanus bohar, green job fish, blue fin trevally, barracudas, meros, grandes lábridos y tiburoncetes. Podía haber sido mejor. Acción más intensa y continuada, pero el tamaño de los GT también podría haber sido más pequeño. Vaya una cosa por la otra. En cualquier caso y en términos comparativos, fantástica la pesca a popping y la calidad deportiva de los GT de Farqhuar.



A jigging la cosa respondió peor a las expectativas, que por otra parte tenían como dimensiones las de los Doggies de 50 a 100 kg.
Ni rastro de los atunes feos en sus profundidades más querenciosas. Los jiggeros intensivos completaron todo el corolario de especies propias de un arrecife sumergido en mitad del océano Índico sin ver más perritos que un par de adolescentes cercanos a los 30 y pico kilogramos. Mucho tiburón, que esa es otra. Al parecer la piratería en el borde oriental africano, no da para que los barcos palangreros puedan campar a sus anchas en torno a Seychelles. Por lo tanto, los escualos están de enhorabuena y multiplican su presencia en cualquier ámbito del arrecife que huela a frenesí alimenticio y concentración piscícola.


Así las cosas, con más calidad que cantidad de GTs y un buen jigging sin perritos, los días comenzaron a plantearse bajo el reto de buscar como doblar picadas y capturas. Pesca en los arrecifes del sur, seguimiento de las bolas de carnada y continuo cambio de profundidades y ambiente.
Al tercer día por la noche, ante la lamentada (por algunos) ausencia del animal, la dirección de GT viajes decide evacuar consultas con el departamento de cartografía oceánica y posicionamiento global sito en Madrid. Su director general, el señor Francis de la Rosa, en una gestión impecablemente eficaz, lanzó a la telefonía satelitar unas coordenadas que tras ser apuntadas convenientemente en un bloc del duty free y trasladadas al GPS del capitán Jako (jefe de guías de Fly Cast Away en Farqhuar), consiguieron, en la plácida mañana del 4º día disfrutar del mejor día de pesca del viaje; el día de los animales y de las capturas sin pausa.
En ese cuarto día, en torno a una serie de accidentes submarinos situados a una profundidad media de 20-30 metros, la concentración de carnada sirvió para que salieran a popping los dos animales del viaje, dos doggies de 75-80 y 50-60 kilogramos. Además, hubo contactos con peces de pico, marlins negros y velas, además, las picadas de los GT se contaban a pares, además, abundaron los apresamientos de yellow fin tuna y además, por supuesto, no faltaron todos los meros, pargos, jobfish y demás criaturas pescables con señuelos que adornan el bestiario habitual de una semana de pesca en el océano Índico.






En lo Personal

Ciclón del 2011 aparte, en pocos lugares del mundo he podido disfrutar tanto del pasatiempo de la pesca como en este atolón de las Seychelles. Y me temo que la sensación y las posibilidades son extrapolables al resto de rincones del archipiélago. En Farqhuar la pesca puede ser tan versátil como se te ocurra y es perfectamente posible compatibilizar cualquier técnica en cualquier ambiente. Se puede pescar desde tierra, hacer jigging pesado, disfrutar del spinning más ligero, pescar a mosca, poppear GT o atunes o dedicarte a perseguir a tu pez favorito de la manera que te venga en gana. Casí no hay limitaciones al respecto.
Esta vez como había anunciado, me propuse compatibilizar la habitual pesca de GT y el jigging pesado con el spinning ligero (una especie de rockfishing subido de tono) y eventualmente mediano dentro de la laguna. Resultado: he logrado pasármelo teta.





Pensando en el Bonefish (pez que me puede, lo reconozco) me lleve como vara una Lamiglas Certified Pro destinada al Black Bass de poder 3 y 2,10 metros. Le acoplé un Stradic 2500 cargado de línea de 12 libras y seleccione en una cajita un buen número de pequeñas cabezas plomadas y diminutos vinilos de los que se usan para el rockfishing. Cada mañana antes de desayunar y cada tarde, a modo de relajación tras la jornada de pesca pesada, cogía mi pequeña cañita y me perdía en los bordes del Lodge para moverle el choco a los pequeñines del arrecife. Los resultados son asombrosos y aún alucino con la cantidad de depredadores y entretenimiento que puede deparar la pesca más finesse. Parguitos de Bengala, meros diversos, candiles, catalufas, jaboneros, emperadores, lábridos y diminutos carángidos sucumbieron ante imitaciones de quisquillas, cangrejos o pequeños alevines de silicona translucida. Un divertimento que a cada rato me gusto aún más y que cada día acaparaba más mi tiempo y atención. Un descubrimiento en el que profundizar en próximas excursiones. Sirva Farqhuar como antecedente.

Bonefish a Spinning, ¿Por qué no?

Sí ya se que para los mosqueros puede parecer un sacrilegio que un spinner pueda dedicarse a perseguir con afán de divertimento a unos de sus peces fetiche, pero que quieren que les diga, con una caña mini, un carrete mini, 8 libras de trenza y el señuelo idóneo no creo que las sensaciones que experimenta un mosquero al perseguir, engañar y luchar al fantasmagórico peje de los bajíos sean muy diversas de las mías.
En Seychelles tuve por fin la oportunidad de perseguir con fundamento a la criatura en cuestión, y si antes de tener la oportunidad de pescarlo, siempre fue un pez que me perturbo el animo, ahora lo nombro directamente como pez favorito y objetivo principal de pesca allá donde sea posible.



Es la carrera, la lucha y el chillido del carrete, por supuesto, pero también tiene algo que ver lo relajante del bajío, la quietud, el silencio, el ritmo pausado, la delicadeza de la persecución y la sutileza de formas y aparejos.
Bonefish for ever. El comienzo de un amor.

¿Que Tienes GT?

¿Que aún siendo chungo de fotografiar, no demasiado bello  y bastante rutinario en tu comportamiento, levantas encendidas pasiones y no pasas de moda como referente de la pesca a lance tropical?.
La picada, mamón, tienes la picada. La brutalidad del encontronazo. El sorpresivo batacazo animal que para el pulso y nunca termina de cansar al ánimo y la vista. Esas formas sin contemplaciones capaces de asustar y ese primer “reflechón” que siempre amenaza con sacarnos del barco.
Luego eres cansino, te planchas, das vueltas de costado y el ejercicio es mero trámite de brazo y bombeo.
Pero tienes la picada. Ese momento mágico que cae directamente en el rincón cerebral de las adicciones. Eso es lo que te salva y consagra. Y no es poco. Casi lo es todo.





En Fin

Farqhuar esta en el quinto pino y en términos de quinto pino esta aún más cerca del quinto pino de Madagascar que del quinto pino de Seychelles.
Farqhuar, sin serlo oficialmente, parece un santuario de vida marina.
En la playa del Lodge campa a sus anchas un rebaño gamberro y domesticado de GTs y los cangrejos ermitaños pellizcan pulpa de coco. En las orillas del atolón, a la altura de los tobillos se ovillan morenas, se esconden meros, pasean rayas y hacen rebullicio tiburones de arrecife.
En Farqhuar el extraño eres tu, grotesco ser antropomorfo poco dotado biológicamente para la vida acuática.







Y encima los arrecifes tropicales remotos crean una peligrosa adicción y generan depresiones post vacacionales de libro.
En mi caso es así.

Valga la entrada como reportaje general.
Visiten GT viajes para una visión menos personal y más diversas retrateras.
El tipo que me acompaña sosteniendo peces es mi compañero de barco durante la semana aludida, el imprescindible para lo bueno y lo coñazo, Javi “Medregal”.

Seguiremos.

3 de abril de 2012

FARQHUAR 2.0. LA PREVIA

En unos días parto de nuevo al lejano atolón índico de Farqhuar. Aquel que el año pasado nos dejo el agridulce sabor de la pesca  que pudo haber sido y fue menos. Farqhuar 2011

Este año, las perspectivas son distintas. Para empezar, la climatología, adversa en febrero de 2011 a raíz del inoportuno ciclón Benguiza, aparece como un factor del que despreocuparse. El corazón de la estación nunca falla y en estas semanas de abril, los vientos flojos y la escasa marea son el denominador común. Por si fuera poco, el asunto de los piratas somalíes parece estar más controlado con lo cual nos ahorraremos sobresaltos del tipo, el ejercito ha llegado y esta custodiando la playa, mañana no podemos salir fuera, “tomorrow the pangas don´t go out, ¿ok Ivan?”.

En cualquier caso, los equipos ya están preparados y dispuestos para el embalaje.
En lo personal y aunque no me gusta demasiado repetir destino, reconozco que el hacerlo proporciona una dosis de experiencia cercana, que rebaja en mucho el nivel de matraquilla respecto al equipaje. Hay señuelos de los que ya no dudo y la histeria del “y si me quedo sin o se me rompe esto o lo otro” pasa a mejor vida en virtud del conocimiento del lugar y las posibilidades de que sus moradores con escamas puedan ser más o menos malvados con el material.
Esta vez, mis objetivos de pesca se decantan más que cualquier otra opción por el spinning mediano y a ser posible desde tierra.
Sí, mediano. Ya se que en Farqhuar detrás de cada esquina hay un GT capaz de ponerte mirando a Pamplona, pero también se que hay una laguna interior repleta de bajíos vadeables en los que pescar a píe con equipos no pesados puede proporcionar una diversión y unas sensaciones de pesca inolvidables.



20 señuelos de poppingspinning, 15 jigs, anzuelos simples, assists, triples, anillas y giratorios en proporción al número de señuelos. Cinturón de combate, alicates, guantes, boga grip para la pesca desde tierra, tubo para desenrocar y apretar nudos, 15 o 20 twisted leaders de diferente libraje, un par de bobinas de fluorocarbono y monofilamento simple, riñonera de Aqua Skinz para el vadeo, dos Lamiglas Caranx Médium para la pesca mediana, dos lamiglas de jigging para los perritos, una Daiwa Saltiga GT-86 para el popping pesado. Accurate 665NN y 470N para el jigging, Stella 10.000 para el popping y Daiwa Saltiga 4500H para los rabiles no tochos y la pesca desde tierra son mi ajuar de combate.
En lo que al uniforme se refiere, me llevo 3 o 4 camisetas Tech-Frech del Decathlon en manga larga. Tejidos ideados para las pruebas de ultra trail en montaña y que he comprobado resultan ideales para las andanzas intermareales. Proporcionan secado rápido, nula transpiración y refuerzo antirozaduras. Calidez cuando hace frío y frescor cuando aprieta el calor. Además, ya ando un poco harto de las camisas abotonadas color pastel. Por lo demás, tres o cuatro shorts con sus respectivas licras para el vadeo y un par de botas de usar y tirar para pasear sobre el llevadero coral de el atolón.
Cremita solar, buff, badana, gorra, gafas de sol (prometo usarlas), calcetines de neopreno, pasta y cepillo de dientes, desodorante no que pesa mucho y un Tropical fisherman tiene que oler a cangrejilla (que se joda el medregal). El libro electrónico y la D-90 con el flash y un par de objetivos terminan de componer mis bártulos para Farqhuar. Todo rozando, gramo más, gramo menos, los 20 kilos que imponen las normas de carga del vuelo interior en avioneta desde Mahé.

La suerte esta casi echada. Recemos para ahuyentar contratiempos y sarna negra.
Contaremos a la vuelta.

A modo de entretenimiento y para el que no los conozca, les dejo dos videos que los pibes de Flycast Away tienen colgados en la red.
El primero es el que promociona Farqhuar 2012, en el segundo, se ve a Keith Roses – Innes, copropietario de la empresa y jefe de Guías en agua salada, pegar, trabajar y cobrar sin contemplaciones (la caña es tratada como si fuera un hierro de obra) un GT entradito en kilos.








Eso, que contaremos a la vuelta.