23 de mayo de 2010

UN POCO DE ESQUIZOPESCA


¡Eh, Tu, Pequeñin!

¿Por qué no le dices al abuelo que venga a vernos un día?. Dile que te has tropezado con dos amigos de la familia que tienen muchas ganas de conocerle y poder compartir un rato. Que si quiere, se venga una tarde a merendar. Nos encantaría darle un abrazo y sacarnos algunas fotos con él. Seguro que tiene que ser un individuo fascinante, con una personalidad arrolladora repleta de fuerza e impulso vital.

De todas formas, si le cuadra mejor, más que en esta punta playera, pedregosa y batiente, que se deje ver allá afuera, en la caida de los 120 esquina el talud. A nosotros, nos resulta más cómodo recibirle allí. Nos daría la oportunidad de tratarlo como merece, sin el stress y la inquietud que nos produce acoger a personalidades tan destacadas en lugares pequeños y poco diáfanos.

Por supuesto, que no se preocupe por la hora y la lejanía, que aunque se puede quedar a dormir y descansar, también podemos devolverlo a casa, faltaba más.

En fin, que si le apetece vernos allí, que nos avise desde el portal cuando llegue, nosotros estaremos trabajando arriba, en el estudio del ático. En cualquier caso, adviertele que no es preciso que tome el ascensor, que tenemos montacarga privado. Lo encontrará al fondo del hall, bajo una placa que pone dumerili S.A. Para llamarlo solo hay que tirar del gancho que cuelga de la barra plateada.

Adagio y Servidor. Una Relación Dificil

El otro día tomé a los dos Adagios por el triple ventral y me los encare con determinación. Les dije que no podía soportar la situación por más tiempo. Que yo no podía ir por ahí poniéndolos a parir y diciendo que eran señuelos corrientuchos o arretrancos publicitarios engaña pescadores. Que la acción y el movimiento no justificaban el precio y que o espabilaban y empezaban a camelar pejes o les empezaba a llamar Kaká dejándolos en la mochila. Les convidé a que se definirieran de una vez por todas. Les dije que se les había fichado por su condición híbrida jig cast paseante hundido, que me estaban adelgazando la paciencia y que mis cajones olvidados están repletos de elementos como ellos.

Se ve que la reprimenda no cayo en saco roto y la otra tarde, como respuesta telepática me llego la voluntad cachivache de mejorar las cosas. Andaba pescando con el Adagio rosa, cuando de repente, a una de las neuronas esquizoides del hemisferio derecho le llego el siguiente texto: “lanza largo, deja hundir tres cuartos, sacude con tirones cortos y enérgicos, deja hundir de nuevo y comienza una recogida walking the dog submarina pero con tirones largos y pausados”.

A los pocos lances, tras el primer twiching riguroso, se clava con ganas una bicúa mediana. Primera captura personal con el señuelo en cuestión. Ayer, otro Adagio accionado con el mismo proceder motiva una picada contundente que me da trabajo pesado por espacio de un minuto. Seguramente y por analogía con el compañero José, un dumerili juguetón. Uno de esos esporádicos medregales que se lanzan en plancha contra la piedra en cuanto la tienen a tiro.

Dumerili nieto, por supuesto.

1 comentario:

Y digo yo dijo...

Pooos a mi me gusta, me ha dado hasta la fecha algunas Sierras, algunas Bicus y un dedo gordo de mano izquierda....¿qué más se le puede pedir?:)