16 de agosto de 2010

TIRO CON ARCO

Los lectores asiduos de este blog, sabrán que en más de una ocasión me he referido al compañero de pesca Antonio Martín como el Guillermo tell de Sataute o el Robin Hood de Santa Brígida.
Por supuesto que tales denominaciones no pueden estar fundamentadas en otra cuestión que no sea su afición por la arquería y la disciplina deportiva del tiro con arco.
Antonio, coki para los amigos, es arquero. Mejor dicho, maestro arquero. O sea, un tipo que lleva clavando fechas desde el año del catapum y un veterano en campeonatos locales y nacionales. Una institución del arco en Gran Canaria y en el archipiélago.
Además, Antonio sabe más de cuatro cosillas; controla la técnica, conoce de arcos, flechas, cuerdas, accesorios, es un manitas del bricolaje y por supuesto, donde pone el ojo y salvo tendinitis, suele poner la saeta.


Total, con estos precedentes y ante la persistencia de viento y  mala mar, una de estas pasadas tardes, me fui hasta la finca del compi para asistir a un entrenamiento, conocer algo del noble arte de la arquería y saciar la novelería con unas cuantas retrateras.


Sinceramente, tenía otra visión del tiro con arco. La imagen que hasta el otro día pasaba por mi mente era la del mecanizado y moderno tiro olímpico. Con arcos de diseño futurista y cachivaches varios de tecnología avanzada. Ni idea de que aún fuera posible tirar con el arco ingles del siglo XIII sin más ayuda que tu puntería instintiva y la fuerza de brazos y espalda.
Y es que efectivamente, se puede ser todo lo tradicional que se quiera sin perder posibilidades de competir o realizar un beneficioso ejercicio para cuerpo y mente. Se puede tirar con simpleza material y naturalidad de procedimiento sin que por ello estemos en desventaja o refugiados en un romanticismo inútil.

Al tiro con arco se le intuye a poco que uno sea medianamente sensible, un no se que espiritual que puede ser adictivo. La concentración, la intimidad del disparo, el reto a la superación personal, el silencio, el equilibrio necesario de cuerpo y psiquis lo convierten en una practica muy adecuada para combatir la esquizofrenia diaria y la proliferación de deportes y aficiones de máximo aforo (spinning de bucktail por ejemplo).
Si a esto unimos como lugar de practicas la belleza natural de un bosquete de acebuches (alternativa canariona al mítico bosque de Sherwood) convendrán conmigo que la disciplina tiene como mínimo su déjame entrar.


De momento, parece buen refugio para los días de mala marea. Y por supuesto, aunque el tiro con arco tenga su punto zen, no falta el cachondeo, la risa, la confraternización y la diversión generalizada.


Gracias a Antonio, Uti y Juan Luis, arqueros de postín, por la hospitalidad. Y a José, arquero de poleas que practica vestido de marine (por las abejas), gracias dobles por la inteligente capacidad de encaje y esa fiolosofía tan nuestra de por ahí me las den todas.
Ahí les quedan una fotos de arqueros y posturas de disparo.
En algunas he jugado con el zoom al tiempo que disparaba a no demasiada velocidad.





Como bien decia el otro día el de Miller Bajo, nos vemos en el azul o en el verde.
Dependerá del viento y del reboso. 


3 comentarios:

Y digo yo dijo...

Pues sepa usted que también es diciplina posible de practicar en mar, aunque mejor dejarlo estar, solo faltaba que se nos pusiera de moda y tendríamos que legislar de nuevo. Imagínese; potencia del arco, tamaño de la saeta, tipo de puntera y por supuesto prohibido usar engodo...no demos ideas :)

Uno de Tantos dijo...

Sí, efectivamente, pero más allá de una aldea Yanomami a orillas del amazonas, el binomio arco-pesca me resulta bastante antinatural.
Me quedo con la belleza y plasticidad de la disciplina. El reto personal del tiro y la puntería. El control de las emociones, el equilibrio psicológico, la paz que otorga la concentración, la consciencia respiratoria, el buen ejercicio físico y todas esas puñetas que aunque parezcan ñoñadas, son fundamentales para mejorar la salud mental amenazada por tanto mundo inhumano y tanto ser humano inmundo

Nicola Zingarelli dijo...

Pero como se le ocurre a Antonio similar locura? No te conocìa a caso de la pesca? No sabìa a quien se llevaba a tirar? En fin, menos mal que tengo su teléfono, a ver si logro llamarle y convencerle para que deje esta peligrosa aventura... Madre mìa... uno de los tres o cuatro seres màs patosos del planeta con un arco y flecha en las manos...