14 de abril de 2010

GUANCHISMO VERSUS CIENCIA


Ayer, mientras ojeaba el número 10 (diciembre de 2008) de Makaronesia, el boletín de divulgación cientifica que anualmente (¿?) publica la Asociación de Amigos del Museo de Ciencias Naturales de Tenerife, me detuve en un interesante artículo recomendado por un compañero de trabajo que abordaba los últimos datos disponibles acerca del impacto que sobre el medio natural de las islas ejerció la población indígena del archipiélago.

En él, se hace balance de los últimos descubrimientos arqueológicos y se establece una teoría que permite estimar a los primigenios pobladores de Canarias como los liquidadores de unas cuantas especies y ecosistemas por uso, consumo y sobreexplotación.

Y aparte de por lo revelador y los cabos que permite amarrar en lo que a conocimiento del pasado archipielágico y su historia natural se refiere, el artículo es valioso porque permite desatascar la mente y zafarla del idealismo papanata que desde pequeñitos nos ha clavado la historia oficial nacional-guanchista. Historia oficial ñaka-ñaka (tomo prestado el termino de los chicos de Canarias Bruta) que nos presentó siempre al Guanche (término inexacto) como el ejemplo de hombre perfecto, en sintonía con el medio y envuelto en un aurea de heroicidad y nobleza que enternece y emociona.

Y es que lejos del mito ideal del buen salvaje, licenciado en ecología y catedrático en sostenibilidad, este tipo de estudios, serios y plenamente científicos, permiten que la mente salga de la secular ensoñación y empiece a ver a los antiguos indígenas del archipiélago en su justa medida, sin el velo místico; grupos humanos fragmentados en 7 picos oceánicos emergidos, que por h o por b tuvieron que apechugar con un territorio hostil para la supervivencia y la perpetuación, con unos recursos limitados, una orografía apta mayormente para cabras montesas y un mar que pone muchos reparos a la huida y la migración. Sociedades primitivas con los conceptos sostenibilidad y ecología en estado embrionario y a las que además, les picaba el hambre.

Porque aunque las proyecciones mentales sean libres y gratuitas y hay quien prefiera pensar que como los habitantes primitivos del planeta Pandora, los guanches tuvieron una trenza que los conectaba al alma de la isla a través de un drago milenario o podían enchufarse a una cabra a la hora del ordeño, lo que si puede intuirse y cada vez es más lógico pensar es que había de todo, como en bótica y que al mismo tiempo que pudieron existir esos Apolos de 2 metros, fornidos, musculados, de melena rubia al viento, ojos azules, añepa al costado, tamarco al brazo y perrazo al píe que nos dibuja el folklore, probablemente también existieron hombres menudos, enfermizos, con facciones poco agraciadas, cuerpo enclenque y perrazo pasando, que sin mucho don de presencia se tiraban horas espatarrados en barrancos y laderas mientras el ganado llenaba placidamente la tripa. Y probablemente hubiera nobles e hijos de puta, ladrones y generosos, viciosos y virtuosos, y probablemente se asesinara, se violara, se estafara, se engañara y se fuera solidario, amable, comprometido, abnegado, atento y honrado.

Afortunadamente, la ciencia bien entendida, como en el artículo, termina poniendo las cosas en su sitio.

¡Ay!, si Bentejuí levantara la cabeza y se viera retratado como un George Clooney de Greenpeace. Con la misma se mosquea y se pone a extinguir.

Yo, particularmente y a tales fines creo que tendría una lista de animales que ofrecerle.

Y todos serían mamíferos.

Y todos tendrían dos patas..

2 comentarios:

Femés Elvira, dijo...

Ese estudio ha de estar mal!!
Aunque con las necesidades, el hambre y penurias que pasaron por aquí...tampoco es de extrañar que se dieran pálos por un trozo de queso o una pella de gófio.

No tienes nombre... has róto parte de mis ideales. Me húndo...
Lo próximo que será, informar que no existe San Borondón? que no sómos los últimos supervivientes de la Atlántida?

UNO DE TANTOS dijo...

Cuanto no sabemos sobre la protohistoria de las islas. No sabemos a ciencia cierta el cuando, ni el donde primero, ni porque, ni cuantos, ni por supuesto el como.
pero me resulta apasionante el pensar en nuestras islas y saberlas sin gente y con todo el potencial natural intacto.
Ese sueño imaginativo de la máquina del tiempo, en mi caso se fragua en esa época y en cualquiera de estos 7 peñascos.
Por supuesto, viajaría con la caña de spinning, un ranger y un metal jig.
Ah, y un cabo y un arnes para amarrarme al veril por la cintura, por si acaso.
En serio, es un tema que me fascina, y no soy muy dado a la literatura científica.