10 de diciembre de 2012

GRAN CANARIA VERDE


Las cumbres y medianías del norte de Gran Canaria rezuman agua por sus cuatro costados.
Los barruntadores más veteranos lo anunciaron a principios de octubre y tras un año agrícola infernal en lo que a sequedad y ausencia de precipitaciones se refiere, el otoño ha traído agua como hacía años que no se veía para la estación. Primero fue aquella borrasca del oeste y ahora estos 4 días pasados de chaparrones y chubascos persistentes. Agua fuerte pero sin destrozos ni daños exagerados. Agua para el campo y para sacarle el verde a una isla tan puteada como agradecida en lo que a predisposición natural se refiere.
En el norte centro ha corrido algún barranco mayor y muchos barranquillos modestos.
El Guiniguada llevó agua alborotada en el tramo de la Mina y en toda la fachada de barlovento no hay estanque, aljibe o mareta que no se haya puesto hasta las tachas (Carlillos dixit).




Con el ansiado riego natural, hierbas y plantas de todo tipo han comenzado a prosperar aprovechando los favores revitalizantes del líquido elemento.
El paisaje de ámbitos rurales que aún sostienen tal condición, es un recreo para la vista. Prosperan los cultivos de papas en medianías abaratando costes de producción y se multiplican las cerrajas, los jaramagos y la tremolina.
El que habite en Gran Canaria, pueda y le guste, que coja la cámara de retratar y se tire al interior de la redonda. Disfrutará como un enano.



                                               
En fin, que vuelve la vida que se mantenía agazapada a tanto sol y polvajera.
Vuelve el agua.
Y esperemos que solo sea el comienzo de un año extraordinario.
Seguimos pendientes de la naturaleza y sus manejos. Ya saben que nos queda la aleatoria sencillez natural como refugio. Como única arista amable y bella ante un mundo injusto gobernado por criminales.
Un día se los llevará el barranco.
Estoy seguro.
Que viva el agua.

1 comentario:

Y digo yo dijo...

Sí, sí pero te los dejará en la orilla de la playa :)