21 de abril de 2009

SIEMPRE HAY UN LUGAR

Lo bueno de vivir en una montaña oceánica es que siempre tienes un zoco donde guarecerte del frío y el viento. Si asomarte a la fachada cercana y principal es cuestión incomoda y arriesgada, pues te vas al patio trasero y Santas Pascuas (nunca mejor dicho).

Llevamos dos o tres semanas de un persistente noreste, anuncio del tiempo de alisios sostenidos que con más o menos vehemencia nos tocará soportar dentro de un par de meses. La flota de septentrión permanece amarrada para otra cosa que no sean fugaces visitas al limpio o rodaje de motores y expulsión de carbonilla. Aún deberían de quedar las calmas de Mayo, los últimos cartuchos, pero aquellos temporales de oeste que procuraban bonanza norteña y sus bajas presiones quedan atrás. Comienza el tiempo clásico, noreste 15 nudos.

A partir de ahora, hay que mirar a sotavento y sálvese quien pueda. Y podemos, podemos salvarnos. Podemos incluso cambiar el barco por las botas y los hierros pesados por engaños más sutiles intentando a golpe de lance y recogida salvar el síndrome de abstinencia por orillas cómodas y azocadas. Este año la majuga (carnada) es abundante e invade todo tipo de ambientes. Detrás de ella, los oportunistas de siempre, cazadores de aletas y escamas y cazadores de piernas y brazos.

La única condición: huir de la masa, del gregarismo, de lo fácil y de lo más visible. El objetivo es pescar, el pescado es una circunstancia imprevisible y sobre todo, prescindible.

Estas son las últimas escamas que he visto. Sierra pequeñín para servidor y bicuón de 8 libras para el compi.

Nada del otro mundo, un cortometraje de amanecer con hora y media de saltos, explosiones, picadas y avistamientos.

Los creditos dicen que fue a lance ligero y pesca fina con Stickbaits de pedegree. Y también dicen que el 50% de cada captura pertenece al amigo José. El fue el que se jugo partirse la crisma por poner los pejes a tiro de foto. Que conste.

16 de abril de 2009

POR LA VIEJA EUROPA. FOTOGRAFÍAS


El Dam. Amsterdam. Hinchas escoceses con pelucas oranges.

Brujas. Arquitectura flamenca y canales.


Brujas. Coche de caballos. Barrido imperfecto. Aún así...

Bruselas. Edificio de la Bolsa.

Bruselas. La gran plaza.

Atomium. Bruselas
Bruselas. Catedral.

Sede del Parlamento Europeo. Bruselas.


Edificio de la Unión Europea. Bruselas.

Galerías La Fayette. París.

En el museo del Louvre. París.

Notredam. París. Vista trasera.

Torre Eiffel.

Londres. London Eye.

Nothing Hill. Lancaster Road. Londres.

Londres. Cumbre del G-20. Policia a caballo junto al Big Ben

POR LA VIEJA EUROPA

Lo del romanticismo es mentira. No puede haber nada romántico en una megaurbe descomunal que reparte un turista fotógrafo en cada adoquín, huele mal, esta sucia, es devorada por el tráfico y posee un organizado batallón de indigentes que utilizan el chantaje emocional de un pobre perrito drogado para recaudar el jornal diario. No, niego la mayor, y por supuesto, como entre gustos no hay disputas, los "para mí", son la clave del asunto.
Para mi, el romanticismo se suele ir de copas con la intimidad, lo abarcable, lo prístino y lo agradable, y para mi, al menos, la naturalidad y espontaneidad de los hechos o los escenarios son parte fundamental a la hora de crear la atmosfera que palabra tan evocadora demanda.
Los paseos por el Sena son un topicazo comercial más. No hay nada casual ni nada imprevisible en ellos. Las parejas se amontonan ritualmente en la piedra del paseo deprimido para tomarse de una sentada (nunca mejor dicho) el vino que te vende el del chiringuito anexo a precio de angulas frescas. Al marcharse, después de tres besos y la correspondiente juntadita de cachetes mirando al sol que se pone, la botella y el envoltorio del archipublicitado queso francés, se precipitan al suelo aledaño tras rebotar en los desperdicios que rebosan la papelera de turno.
En cuanto al paseo en su versión nave fluvial, este pierde encanto a partir del pragmatismo turístico del buque estándar y el recorte de posibilidades paisajísticas que aportan la monotonía cromática de la arquitectura y la interferencia de obstáculos visuales entre el ojo y el museo, el ojo y vuestra señora de Notredam, el ojo y la plaza de la Concordia, el ojo y el……………..etc, etc. Por lo demás, ciudad eterna, grandiosamente monumental, con un pedazo de Louvre y una mezcolanza étnica y cultural que a más de un troglodita isleño provocaría espasmo y le haría tragar mucha saliva de ombliguismo victimista. En fin, París no me molo demasiado, seguro que fueron las circunstancias, pero se intuye grandeza y probablemente un sabor que no degusté. La próxima vez, probablemente el plan y los objetivos me hagan explorarla y por ende, verla, de otra manera.

Ámsterdam
Amsterdam podría ser la capital de la otra velocidad. Me refiero a la otra velocidad europea, sí, ese término que se utiliza para incidir en las diferencias de desarrollo económico, cultural y social de los países del viejo continente. Ámsterdam es la capital de un país, que en comparación con la Europa latina y desalmada (para lo malo) que nos toca vivir, aporta un aire de civismo, de ciudadanía, de sosiego social y de serenidad urbana impensable por estos pagos. Mi amigo Juanjo me lo definió el otro día con una comparación figurada “Los holandeses se comportan en la calle como nosotros no lo hacemos ni en nuestra casa”. Desde la eficacia y salubridad del transporte público, hasta la organización de la prostitución y el consumo de drogas blandas, pasando por la cartelería, el mobiliario urbano o la accesibilidad, la ciudad parece un catalogo de cosas bien hechas y raciocinio social. La conciencia ecológica hace que en los supermercados no se derrochen bolsas plásticas para llevar la compra y en la calle lo que es tuyo es tuyo y nadie tiene porque enajenártelo aunque tenga pedales y ruede fácil. No hay verjas en los edificios, solo cristales y escaparates. No hay ruidos, ni humos, ni mayor tufo que el del Mac Donald y sus hamburguesas. Hasta el fenómeno hooligan se contagia y se agrega a la ciudad con diversión y civismo. Miles de aficionados escoceses se apostaban hace un par de semanas en las calles de Ámsterdam ataviados con la falda y el atrezzo típico para animar a su selección en el partido de clasificación que disputaron contra Holanda. Ni una bronca ni un mal rollo. Borracheras como para dormir un mes seguido y cerveza corriendo como agua del canal. Nada más.
En fin, a pesar del frío y los gris de la meteo de marzo, Ámsterdam siempre esta ahí con su democracia liberal y su admirable civismo social. Mola. Volveré y a ser posible con una cañita, que hay mucho diente entre canal y canal.

Brujas
Es coqueta, pequeña, recogida, bella, medieval, flamenca, folclórica y pija. La ciudad en si misma es un museo de sitio repleto de fachadas de catálogo, iglesias de postal y plazas de hace 5 siglos. Una obra de arte clásica desde el punto de vista arquitectónico, un ejemplo de Casco Histórico y conservación del patrimonio. Y pensar que por aquí, en el surrealista islote en el que vivo hay quien se cabrea y habla de confabulaciones cuando a 3 calles y 4 casas coloniales no se les pone en la misma categorización patrimonial. En fin, volviendo a los "para mí", para mí el romanticismo y la sensibilidad se despiertan con mayor facilidad en lugares así de recoletos y así de tranquilos. Sin chiringuiteo, masificación, colas de espera, ni vendedores ambulantes que te recuerdan que por encima de toda predisposición al intimismo contemplativo y los sentimientos esta tu condición de turista fuente de ingresos.

Bruselas

Por cada belga hay uno que no lo es. Es Argelino, Tunecino, Español, Francés, Turco o Congoleño. Así es el panorama racial de la capital administrativa de Europa. Bruselas es bondadosamente cutre, destartalada, desaliñada, triste (con fachada marítima su banda sonora sería un fado), con un metro ininteligible incluso para los belgas, con una marca de cerveza por cada habitante, la ridícula estatua esquinera de un niño que mea, una hermosa plaza grande y un entretenido Atomiun a las afueras. Bruselas es ante todo un campo de trabajo, una gigantesca oficina central, usada, tranquila, insípida y aburrida que nos toca más de lo que creemos y que tiene el chocolate como remedio a sus sinsabores.

Londres

De Londres me cabrea la ridiculez y el protocolo monarquico de tanto soldadito emperifollado caminando con exageración a la hora exacta del momento preciso. Me irrita el tener que olfatear fritangos callejeros de papas y proteinas rebosadas en salsas, ketchups y extraños potingues de procedencia china o indostánica. Me afecta tanto rigor protocolario y tanta contrariedad, que si libras en vez de euros, que si el volante del otro lado, que si el enchufe necesita un adaptador, ¡joer!, tanto complicarse la vida, solo les falta andar al reves. Por el contrario me gusta la urbe, la eficacia del metro, lo amplio y genuino de los taxis, el color de las guaguas y las cabinas de teléfono, los barrios de Queensway, Nothing hill, Portobello. Me mola la Tade Gallery, el museo británico a pesar de ser una muestra de expolios y por supuesto sacar de quicio al viejo portero antipático de la Torre de Londres, que de su huraño celo por registrar minuciosamente mi mochila, solo obtuvo falta de colaboración, enervante pachorra canaria, un no entiendo mister y una vociferante cola kilométrica. Menuda es mi mochila, será por bolsillos.

En fin, estas son las impresiones que me han dejado 15 días por el corazón de Europa, visitando ciudades y haciendo turismo urbano por cuenta propia, de tren en tren y de metro en metro. Pateando calles, subiendo y bajando, comiendo al asalto y pernoctando en la segunda fila alojativa del continente. Turismo urbano en lugares nada reconditos. Sin Mar, peces, pesca ni frikis. Lo que tocaba.

Me llama la atención

Que mientras en España y extensiones territoriales ultramarinas la tarjeta de crédito se use hasta para pagar un chupachups, en la vieja Europa, en muchisimos lugares y me refiero a supermercados, tiendas, cafeterías o restaurantes, solo admitan el pago con billete y vil metal. Dicen que se protegen de las comisiones y evitan fraudes. ¿No será que nosotros abusamos del dinero electrónico?.

La desconfianza de los chinos. Me refiero por ejemplo al hecho de que estes en el Sojo londinense comiendo en un Buffet chino de mejor no lo pienses y a la hora de coger la comida haya un chinito detrás de ti apuntando cuanto y que coges. Ya te hicieron pagar a la entrada, incluso antes de darte las buenas horas. ¿Entonces?, ¿A que viene tanta vigilancia?.
En cada chiringuito chino, independientemente de que vendan pollo agridulce o zapatillas para la playa, hay que tener presente que siempre hay un ojo rasgado que vigila la naturaleza de cada uno de tus movimientos. Y es que parece que cada chinito tenga un comisario político dentro. Menudo fenómeno el de los chinos y su marcaje. Con lo cutres y chapuzas que son.

Las incoherencias de la seguridad global.
Atención, si tu te llamas Ala Mohamed Benaqui, eres un fanático terrorista que quiere repetir las cruzadas al revés, y sueñas hacer saltar por los aires un medio de transporte occidental en campo propio, no lo tienes complicado. Puedes agarrar cualquier tren europeo independientemente del trayecto y puedes meter dos bombas atómicas en el vagón sin que nadie ni nada se cruce en tu camino para impedirlo. Ni filtros, ni cacheos, ni rayos X, ni perros, ni nada de nada. El mundo es tuyo. Puedes quedarte con el paquete y volar junto a él o entrar, dejarlo, salir y ver los fuegos por televisión. Da igual el modo. Por lo visto, los trenes y los metros a diferencia del avión deben ser utilizados por muñecos de trapo que simulan personas y por tanto no son susceptibles de la desquiciante y a veces desorbitada protección que de manera paranoica concentran los aeropuertos y sus aviones. Me lo expliquen.

Me llama la atención el que en atracciones y museos de muchos de los lugares que componen esa Europa civilizada a la que me vengo refiriendo en estas letras, el español no sea idioma común a la hora de la cartelería, los anuncios o las descripciones explicativas y sin embargo en más de uno de esos lugares que pasan olímpicamente del idioma de Cervantes te encuentres avisos prohibitivos o de advertencia que solo están escritos en un español perfecto. Por ejemplo, en un campanario belga del año catapum, en plena escalera de ascenso, un cartelito que pone: “Prohibido escribir en las paredes”. Debajo de la citada prohibición como no podía ser de otra manera se intuyen borrados por el tiempo y el esmero de alguna mano cívica, los restos de una pintada en tonos anaranjados que traslucían un; “Josué estuvo aquí el día tal del año cual, Atleti campeón”. Sí, ni en ingles, ni en frances, ni en alemán. Solo en español. ¿Por qué será?.

La Anécdota

Paseo en barca por los canales de Brujas. El patrón de la lancha y a su vez guía turístico, un tipo flaco de mediana edad, con cachucha (gorra) típica, poseía el defecto en su alocución descriptiva de cargar más de la cuenta las “r” anteriores a vocales de tal manera que la mayoría de las frases sonaban con un exagerado ronquido semejante al del motor de su propia nave. La situación era caricaturesca y como no podía ser de otra manera, lo estrambótico del episodio y la exageración parlanchina del narrador no cayeron en saco roto dentro de la bañera de la chalana. Total, que entre varios españoles e italianos que por allí andábamos, comenzó un cachondeo guasón que fue increscendo a medida que servidor comenzó a inventar frases relativas al paseo conteniendo palabras que dispusieran de un notable contenido en “r”. Pasábamos por el huerto de la catedral, pues la cosa iba de: “Frrrrray rrrroberto trrrraiga el trrrractor que vamos a trrrrrasladar los brrrrotes de brrrrócoli”, o en la tesitura de un taller de pintura flamenca. “Al frrrrente pueden comprrrrobar las aprrrretadas trrrrazas del currrrioso retrrrrato de un tradicional trrrroquelador de Brrrravante”, en fin, la autoridad que me acompañaba tuvo que poner freno, porque si no……..

Fotografía

No tengo mucho que decir, sigo sin saber mucho y sigo aprendiendo. En lo que respecta a ópticas, en esta ocasión le di leña al 10-20 mm. buscando dar otro toque a las fotografías de elementos arquitectónicos.
Cuando la luz era más amable y propicia utilicé bastante el modo manual a la hora de disparar. El resto del tiempo me acomode en la prioridad de apertura.
Usé poco el flash, excepto para realizar algunos retratos a Inma e iluminar algunas escenas cercanas.
Cargué con el trípode de manera estoica y lo use para garantizar un mínimo de calidad en las fotografías urbanas nocturnas. Buena inversión la que hicieron mis Reyes Magos. El Manfrotto 055-XB se porta casi mejor de lo que pesa, y la rotula y el cabezal rotatorio son un juguete adictivo que consume madrugadas.
Nada más. Lo demás es disparar mil veces para dar una en el clavo. La fotografía es un arte, y el arte requiere dones.

Hasta otra y perdonen el rollo.