19 de marzo de 2010

CALIMA


“El viento ha rolado esta noche al este. Mal viento. La arena entra en mi habitación por las junturas de las ventanas, las rendijas de la puerta y el ojo de la cerradura. Está anegada, como de polvillo de mariposa, solamente es perceptible en los dientes, en el respirar, en el tacto de las teclas de la máquina de escribir; en una cierta aspereza que tiene el satinado de los papeles y en la irritación de los lacrimales” (Aldecoa I, 1967).

Es que llevamos dos días anegados en polvo sahariano. Dos días viviendo bajo una nube de tierra procedente del desierto vecino. Dos días a merced de la corriente de aire tropical continental que se cuela en las islas cada vez que el anticiclón garetea hacia el noreste. Dos días percibiendo un paisaje urbano fantasmal y observando como el color marrón anaranjado de la atmosfera recrea un ambiente apocaliptico. Dos días de altas temperaturas, de sequedad ambiente, de problemas respiratorios.

En fin, tiempo muy nuestro, muy particular, definitorio. Pero al mismo tiempo, malo y desagradable.

Nos quedamos con la fotografía satélite. Ella plasma sin palabras lo que representa la calima.

Por cierto, parece que esta noche rola el viento y comienza a penetrar aire marítimo y limpio de procedencia septentrional.

Ojalá.

1 comentario:

Femés Elvira, dijo...

Dos días en los no he podido respirar, dos días casi sin dormir, con los ojos picones, todas las ventanas de la casa cerrada, polvo por todos lados... Bañarse en el mar estos días ha sido un placer y la salvación para mi.