27 de julio de 2009

NO HAY PEZ PEQUEÑO SINO EQUIPO SOBREDIMENSIONADO


Estos últimos días, sometidos por el régimen implacable de alisios y las vicisitudes de la temporada baja en lo que a pesca mayor se refiere, hemos acoplado nuestras maneras de pesca con señuelos a las circunstancias de lo más ligero y diminuto. Hemos visitado el jardín de infancia y nos hemos divertido capturando especies depredadoras de reducido tamaño y peso. Pequeños pejerreys, bicúas de a kilo, samitas de pluma, lagartos, sierritas en edad de crecer, chicharros, abaes peques, meritos, lubinas prófugas y vagabundas y algún etcétera sorpresivo.

Y nos lo hemos pasado pipa con los métodos más livianos del lance ligero. Con cañitas de 2´10 o 2´40 metros y carretillos tipo 1000 – 2500 cargado de líneas de 10 a 15 libras. Hemos hecho spinning embarcados, en profundidades de 5 a 12 metros, en torno a estructuras, puntas y fondos mixtos de arena y piedra. Manejando pequeños jigs de metal, paseantes, stickbaits, minnows enanos y cualquier cosilla análoga que se ajuste a las características de aguas someras abundantes en alimento pequeño.

La conclusión, es que si te adaptas y te ajustas al escenario y sus criaturas, la pesca sigue aportando las mismas sensaciones independientemente del tamaño del oponente.
En realidad vives con la misma excitación el ataque de un grupo de pejerreys de una cuarta que el de 6 negritas de 10 Kg. Todo es pesca e independientemente del trofeo, las acciones de búsqueda, de engaño y de captura siguen estando en el ABC de la diversión. Si encima, a ello unimos la permanentemente e intrínseca belleza y salud espiritual que proporcionan los ambientes marinos agradables, no hay razón para minusvalorar el tiqui – taca sutil y finesse.
Claro que siempre hay otros estados de conciencia para los que la pesca solo gira en torno al pez más grande posible o el complemento circunstancial de cantidad que sigue al verbo capturar. Allá cada cual.


Aclaro. En el jardín de infancia solo cabe el riguroso captura y suelta con todo aquello que no sean pelágicos costeros de edad madura tipo caballa, chicharro o similares. Lo contrario suena a miseria.

Aclaro. A los buitre webs que pescan de acecho cuadrando horizontes y fondos de imagen, estén tranquilos, que no somos tan gilipollas como para enseñarles el donde. A currar, a pensar, a explorar. A pescar.

Aclaro. Las fotos que acompañan esta entrada son las más potables y formalmente correctas. No están todos los peces que fueron, pero pescar, cuidar, soltar y fotografiar son demasiadas acciones como para lograr pleno. En tales circunstancias, siempre debe salir perjudicado el asunto de las retrateras. En cualquier caso, no hay fotografías gore, macarradas ni chupa chups.

19 de julio de 2009

SE LO QUE FOTOGRAFIASTE LA ÚLTIMA SEMANA


Supongo que las necesidades editoriales y los compromisos publicitarios mandan y que las revistas de pesca hay que sacarlas cada més aunque sea a empujones, Pero no estaría de más que ya puestos, en el estado de necesidad ineludible de publicar cualquier cosa a cualquier precio muchas adoptarán un libro de estilo que por lo menos les permitiera reducir las afrentas visuales y los retratos de pesca gore.
Digo por lo menos porque no quiero entrar a juzgar contenidos, redacción de muchos artículos y cualquier otra cosa que no sean retrateras. Me niego. Me enfrentaría a un mundo escabroso en el que Gabriel García Marquez y cualquier pichipan atrevido pueden compartir igualdad de trato y consideración artística. Prefiero quedarme en cuestiones que saltan a la vista, nunca mejor dicho, y pudieran llegar a ofenderla.
En el último número de Pesca y Barcos, aparece una fotografía que aún no se como clasificar. Es original, sorprendente, inédita y nunca vista. Es como si de repente uno coge un pez extraño al que la ictiología aún no le tiene taxón y no sabe como referirse al bicho.

La fotografía de marras, se contiene en un enésimo y magnifico artículo sobre Pargos, Dentones, Samas y demás espáridos (página 46) que firma como autor Javier Santorí (¿). En ella se puede ver a un señor mostrando dos bocinegros (pagrus pagrus) en plan José Tomás, mientras degusta con desparpajo, suficiencia y naturalidad un chupa chups.
¡Toma chulería!.
Yo no acierto a entender bien el hecho, lo que si tengo claro es que desencaja, desentona, descoloca, causa risa, estupor, afrenta, burla, extrañeza y vergüenza ajena. Y sobre todo, dice muy poco del rigor editorial de una publicación que parece haber prescindido desde hace algún tiempo de los internos y recomendables controles de calidad.
En cualquier caso, desde que mis ojos vieron el susodicho fotón, llevo en mis mochilas de pesca varios paquetes de bizcochos de Moya y un porrón con vino del Monte, A ver si cuadra un buen peje y logro una composición parecida. Quien sabe, igual el bocinegro al chupa chups es el embrión de un cambio de estilo del que nadie se ha percatado, la foto gañan.
En fin, como decía mi abuelo Paco, que Dios (o lo que sea) nos coja confesados, que como dice mi amigo José, de ellos, de gañanes, la marea esta espesa.

16 de julio de 2009

SPINNING ADICTOS

Creo que aún estoy bajo los efectos de la pesca irlandesa. De aquellos pateos lanza que te lanza, del subir y bajar piedras y andar con la humedad a cuestas todo el santo día. La verdad es que después de aquella corta aventura lubinera he quedado de nuevo enganchado a la línea de costa y las mañas del lance ligero, y creo que no soy el único que siente lo mismo. Claro que en el lugar que me ha tocado vivir, hablar de spinning es hablar de tierra firme, de rocas y cantiles, de plataformas de abrasión, de franja intermareal, de prever los ciclos de marea, de controlar y decidir (gracias Windguru y análogos) en función de la ola y la velocidad del viento, en definitiva, de pensarlo todo un poco más y currartelo con algo más de sacrificio.
Además, por si fuera poco, el carácter y la personalidad nos ordena huir de la multitud, de la convocatoria y el jaleo masivo.Y claro, en ese trance, la elección de los lugares solo puede jugar con aquellos enclaves que por razones de accesibilidad, incomodidad y lejanía, marginan a pescadores de coche al píe y mochila cervecera. Total, que caminamos más que Kung Fu, que nos entaliscamos como cabras, pero también que pescamos con un grado de tranquilidad y paz ambiental que en asuntos de salud espiritual debe suponer lo que varias sesiones de yoga o tahichi.


Ayer, dentro de esa racha a la que se refiere mi amigo Neno y puntualizando no obstante, que la susodicha racha, más que de peces es de presencias junto al veril, volvió a roncar la bobina del pequeño Stella 4000 y volvió a doblarse la caña corrientucha del Decathlon (quien lo iba a decir). Ocurrió entre las 19:30 y 20:00 horas de la tarde, al noroeste del noroeste, bajo un cielo a medio cubrir y al frescor de una brisa engaña calores. El responsable fue uno de esos irascibles y asalvajados sierras norteños. Un animal de 8 libras (3,6 Kg) gordo y brillante al que casi no hubo freno con que parar cuando advirtió la isla que se le venía encima y la larguirucha presencia de Jacobo en sus habituales (con sorna) labores de varado.

Después, más nada. Fotografías, algunos lances y vuelta al coche entre piedras, riscos y veredas. Menudos gemelos estoy cultivando.


¿SERÁ EL ÑU NUESTRO ESLABÓN PERDIDO?

Media Marca anuncia esta tarde en un diario y tres cuñas radiofónicas que pasado mañana comienza una promoción con el objeto de vender a un euro un stock de cepillos de diente usados por Beckam y esta noche 3000 paisanos en crisis saturan en una acampada masiva y a pleno relente los exteriores de la tienda con el fin de guardar cola y no perder la fantástica y única oportunidad de conseguir tan exclusivo fetiche. Da igual la ridiculez del producto, su innecesariedad, lo indigna de la convocatoria y el estado social, laboral y vital de cada cual. Es una oportunidad y hay que ir, que si no mañana, la gorda del piso vecino va a presumir que es la única del barrio, de la calle, de la manzana o del portal que tiene el puto cepillo de dientes.

El sábado se celebró una muestra ganadera en las instalaciones norteñas del Cabildo Insular con desgustación y obsequio gratuito de leche en polvo, gofio, bizcochos, paquetes de conserva de guayaba artesanal y demás reminiscensias alimenticias saciadoras de hambrunas. Resultado: avalanchas de personas aparcando en los lugares más inverosímiles, saltando medianas, pisoteando parterres, gritando, festejando. Peña que no ha visto una baca ni por la tele caminando atropelladamente entre yuntas y corrales, tipos que no distinguen un carnero de un macho cabrio acariciando baifos y cochinillos y una romería de papanatismo sin fin peleándose por la oportunidad del regalo, del obsequio, de lo gratis. Como si les fuera la vida en ello o vivieran en una aldea sudanesa arrasada por el hambre y la sequia.

Imaginen que sueltan 30.000 kilos de lubina y dorada en el sureste de Gran Canaria o alguien captura un sierra lanzando señuelos artificiales en la punta del muelle mayor de la ciudad. ¡Oh!, apoteosis. En ambos casos, al poco de saberse y constatarse, la concurrencia a ambos lugares de la masa pescadora alcanza proporciones biblícas. En la última estribación del recinto portuario, una cuerda de expertos spinners Rapala X-Rap fabrican una pared humana que copa la barandilla, el muro, la escalera y hasta el mástil de la bandera en un ejercicio acaparador y concienzudo de lanza y recoge. En el sur, el panorama es desalentador. Las inhospitas y poco atractivas orillas de callaos, polvo y rastrojos tomateros se pueblan de una fauna cazadora sin miramiento que prostituye la bonita habilidad recreativa de la pesca convirtiéndola en un concurso de llenar cestas, cubos, cajas y palanganas con el objeto de alimentar una inexistente sed de proteinas de pescado. Playas llenas de gente que buscan peces. Muchas cañas con la etiqueta del precio aún adherida al grip, peleas, competición y un montón de domingueros de martes que terminan de ensuciar lo ya ensuciado y de alterar lo ya alterado bajo la excusa falaz del “Es que esos pescaos de jaula acaban con todo y hay que eliminarlos”.

Y así, mil ejemplos más de gregarismo compulsivo. Desde las multitudinarias convocatorias del hortera productillo futbolístico Cristiano Ronaldo hasta las masivas adscripciones al facebook, el mediático show funerario del último cantante chiflado, la mundial lectura simultanea de las novelas suecas de Larsson o el uso global de mascarilla contra la gripe cochina de los huevos. De los huevos de oro.

Es lo que marca la agenda global, el run run popular, el juego mediático. Estar in, dentro, hacer lo que hacen los demás, pensar lo que nos dictan, que si no, quizás seas otro, un raro, un diferente, un minusvalido que no se entera y no esta en el ajo. Hay que ir, opinar, comprar, que te vean, que luzcas, que parezcas, que lo uses, que lo tengas, que nadie pueda decir que llegaste tarde, que no fuiste el primero, que no estuviste, que perdiste tu oportunidad. Es el afan por estar delante, donde los más avanzados, al loro de los business, en posición de vanguardia, al frente del rebaño, de un rebaño pasivo e inconsciente al que un pastor todopoderoso, intangible, alienante y omnipresente lo pasa constantemente por el aro.



14 de julio de 2009

UNO DE ESOS DÍAS

En un territorio como el grancanario, densamente ocupado en su orla costera, donde la pesca, la playa, el baño, la residencia, los servicios y el ocio marítimo convocan personal por las orillas un día si y otro también, verte practicando tu técnica de pesca favorita en un lugar que por razones de accesibilidad (no llega el coche, hay que caminar, escalar) y poco atractivo a la pesca más convencional, permanece limpio, silencioso y escasamente transitado, hace que independientemente de la oportunidad de las capturas, tu espíritu se reencuentre con la pesca permitiéndole disfrutar al máximo de sus virtudes psico-terapeúticas.


El pasado domingo se dio tal circunstancia. La escasa concurrencia de paisanaje (habitualmente acostumbramos a huir de los veriles con la invasión de las 9 y media) y las gratas condiciones ambientales (brisa y ligero jalión) dieron como resultado una mañana completa de spinning disfrutando del mar y el pasatiempo que más nos conmueve. Era tan grato que incluso hubo peces.

Para empezar en el primer lance del día, aún sin luz, en un veril algo alto de aguas azules y abiertas, un animal sin identificar opina que hierbabuena 2 (un bucktail minnow verde - chartreause) debe ser su desayuno ideal y comienza un pleito que a pesar de acabar con la nulidad de un desanzuelado, me deja la mayor ración de cabezazos, jalones, carreras y apuros de los últimos meses.

Algo rascados pero con las ganas intactas, luego de un rato sin más novedad, el siguiente suceso son dos picadas al mismo sobreexplotado jig, pero accionado en modo velocidad. Resultado: una bicúa kilera, plasta y glotona que con la mínima e imprescindible imposición de manos fue devuelta al medio de origen. Seguimos pateando y pescando. El tercer incidente lo tiene Jacobo, que hasta el momento se mantenía inédito y a medio despertar. El chicharrero, con uno de sus clásicos bucktails de Grauvell reforzados en atracción con una cola de vinilo, lograr mal clavar un pejerrey que le come en bajada dentro de un espumarajo prometedor. Jacobo lo pelea bien, se coloca en posición de varado. El animal, 2 o 3 kg, se plancha, parece otra cosa, y cuando ya la psicosis de la perdida parecía esfumarse, en un salto nervioso, en una clásica sacudida de cabeza, el que se esfuma es el peje dejando al de los Realejos tan rascado como repentinamente despierto.

Toca moverse, apurar la mañana lanzando en los rincones que nos van quedando, pero la marea vacía no tiene actividad, apenas algún lagarto acosador de metal jigs y un par de falsos trancones con piedras y hierbas submarinas. Hay que esperar al repunte de marea del mediodía para buscar algo alrededor de aquella sugerente plataforma de abrasión y sus bajetas vecinas. Algo en aquel intento de bahía repleta de enormes bolos de piedra. Algo que en función del escenario podría intuirse como hábitat de lubina o pejerrey fantasmal. Pero nada de eso, sorpresa. Con los golpes del cambio de marea lo que placa con furia desatada mi viejo flash minnow 130 es una mancha negra gordinflona que en Canarias recibe el nombre de abae (Mycteroperca fusca) y supone siempre en lo que a nuestra pesca y nuestra sobrepescada isla respecta, una salida de rutina, agradable y bien recibida.


Un abae, un abae de librea negra tizón que estiro el boga grip hasta las 6,5 libras, reviró los triples del jerkbait y se dejo fotografiar rápidamente para volver sin discusión a su medio e intentar si el trauma se lo permite, seguir esquivando cazadores submarinos, riéndose de cualquier carnada muerta y acosando con gula las bolas de boga y guelde blanco.


En fin, eso fue lo que paso. Medio natural grato, compañía afín y alguna captura. Con eso nos conformamos. No necesitamos más para pasar un buen rato de domingo.

Espero que el próximo nos llegue pronto.

1 de julio de 2009

PESCANDO EN IRLANDA. FOTOGRAFÍAS


No hay demasiadas fotografías de capturas y mucho menos potables o con la calidad mínima exigible. Se capturaron bastantes peces, pero las características de la pesca y los escenarios hacian complicado el manejo del equipo fotográfico.
Aún así, siempre hay algo decoroso que mostrar.
Predominan las escenas de pesca y los retratos de ambiente y paisaje.
Las conversiones a blanco y negro las he realizado tratando de aprovechar los rangos tonales de la original foto a color.

John, nuestro guía y su caldero de hacer té.

Los caminos del Pollack.

Los caminos del Pollack II.

Condenado a pescar.

Equilibrios.

Mostrando

Apresando.
Peleando.

Pescando. Zona fácil.
Atardecer en Galway. En primer término, sobresaliendo, las hojas del kelp.

Estero.
Estero II.

Costa Irlandesa. Ladera tapizada de hierba, playa de cantos rodados y aguas someras

Irlanda, costa abierta al Atlántico. Pesqueros de Pollack. El bultito que sobresale en el morro central de la imagen es Oriol Ribalta. Sin comentarios.

Pescador, rocas, prado y bruma.

Preparados.

Carbonero, abadejo, pollack. Le pudo un Wild Eye
de Storm color fosforito. Retrató Nicola Zingarelli.

Tomás y oriol. Picnic de uniforme.

Servidor con Lubina. Sucumbió a un Chase de Maria. Disparó Nicola Zingarelli.

Tendedero de vinilos.

Amasijo de carretes.


PESCANDO EN IRLANDA. LOS LUBINEROS DEL TÉ HIRVIENDO

Irlanda, Costa Suroeste. Galway. Condado de Kerry

El paisaje es rutinariamente verde. Salpicado de campos parcelados donde se crían vacas y ovejas o se levanta una edificación impoluta con aires de casa de muñeca. Las vías de comunicación son estrechas, con un carril para cada sentido de la marcha y sin apenas cuneta. Casi no se ve gente, no hay aglomeraciones urbanas ni grandes ciudades en muchos kilómetros alrededor. Los niveles de ocupación del territorio son de todo menos densos y al ambiente sencillo y rural lo envuelve una atmósfera de tranquilidad y sosiego alejada de cualquier atisbo de humos, ruidos, prisas y stress. En este contexto de sano aburrimiento y monotonía, existe una costa preferentemente baja y pedregosa donde a la lubina se le ha concedido uno de los mayores grados de protección existentes en Europa. Las leyes irlandesas, a imagen y semejanza de las americanas, prohíben desde hace bastantes años la comercialización de lubina y su pesca deportiva esta fuertemente reglamentada por vedas, tallas mínimas y número de capturas destinadas al consumo por pescador y día. Ni que decir tiene, que estas condiciones de presión demográfica y protección ambiental, repercuten positivamente en el pez de marras, manteniendo sus poblaciones en niveles de ensueño para la pesca deportiva.

A este sugerente reclamo, acudimos hace más de una semana 4 amigos pescadores, fanáticos del lance ligero con señuelos artificiales. El plan era ponerse bajo las órdenes y el hospedaje de uno de los mejores guías de la región, John Quiland, y pescar desde tierra la costa suroeste de Kerry usando equipos ligeros de spinning.

Pescadores de a Píe. Como un Depredador Más.

Definitivamente, pescar desde tierra, tiene otro sabor. La pesca desde barco permite comodidad, rapidez de maniobra y llegar a los peces más grandes y alejados, pero la pesca desde tierra tiene un tufillo intimista y personal que multiplica por 10 el peso de cada captura. Pescar desde la orilla te concede libertad de acción y decisión. Con peces y escenarios como el irlandés te proporciona además la posibilidad de interactuar con los animales más directamente. Con el vadeador calzado y medio cuerpo dentro del agua, uno acaba siendo otro depredador que se incorpora a la cadena trófica siguiéndola en su devenir diario de mareas y movimientos.

Pesca Deliciosa pero Dura.

No es un ejercicio liviano el pescar la costa irlandesa siguiendo a las lubis. En primer lugar la luna y la marea te obligan a dormir poco y en segundo lugar se precisa una elevada afición y algo de solvencia física para andar todo el día subiendo piedras, bajando riscos y patinando con el agua a la cintura entre praderas de Kelp y rocas resbaladizas. Aparte de un estero arenoso y cómodo, el resto de escenarios se configuran por pedregales inmensos que hay que recorrer siguiendo el flujo de la marea o una costa baja con plataforma de abrasión dispuesta a modo de cuchillos salientes flanqueados por las mencionadas algas con forma de cintas. Lo del Pollack es otra historia. Son peces que se localizan en fondos más profundos y para ello es preciso descender un acantilado en un ejercicio de equilibrio y cuidado en el que mantener la concentración es tan indispensable como poseer un calzado de firme adherencia.

Básicamente y particularidades al margen, así es el terreno pescable.

John Quiland. El Guía.

El lodge es su casa de campo, un bonito Cottage irlandés donde vive con su mujer y sus dos hijos pequeños. Alrededor, el campo rabiosamente verde y a pocos kilómetros la costa lubinera. John es un hombre sencillo, humilde, serio y tranquilo. Sabe de lubinas y conoce el territorio, sabe donde buscar al moronido en función de la marea y las condiciones meteorológicas. No es cicatero ni se escaquea. Quiere que sus pescadores pesquen y a poco que el resto de circunstancias no lo impidan, lo consigue con creces.

La Pesca y sus Vicisitudes.

La pesca comenzó el viernes al atardecer – en Irlanda en esta época, el atardecer es a las 22:30 de la noche – en esos lances histéricos que preceden al viaje y que intentan calmar el mono que genera la expectación. Un par de lubinas para empezar y a dormir. El día siguiente fue inquietante. Algo de actividad a primera hora y el resto del día un ejercicio de vadeo sin capturas que empezó a retratarnos la peor de las posibilidades.

Domingo, lunes y amanecer del martes hicieron olvidar el sábado negro y multiplicaron los peces (lubinas) en tandas de capturas que en algunas ocasiones superaron la decena y la veintena de ejemplares.

En metro y medio o dos metros de agua a lo sumo, lo que mola y divierte es la pesca en superficie. Las lubinas irlandesas no andan muy resabiadas y no le hacen ascos a un paseante clásico meneado con un mínimo de fundamento. En esta labor, triunfan el Sammy y el Gunnis, el Jimmy de Excalibur, el Spirit Image, el Zara Spook, o los desconocidos High Roller americanos. Casi todo sirve. Si las condiciones no son tan optimas o sea, si el día esta despejado, brilla el sol, no hay brisa y el mar esta en calma, o si las irish Bass se ponen caprichosas, toca mojar vinilo. Gominolas sutiles sin plomar tipo Slug Go o Super Fluker. Plásticos de formas anguiliformes e imitaciones de lanzón. Los minnows y señuelos hundidos quedan para escenarios determinados y puntuales.

Para el Pollack, los jigs de bucktail o metal y los vinilos plomados son la mejor opción, estos bichos se localizan próximos al fondo y entre las hojas del Kelp. Las formas aconsejan un pequeño jerking próximo a la pared y unos rápidos reflejos que impidan al pez, una vez se ha producido el trancón, buscar piedras o liarse entre las algas. Oriol, en la media mañana de autos, logró, el solito, dar captura a 6. Y todo con un pequeño jig de metal.

Equipaje de Pesca.

En cuestión de equipos, personalmente probé la Ilicium Team de Caperlan (la caña del Decathlon) 240 para señuelos de 10 a 30 gramos y quede sorprendido de su buen comportamiento. Amigos gúrus del spinning mediterráneo ya me habían alertado sobre ella. Mueve a la perfección cualquier señuelo de superficie y se comporta mejor de lo esperado con vinilo y minnows. Fue mi vara durante los tres días de pesca. Casi no me entere de su uso y considero que sus acabados y prestaciones la sitúan dentro de esas casi gangas que solo empresas como Decathlon y su agresiva política comercial pueden ofrecer. Por otro lado y como novedad, pude observar de cerca la serie travel de Lamiglas. Nicola manejó una de sus varas durante los tres días y por lo observado la cañita es una máquina de pescar ligero. Lanza un egg, mueve todo tipo de arretrancos, tiene un comportamiento genial durante la pelea y sobre todo, cabe dentro de la maleta, hecho que para viajes de este tipo es algo que se agradece y paga con satisfacción. Para carretes, nada más grande que un 4000 cargado de trenza fina, (10 a 20 libras) y terminales de 20 a 25 mm. Por lo demás, necesario sin excusas el vadeador. Por temperatura del agua y por naturaleza del terreno. A ver quien es el guapo que mete pié y muslo entre marañas de alga, rocas y arenas sin desmayarse de la impresión. También recomendaría como muy útil un grip atrapa peces y un buen desanzuelador. Dentro del agua o empenicado en una roca es muy fácil cortarse o clavarse un anzuelo en tareas de cobro y liberación.

Las Buenas Compañías.

Oriol es viejo amigo. El padre del futuro Delta del Ebro es un pescador sin descanso. Un 24 horas de los que si no hay que comer no se come y si no hay que dormir no se duerme, que ya habrá tiempo. Un tipo con el que es imposible llevarse mal y un seguro de agradabilidad y buen ambiente para cualquier viaje. Su pasión por la pesca contagia y no te permite bajar la guardia. Lástima que no le guste el jigging, si no, lo compraba como compañero permanente de pesca.

A Tomás no lo conocía, pero ahora ya es como de la familia. Un tipo abierto, del interior, pescador de pantanos y láminas de agua dulce, los matices del agua salada le descolocaron algo la pesca, pero anduvo siempre en faena. Su bolso-capazo made in Lina Morgan es una de las anécdotas del viaje. Siempre presto a la risa, sin trabes ni susceptibilidades, un peluche de los de siempre que nos abasteció de vinilos cuando los peces se pusieron golosos.

La otra historia es el italiano. Casi ex fotógrafo de pesca. En Irlanda, tierra de mitos y leyendas, los dioses del mar le recordaron que antes que retratador fue pescador y le obligaron a coger la caña y recuperar el tiqui – taca a base de mojarle y desbaratarle el equipo fotográfico. Ni que decir tiene, que cuando el boss recupera la conciencia y se centra en la pesca suele pasarnos por encima al resto de mortales con una facilidad pasmosa. Se saca un señuelo de la manga, limosnea 3 vinilos y venga a desanzuelar lubinas. El sexto sentido y esa habilidad innata e inexplicable siguen estando ahí. Me fastidian los accidentes sufridos por su equipo fotográfico pero me alivia comprobar que el amigo pescador no ha desaparecido y la fotografía, aunque le despista, aún no le ha robado el alma.

En definitiva. Un destino precioso para darse un atracón de spinning ligero persiguiendo la legendaria lubina europea. No hay animales de talla record, pero los escenarios, la tranquilidad y las formas de la pesca son de un encanto adictivo. No es terreno para pescadores comodones de silla de combate y hotel 5 estrellas. La pesca hay que currársela y exige un mínimo de sacrificio. Es un lugar para pescadores apasionados que admiren y disfruten la pesca en todas sus variantes.

Por supuesto, volveré. Y se quienes me pueden acompañar. Y que conste que no miro para Puerto del Rosario, Alicante, Sabadell, Santa Brígida, Miller Bajo o el Puertillo.