2 de diciembre de 2011

ASESINANDO LA NOSTALGIA. SPINNING EN MAXORATA. (CON CLAUDIO, ADAY Y JAVIER)

En lo que al donde se refiere, mi relación con los señuelos artificiales tiene como una de sus referencias de génesis la isla de Fuerteventura; su inmensa línea de costa, su extensa plataforma sumergida, la soledad de sus grandiosas playas y el bravo mar de su despoblado barlovento.
En aquellos inicios, aún conectado a los estudios universitarios, la pesca se compatibilizaba con apañadas de ganado costero, pateos en busca de rarezas botánicas o entretenidas sesiones de paisajismo fotográfico. La compañía humana imprescindible de aquellas aventuras era mi amigo Claudio Moreno; atento organizador, guía generoso, geógrafo sin alaracas, correcaminos incansable, enseñante comprometido  y una de las personas que por practica y vocación mejor conocen el medio insular de estas 8 cagaditas de díptero que tenemos por archipiélago.
Aquellos eran tiempos de pesca y exploración, de descubrimiento, de pejerreys, bailas y sierras en ambientes tan bellos como poco antropizados. No había chavalitos ni el spinning había adquirido aún los tintes de moda grupal que ahora y por sectores tanto nos agobia. Empezábamos y coincidíamos ánimos parecidos; yo con un bichero para bicuas kileras y otros con un manojo de rapalas enganchadas al borde de un balde. Cuanta inexperiencia convergente. Que pintas por otra parte.
Una década después de aquellos primeros y felices tiempos, hemos vuelto a Fuerteventura para rememorarlos y acallar un poco  el rumor nostálgico.
Con Claudio por supuesto. Con Abe y Antonio, faltaba más y con Aday y Javier, un par de primerizos que en apenas un rato, para este que escribe ya eran como amigos de toda la vida.






Desembarcamos el viernes pasado en Morrojable y durante tres días recorrimos el litoral majorero buscando pejes depredadores.
Después de alojarnos en una villa situada a las afueras de Gran Tarajal y segregar dos cubas de feromonas  ante la fantástica carrocería de la casera, empezamos a pescar de tarde en la meca del norte con un alisio fresco entrando de costado y una mar de fondo tan llevadera que lejos de molestar, mejoraba las condiciones que a nosotros nos parecen más propicias para la actividad general de gatos y ratones.
Pero la presencia de peces era nula. Ni carnada ni depredadores. Esa fue la tónica general durante el viernes, sábado y domingo. Ni cambiando de lugar ni variando de ambiente lográbamos atraer la curiosidad de los escamudos. Daba igual que fuese playa, risco o la mezcla de ambos. Un pejerrey que siguió la enredada muestra de Javier, el avistamiento de varios palometones cebándose en la ola y algunas tímidas picadas en ambientes playeros de lubinas y bailas fueron los únicos incidentes reseñables durante el fin de semana.






El domingo noche, ante el bolo descomunal que se nos venía encima, con Javier retirado de la excursión por compromisos laborales, tras auxiliar a una parejita de adolescentes a los que la batería del coche dejo tirados sobre un cantil norteño y a pesar de estar rendidos al cansancio general y falta de horas de sueño, decidimos que la última opción era agotar el tiempo del lunes destinado a esperar el ferry, echando el resto en la playa de trasmano abierta al suroeste. Estábamos en el descuento y tocaba colgar balones. Había que tirar de reservas físicas y fajarse mediodía entre olas y arena batida.
Así lo hicimos.
A las 6 de la mañana del lunes pusimos rumbo sur y desembocamos en la majestuosa playa de barlovento que nos recibió con un viento ausente, escasa ola y una luminosidad tan fotogénica que a poco que te descuides agota la capacidad de las tarjetas de memoria.


Caminamos un rato, llegamos al punto escogido para comenzar la sesión de pesca y al segundo lance ocurrió lo que al menos este que escribe intuía. Chapoteo en superficie con el calabacín de Molix y pejerrey al canto. Un sollajo que calculo en 5-6 Kg y que tras revolcarse sobre el señuelo, desapareció sin clavarse. A partir de ahí, la acción pejerrey nos animo la primera parte de la mañana con animalitos de 1 a 2 Kg, que mostrándose activos con la llenante, entraban y salían en patrulla, clavándose a pares hasta completar 7 capturas en apenas una hora. Luego, el final de la marea hizo decaer la actividad tocando pescar de retirada el resto de la playa hasta alcanzar el coche.


Armado de persistencia, con mi pequeña travel de Lamiglas, entre hoyos, barras y rebelajes logré una palometa blanca del tamaño de una cajetilla de cigarros y una baila de  1 kilo que sirvió para poner guinda de consolación a un fin de semana fantástico desde el punto de vista lúdico - social y decepcionante desde la perspectiva pesquera.



En cualquier caso, que le den a la pesca. Fuerteventura es un lugar paradisiaco a dos horas de ferry. Un territorio exento, dorado y silencioso. Un lugar colmatado de libertad y simpleza. Un paisaje de montañas peladas y repletos llanos vacíos. Una isla mágica para los sentidos. Otro archipiélago.



Gracias a los amigos majoreros Abe y Antonio por la guía, el acompañamiento y la hospitalidad.
Gracias a mis compañeros de aventura, Claudio, Aday y Javier. Con ellos, los bolos son menos bolos y la coña y el buen humor se convierten en matriz indispensable.
Gracias a Silvia por ser tan profesional en el negocio inmobiliario y estar tan atenta ante cualquiera de nuestras necesidades de alojamiento y logística. El lunes nos hubiera gustado darle las llaves y las gracias en persona pero la puñetera pesca es Espartana y represora como ella sola.
Gracias a la cafetería que esta a la salida de Tarajalejo por abrir temprano y hacer bocadillos para pescadores que madrugan.
Gracias al club de Pesca de Altura Faro de la Entallada por recogerme el señuelo que durante tres tardes no logre darle a Victor Nono.
Gracias a Estrella y Francisco por su inocencia y confianza. Reconforta comprobar el que aún con aquellas greñas, aquellos ropajes, aquel salitre y aquel sudor, uno sigue sin pasar por maleante.
Gracias a la Quesería de Juan Díaz en Tiscamanita por el trozo de queso “pa los pizcos”.
Gracias a Fuerteventura, por ser tan grande, ventosa, árida y erosionada. Afortunadamente la incomodidad de unos es salud para otros. Nosotros.





Por cierto, aunque en esta ocasión no salieran muchos peces, si salieron algunas buenas fotografías. Claudio con su Nikon D3 y servidor con la D90 le intentaron poner memoría visual a lances y lugares.
Las que acompañan la entrada son algunas de las mejores.
Como siempre, merito compartido.
Nosotros pusimos el ojo, los japoneses la tecnología y Fuerteventura la luz.
Volveremos.

7 comentarios:

JOSE MANSO dijo...

Preciosa descripción pesquera que se agradece por compartirla. Una historia de pesca sencilla pero muy bien presentada como es habitual en ese blog

Y digo yo dijo...

Olvida usia a mi copiloto de madrugón Alejandro (Gargamel) y eso le garantizo dende ya que le costará un par de Tropicales.

Como me alegro de ver la Baila, pagaría por haber estado en ese momento, no es porque sea de las grandes, es por poder decir que al menos salió una.

Se le sigue resistiendo la Lubina Majorera y eso me viene al pelo, porque no le queda otra que volver.

Me agradó el Sr Javier y se que le volveré a ver. Me quedé admirado del Alumno Aday por su paciencia. Del amigo Claudio solo decir que creo que le estrujo poco por culpa de dir a pegar unos tiros, así que me queda en pendiente el sentarme sobre una roca con él.

Acuerdate de traernos el "bujero" de la varilla...

(palabra de verificación "KINGS") no podía ser de otro modo :)

juan jose dijo...

Lo dicho. Me presento en Fuerteventura aunque no lleve ni caña, ni recuerdos.

Algo de lo que describes podré catar.

Manda el artículo a la oficina de turismo.

Por cierto que el tal Nicanor Parra ha debido de ser fuente de inspiración del Jay, aunque no escriba poemas.

Femés Elvira, dijo...

Lo de la actividad está siendo cosa rára, y comparto con la Maxorata la desilusión por jornadas de lance intenso en que la ausencia de picadas o activiad ahogan el ánimo. Ráro ráro...

Por otro lado, que suerte!!!! Vaya grupo se junto para pasar un fín de semana original y entretenido. Preciosas fótos Mario, diferentes y bonitas ;)

Uno de Tantos dijo...

¡Ostras!, es verdad José, me olvidaba de Alejandro. Tan acostumbrado siempre a su compañía y la de Antonio, que cuando se suma alguien nuevo no lo retengo en la memoria. Bueno, que sirva en mi descargo que Alejandro se presentó visiblemente cansado del viernes noche y desapareció un buen rato durante la siesta, a lo mejor ese es el minutaje de compañía que inhibe mi recuerdo. Mea culpa, que quede expresado mi perdón y el mismo agradecimiento de guía y hospitalidad.
Lo de la actividad y los peces esta raro, raro. Es verdad Femes. Vaya usted a saber la razón. El que tenga alguna explicación que sea algo más que una intuición, que publique.
Hermano Juanjo, Nicanor Parra es de la cuerda de Jay, tienes razón. Anoche el otro yo y un servidor brindamos por él, íntima y regocijadamente.
Un día coincidiremos en Fuerteventura, con tiempo y libertad. Hay que patearla apartándose de la costa turística, subirse al volcán, admirar, burros, cabras, guirres, gavias y cardones y disfrutar del llano. Tengo un amigo catedrático en Fuerteventura a mano. Solo es cuestión de eso, de coincidir.
Sr. Manso, me alegra que le guste la entrada, hay seguidores y comentaristas que elevan el valor del blog, me temo que usted es uno de ellos.

rafa dijo...

Siempre que leo tus relatos me doy cuenta de que estoy dentro. En este estaba también, entre ustedes.
La memoria fresca de no hace mucho patear la isla, quizás me sirviera como elemento imaginativo.
Hace unos años estuvimos un corto tiempo compartiendo lances y desde entonces espero volver a repetirlo pero también con Abe.
Poco roce he tenido con los dos, es verdad pero, lo poco compartido se ha hecho entrañable y lo último con Abe fue un visto y no visto lo que me supo y me dejó mal sabor de boca por culpa de un contratiempo inesperado.
Lo dicho más que, personas que dejan impronta en otras, las hay.
Y que se las hecha de menos en la distancia y en la cercanía, también.

Me gustaron las retrateras, sobre todo una en blanco y negro.
Los pejes por aquí abundan por su ausencia y ya deberían estar ocupadas las olas como los hoteles. Será que la crisis climática les afectará de lleno.

Por aquí un viejo recuerdo queda sobre un web sedienta.

Un abrazo

Nicola Zingarelli dijo...

¿Me equivoco o estás menos goddito? O es el gran angular?