29 de octubre de 2010

CRÓNICAS AMBULATORIAS. ENCANALLANDO QUE ES GERUNDIO

Muchos ya saben que desde hace un par de semanas soy prisionero del catarro perfecto. Congestión nasal, laringitis, fiebre, cefaleas, malestar muscular, somnolencia…un catarro de la hostia que se agarra a servidor como una garrapata a un perro gordo.
En vistas de que la medicación impuesta hace un par de  semanas por Miss antipatía 2010 no terminaba de dar  resultados y como quiera que necesitaba el papel que acredita ante mi empresa el alta laboral, días atrás decidí regresar a Elm Street para solicitar una nueva receta curativa y retirar el salvoconducto burocrático que me habilita para trabajar.

Las Palmas de Gran Canaria. Ambulatorio de barrio. Un día cualquiera de finales de octubre de 2010, 10:45 AM.

Tercera planta, último despacho.
No se que debo hacer. Nadie me ha advertido si tengo que esperar, si tengo que llamar a la puerta, si alguien voceará mi nombre, si debo coger número.
Me rodean 20 o 30 personas que inmediatamente han dejado de cuchichear para pasar a observarme con el interés del que desea distraerse con algo nuevo. Yo me mantengo alerta esperando que pase algo, que salga la doctora, que alguien llame por megafonía, que se ilumine un cartel con mi nombre, yo que se.
Me circunvalan seres humanos que hablan hasta por los codos comentando asuntos que van desde las versiones más peregrinas del noticiero nacional a complicadas observaciones médicas, pasando por cotilleos personales y privados. El 90% son gente mayor cascadita, visitantes habituales y enfermos vocacionales.
En cualquier caso, me agobia tanta humanidad cercana y me cansa el rumor del parloteo. Me aparto de la puerta y me voy al principio del pasillo, me siento y decido esperar. En definitiva, tras la última vez tengo claro que no es recomendable llamar a la puerta y que no obstante, de alguna u otra manera, tarde o temprano, la ínclita  tendrá que asomar el hocico y hacerse notar.
Y así fue. Al cabo de un rato se abre la puerta del fondo y asoma la talla menuda de la madurita leonesa. El pelo claro recogido, los ojos de bicho al uso y la bata blanca del Servicio Canario de (in)Salud.
Punteando una relación de nombres con un bolígrafo, concita la atención del rebaño y comienza a bufar y repartir arañazos como un gato asalvajado.

- Buenos Días, por favor escuchen que no voy a repetirlo más y el que no se entere que luego no venga con que se me escapo la vez o cosas así.

El personal se despereza, algunos se levantan y otros se acercan.

- Tranquilidad, no se pongan como motos que más agobiada que yo no esta nadie. Vamos a tener tranquilidad todos que seguro que nadie esta para morirse de inmediato. Es que todos los días lo mismo. Usted señor, se quiere callar de una vez por favor. Para estar de cháchara se va al parque ¿de acuerdo?.

- Señora, ya el otro día le dije que lo suyo requería paciencia y que con venir aquí cada tercer día a dar la brasa no iba a mejorar su dolencia. Si quiere que yo la vea por enésima vez, lo haré, pero no me agobie porque si no ya le digo que no hay nada que hacer, ¿de acuerdo?.

- Fulanito de tal, menganito de cual, María de no se que, Carmen de no se cuanto…
- sí, aquí, si yo, si, yo doctora…
- Bueno, pues ya saben el orden, ahora que nadie abra la puerta salvo que sea una urgencia y tenga las tripas en la mano.

Tras el roción de mala milk, Cruela se retira a su despacho.
Había pronunciado mi nombre, el tercero de la relación, creo, justo detrás de un señor de avanzada edad que tosía como una cafetera y antes de un paisano con tupe repeinado, pantalón a lo cachuli y aires de exitoso entrenador portugués.

Tras los 5 minutos de despotismo, a la sala vuelve la rutina del cuchicheo. Mientras duró la comparecencia, el silencio se podía cortar.  Ni un gesto, ni una palabra, todos los allí presente recibieron el maltrato con sumisión y cobardía. Una sumisión y cobardía muy canaria, muy de pueblo sometido históricamente al capricho de señoritos feudales, de caciques de plantación y virreyes de pacotilla. Gentes criadas en el miedo, en el no levantes la voz que es peor, no te quejes no sea que. Miré a mí alrededor y sentí pena. Sentí lástima por los viejillos y no tan viejos compañeros de la sala de espera. No lo merecen, son la generación de mis padres y algo más atrás. Toda la puñetera vida trabajando, sacando adelante hijos, casas y vidas. Son ignorantes porque en la mayoría de los casos no tuvieron opción y quizás, la idiosincrasia Canaria y el ritmo pausado y pasivo de las islas no les ayude a mimetizarla.
Pero nada más. No hay derecho a que alguien y mucho menos alguien que debería  ser el ejemplo ideal de profesional cariñoso, paciente y agradable los humille públicamente haciéndoles pagar quizás toda la frustración y stress laboral que implica un sistema sanitario ineficaz, en el que un médico se ve abocado a ejercer su profesión en términos cuantitativos. Cuantos más pacientes atienda, cuantos más casos resuelva, cuanto más despache, mejor para la estadística.
Con más o menos gravedad, todos los que se encontraban en aquella sala eran enfermos. Nadie va al médico sin padecimiento, y el que así lo hace aún anda peor, pues la que tiene tocada es la psiquis.
Nunca hay coartada para la antipatía y la hosquedad gratuitas, pero en determinados contextos la paciencia, la abnegación y la entrega al prójimo son deberes obligatorios, no cabe otra posibilidad.
En aquellos momentos sentí pena por los viejillos. Asustados, resignados a que los traten al trancazo. Insultados, vejados, tratados de estúpidos e imbéciles por alguien cuya actitud no debería ser valida para otra cosa que no fuera observar pus y flemas a través de un microscopio.

Así estaba, sintiendo compasión por los compis de sala de espera y reflexionando sobre la naturaleza humana, cuando de repente, aparece una pareja joven con señales de urgencia. El gallinero detiene sus ojos en ellos mientras toman asiento frente a la puerta. La chica da síntomas de estar pasándolo mal, viste pijama y respira con señales de dolor. Su cara es de padecimiento y su pareja trae en la mano el papel rosa de las urgencias.
De repente se abre la puerta del despacho, sale el señor que precede a mi turno y la pareja recién llegada se levanta con la intención de asomar la nariz por el hueco entreabierto.

¡La de Dios!.
Como una horda de lobos hambrientos, media sala de espera se lanza a degüello sobre la pareja. Los tratan de caraduras y les espetan a que esperen su turno, que da igual que vengan de urgencia, que allí todos esperan y que todos tienen turno concedido. La bronca también me alcanza, pues me recriminan que no me de prisa en hacer uso de mi vez, que se me van a colar, que no así no puede ser, que si empiezan a pasar las urgencias vamos a estar allí todo el día. Y el ataque es de una agresividad superlativa, feroz, como si necesitaran liberar toda la rabia acumulada por los palos que el sistema (doctora incluida) les da a cada dos por tres. Les llaman caraduras y espabilados, se encaran con el chico y se comparan con la chica en padecimiento y dolor. Descargan su furia contra el prójimo. En este caso, contra alguien que encima lo esta pasando manifiestamente mal y precisa más que nadie de un trato generoso y amable.

La chica pasó al despacho por vía de urgencias. Le cedí mi turno y no hubo tutía. Solo algún amago de reproche que fulminé con un par de miradas serias y amenazantes.
Mientras esperaba, escuchando como rumor de fondo las quejas y la inquina implacable de la humanidad circundante, me acordé de la compasión que me había despertado aquella gente hacía tan solo 10 minutos.

Y entonces, como no podía ser de otra forma, apareció el loco malvado, el inhumano de Jay.
Míralos me dijo, ahí los tienes Mariao. Toma desazón. Estos son tus compatriotas de hace un rato. Aquellos tan apaleados, tan desvalidos ante la autoridad, tan sumisos, débiles y acobardados ante la institución y sus maneras. Míralos ahora. Perros de presa contra un semejante. Colmillos caníbales que por puro egoísmo, en manada, despedazan al igual..

- ¿Tu crees que merecen compasión?.
- Yo que se Jay, yo que se. Si te soy sincero, ahora mismo, lo único que deseo es que Angela Channing vuelva a asomar su recortada silueta castellano leonesa por la puerta y comience a repartir bravuconadas, broncas y vejaciones verbales a diestro y siniestro. Que aparezca y  ponga a todos esos contra la pared a base de insultos y maltrato. Quizás no merezcan otra cosa.

Jay calla, asiente, me observa y se ríe. Esta en su salsa.
Al poco, de reojo lo veo embadurnarse el gesto belicoso con pinturas de guerra.
Al fin y al cabo, sabe que desde que salga la chica, mi turno seguro que volverá a ser el suyo.

27 de octubre de 2010

MATRAQUILLAS DE PANTALAN IV. “CHACHOOOO MIRA VEEE, QUE REVENTÉ EL FONDEO POR CAERME ARRIBA”

Imaginen una estable 500 llena de arretrancos, dos individuos ataviados como Mr. Magoo y Coyote Dax, una Copesca Oasis de 5 metros acoplada a un Ryobi eléctrico que ayudado por medio kilo de plomo baja un rejo de pulpo a 130 metros de profundidad, una soga coreana de esparto rojo con varias botellas plásticas atada a la barandilla de proa y un motor de 50 caballos al que el herrumbe y la falta de cuidado solo ha respetado la palabra Yamaha. Imaginen que los sujetos de la estable navegan (¿fondeados?) alrededor de una marca archiconocida del norte grancanario, que a lo lejos ven venir una embarcación y que comienzan una frenética actividad a bordo. Uno toma el timón y el otro con prisa tira y recoge la soga de esparto que cuelga a proa. Aceleran, giran, se agitan. Cuando la embarcación que viene esta a unos 30 metros, Mr. Magoo, con voz ronera y aspavientos la manda parar.  Desde la embarcación recien llegada, lo único entendible hace referencia a no se que de un fondeo y cuidado con un cabo o algo así. Los de la embarcación se detienen, no entienden muy bien a Mr. Magoo y deciden apartarse y no andar cerca. Se disponen a pescar. Posicionan la nave en función del relieve submarino y la deriva y proceden a mover el choco.

Al rato, en uno de los garetes pasan cerca de la estable. Mr. Magoo (Coyote Dax permanece indiferente) lo advierte, suelta la liña, se gira, se levanta, se cuadra con las piernas medio abiertas y agitando los brazos como el que pide explicaciones, con voz ronera y en un tono que mezcla lamento y recriminación, pronuncia una frase que desde hace unos días ya es mítica y queda apuntada en el diario de oro de la cofradía. “Chachooo, mira veee, que reventé el fondeo por caerme arriba”.

Frase que después de varios días de estudio creo que traducida al castellano europeo occidental más correcto viene a significar algo así como: “Joder, ten cuidado que al verte venir, para que no ocuparas el punto exacto de la marca, nos apuramos tanto recogiendo el ancla que terminamos perdiéndolo”.

Siento que muchas de estas cosas sean en clave tan canaria que algunos de los que lean este blog y no esten familiarizados con las islas, su humanidad y su forma de expresarse puedan no entender ni papa, pero hay sucesos y momentos que tienen que ser grabados de alguna u otra forma en el diario de nuestras aventuras pesqueras.
Repito, la humanidad de estas islas, a ciertos niveles no tiene desperdicio. En asuntos pesqueros, el tipismo y la surealidad son inquietantes. Lo mismo van a pescar potas en una colchoneta que aseveran ante el mismísimo Jacques Cousteau que la giba de algunos ejemplares de sama sirve para romper el marisco o defenderse de los marrajos.

25 de octubre de 2010

EL BONO DE SAMAS DEL AMIGO JOSÉ


El individuo de la fotografía parece haberse sacado a la zorrua un bono otoñal de samas grandes. Esta de la retratera es la tercera en lo que va de octubre. Tres samas de 7-8 Kg cogidas con mañas caciveras antes de la caida de los ciento y pico metros. Tres buenas samas que volvieron a salir poniendo en practica la receta del abuelo: Besuguito que huye, señuelos no muy pesados color plata y assist simple de cordaje en un anzuelo valido para colgar un toro de una viga.
Habrá que empezar a hacerle un marcaje especial al sujeto y descubrir donde compró el bono samero.


¿Un Mako a Jigging?

Aparte de un aspecto estrambótico para un día veraniego - forro polar, braga protege cuellos y gorro de lana - un loquillo enano y una sama aún más pequeña, la sarna otoñal de este ser que escribe tuvo como última novedad un suceso curioso y poco habitual.
Bajando un Hooker Anatahan 180 color rosa-azul sobre el veril de los 130 metros, noto que algo para la salida del hilo de mi accurate. Cierro el free spool y mientras tenso la línea, veo cruzar bajo el barco un reflejo blanco a velocidad de reacción. Cuando logro tensar del todo, a unos 30 metros de distancia, el extremo de mi línea y el reflejo blanco se unen en un espectacular salto. A mi me parece un atún pequeño, un bonito o algo así. Los compis dicen que parece un tiburón. En cualquier caso, durante 30 segundos los saltos no paran, parece como si la superficie del agua fuera una cama elástica y el animal Nadia Comaneci en sus mejores tiempos. En uno de esos saltos, como no podía ser de otra forma, el Anatahan salió disparado hacía un lado y el animal hacía otro. Los compis lo vieron claro y aseguran que era un pequeño tiburón al que le calculamos unos 5 Kg de peso. Al sacar el jig, descubrimos que había unos dos metros de leader al que parecía le acababan de aplicar un papel de lija del 6. La cosa esta más clara a partir de ese detalle. Un pequeño tiburón, quizás un mako, uno de los más deportivos y que mejor entra a los señuelos artificiales. Un escualo al que definen los saltos y el combate. En Canarias los hay y al parecer en abundancia, no son otra cosa que la mayoría de marrajos y janequines de la nomenclatura popular.
En cualquier caso, el lance queda apuntado en el diario. En el apartado dedicado a curiosidades.

20 de octubre de 2010

ESTIMADA DOCTORA


Estimada Doctora:

Me dirijo a usted con el propósito de expresar mis disculpas por haberla importunado en su puesto de trabajo ayer por la mañana.
En realidad no era mi intención solicitar su ayuda profesional. Nunca cotejo la posibilidad de enfermar, pero claro, un reciente viaje al norte, el ventanero del oceáno Atlántico, los aeropuertos, el aire acondicionado, el poco cuidado…ya me entiende.
Lamento lo sucedido. No se que extraño arrebato de imbecilidad me sobrevino para cometer tamaño disparate. Quizas fuera el hecho de llevar varios días siendo rehen de la madre de todos los catarros y ver como la automedicación aplicable a estos casos parecía no solventar los problemas.
Se lo duro que debe ser para usted venir a servir a provincias y encontrarse con un sistema de salud tan denigrante e ineficaz, una organización del trabajo que la aboca a atender una cifra triplicada de pacientes diarios y lo frustrante que debe ser exponer sus educadas neuronas leonesas a una humanidad tan surrealista y cateta como la canaria.
Sin duda que mi atrevimiento, el simple hecho de llamar a su puerta para preguntar si era allí donde atendían de urgencia a los pacientes de doña fulanita de tal, mereció aquella actitud antipática, hosca, despota, maleducada e inhumana. Le ruego mil perdones por ello y por haber reaccionado a su trato con aquella contestación tan estupidamente sarcástica.
Me retracto de mis palabras. Ni usted es a la antipatía lo que el metro al Sistema Internacional de Unidades, ni su puerta esta cerrada para evitar que se le escape la urraca. Ruego me perdone. No era mi intención llamarle bruja y todo eso.
Lamento el estar enfermo y haber pensado en usted como ayuda.
No volverá a pasar.

Atentamente.
El nunca más suyo.
Uno de Tantos.

17 de octubre de 2010

OTOÑO, CALMA Y PESCA

Atrás quedo el verano, y con el se fue la regularidad del alisio y el reboso bobalicón. El otoño de este año viene calido, calmo de vientos y por el momento y con la única excepción del episodio de violencia mareomotriz del pasado fin de semana, generoso en lo que a mar de fondo se refiere.
Comienza la época más propicia para la pesca con señuelos en Canarias.
Los pantanos barométricos que se intercalan entre las borrascas y los circunstanciales sotaventos norteños hacen pescables veriles y marcas que durante el resto del año permanecen casi inéditos. Además, hay migraciones genésicas importantes que aumenta la presencia de depredadores y activan su comportamiento.



Particularmente, el día en el que escribo se encuentra inmerso en un período de bonanza marina de campeonato. Una semana larga de brisas y olitas, un reclamo para la pesca embarcado o para el lance y recoge orillero. En ello estamos. Bien sea en la vertical con el hierro de 200 o en la horizontal, sembrando de destellos artificiales el mar que rodea puntas y puntones.
Y la cosa, al menos en lo que al jigging se refiere parece que promete entretenimiento. De momento, en mi ausencia irlandesa los otros miembros de la cofradía se han hinchado de diversión con algunas capturas de las que alegran el ojo; loquillos grandes, samas de tamaño XL, sierras e incluso un precioso dumerili que atrapo el patrón aprovechando un despiste de Antonio “El Sembrado” Martín. Peces que sobrepasaban en el 90% de los casos la divisoria de los 8 kg y repercuten de manera notable en la realimentación de ánimos y voluntades.
Quedan las fotografías como reseña de lo que se cuece.



Por cierto, la primera es mia, de hace un par de días. La segunda es anterior y gentileza del amigo José.
Continuará. Estoy seguro.

13 de octubre de 2010

OCTUBRE EN KERRY. LAS DESVENTURAS IRLANDESAS DE LOS WADERS BOYS

La culpa fue del amigo Lito, que me llamo hace un par de semanas para ponerme los dientes largos.
- Oye tú, que ya estoy contando los días que me quedan para marcharme a pescar lubinas a Irlanda con Oriol y Juanito Salas.
- ¿Y solo van tres?.
- Sí, solo tres.
- Ah, pues si ustedes lo permiten, me apunto a hacerles compañía y compartir gastos, coche, alojamiento, pub y playa o pedregal.

Y por eso, por culpa de Lito, Oriol y Juan que me dijeron que sí, que encantados, desde el pasado miércoles 7 hasta hace un par de días, he andado intentando confundirle la realidad a las poblaciones de lubina europea que se esconden en las aguas someras del litoral de Kerry, en la costa suroeste de la muy verde, tranquila, húmeda y ventilada Irlanda.

Octubre. Sí Pero No

Según nuestro guía, el bueno y afable John Quinland, octubre es uno de los mejores meses para pescar lubina. Porque las hay en abundancia y porque es la época en que son más grandes. Pero octubre tiene un problema, te puedes encontrar con la tormenta perfecta y que la pesca se vaya a tomar por saco entre viento, olas, lluvia y frío.
Esto fue lo que más o menos nos paso este pasado fin de semana. A los coeficientes de marea más altos del año, se le sumo un temporal de viento huracanado y unas olas de 3, 4 y más metros que convirtieron la pesca en un ejercicio de fe y equilibrismo allá donde el Atlántico norte no amenazara con tragarte entero o donde la suciedad propiciada por lluvia y olas no fuera tanta, que hiciera inviable la posibilidad de engañar a un pez usando un señuelo.




Así las cosas, tuvimos que pescar preferentemente zonas a resguardo de viento y reboso en los momentos de la media marea, dejando inéditos por esta vez algunos de los pesqueros más querenciosos.

La desembocadura del estero y un lugar que ha quedado bautizado como la playa donde Juan se dejo la caja fueron los lugares que permitieron la mejor pesca y donde salieron los pocos peces del viaje: 27 lubinas, un pollack, varias caballas y una anguila.

De esas lubinas hay que destacar una atrapada en la mañana del domingo por Juan Salas y que podría sobrepasar con creces los 3 Kg. El resto se situó entre los tamaños usuales para Kerry aunque con tendencia en líneas generales a confirmar las tallas al alza de la estación. Hay que señalar que todas las lubinas fueron capturadas con señuelos hundidos (meteorología obliga). Minnows y jigs de metal lanzados desde la playa. Un Ima por aquí, un Viva Parade por allá, alguna sardina metálica, Live Bait. En fin, se hizo lo que se pudo donde se pudo y como se pudo.

El resto de cosas que públicamente merecen mención, tienen que ver con una foca recién nacida que nos encontramos abandonada en una playa y ante cuyos ojillos grandes y negros sucumbió nuestro ánimo. A resultas, con principios de nocturnidad y en mitad de una fina lluvia, montamos una operación de salvamento que terminó con el animal en uno de los gallineros que los Quinland tienen en casa. Esperemos que John encuentre la ayuda necesaria para hacerla prosperar. Por intentarlo que no quede. En los callados de aquella playa solitaria no hubiera tenido ninguna opción.