5 de enero de 2011

¿AZAR O CAUSALIDAD?. PRIMER DÍA DE JIGGING DE 2011

Les pongo en situación.
Primer embarque del nuevo año.
Mar calma, esplendida temperatura, nada de viento, luna nueva en puertas, tablas solunares favorables.
Sesión de tarde tras el curro. De 15 a 18.
Tres horitas para mover el choco en la fachada noreste de la isla de Gran Canaria.
Tres pescadores, José, Antonio y el que suscribe.
Durante una hora y media nada de nada. Garetes sobre la parte alta del relieve submarino (piedra a 90 metros) y ausencia total de ecos e incidentes.
Buscando picadas abandonamos la cresta y nos dejamos caer en las paredes y laderas circundantes. Mayor profundidad, 140 y pico metros de sonda bajo nuestros píes y una línea de carnada sospechosa a la altura de los 120.
Al poco, con la tarde avanzando hacia el crepúsculo, Antonio canta “pegao”. Comienza el baile de conjeturas sobre la naturaleza del animal que jala desde abajo y al par de minutos se confirma que es loquillo mediano lo prendido. Termina el garete y salvo una picada fallida a servidor no hay ningún otro suceso digno de mención.
En la siguiente deriva, misma historia. Llegados a un punto, el de la Angostura vuelve a fajarse con un pez mientras José y servidor asistimos al lance como meros espectadores.
Y así hasta cuatro veces en cuatro derivas sucesivas. Cuatro peces para Antonio y apenas dos tímidas picadas para mí y el compi.


Con el sol en fuga avanzada cerramos el kiosco y regresamos a puerto antes de que la noche cerrada nos alcance. Antonio nos ha dado una paliza de consideración. Nos ha metido un 4-0 memorable y ha vuelto a propiciar uno de esos momentos que convierten al jigging en la técnica de pesca de los perros verdes y los elefantes que vuelan.

¿Azar o Causalidad?

A favor del azar y en detrimento de la causalidad, advierto que usamos los mismos equipos de pesca. Mismos hilos (incluso más finos en mi caso), mismos materiales en los assist y mismos jigs con la misma coloración. Pero aún así, dudo y me planteo si realmente cabe el azar. ¿4 veces?, ¿puede ser aleatoria una repetición tan sistemática?.
Lo siento por Nassim Taleb*  pero no me lo creo.
Algo de causalidad habrá - en este caso y en función de las variables disponibles solo se me ocurre la recogida - en el hecho de que a Antonio sí y al resto no. Algo quizás inapreciable e incomprensible que hace que los peces se sientan atraídos por un señuelo y no otro. Vaya usted a saber, tal vez ligerísimas variaciones en la frecuencia vibratoria del artificial. Quien sabe si inconscientemente, Antonio levanta el dedo meñique de la mano que agarra el carrete y eso le altera la natación al Long Jig ciento y pico metros de agua más abajo. Yo que se. En cualquier caso, me cuesta creer que 4 veces seguidas, pescando a ciegas sobre el mismo agujero oceánico, sea la simple coincidencia la que gobierne un resultado pesquero tan desequilibrado. ¿O no?.
En fin, como decimos por aquí: “Que me muera si lo entiendo”.

El Apunte Halieútico

Ya saben que nos gusta remover las tripas de los depredadores que quedan para la sartén y observar que es lo que se lleva en cuanto a alimentación por esos fondos de Dios.
En el 99% de los casos (el uno por ciento restante se lo dejo a los bocinegros que comen esponjas y saquitos de engodo) peces y cefalópodos son el denominador común de estómagos y buches.
De entre los peces y en lo que respecta a los loquillos, les hemos visto digerir sardinas, caballas, chicharros, besugos, bogas, conejos, pejes sables y fulas tres colas. Ayer hubo nueva entrada y no deja de tener su punto de curiosidad.


Del buche de uno de los loquillos (peces de +/- 5 Kg) surgió una pequeña rémora en estado no muy avanzado de digestión. Una rémora que se supone vive adscrita a las lorzas de algún escualo o similar. ¿Como es que un loquillo come rémoras si estas son como ventosas pegadas a un cuerpo mayor?, pues José lanzó la idea. Tal vez, en esos mundos de batimetría centenaria, los loquillos cortejen también el nadar de los grandes escualos, buscando botín en sus restos de comida. Eventualmente, la rémora que se despega es también apreciada como alimento y engullida sin miramientos.
Que científicos somos y cuanta ni puta idea seguramente tenemos, pero a que parece lógico.
En fin, esto es lo que hubo.

* Ensayista y financiero estadounidense de origen libanés autor de “Fooled by Randomness”, obra en la que defiende la teoría de que los seres humanos tendemos a explicar lo aleatorio como si no lo fuera, subestimando el papel del azar y buscando explicaciones o justificaciones a lo sucedido incluso cuando no hay explicación alguna.

1 comentario:

Y digo yo dijo...

¿Cuántas situaciones como esa hemos visto? Muchas y siempre nos quedamos con la interrogante ¿por qué? Y solo conseguimos respuestas que parecen excusas, así que lo mejor es quedarnos con aquello de; ¡que suerte tienes colega!