3 de febrero de 2011

VUELTA AL VERIL, CANTARERO Y HASTA PRONTO

Desde antes de las vacaciones navideñas y tras los júreles de pascuas, no pisamos el risco.
Obligaciones laborales vespertinas, celebraciones familiares, procesos gripales, otros pasatiempos y circunstancias varias nos han mantenido alejados de la orilla.
El otro día, mientras me imponía una reclusión casera para acabar asuntos pendientes sonó el teléfono. Era Jacobo para ejercer uno de sus discretos ejercicios de convicción y terminar con mi voluntad en una Punta rocosa del norte insular. Vamos, anímate, que hace tiempo que no pegamos unos tiros, mira que la marea esta buena, que el día parece oscuro y querencioso, que no hace viento, que igual aún están los júreles, que son apenas un par de horas.
Total: como mi voluntad posee cualquier cosa menos espesor, a pescar tocan.
Mar buena, empezando a bajar, tiempo sur, leva larga, amenaza de lluvia y nada de viento.
El ambiente no puede ser más sugerente.
Jacobo empieza a arar con un señuelo que junta en el mismo plástico los tres colores más escandalosos y llamativos del arco iris pescador: Amarillo flúor, naranja y fucsia. Como viene siendo habitual, a  los 10 o 12 lances la Beast Master le acusa una doblez que no tiene nada que ver con la tracción del arado. Es un pez. Un pez que en virtud de los antecedentes me lleva a pensar en jurel, pero que termina siendo bicua gorda. Una de esas que aparecen de uvas a brevas, un bicuón de 3 kilos y pico que sube a vernos la cara entre clacas y espuma.


Fotos para dar fe a los incrédulos y a seguir lanzando.
Pasa un buen rato, Jacobo se mueve, lanza cambiando ángulos y direcciones, gira  por la punta, me circunvala varias veces y vuelve al punto de partida. Prueba otras imitaciones y otros escalones de profundidad aunque vuelve siempre y a cada poco a colocar su señuelo mágico.
En una de estas, con esa tranquilidad que define al nene de los Realejos, sin inmutarse, como quien señala un barco que navega el horizonte, vuelve a cantar pez. Esta vez es un pez más grande, dice que lo vio y es pejerrey de envergadura. Debe serlo porque la caña parece un hula hop y el freno del Daiwa Certate echa humo. Luego de un pleito corto e intenso, la pelea pierde tensión y el chicharrero recoge hasta toparse con un trozo de leader. Ni rastro de la trabilla ni del arado mágico. Reventón. Nada raro. Esas cosas que pasan con los pejerreys grandes y le confieren la fama de mal amañados y marrulleros.
¿Y yo?.
Pues hasta ese entonces ni olerlo, apenas una picada con un jig de metal trabajado sobre el fondo.
Utilizo mi turbo vibrador de la hondura y le doy más vidilla a otras golosinas, pero nadie me quiere hasta casi el final.
Porque al final me quiso un agujón. Un agujón a finales de enero (la naturaleza esta loca).


Un agujón que pico como una bolsa plástica y peleo como una bicua.
Nada especial.
Luego ya no hubo más luz ni más sed de pesca. Pasamos una hora y media entretenida y desengrasamos las maquinaria del spinning.
El chicharrero sigue en racha. En maldita hora le sugerí las posibilidades del arado.

Jigging. Cantarero y Gracias

Jigging vespertino un par de días antes del diluvio.
Marcas cercanas pues ni el mar ni el tiempo disponible dan para mucho.
Condiciones esplendidas para la pesca en los lugares elegidos. Escaso viento, escasa corriente, nada de calor, nada de frío, casi ninguna picada y pocos peces en la sonda.
Solo un animal se dejo sentir y fotografiar. Un cantarero, el tercero en apenas 3 meses.
Fue para el compañero José, que se lo encontró pegado en 90 metros de profundidad cuando iba a comenzar a bailar en vertical el Akula azul metálico de 200 y pico.


Hasta Pronto (15 Días)

Pues sí, como decía “Y Digo Yo” en la entrada anterior, huele a mochila.
Y es que cuando esta entrada vea la luz de la red, este que escribe estará embarcado en la enésima aventura de pesca tropical. Destino inédito para un océano clásico. Dicen que una especie de santuario para GT grandes y  Dog Tooth tamaño tresillo.
Por esas paradojas que tienen los viajes tropicales de pesca, esta vez, viajo con lo puesto en busca de los peces más grandes. La logística y las restricciones de peso obligan a ajustar el ajuar completo a los 20 kilogramos estrictos.
En mi tubo de las cañas viajan escarpines, calzoncillos, camisetas y shorts de pesca. Mi neceser es más básico que el del yeti y  en la maleta facturada se prescinde de cajitas, de ferralla y de muchos accesorios que en otras circunstancias tendrían butaca preferente. No sobran anzuelos, ni anillas, ni bajos. Cada señuelo esta armado y sin repuestos. Cada arretranco perdido será una bala menos en el revolver.
Aún así, a poco que Neptuno se enrolle y meteoro no la fastidie, cualquier esfuerzo habrá merecido la pena.
Lo confirmaremos a la vuelta.

2 comentarios:

Y digo yo dijo...

Hasta pronto "piratas".

Efrén dijo...

Buen viaje! ya nos contarás que tal te ha ido...
Un saludo.