25 de septiembre de 2009

ENTRE TANTA PESCA; UNA FLOR


Cada dos años, en verano y en horas nocturnas, en una azotea del barrio de Schamann, en Las Palmas de Gran Canaria, un cactus reptante de aspecto andrajoso que se pasa la vida soportando sol y sed, decide justificar su gris y poco agraciada existencia regalándonos una especie de milagro natural que tiene a la belleza floral como argumento. Cada dos años, uno de esos ejemplares de cactus que mi santa madre posee en su particular jardín urbano, decide quitarse el traje de cenicienta y ponernos ante los ojos una floración exuberante y espectacular que como todo lo bello y sublime dura solo lo justo y necesario. Y lo justo y necesario es una sola noche, desde la caída del sol hasta los primeros rayos del amanecer.

Y es que cumpliendo probablemente con las leyes de la adaptación y al margen de nuestros humanos ojos, deseos y entramados mentales, el vegetal pinchante pone esa noche toda su energía vital en perpetuarse a través de un reclamo visual y olfativo irresistible. En tales circunstancias, cada dos años, el cactus de mama es tratado mejor que a cualquier hijo, recibe toda la atención y mimos posibles y un servidor, simple soldado en manos del estado mayor femenino sea cual sea su naturaleza, no hace más que cumplir ordenes y subirse a la azotea en horas intempestivas con todo el equipo de retratar, bajo la premisa ineludible de bajar sí o sí un reportaje fotográfico de tan magno acontecimiento.

A las 10 de la mañana, la flor es hojarasca marrón. Un apéndice seco en el extremo de uno de los tallos que no desentona con la apariencia vegetal global. A la misma hora, las ojeras de mi madrugón también son marrones y parecen hojarasca, pero el estado general de bostezo merece la pena. Soy de los que opina que la belleza siempre merece sacrificio.

Más aún si es tan caprichosa y efímera.

23 de septiembre de 2009

¿NOS VAMOS DE PETOS?. COSAS PARA CONTAR A TUS NIETOS


Lo Primero es lo Primero. Nuestro Campano de este Año se Llama Loquillo

Y pesó 14,5 libras.

Entro un atardecer de finales de la pasada semana laboral en una marca clásica norteña. Se coló en la sonda de los 160 metros como tercera picada de un garete cambio de marea y no se pudo resistir a las provocaciones de un Deep Dog blanco accionado a tirones cortos y velocidad media.

Podría citarse oficialmente como primer pez de nuestra temporada de jigging (para nosotros desde principios de otoño hasta finales de primavera) y su aspecto y formas parecen apuntarle condición de recién llegado. Que quede constancia.

La Pesca del Fin de Semana. Algo para Recordar

1ª Parte. Ballena En Cuerpo Presente. El Cortejo Fúnebre de un Sofá Cadáver

El otro día, al poco de empezar la jornada de jigging, advertimos la presencia de un cuerpo voluminoso que flotaba a unos 300 metros de nuestra posición. En un principio creímos que se trataba de un animal muerto; quizás una vaca o un caballo. Y aunque José defendió por unos segundos la opción sofá en base a dos protuberancias sobresalientes que asemejaban al arretranco de salón puesto patas arriba, al final, el contacto visual cercano nos dejo la evidencia de que efectivamente, el cuerpo a merced de la marea no era más que el de un animal muerto, un animal marino, una ballena en irremediable proceso de descomposición del que sobresalían apuntando al cielo las aletas dorsal y caudal.

¿Un sofá?, ¿como coño iba a ser un sofá?.

Nos acercamos hasta ponernos a un par de metros y comprobamos que el cadáver no navegaba solo, le acompañaban al menos tres tipos de criaturas a cual más curiosa. Arrancando pedazos de grasa y carne putrefacta contamos varios tiburones de distinto tipo y condición entre los que sobresalía lo que creemos era un enorme y majestuoso tiburón azul con echuras de avioneta y afición por darnos vuelta y rascarse la piel con nuestro casco. Por supuesto, le seguían peces piloto. Pejes comparables en aspecto y fisonomía a una boga grande pero con traje de presidio. Por supuesto, alrededor de tanta sombra y cobijo no podían dejar de estar los pequeños dorados (llampugas) y por supuesto, ante tanta concurrencia no podían faltar pequeños señuelos accionados con equipos ligeros de spinning.

Al final, en una horita de diversión acompañando en peculiar cortejo fúnebre a la ballena fallecida, pequeños jigs de metal y stickbaits diminutos subieron a la bañera varios dorados y peces piloto, dejándonos un rato de entretenimiento diverso; a José y Antonio con las mañas de la pesca y a mi con la Nikon, intentando retratar la situación a base de sortear salpicaduras de mar y gruesos e intermitentes goterones de lluvia.

2ª Parte. Como el General Custer en Litte Big Horn.

Así podríamos retratar nuestra situación luego de abandonar la ballena y su cortejo fúnebre comensal y vernos en una piedra norteña con antecedentes rodeados de petos con ganas de guerra.

Jamás he visto una concentración tan grande y continuada de wahoo y una actividad tan prolongada e intensa en el tiempo. La sonda como otras veces, comenzó a cantarlos a 20-30 metros de la superficie y a diferencia de otras ocasiones, esta parecía ser la profundidad del día; de un día gris, oscuro y lluvioso en el que salvo persecución, los de la cizalla no parecían dispuestos a mostrar el lomo en superficie.

Una vez posicionados los dos bandos, nosotros arriba algo ansiosos y los wahoo debajo dispuestos a tragarse el barco si se sumergiera un pelo, empezamos a jiggear entre los bip, bip y las concentraciones de tacos rojos de la sonda. En escenarios así y de inicio, yo cuento con algo de ventaja con respecto a mis compañeros de jornada y barco. Ya he vivido situaciones parecidas y conozco como se las gasta el túnido, así que lo primero que deje caer fue un largo Aile Metal TB 250 color sardina con un grueso triple Owner ST66 6/0, en la cola. El mismo montaje con el que logré mi último peto en octubre de 2005, aquel herreño de 32 libras y una de las soluciones (señuelo largo y triple trasero) que parece (solo parece) ser más eficaz contra el pez del hocico imposible.

En fin, no recuerdo cuantas vueltas de manivela pude dar una vez llegué a la profundidad de jiggeo. Lo que recuerdo es que a la misma vez que José maldecía la perdida de su señuelo yo empezaba a cachetear y pelear un peto grande y lustroso que lejos de arrancar a correr, por unos buenos segundos quedo a la banda de la estable sacudiendo la cabeza de lado a lado en ademán de cabreo y amenaza.

Luego de las carreras, la pelea y el cuidado con los cruces bajo el barco, el animal quedo listo para el embarque. Un tablón, un buen peto, 25-26 Kg.

A partir de ahí, de las fotografías y de la parafernalia de reeordenación que un animal de estos genera en una bañera tan pequeña, la pesca continuo con un repertorio de picadas, cortes, trancones, rozaduras, desanzuelados, maldiciones, impotencia y frenesí nunca visto antes. Unas tres horas jiggeando sin practicamente corregir el garete inicial y con una bola de petos girando bajo el barco y arremolinándose en torno a los jigs como palomas a un puño de millo (maiz).

En todo ese tiempo, Perdimos entre 3 pescadores más de una veintena de jigs con sus correspondientes anzuelos, triples, anillas y giratorios. En todo ese tiempo, peleamos varios petos por pescador en pleitos de un par de minutos que terminaban casí siempre en desanzuelado y en todo ese tiempo solo logramos embarcar dos petos más.

Uno para José y uno final para Antonio. El peto de José, un animal de 18-20 Kg, jugó a parecer caballa o sierra después de la picada para transformarse en un proyectil que casí agujera el casco de la estable una vez advertida superficie y barco. El wahoo de Antonio protagonizó la pelea más bonita y el anzuelado más correcto. Un anzuelo Gamakatsu simple alojado firmemente en la mandibula inferior y una pelea bien llevada (tranquilidad y atención) por pescador y skipper que terminaron poniendo en seco a un animal en torno a los 25 Kg.

Entrada la tarde y con los peces igual de activos y mordelones, pusimos punto final a una de las batallas wahoo más cruentas (por las perdidas metales) que he visto nunca. Inolvidable, divertida, divertidisima, pero con una dependencia del azar en cada lance que elimina el merito pescador que pueden sustentar aspectos como la técnica o la estrategia. Jugamos con dos o tres intuiciones, uso de jigs largos, anzuelos en cola, recoger rápido, cachetear duro, aflojar freno…etc, pero a la hora de la verdad las intuiciones saltan por la borda y lo único que nos queda es confiar en que el azar haga que ese peto tome el señuelo sin rozar el bajo y el anzuelo se aloje con firmeza en las fauces del animal manteniendo el leader lejos de la cizalla.

Con animales de movimientos tan cortos, rápidos y alocados y ante bocas tan duras y cortantes me temo que nunca hay otra solución que encomendarte a la suerte, ya sea tarpón, vela o wahoo. El merito es estar, buscarlos y pretender engañarlos con un señuelo artificial plenamente dependiente en su funcionamiento de la habilidad manual y el trabajo de tus neuronas, lo demás y salvo que alguien descubra el método, es incontrolable.

Tomas Falsas

1ª. José y un servidor tenemos que trabajar dura la argumentación para conseguir que Antonio no le ponga delante del hocico un dorado sanguinolento a la Tintorera enorme. Recurrimos a asuntos que tienen que ver con la pena hacía los acosados tiburones, las dimensiones del animal en comparación con nuestro sostén oceánico, la dureza de la lucha que se le vendría encima y cuarenta mil excusas más que disuadan al de Sataute de remedar “Tiburón 2 desde una Estable 500.

2º. En pleno apoteosis y una vez que los petos comenzaron a hurtar señuelos, la pequeña consola de la estable se convirtió en un mercadillo de cambalaches que despachaba jigs, anillas, anzuelos y triples con el frenesí de la cantina de un estadio a la hora del descanso. Antonio recogía mis poteras tropicales, yo tomaba uno de sus Long Blade, José desvestía de triples un Roosta Popper y se los ponía a un jig de Willianson. Sacábamos acero de lugares ocultos, anzuelos dobles de extraviados señuelos de curricán, jigs descatalogados con oxido en vez de brillo... De pronto alguien montaba, se acercaba a la borda, dejaba caer, se escuchaba un me cag…en la pu…y volvía con el extremo del leader entre los dedos a rebuscar más ferralla entre los tambuchos. Una locura. Algo para recordar.

3ª. Llegar a puerto con un peto es combustible para la cofradía del chisme. Un animal grande y llamativo siempre es motivo de miradas y comentarios, de preguntas estúpidas e interrogatorios interesados. De repente, todo el mundo prolonga su paseo hasta tu pantalán, todo el mundo elige para sentarse a charlar el banco más cercano. Cualquier cosa con tal de cotillear y hurgar en los acontecimientos. Nosotros actuamos con honestidad. Con generosidad cristiana contestamos correctamente dando la información precisa. Ponemos todo nuestras horas de mar, de búsqueda, nuestros bolos y nuestra tranquilidad, a expensas de aquel poseedor de barco que solo pesca cuando sabe que hay peces. Por eso, a aquel señor que se hacía el tonto preguntando que pez era ese, se le contesto que eran bicuas de lo hondo, una peste que no dejaba pescar y por eso, al jubileta con ánimo de lucro que quería saber el donde y el como se le contesto que a curricán de profundidad, en los 1500 o 2000 metros de fondo, usted no ve que ahora anda todo el pescado detrás de la pota.

18 de septiembre de 2009

¿TE VIENES DE POTAS?


Tras llegar de las vacaciones oficiales, el reencuentro con la pesca no ha podido ser más peculiar. Tras pasar la mañana y buena parte del sábado con el amigo José comprobando si determinadas marcas de jigging poseían ya entretenimiento y buscando en torno a las bolas de carnada que se agolpan más a tierra los dorados, listados y sierras que de últimas animan el spinning embarcado. Tras comprobar que para el jigging aún es pronto y que el mundo wahoo es un universo de contingencias inesperadas que siempre terminan con el peto cortando y tu ardiendo de frustración, tras todo eso y mientras almorzábamos con los seres humanos de un barco amigo, nos llegó una invitación reveladora: “Nosotros esta noche nos vamos a quedar a la pota, si quieren venir……”.

Las orejas se nos pusieron de punta y los ojos se nos abrieron de par en par. Ir a la pota. ¡Carajo!, una de las pesquerías míticas del archipiélago, lejana y peligrosa puesta a tiro de decisión. Una nueva experiencia, el mar esta planchado, iríamos acompañados de varios barcos grandes y estas cosas o aprovechas y las haces así, en caliente, o no vas nunca.

Hacemos un par de llamadas a la autoridad, obtenemos unos afirmativos tímidos y apresurados y al mar. Aunque no tenemos aparejos, con poco basta y los amigos prestan. Sí, nos vamos a la pota y que sea lo que Dios (o lo que sea) quiera.

¿Qué son?. El Todarodes sagittatus

A ver, para los lectores de este blog que no estén familiarizados con el animal, les transmito que la pota no es más que un cefalópodo de profundidad (uno más de los tropecientos que existen) que en determinadas épocas se acerca a la costa en una migración genésica (reproductiva) que a Canarias le toca entre verano y otoño. Cuando digo se acercan, me refiero a 12 millas de tierra. No crean, aunque se dan casos de avistamientos y capturas de potas muy cerca de la orilla lo natural es que este animal se sitúe en profundidades que van de los 2000 a los 3000 metros, realizando diariamente excursiones verticales con fines alimenticios que en horas nocturnas y mejor en fases de luna nueva les lleva a la mismísima superficie.

Por lo demás y en cuanto a formas y aspecto, podemos retratar a la pota como un calamar al que le dimitió el estilista. Basto y robusto, con 8 brazos y dos tentáculos repletos de ventosas con garfio, cuerpo cilíndrico, ojazos (por grandes) y el triangulo que dibujan las aletas en la parte final del cuerpo y que en su caso solo ocupa el tercio final. Desde el punto de vista gastronómico, la pota también es ruda en sabor y correosa en textura, admitiendo como preparación más idónea el guiso con papas, refrito y condimentos. En Canarias, la sabrosa y popular pota en salsa de toda la vida.

Pota. Canarias Style

La pesca de la pota en Canarias tiene un tufillo a tradición añeja que tira para atrás y la etnografía pesquera artesanal de muchas islas esta repleta de testimonios y sucedidos que tienen al cefalópodo como protagonista principal. La pesca de la pota siempre tuvo ese rejo (muy al caso) de riesgo, sacrificio y peligrosidad. Los barcos de antes, pequeños y toscamente motorizados, no andaban muy sobrados para cubrir los desplazamientos que exige la pesquería. Muchas millas mar adentro, en lugares con el sotavento perdido, de noche y al albur de imprevistos cambios de tiempo.

Hoy la cosa ha cambiado, los medios y las previsiones meteorológicas han evolucionado, pero ya no son tantos los artesanales que invierten tiempo y esfuerzo en esta pesca, hoy la profesionalidad pesquera prefiere el sota, caballo y rey de la nasa o el trasmallo cercano y son solo 4 locos irreductibles o deportivos con animo de lucro los que enfilan alta mar para echarle unas liñas al Todarodes sagittatus.

Nuestra experiencia en el abismo acongojante. Liñas del 200 contra spinning de 20 libras

Saliendo del Muelle Deportivo de Las Palmas con rumbo norte y dispuestos a ver las luces de Funchal si hiciera falta, navegamos 10 millas hasta alcanzar los 2500 metros de profundidad. Allí paramos, bajo un cielo estrellado y con una mar que al llegar tenía la brisa y el alteo justos. A rebufo del barco grande de los amigos y con el ánimo atribulado por tanta lejanía (¡joer!, el ferry interinsular de líneas Armas se ve pequeño y por tierra) y el abismo submarino. Las sensaciones que inundan mente y alma son extrañas y contradictorias. Por un lado, la paz silenciosa que ofrece la inmensidad marina, una especie de sensación de libertad y simplicidad que a mí al menos me oxigena y depura. Por otro lado, la inquietud del que se siente poca cosa, apenas un ser desvalido a expensas de un medio hostil, recóndito y poblado de criaturas inimaginables. En cualquier caso, la presencia a nuestro lado de otro barco más capaz y preparado para las circunstancias nos tranquiliza y permite concentrarnos en la pesca. El alteo crece y la brisa aumenta, la borda de la estable es escasa y mantenerse en píe y en equilibrio nos lleva a flexionar forzadamente los píes o mantenernos espalda contra espalda. José de entrada prefiere la liña, yo opto por la Caranx Médium y el Stella 4000 cargado con 20 libras. Yo poseo una potera prestada que no es más que una varilla con ganchos no plomada en la que me han ensartado una tira de pota proveniente del manto del animal (ojo, parece que los rejos no engañan igual) mientras que José empieza con una potera plomada que trabaja más en la vertical. A estribor, los amigos especialistas ponen a trabajar toda su infraestructura, un buen foco, engodo, varias liñas por mano. Nosotros tenemos lo puesto; una linterna de cabeza, un bichero reclutado del tambucho por si acaso y 1 tonelada de expectación y curiosidad sobre los hombros.

Dejo caer mi varilla, apenas suelto 10 metros, el garete la levanta y la acuesta sobre la superficie unos 10 metros más adelante. Será así, yo que se. Mi mente no hace sino reclamar un señuelo, pero lo que tengo no es apropiado. Muevo la varilla sin utilizar manivela, apenas una lenta tracción siguiendo el mecer del barco, siento como la varilla salta sobre la superficie y de pronto un golpe (lanzamiento de tentáculos), una chupadita ligera (arrastre) y un trancón (abrazo). Los tres movimientos en la picada de una pota. El Stella 4000 empieza a chillar, funciona el freno, la Caranx Médium se dobla, ¿pero esto que es?, si parece un bonito. Carreras, cabeceo, peso. La superficie se ilumina con la luminiscencia del cayo interior del animal, alucinante, los chapoteos sobre el agua auguran que la cosa esta más para mi que para ella, pero el alien vuelve a sacar hilo y alejarse. Disfruto de la pelea y me sorprende la ferocidad y el tesón del animal, lo bombeo no sin dificultades y aparece sobre el agua apuntándonos con sus brazos. Empieza el chorreo. Agua de sifón y tinta a partes iguales (y siempre atinan como dice Victor Nono), el barco se va tapizando con piel de cebra. Bichero y a bordo. Y así hasta 17 veces, animales de 3-4 Kg. 9 para mi y 8 para José (pero solo a partir de cambiar su liña del 200 y la varilla plomada por su ligera caña de spinning y la varilla sin plomar). Nos lo pasamos pipa. Nos partimos de risa, disfrutamos de cada pleito y nos divertimos con el kilombo que se monta en la bañera cada vez que acercamos un bicho. Intento pescar con poteras luminosas e incluso ensarto un Slug Go translucido y enorme en la varilla, pero no es lo mismo, parece que no se lo creen. A falta de algo más adecuado y específico lo que les va es el trozo carnoso y luminiscente del manto de un congénere.

Luego crece el garete, nos desplaza a fondos más someros (1000 metros) y aumenta el alteo y la brisa. Estamos agotados e incluso aparece el mareo. Recogemos y ponemos rumbo a puerto siempre en la compañía tranquilizadora del barco grande. Tardamos una hora y pico en arribar añadiendo a la lejanía y el cansancio la tensión de controlar la ola que nos ceba de popa. En puerto, apresuradamente lavamos barco, manos y brazos, nos quitamos la ropa de agua, fundamental para salvar las otras vestimentas y nos vamos a la cama con el regusto enorme de haber probado algo desconocido de una manera algo novedosa y que ha resultado ser plenamente deportiva. Me quedo con la rasquera de no haber encontrado un señuelo para la ocasión y de no haber bajado un jig buscando chinos (escolares), atunes o vaya usted a saber que. Me quedo con la magua de no haber podido realizar un reportaje fotográfico a medida (cosas del bamboleo, la oscuridad y la tinta), pero las circunstancias mandan y en cualquier caso, como dice el viejito; hay más días que sandias.

Esto es lo que fue y así me sale contarlo. Un día volveremos a probar. Quizás con mejor mar y barco apropiado. Quien sabe.


15 de septiembre de 2009

AGOSTO 2009. VIAJE OFICIAL DE VACACIONES


Escapada de casi 15 días al mediterráneo francés y el norte italiano. Provenza, Costa Azul, Lombardia, Liguria y Veneto. O lo que es lo mismo, Perpignan, Nimes, Arles, Montpellier, Mónaco, Cannes, Niza, Marsella, Genova, Venecia, Milán y Verona. Un Ford Galaxi matricula italiana a entregar en Milan y casi 2000 kilómetros de excursión saliendo de Barcelona.

Ni que decir tiene que no hubo pesca, ni siquiera pensamiento. Mirar al mar más de 10 segundos estaba terminantemente prohibido, pues de tal actitud y abnegación dependen las condiciones generales de la licencia que su graciosa majestad concede por estas fechas de cara a la próxima temporada. Era otro viaje. Una de esas periódicas aperturas de mente y alma tan convenientes y recomendables de cara a enriquecer y limpiar la parte emocional e intelectual de tanta endogamia isleña y cognitiva.

Capítulo 1. Barcelona y el Borne impune

Unas vacaciones pueden fastidiarse por dos millones de imprevistos a cual más inverosímil y sorpresivo pero jode cantiduvi que lo haga por hechos tan injustos como acciones delictivas sobre gentes que de lo único que tienen culpa es de estar en el lugar equivocado en el momento oportuno. Lo cierto es que en la apreciada Barcelona las cosas en lo que a seguridad ciudadana se refiere se han tornado complicadas y claro, dos visitantes canarios, ingenuos de la gran urbe y poco advertidos de las mil y una posibilidades de robo a disposición del gremio delincuente local, son presa fácil del bandidaje y la impunidad que se respira a diario en el centro histórico de la capital catalana.

Sí, en cuestión de dos horas, y con el truco del yo te despisto por un lado y mi compi te abre la puerta de atrás por el otro, a mi chica le desapareció del coche su mochila y a mi estuvo a punto de desaparecerme la mía si no llega a ser por que una ráfaga de advertencia y el rabillo del ojo me permitieron divisar a través del retrovisor a Mohamed en fuga con la lowepro al hombro.

En el primer caso ganó el morito grandullón de la calle Princesa. No nos enteramos, aunque su cara me queda en el archivo de la memoria de por vida. Quien sabe.

En el segundo caso, al flacucho veinteañero, la jugada le salio cara y abdominalmente dolorosa. Cuando la sangre se te agolpa en la cabeza la razón y el sentido común deja paso a la visceralidad más pura uno no se reconoce y la inconsciencia y la temeridad estúpida campan a sus anchas. Si hace unos años algún jugador del circuito mundial de rugby hubiera placado como servidor lo hizo esa tarde, Jonah Lomu, hubiera pasado a la historia como un maorí del montón. Lo siento abdallah, pero en ocasiones así, el que da primero a poco que lo tenga claro, da tres veces y tu pagaste por adelantado toda la impotencia, frustración, rabia, amargura y gestiones indeseadas que ocasionó aquella tarde noche el delito de uno de tus hermanos.

La huída a Francia y los makis del On Sushi

Resignados, satisfechos por las gestiones resueltas y con el maravilloso regusto de los makis que sirven en el On Sushi de la calle Rosellón, comenzamos viaje hacia el sur frances. La Provenza, la Camargue y la costa azul. Atravesamos el Pirineo saliendo por la horrible y oportunista Andorra con rumbo a Persignan y nos adentramos en la región de la Camargue teniendo como referencia las localidades de Nimes y Arles.

La Camargue combinada hacia el interior con la Provenza son de una belleza serena que enamora. Paisajes modelados a partes iguales por hombre y naturaleza con un montón de lugares y matices de paz, tranquilidad, salud y agradabilidad. Un paraíso visual repleto de todas las tonalidades posibles de verde y marrón. Viñedos, campos de cultivo, arboledas, pastos, caseríos de postal y franceses del sur amables, alegres y pacíficos. La Camargue es el rejo natural del conjunto regional. Un humedal inmenso con todas las características biológicas y ecosistémicas achacables a este tipo de ámbitos.

Una planicie inundada por aguas provenientes de la cuenca del Ródano que al mezclarse con el Mediterráneo septentrional conforman un espectáculo de verdor y naturaleza dignos de más contemplación y exploración que las que propicia un viaje de circuito agosteño. Ni que decir tiene que las posibilidades de pesca quedan como una ensoñación.

Los vaders, las Lamiglas serie Travel y mi Stella 4000 se pasaron el día en la neurona de la añoranza.

La Costa Azul. Me quedo con Marsella y Niza

Con una por porteña, cosmopolita, pescadora y marítima. Por complicidad digamos. Con la otra por pija sin llegar a ser cargante. No obstante sigue ganando la primera. Con su aire magrebí, su marina urbana, su iglesia Rusa, Notredam de la Garde y el mercadillo diario de pescado donde a los sierritas del mare nostrum se les concede protagonismo túnido de primera clase. Por lo que respecta al resto de enclaves visitados, Mónaco y Montecarlo son irritantes y Cannes un paseo, un hotel y un auditorio.

Liguria. El sabor genovés.

Génova es portuaria y renacentista. Con antiguos muelles convertidos en parque temático y una fachada urbana vista desde él que te traslada al siglo XVII. Disfrutamos paseando por el casco histórico y comiendo pasta de autor, más allá del Palacio Rosso, en un pequeño, tranquilo y amable restaurante de la vía Garibaldi. Patrimonio de la Humanidad por su urbanidad Barroca y tardorenacentista.

Lombardía, Milán. El Duomo y el pintoresco uniforme de la Policía Local

Es que me llamo la atención la manera de vestir que la municipalidad de Milán reserva para su Policía Local. Aquel sombrero a medio camino entre chato de hospital y casco de moto antigua, las correas de cuero blanco y la cartera. Joer, la cartera blanca estilo retro, con su hebilla y su cinta de colgar estilo años 50. Anda que no debe ser incomodo patrullar llevando a rastro semejante arretranco. No poseo criterio y quizás sea una tradición ejemplar, un respeto a la memoría histórica ciudadana, un gesto de riqueza cultural colectiva y patati o patata, pero a mi un tipo vestido así, me despierta tanta autoridad como Lolita Pluma*. Vamos, si me contaran que tal atuendo no es más que una manera de intentar rebajar tensiones y acercar a través del humor la policia al ciudadano, me lo creo y exclamo chapeau, porque la verdad a mi lo primero que me incita es risa y mis ojos no paran de escrutar el alrededor buscando la cámara oculta o la refilmación de una película de Dino Risi.

Por lo demás, Milán no es diferente a Madrid y Barcelona. Moderna, vanguardista y vital. Cara y con otra de esas impresionantes obras del arte arquitectónico cristiano. Il Duomo.

Venecia. El París Anfibio. No hay mendicidad organizada pero sí Gondoleros*

Mi chica quería dar un paseo en góndola, el tópico del romanticismo veneciano puesto a disposición del turista. Me fui al de la camiseta a rayas y después de decirme que el precio era 120 euros, volví a encaminarme hacía él para aclararle que lo que le había preguntado es por un paseo y que en ningún caso pretendía comprar la góndola. Así se despacha al turismo en Venecia, a base de euros.

Venecia es gracias a la magia del agua una de las urbes visualmente más espectaculares del mundo, pero al igual que me sucede con París, el tópico del romanticismo se me desploma desde que entran en circulación conjunta y simultanea 5000 personas diarias haciendo cola a la entrada de los palacios, chocando hombros en Vaporetto, siguiéndose como ovejas en el puente Rialto o disparando la misma exposición fotográfica a las puertas de la iglesia de la Salute. En fin, que o como dice el blogger Inuit soy un misántropo en potencia o es que mi romanticismo esta demasiado relacionado con la intimidad y la privacidad.

En cualquier caso, caja registradora y parque temático aparte, como dije antes, reconozco la belleza arquitectónica del conjunto edificado y ese sabor único y especial que solo la vieja Europa y su historia son capaces de aportar a esta humanidad en crisis.

Y esto es todo, en Venecia y luego en la Verona de Romeo y Julieta termino el viaje oficial de vacaciones. La vuelta por Milán Malpenza nos reencontró con los quehaceres y rutinas de siempre en las islas que pese a tanto paisano inasumible y un aparato político empresarial digno de deportación, siguen siendo el hogar dulce hogar más pacífico y ambientalmente saludable que conozco.

*Lolita Pluma. Personaje callejero convertido en mito popular de la Ciudad de Las Palmas. Disminuida psíquica, mayor y estrafalaria en el vestir paseaba con un montón de gatos vendiendo chucherías a los turistas en los alrededores del Parque Santa Catalina y el Puerto de la Luz.

*Gondoleros. ¿Nacen o se hacen?.

Me refiero a si la vida te coloca de gondolero porque naces con aspecto de macarra serie B, tendencia a las pocas luces, al mucho pose y al cante permanente o por el contrario, es el quehacer diario de erguido remero legendario inflado publicitariamente el que lleva irremisiblemente a la chulería gilipollas. En cualquier caso y por lo que a mi respecta. Pueden meterse la góndola por donde les quepa. Yo el único romanticismo que le veo es el de las brasas que pudieran procurar sus tablas en un agradable e intimo asadero campestre.

Ya me cabree.