17 de junio de 2009

LUBINAS IRLANDESAS DE JUNIO


Mi amigo italiano me ha vuelto a liar. Oye chiquillo, ¿Por qué no te vienes a Irlanda a probar las famosas lubinas de la costa oeste?. Son tres días de pesca, desde tierra, vadeando y usando equipitos ligeros. Me ha dicho Lajournatte que la pesca es fantástica, que las capturas por día rebasan los dos dígitos por pescador y que el entorno y las gentes son maravillosas.

Total, que como siento un compromiso ineludible e inevitable de complacer los deseos e inquietudes de los amigos y al final eso de mover tanto metal pesado en la vertical exige ciertos periodos de desintoxicación. Considerando lo que me ha recomendado el médico acerca de las bondades de viajar y pescar el mundo, pues me he apuntado a la aventura irlandesa de mi amigo el guiri italiano.

Shannon, Condado de Kerry, John Quinland de guía anfitrión y casero. Cañitas de 2,10 a 2,50 de acción ligera y nervio puntero para mover preferentemente paseantes tipo Gunnis, Sammy, Zara Spook, Mirrolure, minnows de Ima, Duo, Lucky Craft o Maria y vinilos, bucktails o pequeños metales por si los abadejos están cachondos.

En definitiva, que no me busquen por aquí hasta finales de la próxima semana, que me marcho a pescar a Irlanda con mi vadeador, mis cañitas pequeñinas (Caperlan Ilicium Team 240 y Lamiglas Certified Pro 210 para bass), mis carretitos Stradic 2500 y Stella 4000 y un surtido de pequeños señuelos básicamente de superficie.

Por supuesto que no faltará la cámara de retratar situaciones, capturas y lugares.

Apetece, apetece el escenario y apetecen unos días de pesca con el píe en tierra manejando equipos para señoritas.

Ocurra lo que ocurra, sea lo que sea, lo contaremos a la vuelta.

16 de junio de 2009

CONCURSO DE JIGGING EN LANZAROTE. FENICIA STYLE


Me enteré en el muelle a través de las celebres matraquillas de pantalán.

Uno de estos días, en Lanzarote se va a perpetrar un concurso de pesca a jigging que cuenta con el espectacular reclamo de una propiedad inmobiliaria para el pescador que consiga capturar un pez fijado por la organización y que se supone gordo, grande, raro o asombroso. “Chacho, ¿no te apuntas al concurso de jijin de Lanzarote, regalan un apartamento al que coja el pescado mas grande?”.
Claro, mañana mismo me apunto. Estoy deseando pagar 60 euros, embarcar la lancha y tirarme tres días por cuenta propia en Lanzarote pescando a jigging. Todo para intentar ganar una propiedad millonaria si cojo una malfara de 1000 kg, con un Sea Rock y un assist de pulpito.
Como siempre, la Fenicia local esta detrás del evento.
Y al respecto de este hecho nada novedoso, y después de haberme leído las bases del concurso de marras lanzo a la red tres cuestiones que me intrigan y llenan de incertidumbre.
- ¿Continua siendo tan difícil que ya puestos, en este tipo de eventos, se articule un programa de pesaje y contabilización de capturas que no implique dar matarile a los peces que aún tienen posibilidades de vivir?. Pienso yo que no sería tan difícil embarcar a una persona de la organización en cada nave con el objeto de pesar, medir y anotar los datos que requieran los asuntos clasificatorios devolviendo a continuación el pez al agua. Y no, no se trata de una postura conservacionista. En absoluto. Se trata tan solo de lograr que la pesca del siglo XXI empiece a lavar su imagen pública cambiando el safari decimonónico por prácticas más racionales, estéticas y sensibles. Claro, que entonces, si no hay 4 animales tiesos colgando de una soga en el pantalán ni 6 bañeras llenas de peces listos para el fileteado, el fenicio de turno no gana publicidad ni notoriedad pública, no concita atención. El marujeo no tiene nada que noveleriar en el muelle, no hay fotografías, nadie abre la boca asombrado y el interés 100% comercial de la organización se diluye entre pescadores cansados que friegan barcos en el anonimato absoluto. No, eso no vale.
- La segunda pregunta que me planteo es relativa a las bases de la competición y tiene que ver con el hecho de si la Viceconsejería de pesca del Gobierno de Canarias permitirá llegado el caso, que el artículo 38.3 del Reglamento de la Ley de Pesca de Canarias sea vulnerado de lado a lado. Por lo que he leído en las bases, no hay limite de capturas por pescadores y embarcación, solo hay limitaciones en lo que respecta a las tallas mínimas. En caso de permitirlo, sería bueno el conocer que requisitos se exigen para tal extraordinaria bula. Pues que yo sepa, lo máximo que puede capturarse en pesca recreativa por persona y día son 5 Kg de pescado en varias piezas o una sola pieza de más de 5 Kg.
-Y por último, la tercera duda que me invade tiene que ver con el programa y hace referencia a la frase subrayada en la imagen adjunta. ¿Qué es eso de los panes?, ¿es un instrumento de identificación?, ¿una herramienta de comunicación o seguridad?. ¿Es engodo?, ¿un señuelo especial?, ¿material de marcaje?. O simplemente es eso que me imagino. Reparto de hielo y panes. Coño con los redactores, que brutos. Podrían exhibir un poquito más de finura, que parece que están organizando un concurso para una cuerda de presos. Hielo y panes. Minimalismo alimenticio de castigo. Suena grotesco.

Pueden referir hielo y vituallas, hielo y víveres, hielo y viandas, hielo y bocadillos, hielo y almuerzo, hielo y alimentos, hielo y yo que se, pero eso de hielo y panes da sensación de chabacanería y cutrez.
Como el concurso en si mismo.

15 de junio de 2009

JIGGING GC. PECES 1000 (UN TANTO POR CADA RECOGIDA) DOS FANÁTICOS DEL JIGGING 0


Las samas y medregales de las últimas salidas nos malcriaron. Nos encendieron engañosamente los ánimos.

Sin embargo, ayer los de las escamas nos dieron pal pelo. Nos tuvieron jugando al gato y al ratón todo el día y ni uno solo quizó morder plomo con el fundamento preciso para que hubiera pelea y se cantara captura. Ayer, quizás volvieron a poner las cosas en el lugar que corresponde a la estación y a las aguas que nos toca pescar.

El de ayer fue un día largo y pesado, con viento (nunca fuerte) y algo de marea. Una jornada dura dividida en dos sesiones (y gracias) en la que recorrimos marcas con abolengo y reputación, pero en las que la actividad ictia fue escasa - solo algún trancón pequeño - tirando a nula. En jornadas asi, te olvidas rapidamente del divertimento reciente y un pesimismo histérico te embarga el carácter multiplicando por 5 la labor de zapa que ya han hecho durante toda la jornada, mar, salitre y sol. No obstante, la convicción de jiggear con el manual (el que conocemos) en la mano, el habernos dejado la piel y los brazos en el intento y la asunción de que la entelequia del mar profundo y sus habitantes excede a nuestro conocimiento hacen que la resignación y el hasta la próxima conjuren sarna y desazon. como dice el viejito, hay más días que sandias.

Queda la foto del compañero José en plena acción de jigging como testimonio del trabajo. Faltan los rostros cansados y los bigotes destilando sal.

En cualquier caso, prometemos venganza.


9 de junio de 2009

ORDENACIÓN DEL TERRITORIO EN CANARIAS III. LA ENTRAÑABLE VECINDAD

Ante la mesa de la oficina comparece Carmen, pequeña, enjuta, de nariz aguileña y ojillos vivos. Llega haciéndose la escandinava de Estocolmo y sobre la mesa vuelca como la que no quiere la cosa, media docena de retrateras de un muro ciclópeo hecho en fábrica de bloque, sin encalar y a medio pintar de un naranja holandés que ahuyenta a las moscas, despega las enredaderas y encandila miradas desde el mismísimo quinto pino. Acompaña el reportaje fotográfico un testimonio oral basado en el no lo sabía, el clasico viejita que es una y un agravio comparativo con el ricachón de turno que vive cuatro laderas y un barranquillo más allá.

Al lado de Doña Carmen se sienta Augusto. Un señor de 40 y tantos años al que la vieja me presenta como su hijo y que tras las bermudas marrones de vestir, la camiseta universitaria y las gafas de gordo cristal confiesa estar muy puesto sobre las leyes del planeamiento territorial insular pues estudia derecho desde hace algunos años (entiéndase desde que salió de COU, hace 25).

Intimidación freak aparte, el caso es que doña Carmen, pese a hacerse la sueca, lo que realmente admira son los modelos de asentamiento de la Finlandia interior y por ende, tiene una casa de madera de pino, estilo la cabaña del lago, instalada, sabe Dios o lo que sea como, en el fondo de un barranquillo de segunda categoría que tributa al primer desague natural de la afeada y desconchabada ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

Hasta aquí bien, los niveles de surrealismo son los normales de estos pagos insulares. La vieja Carmen - su marido no quiere saber nada - levantó el muro orange de cualquier manera y siempre sin el conocimiento y la supervisión de la administración de turno. Lo hizo según ella, porque necesita un cortaviento que impida la pudrición de la cabaña en el lado del naciente, pues su vecino siempre le pone peros a que utilice el paso por su propiedad para acometer las labores de limpieza y mantenimiento. Un buen día cuando al muro le faltaban dos o tres brochazos para su culminación, dos agentes del Seprona que parece ser, pasaban por allí, pidieron papeles, licencias y autorizaciones a los albañiles de Doña Carmen. A partir de este punto no es preciso contar como sigue el cuento.

El vecino.

El vecino de Doña Carmen es Benigno Reyes. En adelante y transcribiendo literalmente el hablar canario más popular e incorrecto, Benino, (a veces, en una vuelta de tuerca más Carmen le llama Beneno).

Benino es un tipo que aunque debe andar por los 50 y pico años, parece que tenga 70 y muchos. Nunca ha sido hombre de ciudad ni de andar con la ropa limpia. Trabajador extensivo pero siempre sacrificado en mil asuntos que atañen directa o tangencialmente al mundo de la construcción, su relación con los ambientes rurales no tiene nada que ver con la sostenibilidad, el paisajismo o el mantenimiento del legado histórico – etnográfico. Él siempre ha practicado una estrategia inconsciente de majo y limpio propio de los entorno periurbanos. Que el eucaliptus estorba a su señora la remota visión de 3 centimetros de mar desde el balcón de su cuarto, pues nada, basta un taladro y varias dosis de acido de batería para que deje de hacerlo. Que necesita construir un corral pa que las 4 cabras no se marchen y estropicien algún chalet, eso esta hecho, recurre al stock de palets, tablones, bloques y chapas de latón que parece cultivar en la parte trasera y ya estan las cabras apañadas con un vallado tan cutre como estrambótico. Sin Dios ni amo, pero nunca por maldad, siempre por una ensalada de ignorancia, despreocupación y desarraigo que es común a muchos habitantes del entorno canario rural. Ser periurbano implica eso, ser un cafre que arrasa tres pinos centenarios porque echan porquería sobre la Toyota Hilux, o un paisajista en potencia que se mata de sol a sol en una ladera por seguir dando continuidad a un tan bello como inverosimil cultivo de papas en bancal.

La relación de vecindad.

La relación de vecindad en el caso que expongo se reduce a dos vecinos, uno frente al otro, ocupando dos viviendas casi adosadas e inmersas dentro de 50.000 m2 a la redonda de riscos y vegetación. Un retiro poco espiritual en el que los sonidos de compañía se reducen a las cabras de tu vecino, el canto de algún ave, el sonido del viento y el arrastrar de los lagartos. Así las cosas, la relación de vecindad se materializa en dos personajes anónimos que siempre se han tenido uno a otro para cualquier contingencia. Para cuidarse la propiedad, para que la habilidosa mano de Doña Carmen coloque inyecciones a la pachucha mujer de Benino, para que Benino materialice sus conocimientos de fontanería y arregle los problemas con la aljibe y el agua de abastos de Carmen, para intercambiar frutas, para obsequiar postres, para injertar durazneros, para prestarse el gallo, para ayudarse en la recogida de papas o para echarse un cable de motor cuando falla la luz. Para todo eso se tienen el uno al otro. Para apreciarse, para ayudarse, para ser compasivos, y también para denunciar ante la Guardia Civil que Carmen, mi vecina, esta construyendo un muro por las buenas y sin licencia justo frente a lo mío.

“Si mi niño, el que me denuncio fue Benino, que yo me quede loca cuando su mujer me lo dijo ayer que fui a pincharla a la pobre. Y mira que yo le dije, Benino, si no me dejas entrar en lo tuyo a tratar la madera, voy a hacer un muro pa que por lo menos el aire y el agua no me castigue tanto la casa. Y el muy condenao me dijo que sí mi niño, que tenía que haberlo hecho desde hacía tiempo. Mal rayo lo parta, ¿tu lo puedes creer?, que hasta se ofreció a levantármelo. Pero sabes lo que te digo, que el tiro le salió por la culata, porque los mismos del Seprona que fueron a ver lo mio, se metieron después en lo de él y le pusieron la cinta esa encarnada a tres o cuatro cuartuchos que estaba haciendo pa los perros y un garage pa mete el coche que tenía pallá atrás. Yo no voy a hacer nada, porque ya yo estoy vieja y me da pena su mujer y hasta él mismo, que aunque sea una pobre bestia, la verdad es que siempre esta pendiente de mi casa cuando me marcho en verano a casa de mi hija”.

Hace un rato, el señor de pantalón gris manchurreado de yeso, el tipo canoso de la camisa remangada y manos como racimos que vino a ver si era posible legalizar tres casetas para perros cazadores del tamaño de un bungalow y un impresentable chamizo de postes, bloques y planchas para recoger el coche, se llamaba Benigno. Vive en el mismo barranco que Doña Carmen y maldice la hora en que aquella vieja loca se fue a vivir frente a él. Dice Benigno que esta era la tercera vez que le mandaba a la Policia, que estaba harto, cansado, que la aguanta por su mujer, la pobre y porque al fin y al cabo, un día, a uno le puede dar un patatus en plena noche y no tener a nadie que le alongué ni un misero vaso de agua y azucar.

8 de junio de 2009

JIGGING GC. UN DÍA PERRO

Hay días que es mejor relacionarse con el mar de otra manera. Plancharte en Maspalomas leyendo como los hombres no amaban a las mujeres o sentarte a contar pardelas en la terraza del bar los pescaitos de turno.

Cualquier cosa es valida excepto salir a hacer jigging.

Matinalmente hablando, la actividad solunar vaticinada no apareció por ningún lado y a nuestro metálico, vertical y danzarín toc toc no respondió ni un misero sierra. Los deslumbrantes 8 nudos de viento vaticinados por Windguru no solo no comparecieron sino que se multiplicaron por 3 nada más salir Lorenzo a calentar mar y tierra. A media mañana, la sonda comenzó a transmitir un me muero, me marcho, se acabo, preludio del irreversible apagón que le procuró la proximidad del mediodía. Entre tanto, Antonio enrocó un Momatorou de Seven Seas y en el rutinario proceso de reventón, el nudo oruga le echó huevos al veril y aprovechó la ruindad del Power Pro rojo 65 LB para partirlo por encima de los 100 metros y dejar al amigo de Sataute cogiendo el cielo con las manos.

¡Alto!, ¡tiempo muerto!. Blanquecinos por el salitre de los rociones y aplastados por el solajero decidimos bajarnos del mar a eso de las 14:00 h para almorzar un desayuno ingles cerca de puerto y posibilitar un parón que reventará el ritmo a la contingencia. Volvemos después de las 17:00 horas con fuerzas y ganas renovadas, pero no hay tutía, a la vuelta vespertina y pese a que el viento disminuye y la actividad de los animales aumenta, las pequeñas desgracias siguen haciendo caja. Para empezar, a Antonio se le marcha la primera captura del día y un par de minutos después, lo que pudo haber sido una de las mayores capturas de año; un bicharraco presumiblemente medregal, entrado en peso y potencia, que termina llevándose otros 80 o 90 metros del maldito Power Pro de papel sin intervención de más elemento cortante que su propia masa. Si la rasquera se materializase en un cuerpo sólido, no habría Atlántico para contenerla.


Continuamos pescando y en un presumible fallo del guión, se cuela entre tanta desgracia un loquillo de unas 16 libras con el que endulzamos algo el día de mala pata e infortunio. Al rato, el registro recupera su dirección y a José se le traba el trenzado en el acu-cast del Accuratte, (peste de carretes, me quedo con los adorable Stella 20000) y otros 300 metros de trenzado partidos a la mitad. Ya queda poco tiempo y mientras agotamos la luz del día esperando el meteorito que nos de el golpe de gracia final, al día perro se le ocurre una última mordida y decide probar una chabascada en el pomo T-Bar de mi Accurate, al que la arandela de presión interior le hace la cuca y se desintegra entre chirridos y catacros dejándome con una recogida de dos deditos que la material ausencia de tiempo impidió rematar con un animal que confirmase en todo sus extremos y aplicado al día de marras la famosa y archiconocida Ley de Murphy.


En fin, con el sol desaparecido, nos damos por vencidos y recogemos bártulos. Hay días en el que el mar y las circunstancias de nuestro hobbie se alían para poner la misma cara de antipatía y hacernos los mismos jocicones. Hay que asumirlos y procesarlos como una experiencia más.

Me quedo con el loquillo, las risas y el día de mar en compañía de personas afines. Será por hilos y arretrancos.

3 de junio de 2009

JIGGING GC. ÚLTIMOS SUCEDIDOS

"Ya me quite la sarna"

Eso fue lo que exclamo el amigo José cuando en el último minuto del tiempo añadido a una tarde de jigging no mixto y sin pulpitos en el assist (esto último es importante), logro poner en seco un loquillo (Seriola fasciata) próximo a los 8 kilos. Y es que en estos casos, un pez voraz, que caza en la penumbra de una batimétrica centenaria en la hora solunar clave solo puede terminar prendido en el gancho de un jigger desesperado que menea con más que correctas formas el mejor metal que de momento han parido los chicos malayos de Jigging Master.

Eso de la sarna es una coña, la verdad sea dicha, pero como otras palabras absolutamente locales y casi personales, se han colado en la jerga de nuestra pesca para quedarse y ejemplificar situaciones y sucedidos.

En principio según el diccionario de la Real Academia, sarna es una afección cutánea contagiosa. En Canarias, además de esta acepción, la semántica popular le confirió siempre un sentido que aplicado a un semejante, expresa su mala pata, su cenizo o su secular tendencia a la desgracia.

En asuntos de pesca, dos días sin capturas o trancones relevantes pueden ser indicios de sarna y tres días sin pesca, te cuelga definitivamente la etiqueta de sarnoso. Cuando esto ocurre, entras de lleno en ese mundo de cachondeo compañero y mosqueo íntimo que te arrastra a un sin vivir de comparaciones, cuestionamiento material y dudas respecto a tus modos de hacer y actuar. Esta etapa, inevitable para cualquiera, encuentra final en el momento en que algún escamudo se cree a píes juntillas el meneo de tu choco y decide subir a probar un poco de oxigeno 100% atmosférico. Es la ocasión en la que desaparecen todos los fantasmas cerebrales y vuelves a habilitarte como pescador seguro de ti mismo y confiado en tu suerte. Además, en ese momento, generalmente ya habrá algún compañero al lado para tomar el testigo sarnoso.

Así andaba José en días pasados, con la S de sarna colgada del cuello. Por supuesto y como es de rigor, nosotros alimentábamos su conflicto con veladas insinuaciones hacia su equipo, su manera de jiggear o simplemente haciendo cabalas superticiosas respecto a palabras o actos que adornaban sus días de pesca y que convenientemente relacionábamos con su mala suerte. Que si el otro día le restaste valor al samote de Antonio, que si pasaste por la tienda del negro, que si le quitaste el anzuelo Muro y le pusiste el Jigging Master….etc, etc.

Pero la sarna como viene se va. Cuando menos te lo esperas y más lo deseas. Así fue uno de estos días pasados. Hartos de la ausencia de picadas en una piedra que hace tan solo unos meses parecía isla Ascensión, el patrón se revolvió de determinación y decidió poner proa a una intuición parecida pero situada mucho más al norte. Nos quedaban tres garetes y la verdad es que sin decirlo, todos íbamos pensando en el mismo peje. Al final nos sobraron dos derivas, pues en la primera, la Custom 300 de Jigging Master, acusó un golpetazo y al poco ya se doblaba en modo pelea con un bicho al que se nos antojaban maneras de sama. Así llego a la borda, pareciendo sama pero siendo finalmente uno de esos medregales made in Canarias (los pescadores de siempre lo refieren como el medregal nuestro, el que esta todo el año) que tanto nos divierten y entretienen. Con el peje reposando para la fotografía y el final de la tarde redondeado, al patrón, al amigo José, la exclamación le salió sola. “Ya me quite la sarna”.

Cosas de bocinegros

Menuda “personalidad” la de estos pejes. Sus apariciones y desapariciones en lo que al jigging respecta empiezan a parecerse a las del jurel. Tres meses sin contacto y de buenas a primera, en dos días, la columna de agua se vuelve bocinegra.

Esto es lo que ha pasado en los últimos días. En lugares diferentes y siempre en torno a los ciento y pico metros de profundidad, hemos detectado varios incidentes que tenían la firma casi indiscutible del Pagrus pagrus. En la misma secuencia, dos o tres picadas fuertes retiradas del fondo y un espárido rebosante de agresividad y mala milk que se prendé y engrosa el peso animal de a bordo. ¿Período reproductivo?, ¿condiciones marinas favorables?, vaya usted a saber, lo cierto es que en 24 h varios individuos han subido a ver la cosmopolita y luminosa isla de Gran Canaria. A mi me han tocado dos. Uno de buen porte, 3 kilos y algo y otro más en el tamaño estándar de las 4 libras.

Sorprende ver como animales no destacadamente ictiófagos y de carácter demersal, atacan a mitad de columna de agua, por dos o tres veces y hasta prenderse, metales artificiales de 25 o 30 cm. En fin, nosotros y nuestros inútiles esquemas mentales.

Esto es todo, el verano ya esta encima, pero de momento el alisio anda algo remolón y el Atlántico cercano se deja querer. Tocamos madera.