23 de agosto de 2010

SPINNING, BOCINEGRO, MURA JIG Y BIOLOGÍA HALIEÚTICA

"Si este verano vieramos pegado todo lo que no peguemos, viera sido una pasada" (titulillo de Jay)

Desde el pasado 11 de mayo, día en el que el amigo Jacobo pulseaba un pejerrey mediano en una espuma propicia, no se habían producido más capturas dignas de reseña en lo que al spinning desde tierra de mi cofradía se refiere. Algunos pejes pequeños, alguna bicúa insignificante y pocas presencias junto al veril, todo hay que decirlo, han jalonado las calendas centrales de nuestro verano pesquero.
Ayer, aprovechando un respiro en la altura de la ola y el empuje eólico, cumpliendo con un riguroso amanecer, el compi de los Realejos y un servidor nos plantamos en un puntón norteño, con el objeto de seguir en el intento 2010 (Abe dixit).
El lugar es escogido a conciencia por sus limitaciones de aforo, la poco probable afluencia de chavalería de pelo y plomo y algún satisfactorio precedente pesquero.
Con minnows bicueros, esperando la luz – no hay nada más desagradable e incomodo que el spinning a oscuras – consumimos sin éxito los primeros lances.
Al rato, cuando Perico alumbra lo suficiente, descubrimos que 5 o 6 pardelas patrullan insistentemente 100 metros al frente y que a nuestros píes, en medio de un rajón azul, una nube compacta de pescaditos plateados en edad juvenil se agrupa y desagrupa  en violentas y despavoridas arrancadas. Buena señal.

Una hora anduve buscando en superficie.
Minnows realistas, curricas de carnaval, rangers, un Habano rosita, un pencil USA, el Blues Code sardina, el Miss Carna de Maria haciendo zig zag…Nada…ni rastro de peces. Solamente una aguja de avanzadilla  pareció interesarse un momentín por el Ranger 64. Nada más, ni sierras, ni pejerreys, ni bicúas, ni negritas. La hora mágica dibujó un bolo como una casa de grande. Nothing de nothing

Cambio el modo y me dispongo a buscar cerca del fondo. Jig casting que te crió. Amarro un MuraJig de 60 gramos armado ventralmente con un Decoy Sergeant del 5 y un pulpito superchero blanco y azul.

Mano de santo. En la tercera recogida del cuarto lance, la Byron recibe noticias del otro mundo. Una sacudida violenta en forma de picada contundente no logra cogerme desprevenido del todo y hace que el de abajo se quede sin factor sorpresa a partir de dos severos cachetes. Instintivamente pienso en esparido de buena talla. La alemana de grafito se dobla pero cumple con la doma entre gruesos cabezasos y alguna corta carrera que el Stella 4000 colabora a resolver con solvencia. El bombeo es diáfano y rápido, el borde del veril peligroso y la ola sin ser inhumana, no permite confianzas ni entretenimientos. En 10 segundos me metí entre las clacas, puse la directa en el bombeo y acosté sobre el filo de la navaja un hermosísimo bocinegro (pargo en la piel de toro) al que Jacobo hizo la imposición de manos y llevo raudo a un charco en zona segura.
Un bocinegro gordinflon. Con una barriga que incitaba la curiosidad. Un esporadico esparido que estiró la pequeña y resistida báscula de Grauvell hasta los 3,300 Kg y que se quedo de invitado esencial para un caldo de pescado (cazuela en la piel de toro) de los de gofio, ron, siesta y hasta mañana.

Eso fue lo que paso ayer y la captura reseñable que pone fin momentáneo a un período poco productivo en lo que a la pesca desde tierra y el lance ligero se refiere.

Un Poco de Biología Halieútica

Menuda palabrita, ¿a qué si?.

En este caso, quedense con que es abrirle el buche a un animal para ver que es lo que ha comido recientemente.

Y en el caso del bocinegro de ayer, la cosa tiene miga.
Ya una vez nos sorprendió el hecho de que un bocinegro capturado a jigging por el amigo José contuviera en su tripa un hueso de animal mamifero terrestre. Lo de ayer puede ser más comprensible y contextualizado, pero dentro de los esquemas mentales que nos hacemos en lo referente a hábitos alimenticios y pautas etológicas de nuestros perseguidos escamudos, yo al menos, nunca me imagino determinadas posibilidades.
Total, que en la tarea de limpiar el pez para asunto culinarios, vaciamos el saco intestinal, obteniendo tres tipos de alimentos reconocibles.

En correlación con la numeración de la retratera:

1.  Pelota amarilla filamentosa mezclada con una pasta amoratada entre la que se distinguen colas y cabezas de peces en estado alevín o juvenil. La pelota amarilla es facilmente desplegable resultando ser un trozo de malla plástica similar a la que usan los pescadores de corcho New Age como cestillas donde depositar el engodo.

2. La normalidad hecha alimento y lo que se le supone a cualquier bocinegro medianamente racional. Un manojito de chipirones de verano.


3.    Trozo carnoso con forma de mariposa color parduzca y naturaleza extraña. Una vez aclarado en el agua de un charco limpio, el pedazo de carne se nos antoja lo que en Canarias se conoce como vaca de mar o vaquita. Un molusco sin concha externa que ramonea el tapiz algal de piedras y cantos desde la isobata 1 a la 30. En este caso y sin estar del todo seguros, Aplysia Dactylomena o Aplysia Depilans.
   
Nunca pude imaginar que los bocinegros canarios comieran vaquitas. El mar y sus habitantes sigue siendo una caja de sorpresas que me reafirma en la idea de que no tenemos ni puñetera idea. Lo más cercano al conocimiento son inventarios de casuística que crean dogma de fe a partir de su repetición.

MuraJig

No quiero resaltar las bondades del jig porque ayer logró engañar a un buen pez. El jig es bueno y bonito. Un top gama japones artesanal con unos acabados de lujo y una acción fantástica, pero probablemente frente al morro del bocinegro tragaldabas cualquier  cosa hubiera valido. Me quiero referir al jig porque creo que incorpora una característica distintiva que lo hace destacado y peculiar. La posición en la que coloca el anzuelo. Apenas un centimetro bajo el centro del vientre. Un lugar que por lo experimentado es de una eficacia extraordinaria.

Es el tercer pez que clavo con él (dos bocinegros y una sama) y en todos los casos he tenido que echar mano de tenaza y desanzuelador para lograr zafarlos. Yo lo armo ayudándome de un pulpito de vinilo sobre un anzuelo Decoy del 5.
A la vista y a la acción, el jig parece un inchiku, pero con un anzuelo como Dios o lo que sea manda.
Buen jig cast. Diferente y eficaz.

4 comentarios:

Y digo yo dijo...

Buen peje caballero. El Mura siempre me gustó, el primero lo perdí en Villa Cisneros al primer lance estando en la Cintra, el día de la mejillonada.... Ahora tengo un hermano guardado, en reposo, mi equipo actual no me lo permite.

Hableme de esa grapa que no consigo identificar y de la sujeción del bajo, no consigo ver y si hay "nuo" o no.

A ver si termina este jodido verano de mier...

Nicola Zingarelli dijo...

Esa forma literaria que ha Ud. utilizado, señor Mario me recuerda otra, que nos llega del lejano centro américa. Le veo inspirado, un Bocinegro de orilla merece versos finos, está claro, Y Ud. se los ha otorgados. Aún sin llegar al talento prosaico de su evidente maestro, le felicito por tan bonitas letras, y extendido vocabulario.... :-)

snak-web dijo...

Muy bonito el bocinegro, me encantan esos peces y ese jig tiene muy buena pinta, espero que siga dando sus frutos :p

Femés Elvira, dijo...

Lo que se llegan a tragar los pobres bíchos... La posición en la queda colocado el anzuelo en el Murajig es ideal, seguro que pócos animalitos se escapan si se llegan a equivocar.

Muy guapa la captura para romper la racha Mario. Por aquí anda igualmente la cosa floja désde orilla. A ver si cambia:)

Saludos.