13 de septiembre de 2011

A MODO DE DIARIO VACACIONAL. AMANECERES EN TITEROY

Si amanece y ves

Que no estoy contigo, es que me he ido a pescar. Nada largo, unos cuantos lances. Una horita y media y santas pascuas. A las 9 en el apartamento mi cielo.

Día 1.

Una vez liquidado el protocolo de instalación y demás coñazos asociados, tras la siesta, recorro en plan lúdico y con la familia el paseo marítimo más inmediato al bungalow. Mantengo dos neuronas pendientes del paseo y el resto las consagro a escrutar visualmente la franja intermareal y sus aguas adyacentes. Grabo datos de acceso, relieve, huellas de actividad pesquera y señales de vida animal. Como conclusión, saco que el lugar solo se me antoja apto para pescas de fuerza mayor. Es la playa del pueblo, el paseo nocturno de los guiris. A dos metros de la pizzería, del chino 24 horas y las hamacas del H10.
Solo al final, cuando el recorrido acaba junto al Faro vislumbro un lugar apetecible para mover señuelos. Hay espuma, bajetas, fondos de arena, marisco bronco, callaos y poco trajin de gentes. Para corroborar mis impresiones, a unos 80 metros de tierra firme veo un par de barcos haciendo pasadas de curricán. Decido que de poder pescar, empezaré a hacerlo por ahí.

En la cena aprovecho un Bermejo frio y una tabla de salmon ahumado de Macher para soltar mis intenciones pesqueras de la semana. No encuentro rechazo aunque si varias enmiendas compensatorias. Me conceden permiso siempre y cuando compatibilize mis pescas con la necesidad de ejercicio diario de Nata: una perrita a medio hacer de podenco, perdiguero, pointer, braco o vaya usted a saber qué, que habiendo sido abandonada por algún hijo de la gran puta, fue rescatada junto al Cruce de Melenara, de una muerte segura por atropello. Un demonio de bicho por otra parte.
Pongo el despertador para las 6, dejo todo preparado junto a la puerta y me acuesto pensando en que sería muy posible que en el Faro, con un Ranger….

Día 2

Pi, pi, pi. Las 6 de la mañana, salto de la cama, corro de puntillas por la casa, me visto, corro de puntillas por el jardín, cojo el coche y me largo al Faro.
El mar esta bueno, apenas una brisa que llega del norte. No hay reboso, pero la marea esta llena en una hora y tengo que ponerme bastante atrás. Empiezo a pescar con un minnow de Daiwa, luego pongo una cucharilla de Sebile. Amanece, son las 7:15, cambio a un Viva Parade, ni rastro de peces, pongo un X-Rap blanco, nada. Las 8 de la mañana, meto el Miss Carna de Maria y luego un Roosta y luego, con luz suficiente, por fin un Ranger.
Aparecen dos chalanas haciendo curricán costero a tiro de señuelo, me infunden esperanza, sigo erre que erre con el Ranger. Las 8 y media, la marea da un par de golpes que indican el comienzo de la vaciante. Aparece una aguja tras el Ranger. ¡Joder!, es enorme, parece una boa constrictor, pero no repite. Quito el Ranger y  lanzo una cucharilla del Decathlon con triple trasero. La pierdo a la primera bajada. Recojo bártulos y le echo el cierre a la pesca del día.



En casa todo marcha bien. Durante la noche, Nata solo transplantó un cactus del jardín y mordió hasta dejar inservible el enchufe de la manguera. Cuando llegué, la muy perdiguera estaba haciéndole una postura fina a una tortola de palmera y miguitas de pan. La niña apunta maneras.

Footing, playa, aperitivo, almuerzo y siestita.

Por la tarde salgo con la perra a las afueras del núcleo turístico en dirección norte. Costa suroeste. Es un llano pedregoso que termina en un cantil. Bajo el cantil, la plataforma de abrasión dibuja kilómetros de tableros, morretes y puntones bañados por un mar de norte fresquito. Me puede la sensación de simpleza y vacio del relieve. El no ver civilización ni rastro de su paso. Se me abren los ojos de par en par y comienzo a buscar allí el escenario de mi próximo amanecer pesquero. A todo esto, Nata, entra en una tabaiba dulce y saca un cadáver liofilizado de rata que se come de una sentada. Me hago el loco y miro para otro lado. Esta puñetera perra no va a coger fundamento nunca.

Día 3

Al atravesar de puntillas el jardín piso la rata regurgitada por Nata y casi me parto el alma contra la puerta. Recojo el vomito asqueroso, lo tiro al contenedor y me marcho a pescar. Por el camino un guiri entrado en años se salta el ceda el paso de una rotonda (sucesos cotidianos en las Canarias Orientales) y casi se parte el alma contra el furgón que reparte los donuts. Observando la maniobra del viejo no esquivo un trozo de madera sobre la calzada y pincho con las tachas que idefectiblemente toda madera que descansa  sobre el asfalto posee en uno de sus extremos orientados hacía el cielo. Su p…madre, pues si que empieza bien el día. Cambio la rueda, pero el contratiempo se come el amanecer y me quita preciosos minutos de pesca. Desisto de ir a donde tenía previsto y  echo la hora disponible en el espigón del muelle. Al llegar observo una enorme mancha de carnada a distancia de lance, pero parece que no tiene pretendientes. Lanzo que te lanzo sin resultado alguno hasta que tras la cucharilla de Sebile aparece un gallo moruno (ballesta) del tamaño de una raqueta. Le da picotazos, juguetea con ella y al final, al quinto o sexto lance, se traba por los cueros del hocico. Lo saco, lo destrabo y lo devuelvo. Se salva porque en casa hay salmón y no ando con la voluntad necesaria para enfrascarme en peluquerías.
Las 8:30. Comienza el zafarrancho en el puerto. Se va el ferry y salen barcos de pesca. Un grupo de canoistas con coleta casi terminan de calentarme los cascos con tanto paseo y tan poca consideración. Hago un disparo disuasorio con una sardina metálica de 80 gramos y el peluo jefe me lo recrimina señalandome un ojo con el dedo. Hago acuse de recibo y le reenvio el gesto del ojo. Se queda mirando sin decir nada y sigue camino. Yo, por mi parte, tampoco digo nada. Desmonto el equipo y resignado enfilo el bungalow.

Anoche Nata no armo demasiado follón, solamente mordisqueo la manguera por la otra punta y escarvo un agujero al píe de una jara que rianse ustedes de la Gran Evasión. Cuando llego, la sorprendo marcando la postura perdiguera contra la avispa que habita en la chimenea de la barbacoa. Mientras, una tórtola moruna come tranquilamente migas de galleta a los píes de la mesa.

Piscina, lectura, aperitivo, almuerzo, siestita y paseo.

Día 4

Hoy me he propuesto ir lo más al norte que pueda. Tengo previsto pescar los veriles que hay pasando el hotel abandonado. Para ello, salgo un poco más temprano intentando compensar el tiempo que se pierde conduciendo por las pistas de tierra. Creo tener claro cual es el camino a seguir, pero a las 6:45 de la mañana en mitad de un gigantesco llano de piedras y oscuridad, me siento solemnemente perdido. Ante la duda, tiro palante buscando el mar. Ni veo el hotel, ni el volcán del pueblo, ni la luz del faro. No veo más claridad que 15 metros delante del capó del coche.
Enfilo por una pista descendente y que sea lo que Dios (o lo que sea) quiera. A las 7:10 desemboco en el borde del cantil. Lo que alumbra mi linternilla no me suena. Ruge el mar aunque el viento es practicamente nulo. Busco un lugar por el que bajar; un derrumbe o un andén. Lo encuentro aunque no es muy practicable. Entre saltitos y pasos de escalada me planto en la plataforma inferior. La oscuridad es absoluta, estoy a unos 20 metros de la orilla y el rumor de las olas me crea cierta incertidumbre. A pesar de ello, no pienso que el reboso sin viento de 1,8 que entro la pasada noche, me ague la fiesta.
De repente, mientras armo la caña mirando al mar, escucho a mis espaldas un rumor de marabunta. Cuando viro la cabeza, veo que medio atlántico se me viene encima. Apenas me da tiempo a dar dos pasos y escalar metro y medio de risco. La espuma me rodea, me alcanza hasta el pecho, me menea sin tirarme y logra que me sienta como una cucaracha en un sumidero.



Mojado hasta los pezones, la primera claridad me hace que ver que he venido a caer en el sitio justo. El justo para jugartela. Una lengua de lava que entra en el mar flaqueada por dos barranqueras a las que el mar rebasa y supera por su parte de tierra. Una especie de isla bañada por las olas en las que pescar aparte de incomodo es peligroso.
Sin pensarlo me doy el piro. Busco el coche y enfilo el hotel abandonado ahora convertido en bloques de infravivienda. Lo rebaso en dirección sur y me asomo a una especie de bahía resguardada cuya plataforma de abrasión termina en un escalón de aguas azules a resguardo. Hay una casa, bueno, algo parecido. Un cajón cuadrado de manpostería sin encalar y rodeado de chatarra.
A juego con la vivienda, los 15 metros de desnivel entre el cantil y el oceáno, los salva una escalera hecha con retales de madera y soga de esparto.
Bajo por ella y me pongo a pescar. Son las 8:00, delante de mi posición la superficie chisporrotea de carnada. El lugar huele a sierra que apesta, pero al cuarto lance, lo que sale enganchada al Bomber es una bicúa pareja. A las 8:45, doy por finalizada la sesión de pesca. Telefoneo a casa para evacuar consultas sobre el destino final de la bicúa y me confirman que sería bien recibida a la hora de la cena. La arreglo, la empaqueto y tomo de nuevo el escalerón rumbo al coche.

Antes de subirme, me abordan un par de guiris en bicicleta que me preguntan por un lugar llamado los Charcones que dicen tiene unas piscinas naturales muy bonitas, para bañarse hacer fotos y tal y tal. Les digo que ni puta, que el toponimo no se los ubico, pero que zonas de piscinas naturales he visto dos muy coquetas. Les explico detenidamente, me lo agradecen y siguen camino.

Ya en casa, me tropiezo con el señor de mantenimiento. Me pregunta por la pesca y le digo que una bicua y gracias. Me dice que algo es algo y que si quiero coger algo tengo que ir del Faro para arriba, que a partir del Faro todo es bueno, pero que tenga mucho cuidado con la marea, que a él se lo ha llevado ya tres veces cogiendo cangrejos.
De los pezones para abajo, mi cuerpo humedo le expresa un amén con mayúsculas.
Nata esta tranquila. Al parecer esta mañana desfogo energías escapando de la terraza por los cuadradillos de la puerta. Me cuentan que sembró de caos los jardines del complejo. Hubo estampida de gatos, privación de intimidades, robo de alimentos y rasgado de pareos. Volvió al corral no sin esfuerzo y ahora la rejilla de la barbacoa completa el cierre total del recinto perruno.

El resto del día transcurre sin incidencias dignas de mención. Playa, ajedrez, aperitivo, almuerzo, siestita y footing.

Por cierto, la bicúa pareja a la espalda con ajo, perejil y un pizco de pimentón es un manjar. Un vinito blanco de Tías, acompaña que da gusto.

Día 5

A las 6:45 llego con el coche al pesquero. Esta vez un par de kilómetros al sur de donde acabe el día anterior. Hace viento y aunque el reboso ha bajado no estoy para sustos ni incomodidades. Me quedo en la bahía asocada que apesta a sierritas.
Como de costumbre, no hay nadie ni casi nada que suene a bien mueble. No hay basuras, ni pesqueros apestosos. Me agrada el ambiente y la costa que me rodea. Sin chavalitos, ni grupos de spinners organizados. Soledad, silencio y limpieza.
Salgo del coche y espero sentado al borde del risco la proximidad del amanecer. Abajo, el mar esta tranquilo y permite pescar en primera silla de ring.
A las 7:15 ya estoy metido en harina. Aparece la carnada de todos los días. Los primeros lances con un Blues Code fluor consiguen picadas de agujas y bicúas mini sin resultado de captura.
El mar permite una pesca tan relajada, que el tiempo se va sin darme cuenta. Las mini bicuas y las agujas se cansan de picotear y yo sigo escrutando el fondo con un jig de bucktail azul y rosa made in Shamann.
De pronto observo un par de estallidos en superficie a unos 150 metros. Recojo el lance a mil por hora y saco de la Aquaskinz un jig de metal. Lanzo con toda mi alma y  pongo el hierrito en el Cotillo. Al dejarlo caer la línea pierde tensión de manera subita. Picada.
Tranco, cacheteo y clavo. Hay carreras, frenazos, distensión y vuelta a las carreras. Una claca casi me la juega y convierte en una pifia histórica la varada más fácil de mi vida. Sierra entradito en carnes (12 libras le dio el Boga Grip). Me cuesta sacarle el señuelo, tiene el Shore jigging casi engullido y el Decoy clavado mortalmente en la agalla.

Le hago un par de fotos testimoniales con el móvil y vuelvo a lanzar.
Pero hay una sin dos y nada vuelve a pasar.
8:45, me retiro con el sierrita empaquetado para la cocina.
Por el camino me tropiezo a un viejito que baja a pescar viejas. Lleva erizos y la caña blanca oficial de dos mangos (es que la puntera es tan gorda que cuesta distinguir los dos extremos) con el carrete Herculy incorporado. Me saluda y me pregunta por la marea. Se queja de que esta muy llena (es cuarto creciente) y se sitúa en el puntón que yo acabo de abandonar.
De camino a casa me para una pareja con acento peninsular y me pregunta por un lugar llamado Los Charcones que dicen tiene unas piscinas naturales muy bonitas, para bañarse hacer fotos y tal y tal. Les digo que ni puta, que el toponimo no se los ubico, pero que zonas de piscinas naturales he visto dos muy coquetas. Les explico detenidamente pero menos, me lo agradecen y siguen camino.

Piscina, aperitivo, almuerzo y siestita.

Por la tarde, subo al volcán del pueblo con Nata (en la isla a cada pueblo le tocó un volcán). La muy penca sube corriendo, yendo y viniendo a toda mecha por un sendero de picón serpenteante. Una vez arriba circunvalo el cráter, hago fotos y contemplo las fantásticas vistas del núcleo turístico y el llano pedregoso de mis amaneceres. Al poco aparece un chico de color haciendo footing que le hace una mueca juguetona a Nata. Dos minutos después, el chico me hace a mi 10 muecas de auxilio.
Total: la perra que subió suelta, baja amarrada.


Día 6

Último rato de pesca.
Bajo al lugar del día anterior. El mar esta aún más benévolo que ayer. Ni rastro de actividad. A mis píes un manterío de viejas pasta a sus anchas el sebadal del veril. Me ponen los dientes largos y pienso en mi caña de cuerno.
A las 8:30 recojo el chiringuito sin una mísera picada.
En el pesquero de la escalera diviso un par de figuras humanas que pescan de píe. Me acerco con el coche y me asomo a contemplar. Pescan con largas cañas fijas que terminan en un cuerno blanco y largo. Se me van los minutos viéndoles pescar. Uno de ellos el más viejo, saca tres buenas viejas en apenas 10 minutos. La próxima vez me traigo carnada y las cañas de cuerno. Decidido.

Suena el teléfono. Llaman de casa. Que donde estoy, que tengo que hacer no se que y no se cuanto porque hay que ir recogiendo y dejar todo preparado para salir AL DIA SIGUIENTE POR LA TARDE. Vale, vale, contesto.
La llamada me pone de mala ostia. De una por el apuro irracional e histérico y de otra porque me toca volver a casa. A donde los chavalitos, los grupos de spinners organizados, la basura, la masificación y la secular antropización costera. Siento envidia por los viejillos que pescan viejas como se hacia antes y todo aquel que pueda disfrutar de aquella naturaleza más bonita y agradable.
Mientras me acerco al coche, me aborda un señor con acento vasco al que acompañan tres adolescentes y un Golden Retriever mejor educado que yo.
Me preguntan por un lugar llamado Los Charcones que dicen tiene unas piscinas naturales muy bonitas, para bañarse hacer fotos y tal y tal. Les digo que eso esta más al norte, pero que ni se les ocurra ir. Las pistas de tierra son impracticables, la mar se ha cobrado en lo que va de mes una docena de vidas y existe riesgo real de ser asaltados por feroces delincuentes rumanos que viven en los huecos del malpais. Me miran asombrados, los miro con gravedad, me responden agradecidos y dan media vuelta hacia el pueblo.
Hoy al menos, quiero que si no lo puedo disfrutar yo, tampoco lo disfrute nadie.

El regreso a casa me lo retrasa una colisión triple de rotonda y ceda el paso.
Una alemana en bicicleta que venía de dar de comer a una jauría de gatos se atravesó a la camioneta de un contratista y el frenazo de este se lo comió una pareja de gays italianos con coche de alquiler que a juzgar por las pintas también debían ir buscando el lugar denominado Los Charcones.

Ya en casa, preparo mi equipaje en 15 minutos y lo dejo todo listo para SALIR AL DÍA SIGUIENTE POR LA TARDE.
Playa, lectura, aperitivo, almuerzo y siestita.
A las 19:00 salgo a pasear con Nata.
Mientras ella inspecciona tabaibas y majanos, yo me despido mentalmente del llano pedregoso de mis amaneceres prometiendo  volver para pescar con los amigos y algo más de dedicación.


Por la noche, cenamos a la luz de la media luna sierra marinado y salmón ahumado con ensalada de frutos secos. Nos ameniza la cena una pelea de británicos borrachos a las puertas del pub “Black Pirate” del paseo. “No Daddy no” vociferaban las feminas – por llamarles de alguna manera - que los acompañaban. A los postres me quedo traspuesto en la perezosa de la terraza escuchando el sacudir del viento en las palmeras.

8 comentarios:

Y digo yo dijo...

Oiga y Los Charcones...bueno dejelo, que digo yo que la Nata muy bonita, si la entrena un poco en nada le hace muestras a las Sierras.

Nos vemos.

GT Viajes - Iván dijo...

Chacho y esas viejitas revirándose,... la próxima vez no se me olvide usted de la cuerno cabra y la carná,...casi nada en compañía de Don Bermejo y Doña Tías.

Adal dijo...

Buenas vacaciones.....turismo, pesca, piscina, ¿footing?, pasear a Nata,..pesca, pesca, ...

Cuidado con la zona del hotel (sólo cuando está calmada) muchos no lo han contado. Mejor bajar por la escalera y caminar hacian el norte hasta donde deje....justo ahí suelen haber unas amiguitas queeeee...

Un saludo,

Femés Elvira, dijo...

Pero golfo, deberias haber avisado para dar unos varazos sin que te me jugases la vida ;). Como en todos lados, con la mar mala siguen quedando morras y puntas a las que no les llega la mar, y se dejan pescar. La escalera, es lo que dices, apesta a sierra.

Me ha gustado el relato : pesca y más pesca, Nata por medio y salmón de Macher como delicatese.
Espero que hayas disfrutado.

Uno de Tantos dijo...

Femés. Claro que me acorde de usted y su cofradía, "Y Digo yo" lo sabe, pero con el tiempo justo para pescar un par de horas al amanecer no es plan.
Volveré con más calma, tenlo por seguro. Y me pondrás al día. De lo que ví me quede prendido aunque solo sea por lo distinto y pacífico que es con relación a mi insula.
Cada lance era como un penalty en la final de champions, se me salía el corazón del pecho.
A Nata mejor no conocerla. Una cosa es contarlo y otra padecerlo.
Disfrute, muchísimo. Sigan así, cuidando la piedra y siendo discretos.

Saludos.

rafa dijo...

Te lo pasaste grande viejo!!!
Sobre todo en los Charcones tal y tal, rumanos y bandidos jejejej, que jodio... y la contrapartida Nata, que tiene cara de traviesa.

A mí también me ha gustado el relato y me ha divertido, habría que ver esos pezones viejo, yo me la parto.
¡Muy bueno amigo!

Toni Martinez dijo...

a eso se le llaman unas vacaciones completitas:bonitos paisajes,playa,aperitivos,pesca,degustación de capturas,siestas y guiris...
un saludo!!!!!!!!!!!

Femés Elvira, dijo...

De milagro la perrita no te apareció con una hubara o una perdiz. Igual si la enseñas, hasta pesca en los charcos la jodia.

Me alegra que encontrases esos momentos de paz y tranquilidad; soledad en el veril.
Te espero para la próxima, con calma y los dos ojos apuntando al veril(el vecino lo tiene facil con el ferry, en 20 minutos...).

Saludos.