31 de marzo de 2010

HIPOCRESÍA DE ANDAR POR ISLA (S)

No hay semana en que los proceres de esta patria pequeñaja y desmembrada en la que vivimos no pongan el grito en el cielo ante lo que ellos denominan ataques intolerables a la imagen de Canarias que nada tiene que ver con su realidad.

Y es que en el ejercicio nada disimulado de hipocresía que ha caracterizado secularmente al gremio de caciques locales, lo que importa, nunca es el fondo o la veracidad; lo que les molesta y cabrea es que se sepa, que se airee, que se publique. Que se claven lamparones al idílico cartel de belleza subtropical con el que nos envuelven o que personalmente y por mera geografía y paisanaje se les pueda relacionar con las acciones y los acontecimientos. En definitiva, lo que fastidia es lo que podamos parecer, más que lo que somos realmente.

Por ejemplo, a esta minoría político empresarial que nos gestiona y administra la subvención (no vivimos de otra cosa), que el espacio natural de Maspalomas sea un lugar intrasitable so pena de encontrarte a vuelta de duna cualquier escabrosa manifestación sexual, se las trae floja, lo que les causa estragos y les incita el cacareo hipócrita es que el Hannover News haga promoción de tal situación y la publique con pelos y señales en el suplemento especial turismo del domingo.

Les importa un rábano la exclusión social, la aculturación y el bajo nivel educativo de una gran mayoría de sus paisanos. Que el disfrute público veraniego de una preciosa cala isleña se vea menoscabado por la actitud vacacional barriobajera y chabacana de una horda de campistas macarras, no es problema. Total, ellos se bañan de sol y playa en chalets exclusivos o en el peor de los casos disfrutan con privilegiada comodidad del elitista servicio hotelero de los hermanos Daltón, esos amigotes con los que comparten favores. Su problema y su grito en el cielo, aparecen cuando un programa de televisión grava un reportaje del lugar y los ocupantes exhiben sin pudor su infumable personalidad y el catalogo completo de civismo insalubre que les sirve de guía vital.

Porque claro, esta el rótulo. Las letras a píe de pantalla que localizan geograficamente el escarnio. Sí; aquello de Playa de la Verguilla, Isla Canaria de tal, 22 de julio, 12:30 horas. Ese es el aguijonazo que más duele a su hipócrita personalidad pública. Esas son para ellos las letras acusadoras.

Incluso cuando se retrata la rebótica de una fiesta tan excesiva, exagerada y dada a la transgresión como el carnaval, siendo conscientes del kilombo de sexo, alcohol, drogas y perversión general que en cualquier lugar de nuestro mundo comparable propicia una fiesta semejante, nuestros antiguos caciques con piel de modernos, esos que de tanto fomentar el provincianismo derechón se lo han terminado por creer, exhiben un paso más y lanzan al terreno de juego otro de sus típicos y tópicos comportamientos. El ombliguismo papanata. Y como no, ponen de nuevo el hipócrita grito en el cielo y se declaran humillados y juegan con los conceptos minoría y mayoría y con el de sucesos aislados y con la teoría de la conspiración y la mano negra invisible. Como si en la trastienda de San Fermín, de Las Fallas, o de la Feria de Abril sevillana, no se aspirara coca, no se peleara, no se jodiera y el ambiente fuera monacal y de recogimiento.

Hasta ahí llega su papanatismo hipócrita, hasta el punto de creerse los únicos en poseer una fiesta de semana grande. Según ellos, el objetivo número 1 en el life motive conspiranoide del Callejeros de turno.

Yo, particularmente, cada vez que un medio nacional o internacional retrata las verguenzas sociales y humanas que en estos tiempos nos caracterizan, lejos de sentirme ofendido, me alegro.

Me alegro por lo que tiene de revelador y porque reconociendo a los culpables últimos, se que la afrenta les va enteramente dirigida.

1 comentario:

Efrén dijo...

Que razón tienes...