13 de marzo de 2012

CAPTURA Y SUELTA. DIATRIBA CONTRA CÍNICOS

Quiero reflexionar por escrito sobre un aspecto del captura y suelta que desde siempre me irrita y cabrea y que el otro día inundó mi retina a través de unas fotos de revista y un reportaje televisivo. El aspecto en cuestión tiene que ver con esa incomprensible, estúpida y repelente manía que tienen algunos pescadores practicantes del catch and release de arrullar al pez que mantienen en sus manos, hablándoles palabras tiernas y cariñosas antes de hacerlo volver a su medio o ese gesto tan gilipollas de devolverlo al agua tras la imposición de un soberano beso de andén del tipo: adiós mi niño lindo, eres la luz de mi vida, abrígate en Salamanca.

La verdad es que se agradece que aún quede por ahí gente con inquietudes de preservación natural, de amor por los animales y de respeto a las formas de vida no humana que nos comparten planeta. A pesar de que casi siempre inconscientemente – a veces yo también podría incluirme – la postura de preservación y conservacionismo de un pescador sea egoísta, interesada y se rebose de un tufillo cínico que resulta de todo punto contrario al ecologismo y naturalismo más puro.



Probablemente, con el captura y suelta estemos contribuyendo a preservar los recursos pesqueros y mantener vivo el quid de la cuestión, los peces. No soy biólogo marino pero hay estudios que dicen que los peces bien pescados, bien manipulados y bien liberados suelen volver a desarrollar con normalidad su vida pos trauma. Además,  el practicante del captura y suelta suele ser un tipo instruido y educado que aunque solo sea por alcance cuida el entorno, pues suele andar en sintonía con los postulados modernos del respeto hacia el medio ambiente y la no alteración de ecosistemas y habitats. Por tanto, esto no es una critica al captura y suelta. Personalmente estoy de acuerdo con su proceder y a veces (cada vez más), incluso lo practico. Entiendo que siendo pescadores se trata de una postura corporativamente egoísta e interesada pues lo que más nos preocupa es que el pez que hemos cogido hoy podamos volver a cogerlo mañana, aumentado de tamaño o acompañado de su descendencia. Nos preocupamos de su bienestar solamente cuando no los estamos pescando, pero repito, del mal el menos y por ahí la acción de regresar peces vivos a su medio puede considerarse más positiva que perjudicial.
Lo que me repatea las tripas, son las actitudes que inconscientemente la mayoría de las veces, manifiestan el captura y suelta con gestos de amor, ternura y cariño (besos incluidos) hacia un ser vivo al que acabamos de hacer caer en una trampa que lo cuelga bucalmente de un gancho manejado a distancia con mecánica a nuestro favor. Una trampa que lo obliga a correr, saltar  y revolverse hasta la extenuación en un ejercicio de tortura que nada tiene que ver con el amor a la naturaleza y el respeto a los seres vivos. Por eso,  el sacar pecho de soltar el pez recién pescado y hacer proselitismo de ello untándonos el pecho de sensibilidad y distinción si me chirria un egg y me da un tufo que te cambas a cinismo e hipocresía.
El captura y suelta desde la óptica de un pescador siempre será una opción puramente estratégica y una solución lógica con que resolver el asunto postcaptura en diversas  circunstancias, pero para mi, poco tiene de sensible y biófila. Es el mal menor, el no ser cabrón hasta el final, el tener el sentido común de no matar algo que no vamos a consumir o utilizar para otro fin. Técnicamente, para la madre naturaleza no somos más que sádicos torturadores y entendiéndome como tal y asumiendo corporativamente tal condición, siendo coherente y justo, tendría que pedir a todos los pescadores liberadores con plus de cariño y especialmente a aquellos dos sujetos que se colaron en mi retina la otra noche vía tele y revista, que se metieran los besos y las bonitas palabras de animo y buenos deseos por el orificio excretor de sólidos.
Cumplan con su protocolo a secas, eviten la muerte con buen tacto y procedimiento, pero no se congratulen de no ser verdugos siendo torturadores. Les aseguro que si un día, un alienígena marino gigante les engañara con una falsa hamburguesa y les enganchara por la lengua de una soga para jalarlos, arrastrarlos y zarandearlos, maldita la gracia que les haría que al cabo de un rato, su voz aterradora y su manaza mojada les mandará a casa con un besito en la frente, deseos de prosperidad y recuerdos a los niños.
Por tanto, para ser coherentes, al agua y otro lance. No me sean cínicos.

7 comentarios:

Y digo yo dijo...

Es que tu no eres nada romántico...con la racha que llevo le doy un beso al próximo fish en el ano si es necesario y "endispues" lo tiro :)... bueno si es muy grande se queda sin beso.

Adal dijo...

Entiendo tu punto de vista de "el fin no justifica los medios", y si verdaderamente se quiere soltar lo haces y punto, no hace falta cantarle una nana y arrullarlo. Ahora sí, soy de los que cuando lo suelto pienso en que la próxima vez será más gordo ;-)

Nono dijo...

Confieso que suelto menos que lo que debo , pero mas de lo que piensan ,una ves que la despensa esta surtida, matar por matar esta mal, los besos y recuerdos a la familia pienso que se hace delante de las cámaras y cara a la galería, en la intimidad se suelta sin protocolo.

mañoño dijo...

Manipulación de peces en la captura y suelta:

http://davidsanchezpescayfotografia.blogspot.com/

http://catchreleasesaltwaterspain.blogspot.com/?z

Nicola Zingarelli dijo...

Uuuufff como se ha despertado Jay...

Marco dijo...

Totalmente de acuerdo Mario.

No es lo mismo, pero veo igualmente hipocrita a ese famoso que llega a Africa, da una misera ayuda a una causa bella y que muchos se esfuerzan por levantar (nenes de la guerra; huerfanos abandonados, etc), y lo primero que hacen es sacarse la foto para publicarse en el medio del famosoeo oportuno. Es ridiculamente falso. Aunque algo de ayuda ha caido a la ONG, la persona que se ha hecho la foto, huele a tufo de falsete.... Por supuesto que esto es mas grave, y no hablamos de un deporte,sino de vidas humanas, y de glorias.....

Cañacortada dijo...

Pues sí, opino igualmente que son gestos patéticos y lamentables. Y eso que alguna vez se me ha ido la olla acariciado al pez al que acabo de hacer una gran putada.

Manipularle de la mejor forma posible para no dañarle y con el fin de devolverle, es la muestra de respeto más idónea, creo.

Saludos.