23 de agosto de 2012

JUNONIA MINOR. HACE MÁS O MENOS UN MES


Hace más o menos un mes estuve en la Gomera.

Anduve por allí en modo descanso, tendido una semana cual lagarto al solajero de Playa Santiago. Leyendo, nadando, fotografiando, comiendo y durmiendo como un angelito al run run del sonoro Atlántico.
También tuve tiempo para pasear la isla. Una isla espectacular. Bellísima. Con mil y una atalayas donde asomarse a degustar visualmente un paisaje que es paradigma de la Canarias rural. Caseríos, bancales de cultivo, palmerales y naturaleza moldeada de la manera más amable e inteligente.





Una isla con un bosque tan único como mágico. El gran Garajonay, la colosal boina verde que tapiza la cumbre de la isla con sus cedros evocadores, su nubosidad prisionera y el riachuelo permanente.






Estuve en Casa Efigenia, en Las Hayas, almorzándome con devoción su famoso puchero sin carnes, su almogrote nada picante, su perfecto gofio escaldado (con mojo rojo) y la inevitable copita de Mistela. Siempre con la amabilidad de la Doña musicando el ambiente a través de ese hablar genuino y verdadero que caracteriza a los isleños más rurales y veteranos.
Grande Efigenia.




Anduve en Agulo, paseando por su precioso casco histórico, en Hermigua, observando la playa y el pescante. En Arure tras el potaje de berros, en Valle Gran Rey, en Vallehermoso y retozando una siesta de arroz caldoso junto a la Torre del Conde en San Sebastián.
Disfrutando en suma de la paz, y el relax de una de las insularidades canarias más puras.

Ahora, más o menos un mes después, en estos días de calor despiadado, siento tristeza rabiosa por el incendio que en las últimas semanas ha venido a alterar esa paz y armonía natural gomera.

¿Por que la desgracia siempre parece cebarse con lo más frágil y bello?.

Pienso en el fuego cruel y no dejo de recordar los árboles de Garajonay, los caseríos de de Valle Gran Rey y el rincón de Efigenia en Las Hayas.
Siento pena por los gomeros humildes, que viviendo únicamente del campo han visto como su patrimonio queda chamuscado en cuestión de horas; las valiosas palmeras, los trabajados bancales, la granja familiar.

Siento rabia al pensar en la mente enferma que con su locura puede desencadenar una catástrofe así y siento un asco inmenso por los de siempre. Por los políticos de aquí y de allá, sea cual sea su signo ideológico. Por los que utilizan la desgracia que nunca les toca para especular con la ambición y los réditos de poder a cuenta de los protocolos de actuación, las competencias, la prevención, la dotación, los puñeteros hidroaviones y la mismísima Biblia en pasta. Malditos sean.


Y como no queda otra que seguir, vuelvo a agarrarme al tiempo, la capacidad de la naturaleza para reinventarse y la constancia y perseverancia de los gomeros como tabla de salvación a la que confiar mi suerte, nuestra suerte.


Algunas imágenes de esta entrada serán imposibles de obtener en los próximos 5 o 6 años.

Hace más o menos un mes estuve en la Gomera. En la Junonia Minor.
Y parece que fue un presentimiento.

Resignación y animo a los gomeros.
La naturaleza y el campo volverán a ser lo que era hace más o menos un mes. Estoy seguro.

3 comentarios:

Mariano dijo...

y yo así lo deseo...

Y digo yo dijo...

A poco que se ledeje tranquila una pizca de tiempo la naturaleza puede con todo y con todos, aunque a veces no lo parezca, ánimo Gomera.

JM Medina dijo...

a fuego se creo la tierra y a fuego la hacemos desaparecer. Ese elemento que nos hizo personas y a la vez alimañas, el fuego empezo a marcar las diferencias sociales.... el que lo comtrolaba tenia el poder. Reflejados en ese maaaal indomable y diavolico se esfuma la grandeza de nuestra pachamama. Por los pinos piñoneros que solo en veranos calurosos e incendios desprenden su simiente y en esos pinos canarios que resisten huracanes y llamaradas salvese quien pueda amen.... resurguiran de sus cenizas cual ave fenix y nos asombraran a vivos y a muertos con su esplendor natural. Lo siento por mi orto, voy borracho mi pueblo en fiestas... viva la virgen de monserrate y no creo en dios.... Inolvidable la gomera inolvidable luchar cotra un incendio. Naturales y provocados maldita diferencia quemando nuestras montes verano trasverano.Por todos aquellos que murieron y moriran defendiendo nuestros mo9ntes con su vida.... amen