26 de febrero de 2011

SECUELAS DE PESCA TROPICAL. ANZUELOS, BAJOS Y MÁS PERRITOS

Siempre me ocurre lo mismo. Tras llegar de un viaje de pesca, la incorporación a la faena diaria y su tonelada de asuntos atrasados exige tanta dedicación que tardo semanas en terminar de cerrar materialmente el viaje,  organizar y guardar el armamento y establecer algún tipo de conclusión respecto a lo acontecido con respecto a técnica y accesorios.
Ayer fue el día de guardar y organizar los restos del viaje. Además, ya regresaron los amigos del grupo que nos sucedió en el atolón de marras.
En lo que a cuestiones materiales se refiere, he caido en la cuenta de dos cosas que me gustaría comentar y que aunque no son nuevas ni signifiquen descubrimiento, si considero deben ponerse en común periódicamente por lo que tienen de positivo y benefactor en los tejemanejes de nuestra enfermedad tropical.
Para acabar reporto más perritos, los del Amigo Eugeni y su compinche Juanjo.

Twisted Leader

La rotura del bajo torcido de la imagen y los efectos de la abrasión que se observan en casi toda su longitud son el resultado del pleito con un GT de más menos 15-20 Kg. El animalito, muy salvaje, se puso en modo caprichoso y desarrolló una parte de la pelea recorriendo canalillos de coral y saltando de rajón en rajón.
El monofilamento sufrió desgaste e incluso partió en una de sus ramas, pero las bondades del torcido, no acaban en facilitar el lance e inciden directamente en ser capaz de asegurar la captura aún en caso de accidentes tan decisivos como este. El animal fue cobrado y el bajo sustituido rápidamente.


El Twisted leader lo considero de una eficacia casi perfecta para el popping tropical. Sobre todo si somos fanáticos del chapoteo superficial más que del manejo de stickbaits o señuelos hundidos, donde tal vez, se necesite más delicadeza de acción y el grosor y la rigidez del torcido pueden perjudicarla.
El leader de la fotografía es el resultado de doblar cuatro metros de monofilamento Silver Thread de 100 libras.
Además, se llevan preparados de casa y la conexión con la trenza no exige nudos complicados ni maquinitas farragosas. Es rápido y cómodo.

Anzuelos Simples

En ninguna otra ocasión los había empleado con tanta decisión en señuelos de  spinning.
Esta vez y ante la perspectiva de la abundante pesca y el propósito de causar el menor trauma posible a los pejes, nos conjuramos a usarlos en todos los señuelos que nos fuera posible.
A mi no me dio tiempo a hacerme con algunos de los modelos que la comunidad de sabios recomienda para los grandes poppers y stickbaits, pero eché mano de los Owner ST 50770, los que suelo utilizar como ganchos para Rangers y bounders, en su tamaño más grande, 9/0.


Y aunque probablemente no sea el anzuelo ideal, pues la anilla no se alinea con la tija y probablemente necesite algo más de apertura y tamaño para acompañar a los megapoppers tropicales, los resultados me han parecido fantásticos. Los enganches son infinitamente más limpios y tanto el desanzuelado como el daño al animal se reducen a la mínima expresión de dificultad y perjuicio.
Desde que pueda me haré con los Owner Jobu. Esos que aparecen en todas las recetas tropicales que despachan los especialistas. Se los ví usar en Farqhuar a Javi “Medregal” ensamblados como assist trasero en poppers y stickbaits. Las peleas ganan en limpieza y deportividad desde el momento en que no hay triples ganchos que puedan pinchar lateralmente al pez.
En definitiva, que me acabo de convencer por propia experiencia del empleo de anzuelos simples en poppers o señuelos dedicados al spinning tropical más pesado.  Creo que a partir de este reciente Farqhuar 1.0, empezaré a prescindir de los gruesos triples que apuñalan carnes por triplicado y complican la vida a pescadores y mates a favor de un buen y único anzuelo. Como decimos por aquí abajo, una buena alcayata en condiciones.

Más Perritos

El amigo Eugeni me ha enviado estas fotografías.


Que sirvan como vendetta personal por las fotos que por circunstancias náuticas nosotros no pudimos tomar.
Eugeni pescó Farqhuar hace una semana, la semana inmediatamente siguiente a la nuestra y dentro de otro grupo numeroso de amigos y conocidos.
Disfrutaron en términos generales de mejores condiciones marinas y meteorológicas.
Hicieron el doble de capturas, y como jiggeros casi empedernidos que son, se las vieron con los perritos en los veriles profundos del atolón.
Al final embarcaron 4 doggies por encima de los 40 Kg. 3 para Juan José Espejo (reverencia) y uno, el más grande, el de las imagenes, para Eugeni. 60 kilillos de nada.



24 de febrero de 2011

MARRUECOS SI ES LO MISMO


Dice el gobierno y dicen los poderes fácticos de España, que Marruecos no es lo mismo.
Que estos aires populares de revolución y cambios políticos en el norte de África y estados árabes no afectan al reino Alauita porque Marruecos es otra cosa.
Por lo visto, en Marruecos no hay presos políticos pudriendo su vida en cárceles de exterminio, ni pobreza, incultura y miseria generalizada. Ni corrupción gubernamental al más alto nivel, ni represión y recorte de libertades y derechos fundamentales. Para los amos del cotarro hispano, el origen divino y la condición monárquica celestial que ostenta Mohamed es un concepto moderno y plenamente adaptado al progresismo democrático que tanto nos pregonan.


Algún día se sabrán las condiciones del chantaje, pero la sumisión de España al vecino imperialista del sur cada día es más esperpéntica y nauseabunda.
En estos días, la prensa oficial nos machaca el cerebro y la retina con el asunto Libio, despellejando al fantoche criminal del Gadafi pero omitiendo cuando llega el caso, que de la misma manera que el libio disuelve manifestaciones con caza bombarderos, el marroquí, lo hace con los métodos sanguinarios de su policía secreta.
La cuestión es hacernos creer que Marruecos no es lo mismo. A ver si nos vamos a creer que es igual y empezamos a “twitear”  y “blogear” señalando que ahí abajo, frente a Tarifa hay otro igual.
Que esto de Internet es peligroso y facilita el contagio.
Quien sabe, de repente hay marroquíes sin aherrojar que empiezan a dar la murga en plazas y avenidas demandando una sociedad justa y una vida más digna.
Eso sin descartar que la estrategia sea el resultado de una llamada directa de Mohamed contando como hace semanas que no le llega la chilaba al cuerpo. Mira a ver ZP, que ya no se a cuanto poner el cus cus y cuanto bajar el precio del té. Mira que anoche tuve pesadillas en las que me veía en una especie de Guantánamo saudi jugando al domino en chándal con Ben Ali y Mubarak.

Por eso la consigna es decir que no es lo mismo. Que es otra cosa. Que el chiringuito de ahí abajo al sur es normal y civilizado.
Pero no se lo crean. No hagan caso.
Marruecos es lo mismo, lo mismo que Egipto, Túnez, Libia o Bahrein.
Yo creo que es igual.
Igualito, igualito.

17 de febrero de 2011

MI PERRITO XXL. DOG TOOTH TUNA 100 Kg

8 de febrero de 2011. Dog Channel, atolón de Farqhuar (Seychelles).
Vientos de 15 y 18 nudos. Olas de 1,5 metros. Cielos nubosos con chaparrones esporádicos.

Sesión de jigging vespertina. De 14:30 a 17:30 horas. Tres pescadores en una skiff ideada para pescar a mosca en los flats. 5 metros de eslora por 1,80 de manga y  250 kg de capacidad máxima.

Hasta las 15:30 de la tarde, Las derivas transcurren como solo pueden transcurrir en un lugar donde pocos señuelos se han bajado a profundidades que excedan de los 20 metros.
Cada deriva son tres o cuatro peces por pescador. Da igual el viento y el escaso peso de los señuelos. La cantidad de línea que saca la deriva y el alteo implacable no son obstáculo.
Meros, GTs, Jobfish, pequeños dientes de perro y otros júreles son el denominador común. La actividad es grande y el ritmo de capturas incesante.

Al caer en un fondo de 50 metros que baja repentinamente a 80 y 100, a servidor se le ocurre que un Tamentai de Duel color rosa-plata de 200 gramos puede ser más atrayente para los peces del lugar que el Zero Dropper  color verde-lumo que venía utilizando hasta ahora. Lo engancho, lo bajo, lo empiezo a menear lentamente con golpes de media vuelta y a los 10 o 15 metros del fondo, me quedo trancado con algo que a primera sensación parece contundente. Dos severos cachetes para intentar alojar con eficacia un Kudako del 7/0 amarrado con Zylon de 500 libras, intentos de bombeo inicial, previsión de algo importante al otro lado y conjeturas a tomar por saco en cuanto el animal, tras los  breves segundos de sorpresa reacciona y me dice sin palabras que me amarre los machos que lo que venía a continuación iba a ser de todo menos suave.



La carrera me lleva de la popa a la proa de la skiff en cuestión de milésimas de segundo. Me desplazo medio agachado, acogotado por la presión y la energía que desata el de abajo. Me empadrono en la proa, de rodillas, reposando el trasero sobre los talones y con la única y momentánea  intención de que el equipo me siguiera perteneciendo.
Las dos primeras carreras son impresionantes, sacan hilo de un carrete cuyo freno esta calibrado por el método tropical informal: es decir, que un ser humano no sea capaz de hacerlo aún tirando con un guante. El 665 estrecho se porta. Le da hilo al peje, se pone al rojo (quema) y aguanta la embestida sin titubeos. Cuando caigo en la cuenta, observo que la carrera es grande y ha sacado mucha trenza. El animal busca el canto y a mi solo hay dos neuronas que me funcionan. Una que le grita al bicho, que pare, que pare. Que pare por la gloria de su madre y me permita recoger algunos metros de hilo y otra que se encarga de intentar poner algo más de freno aplicándole el dedo pulgar a la bobina.

Total, para no cansarles, tras las dos apocalípticas embestidas iniciales, la pelea se iguala y el pez termina subiendo entre mis resoplos de esfuerzo, cortas e intensas carrera por su parte y el continuo bombeo elevador. Cuando aflora, lo hace en forma de enorme Dog Tooth Tuna. Un mueble antiguo, un coche pequeño, una vaca, un pedazo de animal, lo que quieran.


Demasiado pez para la skiff y para las condiciones de marea. Aún así, Keith quiere fotografiarlo y medirlo. Yo no pido nada, lo único que quiero es Gatorade y reposar los riñones.
Con la determinación de Keith y la ayuda de Francis (lesión incluida), el  doggie sube a bordo. Luís permanece recluido en la popa por razones de estabilidad náutica. Me  pongo el animal encima, me parece enorme. Keith lo dimensiona: 1,95 metros de largo y 100 Kg de peso. Está nervioso el sudafricano, quiere devolverlo de inmediato, atenta contra la seguridad de todos mantener tanto peso encima en aquellas circunstancias. Fotos a la carrera. Malas, con el animal de costado pues es imposible menearse ni andar con posturitas.
Impresionante pez, bello de tan extraño. Nunca había tenido uno tan grande de cerca y la verdad es que da miedo de mirar, lleno de cicatrices, con esa boca de tiranosaurio y esos dientes de pesadilla. Curioso pez, tan grande, tan atún raro, tan peculiar.
Mi primer doggie grande, un perrito de tres cifras.
Espero que no sea el último.

Para el registro 

Lamiglas Tropic Pro Jigging 40-60 Lb.
Accurate 665 NN.
Trenza multicolor Maxilón 80 libras.
Leader 130 libras Silver Thread.
Assist corto con cordaje Zylon de 500 libras y anzuelo Shout Kudako del 7/0.
Nudo de atado leader – multifilamento: bimini 20 vueltas – bristol.
Sistema de enganche leaderjig - assist: giratorio y anilla Duel abierta de 500 libras.

ATOLÓN DE FARQHUAR, SEYCHELLES. LO QUE PUDO HABER SIDO Y FUE MENOS


Desde el avión, al mediodía del sábado 5, Farqhuar nos recibió con las mejores galas. Tiempo esplendido, sol, nada de viento y una luminosidad que dejaba ver desde el aire toda la gama de azules, turquesas, ocres y amarillos de un atolón tropical al uso.
En la cabina de la Beechraft, las niñas histéricas no paraban de gritar y esparcir euforia señalando arrecifes, cantos, ensenadas y puntas.



Tras la breve pesca de aquella tarde y la primera toma de contacto, el domingo 6 amaneció nublado, ventoso y con olas en la línea de arrecife. Una depresión tropical asociada al ciclón Bingiza se había posicionado sobre nosotros y según la previsión se quedaría toda la semana. Vientos del suroeste y lluvia por un tubo a partir de ya.
En tales circunstancias, resultaba Imposible pescar el exterior del arrecife por el sur, por el oeste y por el norte. En aquellos momentos y hasta que las condiciones empeoraran, solo quedaba una porción de sotavento en el noreste donde practicar la pesca exterior. Lo aprovechamos mientras pudimos, logrando algunos GT reseñables a popper y el animal con mayúsculas a jigging.





Luego todo empeoró. La depresión se volvía ciclón a cada rato y las perspectivas de pesca se veían condicionadas por la dichosa meteorología.
Lejos de apesadumbrarnos, siguiendo esa máxima que dice que pese a todo, cada día y cada tiempo tienen su pesca, nos conjuramos a buscarnos la vida y tratar de sacarle rendimiento a las circunstancias.



Con la buena predisposición y profesionalidad de los skippers de Fly Cast Away escudriñamos cada noche la fotografía aérea de Farqhuar, buscándole las cosquillas al viento y procurando sacar de donde casi no había. Derivas en la laguna, palizas de vadeo en la costa este y fugaces incursiones de jigging con los testículos de corbata entre vientos de 18-20 nudos y alteos de 1 a 2 metros. Eso es lo que tocaba despachar. O eso, o pasear por la playa recolectando conchitas con chubasquero.
Y claro, como somos lo que somos y a cabezones no nos gana nadie. Metiendo en un mismo caldero la pasión por la pesca, la vena aventurera, los arrestros entusiastas y la profesionalidad, el conocimiento  y la entrega de Keith Innes – Rose y James Cortard (Flycast Away); conjugando el optimismo contagioso que emana un tipo de Santa Ursula y la pizca de habilidad o experiencia que más o menos poseemos en el asunto del lance y recoge, conseguimos que la semana de pesca tropical (jigging y popping) en el atolón de Farqhuar (Seychelles) bajo la influencia de un ciclón tropical fuera tan solo menos mala de lo que podía haber sido.





Al final, en 6 horas de jigging alternas, salieron dos doggies grandes, uno grandísimo.
Al final, popping la cosa anduvo en torno a los ciento y pico GTs de los cuales casi una veintena fueron conseguidos pescando desde tierra. Aparte de ello, se logro capturar un similar número de meros y snappers (Lutjanus bohar) y algunos emperadores y napoleones. A jigging, también salieron los Jobfish en sus variedades green, rusty y bluespotted. Blue fin trevally, black jack, meros de hondura (Ephinephelus multinotatus), un yellowfin tuna y algunas peleas y sucesos con peces que se presumían de notable porte y terminaron dándose a la fuga.




GT. El Santo Grial

No me vuelve tan loco como a los demás, pero es de reconocer que la pesca a popping de este animalito tiene un no se que adictivo.
Probablemente es la picada lo más espectacular. Esa explosión salvaje e inesperada. La picada y la incertidumbre de los primeros compases de pelea, cuando todo esta siempre a punto de saltar por los aires.
Sin salir, salvo un par de ratos de la laguna interior, en Farqhuar hubo GTs para todos. Los mayores alcanzaron los 30 Kg, los menores los 8-10, pero la media estaba en pejes de 15 Kilos que proporcionaron fenomenales peleas y buenos ratos de entretenimiento.
Pero los mejores lances sin duda, transcurrieron desde la orilla. En lugares querenciosos, donde el arrecife alcanzaba profundidad o en canales entre islas. No hay muchos lugares en el mundo donde sea posible pescar GTs de orilla, Farqhuar es uno de ellos.
Poder pescar desde tierra peces de este porte, tiene otro sabor, otro significado. Es un reto y a su vez un disfrute. Pescar depredadores tropicales desde tierra es una oportunidad que no se presenta a menudo y puede valer por si solo un viaje de pesca.
Recuerdo especialmente dos animales, uno capturado por Marcus Muller en un lugar al que llamábamos los hervideros por su recuerdo con la costa lanzaroteña y otro de Javi  “Medregal” en un escenario clásico. Un canal de aguas azul-turquesa, tranquilas y limpias que se disponían delante de una orilla suave de arenas coralinas.















Meros y Snappers

Me sorprendió la cantidad de groupers y snappers que se distribuyen por los arrecifes someros de Farqhuar. Increíble. Imposible determinar las variedades y especies de mero. Creo que estaban todos los del Índico y alguno más. Reconocí al mero floreado que ya he pescado en Andaman, a algún Coral Trout de coloración verdosa y al babón, un mero especialmente abundante en algunos enclaves del océano oriental. El resto de ejemplares presentaban tal diversidad y modificaciones de aspectos y colorido que resulta ardua la labor de identificación. Se podían pescar sin necesidad de lanzar. Bastaba caminar sobre el arrecife o navegar entre agrupaciones de coral, posar el popper sobre algún rajón y quedarte enganchado a la ferocidad de algunos de estos pejes, que en ocasiones llegaban a sobrepasar con creces los 10 kilogramos de peso.



A lance, tanto con el píe en tierra como desde el barco, era preciso andarse con ojo pues la picada y la búsqueda de algún refugio eran la misma acción. Más de un popper se quedo enganchado a oquedades y grietas.
Con los snappers la cosa es bastante más simple en lo que a identificación de la especie se refiere. Lutjanus bohar y asunto resuelto. El pariente Índico de las cuberas Atlánticas y Pacíficas. Más pequeño, menos potente a la larga, pero con la misma mala milk a la hora de atacar a un señuelo, e idéntica estrategia de pelea: buscar la grieta salvadora desde el primer instante.





Otra Muesca en la Culata

Lamentamos nuestra mala suerte. En la lotería meteorológica esta vez nos toco el gordo de la adversidad. Se hizo más de lo que se pudo y hubo lances notables que dejan entrever como quien asoma la nariz por una rendija, que el lugar es espectacular para la pesca con señuelos artificiales. Basta caer en la cuenta de lo que supone un ejercicio de vadeo por la laguna interior para afirmar que el atolón de Farqhuar es un santuario de vida marina. Tiburones, rayas, meros, peces de arrecife, tortugas, morenas, corales y demás criaturas interactúan contigo mientras recorres las aguas someras de su perímetro costero. Algo así como hacer footing en mitad del Serengeti.
Farqhuar nos ofreció un trailer de una película que esperemos podamos disfrutar entera cuanta antes.
La pretensión es volver.
El tiempo, la economía y las circunstancias dirán.

3 de febrero de 2011

VUELTA AL VERIL, CANTARERO Y HASTA PRONTO

Desde antes de las vacaciones navideñas y tras los júreles de pascuas, no pisamos el risco.
Obligaciones laborales vespertinas, celebraciones familiares, procesos gripales, otros pasatiempos y circunstancias varias nos han mantenido alejados de la orilla.
El otro día, mientras me imponía una reclusión casera para acabar asuntos pendientes sonó el teléfono. Era Jacobo para ejercer uno de sus discretos ejercicios de convicción y terminar con mi voluntad en una Punta rocosa del norte insular. Vamos, anímate, que hace tiempo que no pegamos unos tiros, mira que la marea esta buena, que el día parece oscuro y querencioso, que no hace viento, que igual aún están los júreles, que son apenas un par de horas.
Total: como mi voluntad posee cualquier cosa menos espesor, a pescar tocan.
Mar buena, empezando a bajar, tiempo sur, leva larga, amenaza de lluvia y nada de viento.
El ambiente no puede ser más sugerente.
Jacobo empieza a arar con un señuelo que junta en el mismo plástico los tres colores más escandalosos y llamativos del arco iris pescador: Amarillo flúor, naranja y fucsia. Como viene siendo habitual, a  los 10 o 12 lances la Beast Master le acusa una doblez que no tiene nada que ver con la tracción del arado. Es un pez. Un pez que en virtud de los antecedentes me lleva a pensar en jurel, pero que termina siendo bicua gorda. Una de esas que aparecen de uvas a brevas, un bicuón de 3 kilos y pico que sube a vernos la cara entre clacas y espuma.


Fotos para dar fe a los incrédulos y a seguir lanzando.
Pasa un buen rato, Jacobo se mueve, lanza cambiando ángulos y direcciones, gira  por la punta, me circunvala varias veces y vuelve al punto de partida. Prueba otras imitaciones y otros escalones de profundidad aunque vuelve siempre y a cada poco a colocar su señuelo mágico.
En una de estas, con esa tranquilidad que define al nene de los Realejos, sin inmutarse, como quien señala un barco que navega el horizonte, vuelve a cantar pez. Esta vez es un pez más grande, dice que lo vio y es pejerrey de envergadura. Debe serlo porque la caña parece un hula hop y el freno del Daiwa Certate echa humo. Luego de un pleito corto e intenso, la pelea pierde tensión y el chicharrero recoge hasta toparse con un trozo de leader. Ni rastro de la trabilla ni del arado mágico. Reventón. Nada raro. Esas cosas que pasan con los pejerreys grandes y le confieren la fama de mal amañados y marrulleros.
¿Y yo?.
Pues hasta ese entonces ni olerlo, apenas una picada con un jig de metal trabajado sobre el fondo.
Utilizo mi turbo vibrador de la hondura y le doy más vidilla a otras golosinas, pero nadie me quiere hasta casi el final.
Porque al final me quiso un agujón. Un agujón a finales de enero (la naturaleza esta loca).


Un agujón que pico como una bolsa plástica y peleo como una bicua.
Nada especial.
Luego ya no hubo más luz ni más sed de pesca. Pasamos una hora y media entretenida y desengrasamos las maquinaria del spinning.
El chicharrero sigue en racha. En maldita hora le sugerí las posibilidades del arado.

Jigging. Cantarero y Gracias

Jigging vespertino un par de días antes del diluvio.
Marcas cercanas pues ni el mar ni el tiempo disponible dan para mucho.
Condiciones esplendidas para la pesca en los lugares elegidos. Escaso viento, escasa corriente, nada de calor, nada de frío, casi ninguna picada y pocos peces en la sonda.
Solo un animal se dejo sentir y fotografiar. Un cantarero, el tercero en apenas 3 meses.
Fue para el compañero José, que se lo encontró pegado en 90 metros de profundidad cuando iba a comenzar a bailar en vertical el Akula azul metálico de 200 y pico.


Hasta Pronto (15 Días)

Pues sí, como decía “Y Digo Yo” en la entrada anterior, huele a mochila.
Y es que cuando esta entrada vea la luz de la red, este que escribe estará embarcado en la enésima aventura de pesca tropical. Destino inédito para un océano clásico. Dicen que una especie de santuario para GT grandes y  Dog Tooth tamaño tresillo.
Por esas paradojas que tienen los viajes tropicales de pesca, esta vez, viajo con lo puesto en busca de los peces más grandes. La logística y las restricciones de peso obligan a ajustar el ajuar completo a los 20 kilogramos estrictos.
En mi tubo de las cañas viajan escarpines, calzoncillos, camisetas y shorts de pesca. Mi neceser es más básico que el del yeti y  en la maleta facturada se prescinde de cajitas, de ferralla y de muchos accesorios que en otras circunstancias tendrían butaca preferente. No sobran anzuelos, ni anillas, ni bajos. Cada señuelo esta armado y sin repuestos. Cada arretranco perdido será una bala menos en el revolver.
Aún así, a poco que Neptuno se enrolle y meteoro no la fastidie, cualquier esfuerzo habrá merecido la pena.
Lo confirmaremos a la vuelta.