24 de enero de 2012

2 DE 4

Cuatro son las salidas de pesca a spinning que llevo en 2012. En dos de ellas reinó el bolo, en las otras dos sonó la flauta del peje.
Firmo desde ya que la incipiente estadística mantenga esta tendencia hasta diciembre. Tal y como están las cosas por aquí abajo y lo dura que se ha puesto la pesca a spinning desde tierra, me abono sin dudarlo a sufrir un bolo por cada peje capturado.
En este año recién estrenado llevo cuatro salidas en cuatro lugares dispares, incluyendo la metedura de pata de salir en una de ellas de la comarca y adentrarme en veriles de Mordor (en ella cayó el pejerrey).
Cuatro salidas alternando el orto y el ocaso y la compañía y ausencia de Jacobo. Cuatro salidas buscando buenas condiciones de mar y viento e intentando coincidir con las fases de luna y marea más favorables.
La última, la que contiene la segunda captura del año tuvo lugar este fin de semana. El domingo, una hora antes de amanecer, a la hora en que Drácula se pone el pijama y el hombre lobo recupera la depilación pectoral.

Fue una pesca no planificada gestada el sábado noche a partir de la concatenación de circunstancias familiares favorables.
El domingo con el canto del gallo, servidor y Jacobo ya hacían senderismo entre fincas de platanera y antiguas rasas marinas buscando la punta propicia. Un lugar de esos que tamizan humanidad indeseable a través de tres filtros básicos: el de la lejanía al vehículo, el del pateo largo y fatigoso y el de un veril anfibio de fondeo provisional con inexistente espacio para el asiento y el montaje de casetas, chiringuitos y barbacoas. O sea, que a las 11 o estas en casita o a nadar tocan. O sea, el sitio perfecto.



Empezamos a pescar con minnows. Cada cual con sus preferidos, para mi los floating; Daiwa Salt Pro, X-Rap, Molix Finder Jerk, Duel F, etc. Para Jacobo, su inseparable Halco Sorcerer azul lila y un caracortada blanco de morritos naranjas.
Anduvimos un buen rato sin novedad. El tiempo que tardo el día en despertar. Tras el primer cuarto de hora de plena luz empezó el baile. Un buen trancón sin enganche para mi y una buena bicua para Jacobo que en el momento de la varada soltó triples y se perdió entre la espuma. Luego siguieron minutos de inactividad que desembocaron en la búsqueda de peces más lejanos y profundos. Por un buen rato lanzamos bucktails de Nicasio - cada día los hace mejor el de Moldavia -, cucharones plateados del Decathlon y pequeños metales japoneses top gama. Al enésimo lance y cuando ya planeábamos la retirada, a uno de mis Shore Metal dorados, le asestan un buen morretazo en los últimos 15 metros de recogida. Cacheteo, clavo y aviso a Jacobo para que ande atento a posibles contingencias. No hace falta, hay cabezazos, carreritas y empujones, pero el pez no es superlativo ni amenaza con rotura. Ajusto el freno a la baja para evitar accidentes y bombeo con calma. Sobre el agua aparece un bonito bocinegro perfectamente clavado a un anzuelo Decoy del 6 travestido con pulpito amarillo. Muevo el peje hasta el varadero natural y con la primera olita lo pongo en seco. El boga Grip da 5 libras y algo. Quinto bocinegro de los últimos 7 meses. 2 peces de 4 salidas en 2012.

Tras las fotos, Jacobo sigue pescando. Vuelve con el caracortada blanco de morritos encarnados. Al poco canta picada. Un peje le dobla sin miramientos la Beast Master, le saca hilo y lo lleva de derecha a izquierda con fuerza y rapidez. Me pongo a la tarea de ayudar en el varado, la ola tiene su peligro y con la marea tan baja la maniobra se complica. Ya vemos al peje, es un sierra de reglamento, un animal que podría sobrepasar perfectamente los 5 Kg. Se le ve fuerte, lleva el minnow grapado al morro. Jacobo logra subirlo a la piedra, pero falta un metro más para poder agarrarlo en condiciones. Intento acercarlo tirando del bajo, pero con la primera tensión se suelta. Se queda en la piedra, inmóvil. Intento bajar a por él, pero de reojo observo un anuncio de ola que me hace correr en dirección contraria. No hay pez que valga un susto. El agua barre la repisa llevándose al bonito. Me quedo sin fotos mientras la sarna negra hace posesión de Jacobo sin miramientos.
Con el dulce del bocinegro y el agrio del sierra y la bicua, cogemos carretera y manta. Toca andar de nuevo buscando el coche lejano. Apuntada queda otra captura y un par de tiros al poste.

2 comentarios:

Y digo yo dijo...

Aun coservo ese jig, creo que un par machucados como tiene que estarlo un jig que se precie. Hace mucho que descansa en casa y mire que le dimos y nos dió, muchos lances recuerdo con él en el Roque del Moro....tengo que dejar de mirar tanto a mi pasado, de lo contrario me veré pronto cerca de mi futuro...

Usted sabe que soy animal de superficie, ultimamente a la vista del hombre grande de negro y sus resultados me muevo por esos bajos, pero por lo visto aun soy un desconocido y "naide" me quiere.

Bonito peje ;)

Adal dijo...

Por aquí tambien suelen ir bien los rejos multicolor acompañando a los Sergeant. Lastima lo de Jacobo, solo falto la retratera, pero que no vale un resbalón y chapuzón.
Como nota curiosa en nuestro spinning isleño, ayer salió un Angelote q pasaba el metro, nunca había visto uno fuera del agua (impresionante), no tengo noticias de similar captura en estas latitudes.