29 de septiembre de 2010

PESCA DEL BONITO LISTADO A NARIZ TAPADA

No, no es una nueva técnica japonesa de pesca. Nada de eso. Se trata de un proceder impuesto por las circunstancias y el carácter guarro, asqueroso, nauseabundo y hediondo de buena parte de los seres humanos que pueblan la isla Canaria de Gran Canaria.
El pasado domingo al amanecer. En un pesquero tan cómodo, cercano, obvio y expuesto al changuerio que al final siempre esta desierto de lanzadores - recuerden aquella máxima de que a veces lo más obvio es lo más invisible – la concentración de alimento (pequeños calamares y sardinas medianas) procuró otro rato de spinning que sin ser deslumbrante ni espectacular en cuanto a capturas, al menos se alejó del bolo y trajo al registro del año otro de esos peces esporádicos que de cuando en cuando se dejan engañar por el tiki taka de los señuelos. En fin, que tras un par de bicudas de poca luz, la sorpresa de un bonito listado (Katsuwonus Pelamis) que ataco con saña un Ranger 63, me alegró la retina y el ánimo del domingo madrugador.
Señuelos de superficie, persecuciones, picadas visuales, en fin, ya saben. Hasta ahí lo bello, o si quieren lo normal.



Lo asqueroso y el detalle que sirve de alimento a  mi cada vez más acusada misantropía lo protagonizó un tufillo molesto que desde la llegada al puntón, acompañó mis lances en los mojados escalones del veril. Un olor a agua podrida, mezcla de orín, mierda humana, despojos de pescadería y harina azucarada.
Mosqueado por los efluvios y la persistente molestia olfativa, en cuanto la luz diurna permitió caminar sin riesgo, decidí buscar la fuente del pestazo. No andaba lejos. Justo encima de mi posición, algunos metros sobre el morrete y en situación culminante. Allí estaba  el foco de asco. Una acumulación de basura sobre charcos pestilentes de color amarillo verdoso. Charcos que la marea llena en los días de mucho reboso y que luego son utilizados por los puercos descerebrados de turno para preparar sus engodos, arreglar sus peces, pelar sus gambas, orinar, depositar sin aprehensión los envoltorios de la bollería industrial, las latas de cerveza, los paquetes de tabaco, el papel de aluminio que envuelve el bocadillo, las mondas de la fruta, los sobrantes de nylón, las pilas gastadas de la linterna, los gusiluz de la pesca nocturna, las bolsas plásticas, el pan mohoso, los chipirones, las pechugas de pollo y todo el ajuar de deshechos y porquería que componen su pesca dominguera.

Y es que hay que tenerlo claro. Una parte de los habitantes de esta isla son unos guarros de campeonato. Gran Canaria es una isla sucia por culpa de ellos y de nada me vale la justificación solidaria de la falta de educación. Más que educación es falta de conciencia y de respeto elemental al medio y a ellos mismos, pues la educación bien que les llega para no mear las esquinas de su habitación o no tirar la lata de sardinas bajo el sofá del cuarto de la tele.
Asco de gente.

Mañana vendrá el programa Callejeros o una televisión alemana, retratará el charco de mierda que afeo mi pesca del domingo o la Avenida Mesa y López un día cualquiera y la hipocresía de políticos, ciudadanos y medios de comunicación local denunciando el contenido del programa alcanzará el paroxismo.
Pues no señores, somos así, mejor dicho, son así. Así de guarros, así de chabacanos y así de ignorantes. Ojalá nunca cesen de retratarnos como lo que somos. Quizás, el escarnio, aunque también lo dudo, sea lo único capaz de abrirles la mente y activarles la conciencia.

Asco de gente. ¡Puaj!

4 comentarios:

Y digo yo dijo...

¡Joder! si hasta huele la foto :(

cañacortada dijo...

Además de toda esa cantidad de asquerosos residuos que enumeras, algunos se dejan el toldo y la sábana podrida que les ha servido para atrincherarse en el pesquero de turno, durante tanto tiempo como les duran las existencias de estupefacientes. Otros tienen la delicadeza de henchir innumerables bolsas de maloliente basura y uno llega a pensar que estos no están dentro del nutrido grupo de hediondos que habitan La Gran Canaria, sin embargo, casi siempre encuentran un rincón cercano donde aglomerar dichas bolsas, conformando este enclave como vertedero de nueva creación.

El resto de personas que quieren disfrutar de una costa en buen estado que se jodan.

Cuanta gentuza.

Sam Bosch dijo...

¿Será cosa de las islas?
Por aquí, Menorca, pasa más de lo mismo de lo que cuentas.
Sin ir más lejos la ultima vez que me acerqué a uno de mis pesqueros favoritos, en uno de los charcos del mismo tipo que mencionas, los que solo se llenan de cuando en cuando ahí estaba una bolsa, que digo una bolsa, un saco de pan que olia realmente mal, y para que el pan huela tan mal como ese....
Justo al charco de al lado se encontraba un espetón, totalmente blanco y oliendo aún peor que el pan.

Coincido contigo...¡Asco de gente!

Nicola Zingarelli dijo...

Bonito contraste entre el brillante Pelamis y la mierda verdosa. Es cierto, sois unos guarros y encima vais a todas partes con unos Crocs rojos, no hay quien os aguante :-)