25 de febrero de 2009

FIN DE SEMANA DE JIGGING MIXTO. MITAD LOQUILLOS, MITAD JURELES


Y todavía habrá algún pescador deportivo con señuelos que se apunte a enterado e intente sentar cátedra estableciendo consecuentes teorías que expliquen el porque hoy sí y ayer no, porque allí y no aquí, porque con aquello y no con esto o porque de esta manera cuando siempre ha sido de otra.
NI PUÑETERA IDEA. No tenemos ni puñetera idea del mar y los factores y razones que impulsan el comportamiento de la mayoría de sus habitantes.
Intuimos, hacemos cabalas y alcanzamos cierta certeza cuando las cosas se suceden y repiten coincidiendo con otras que si pueden ser previstas en base a leyes físicas y ambientales conocidas, perceptibles y previsibles. Esas cosas las apuntamos y en función de nuestros intereses, en esas circunstancias intentamos andar por allí buscando cuadrar nuestra rentabilidad. Nada más.
No obstante, entre todo ese compendio de conocimientos casuísticos y observaciones anotadas, existen fenómenos que pueden elevarse a la categoría de denominador común y acercarse a la verdad. En Canarias, de momento, el otoño invierno parece ser el tiempo del jigging y el período en el que los bichos están más activos y más someros. A jigging, antes de buscar al depredador hay que buscar al depredado. Las bolas de carnada y su posición en la columna de agua o con referencia al relieve son rastros que anuncian y prevén al animal. El rollo ese de las tablas solunares también esconde certezas de verosimilitud. En un tanto por ciento alto, los días de muchos peces en relojes o calendarios suelen ser bondadosos en capturas y los plenilunios alteran la vida marina de manera favorable a nuestros intereses. Otra cosa cierta son los movimientos de la marea. Al menos en océanos como el Atlántico, las vaciantes, las crecientes, los repuntes (reparo para creciente) y los despuntes (reparo para vaciante), parecen incitar a la actividad……y casí se acabo. Aparte de estos cuatro atisbos de certidumbre, lo demás es desconcierto, elucubraciones, ceguera y sorpresa. En lo que concierne a los peces, su biología y su etología, pueden imaginarse lo ininteligible que es el asunto. Respecto a equipos, técnicas y señuelos, el que ponga la mano en el fuego por algo es un ignorante que ha hecho jigging 3 veces.

Este pasado fin de semana, puente carnavalero incluido, la bonanza oceánica ha permitido pescar el oeste del norte con garantías de buena navegabilidad y confort. En esta tesitura de comodidad, el jigging ha traído un reencuentro anhelado con los loquillos grandes. Sí, las Seriolas fasciatas de 9-11 Kilogramos, torpedos gordinflones de color ocre patrullando un veril de isla septentrional que ubicado entre las cotas 100 y 150 señalaba accidente submarino y multitud de ecos de carnada desplegándose y apelotonándose en sospechosa actitud de refriega. Ni rastro de sierras, ni rastro de samas, ni rastro de negritas. Nada más que loquillos peleones tirándose sin compasión 30 o 40 metros retirados del fondo. Bueno, eso y otra sorpresa que refuerza la entelequia y los primeros párrafos de esta entrada. 3 jureles 3, dos por encima de los 5 Kg. y uno en el estándar de los 3,5 Kg. 3 jureles exclusivos para un servidor. 3 jureles en fondos de vértigo, 3 jureles sin señuelo pequeño que valga, 3 jureles sin disimulo de ferralla, sin leader invisible y sin ligereza de ningún tipo. Jureles a por todas. Jureles colgados del heavy jigging de invierno. ¿Por qué?; el que sospeche que publique usando el quizás. El que lo sepa, que calle que evitará meter la pata.



Por lo demás, lo de siempre. Pescar con José y Antonio es garantía de risa, puesta en común, ocio, diversión y mucha salud mental.

José dio con el concepto, mentes abiertas. Ni estreñimiento mental ni cavernismo cognitivo. Cerebros en modo recepción completa, dispuestos a explorar, probar y transformarse.
Me parto con el Laica Team. Gracias pibes.
Ah, se me olvidaba. También cayó un bocinegro de 5 libras.


21 de febrero de 2009

ORDENACIÓN DEL TERRITORIO EN CANARIAS. EL MITO DE ROBIN HOOD AL REVES. 2ª PARTE


I. El Personaje

El personaje es un fortachute - un amigo de Gáldar llamaba a los guardias de seguridad con el gracioso adjetivo de fortachutes - , un don nadie venido a más gracias al apoyo de un capo local que lo aupó desde un guarda bingos al cuasi monopolio de la Seguridad privada insular. Un cateto propenso a la chulería y con el ego acrecentado por el dinero y la popularidad de presidir algo muy goloso desde el punto de vista mediático. Un tipo con cara de matón de telefilme que se maneja en las altas esferas del pacto de gobierno regional con ese fantasmeo ignorante de los nuevos ricos y la impunidad que procuran dinero e influencias tendentes a la corruptela. Pues bien, este personaje, ha convertido media ladera de un Espacio Natural Protegido en su Beverly Hill privado. Como una servidumbre de paso le atravesaba la finca y el tipo quiere que lo suyo sea Fort knox, que para eso ahora es alguien. Como quiera que ser rico debe significar que uno puede hacer lo que le venga en gana por su cuenta y riesgo, jugó a ingeniero, contrató un tractor y con la rapidez que exige la ilegalidad, en medio día mudó el paso de ladera desde el interior de su propiedad a un extremo exterior y ajeno llevándose por delante una cantidad indeterminada de flora entre las que sobresalían una comunidad de acebuches y granadillos en pleno proceso vital de recolonización. Nada nuevo. Un modus operandi clásico de los que se sienten amos, señores y caciques, de los que no reciben un no por respuesta, porque si hay que pagar se paga y si hay que pelear se pelea, que para eso esta el dinero. Bah, cuatro matos. Enseguida están los ecologistas dando la tabarra

II. El Seprona

Una media mañana cualquiera, aparece una pareja del Seprona con sus motos montesas y sus agentes de verde. Buenos días. Por favor, ¿me puede usted enseñar la licencia de obras y las autorizaciones?, ¿Podemos pasar?, veo que están ustedes desarrollando más actuaciones, ¿y eso?, ¿y ese alpendre tapiado en metacrilato?, ¿y aquel estanque megalítico de hormigón?, ¿y el vallado?, joer, si parece el de Central Park……..uff, Ramón, traéte el rollo de precintar que aquí nos terminamos la bobina.

Y se la terminaron.

III. Política de hechos consumados

El ayudante de su pijo arquitecto de cabecera parece buen tipo. Un chiquillo tranquilo, de aspecto sencillo y reflexivo. Se me sienta enfrente intentando transmitirme la letra pequeña de su ánimo con la mirada. Capto su momento de apuro y lo tranquilizo reduciendo la agresividad y la intransigencia. Se empapa de mi actitud y se alivia, no puede gritarlo a los cuatro vientos, pero esta harto del fortachute nuevo rico, de su prepotencia y de su política de embrague (primero mete la pata y luego hace los cambios). Sabe que lo que trata de recomponer es un disparate, otra barbaridad de otro cateto con dinero.

Y yo lo se, se que ganarse los garbanzos con un curro de ese estilo, implica a veces tragar Bilis, otras, tergiversar tu formación intentando cuadrar la sin razón y la ilegalidad con criterios peregrinos que te hacen tartamudear y buscar alojamiento en Peteneras. Pero no hay otra, cuando te pasas de cacique, a veces te caen encima con esa vaina de la legalidad y o bien te apuntas a bruto y terminas pasando por caja mientras la piqueta se empadrona en tu jardín, o empiezas a batallar a toro pasado con el fin de salvar lo máximo posible de cada disparate cometido.

Y claro, como casi siempre optan por la segunda opción y no son doña Leocadia ni su hijo sino peces gordos integrados plenamente en el circulo de tiburones que mandan, dirigen, mangonean y manipulan los destinos del suelo insular y los animalitos (incluyo vegetales) que lo pisotean, pueden marear perdices, convocar concilios, amañar reuniones, recabar voluntades favorables con poder de decisión y gastar dinero en reformados de proyecto y costas millonarias de picapleitos urbanistas. Todo excepto dejar de salirse con la suya y no poder dar sacramento oficial a sus faraónicas ocurrencias constructivas y su hortera sentido de la arquitectura.

IV. Los Totales

Total; entre dilaciones, silencios, reuniones, recursos, contenciosos y pasteleos, las megaconstrucciones del cateto siguen ruborizando el paisaje y la senda arrasadora tiene categoría de camino vecinal.

Total; el atentado ambiental lleva camino de quedarse sin castigo ni recomposición. Se evidencia que la impunidad de algunos es máxima y las leyes no son iguales para todos.

Total; por lo que a mi respecta y ante el tranfuguismo canario de Robin Hood, cada vez cotejo más la posibilidad de que Doña Leocadia disfrute de su ambulancia en una vía de dos carriles y cuneta central.

Total; sí lo anterior terminase siendo de esa manera, del acebuche revuelto que mira al pozo me pido los tres gajos superiores más venteados. Se me ocurren dos palos de bastoneo y una beta para cabos de cuchillo.

18 de febrero de 2009

ORDENACIÓN DEL TERRITORIO EN CANARIAS. EL MITO DE ROBIN HOOD AL REVES. 1ª PARTE

I. Leocadia y los Acebuches

Leocadia tiene casi 70 años, padece de la columna, tiene un soplo en el corazón y la artrosis le reduce la movilidad y le atrabanca el paso.
Su familia materna procedía de Fuerteventura, pero ella nació y creció en las medianías bajas de la por aquel entonces aún poca prostituida isla de Gran Canaria. Más cerca del bullicio urbano que del Roque Nublo y sus recovecos, todo sea dicho.
Leocadia se crió en el campo, ayudando a sus padres con las tierras y el ganado, no interfiriendo por pura coyuntura en la vida natural del medio que le rodeaba, pero no teniéndole más aprecio que el propio de la rutina y la practicidad. Un acebuche es un acebuche y los gajos fuertes son buen combustible y buena madera para los útiles de labranza o el mobiliario de la casa.
A mediados de los años 60 y luego de casarse, su marido, empleado de finca platanera en el norte y que a día de hoy y según la socarronería de Leocadia debería de estar en el cielo pues a ella la dejó en la gloria, ya saben, machismo antiguo, brutalidad de la tierra, rón…. comenzó, mitad por ilusión constructiva, mitad por quitarse de en medio a la parentela del pueblo, a fabricar a ratos un hogar familiar en unos arrifes que por herencia y dote le tocaron en la paz y el trasmano de la última vuelta silvestre del término municipal capitalino.
Como pueden imaginarse y como seña inequívoca de identidad de una época, la construcción careció siempre de permisos, programación, planeamiento, condiciones de habitabilidad concensuadas y el código técnico de la edificación se limitaba al ABC de cimientos, paredes maestras, salón enorme y cubierta plana para almacenar trastos.
Con el paso del tiempo y en función del trasvase campo – ciudad, el abandono de las tareas agrarias por las tareas turísticas, la transformación de la mentalidad y la llegada del consumismo y las comodidades materiales, las hasta ese entonces peladas laderas por usos agropecuarios equilibristas, se vieron ferozmente recolonizadas por toda la caterva de árboles, arbustillos y matojos originalmente amantes de sus condiciones ambientales. Han vuelto los acebuches, los granadillos, el lentisco y demás hierbas. Han tapizado laderas, rellenado barranquillos y pintado un paisaje nororiental que recuerda en algo y de lejos a lo que debió ser este sector de ínsula en fechas anteriores al desembarco humano masivo y colonizador.

II. Mi No es su No

Mientras conduzco, me convenzo a mi mismo de que el asunto es inviable y ni siquiera depende de mí. Que por mucha razón social y mucha historia humana, aquello es Espacio Natural Protegido y los acebuches, junto a los granadillos y lentiscos son números uno en el ranking de especies de la flora vascular canaria protegida por decreto legislativo, orden departamental y bla, bla, bla…..Además, doña Leocadia no puede estar allí, su pequeño mundo esta fuera de ordenación. Su casa salón amarilla con balcón al barranco, su ecléctico porche vestido con inmensas flores de mundo y la pequeña y peculiar muestra ganadera de la linde trasera, no entran dentro de los usos consagrados a un paisaje natural en proceso de recuperación. Pero claro, vete a explicarle eso a la Doña. Según Leocadia, el acebuche es un mato bruto, casi como las zarzas y de madera dura como un tenique. Dice Leocadia que la gente de antes los usaba para encabar azadas y sachos, para hacer vigas o bastidores y para confeccionar bastones. Como el suyo, que me enseña orgullosa. Un palito repleto de nudos que por el uso y la antigüedad parece de piedra, pero que es de madera, de madera de acebuche. Perteneció a su padre y ahora es su sostén más fiel, el único instrumento que le permite levantarse por las mañanas a calentarse café, y echarle un ojo a las 12 gallinas del patio que según Doña Leocadia son junto a pepito, el perro ratonero feo, chico y desaliñado que siempre ladra 20 metros más allá, los hijos a los que más quiere y los que más la entienden en su padecer.

III. Tu Me Dirás que Hago

Tras mirarme con gesto de pudor y con el alma taladrada por las fraticidas palabras de su madre, José me explica que Leocadia tiene 70 años, que ha vivido allí, en aquel risco inclemente desde hace más de 40 y que por más que insistan él y sus hermanas que viven en la ciudad no hay manera de sacarla de allí. Que le han dicho 1000 veces que a su edad, sola, y con sus problemas de columna, artrosis y corazón, lo más razonable es que se vaya a vivir con Mari Carmen y sus nietos, que tienen una casa grande en la ciudad y va a estar más atendida. Que deje el campo para los fines de semana.
Pero Leocadia no afloja un punto y dice que ella solo es feliz en su casa del campo y que lo único que le pide a Dios es no morirse en la peligrosa vereda que tiene que recorrer cada vez que tiene que ir al hospital para la revisión. Que ella se contenta con que le dejen arreglar el camino para que entre una ambulancia hasta la parte trasera de la casa cuando tenga que acudir al médico.
Llegados a este punto y pasando por alto las afrentas maternas, José cambia la mirada al modo resignación y me espeta un tu me dirás que hago a la misma vez que procede, como cada vez que nos vemos, a remangarse la camisa y enseñarme los bíceps que según él esta desarrollando a raíz de tener que jalar, junto a su tío, por la vieja Leocadia cada vez que la septuagenaria debe subir Machu Pichu. Yo le digo que hoy por hoy y perdonando la impertinencia, los 8 u 10 acebuches que impiden ensanchar y mejorar el firme del camino para hacerlo circulable, tienen más valor ante el mundo que la vieja Leocadia. Él me entiende y se ríe. Yo los entiendo a todos y aunque también esbozo una sonrisa, mis adentros se giñan en la madre que parió a la heterogeneidad de usos, el fin social y ser un animal humano medianamente sensible y no un trabajador robotizado y helado cuya voluntad solo cabe dentro de los cuadrados e inapelables presupuestos de la normativa al respecto.

IV. Los Totales

Total; me pueden las gracias lejanas del perro ratonero, la bondad y resignación de José y los felices, humildes y campestres trapicheos de Doña Leocadia.
Total; salgo de la puñetera riscadera dándole palmaditas a los acebuches centenarios a la vez que les susurro en el tronco un hijos de puta ya podrían tener ruedas.
Total; la tajante determinación de hace unos minutos vuelve a convertirse en un mar de dudas y el asunto que quería cerrar sigue más abierto y complicado que nunca.
Total; una ambulancia, una jodida ambulancia. Una ambulancia que arrase 10 acebuches de champion league y asegure la salud y felicidad de una anciana entrañable y biofila.
Cachis la mar.

Continuará.

10 de febrero de 2009

LOS PRIVILEGIOS DE VIVIR AQUÍ

La verdad es que vivir en Canarias es un privilegio planetario que merece la pena y compensa la endogamia ideológica, la ignorancia consciente de tus paisanos, el deterioro ambiental y el fondo y la forma de la dirección político – administrativa que te alcanza de lleno.
Mientras media Europa se muere de frío, se agarra del viento y solo puede ver el mar dibujado en el cuadro del salón. Uno, aún quejándose de pelete a 18 Cº, puede salir de currar un lunes de febrero a las 15:00 horas y oxigenar cuerpo y mente perdiéndose por el primer risco que encuentre a trasmano de coches, gamberros y ojos noveleros. El objetivo es elegir una piedra, sea la que sea y pacificarte jugando a tu juego favorito.
La evasión y la paz que dejan esas tres horas escasas junto al mar valen por una semana de trabajo. Las risas, la charla y el algo de ejercicio que imponen veredas y veriles son valores añadidos.
Hacía meses que no practicaba la pesca horizontal. Otros pasatiempos, el persistente mar de fondo y la rápida deshabituación sirven de razón. Ayer tarde, motivado por el mejor tiempo, la mejor mar o quizás el gusanillo de las tablas solunares y sus días de mucho, recluté a Jacobo y nos perdimos por los veriles del este grancanario buscando un lugar donde engañar con tranquilidad. Lo encontramos no sin algo de esfuerzo y lo disfrutamos.
Incluso capturamos un pez, que curioso.


El peje fue para Jacobo, como siempre. Yo le malvendí una caña y un carrete, se lo cargué de hilo, le explique de nudos y señuelos y le recomendé lugares. Lo llevo y lo traigo, él solo pone el caracortada y ¡oh!, milagro, un Bucktail de Willianson con tren de vinilo regalo de su primo.

Oye, ¿como se recogen los bucktails?. Pues mira, aquí yo lo utilizaría de dos maneras; o bien haciendo barridos laterales con dientes de sierra más o menos pronunciados, o bien haciendo los dientes de sierra muchos más cortos y cercanos al fondo con la caña más vertical. Y así fue, con la caña más vertical, de la segunda manera, asi fue como el de los Realejos le coloco el peluche engominado delante de la quijada a uno de los peces del momento, un sierra 3 Kg que pasaba por allí y sucumbió en una varada imposible ante el blando pero inexpugnable blank de una Shimano Beast Master 300 acción 20-50. Bueno, también hay que reconocer que varada descerebrada al margen, lo trabajo bien el nene. Esquivó clacas y alteos, anduvo fino con el freno y pese a jugarse el peje a la ruleta rusa del levantamiento por cataplines, volvió a demostrar que tiene horas de marea encima y aprende rápido. Todo sea dicho.


Y eso fue todo, fotos y a casa. Fotos usando el SB600 y el 10-20 de Sigma con estabilidad y paciencia, sin la incomodidad de flotar sobre el océano. En estos casos los resultados, falta de sabiduría aparte, son más aparentes.

9 de febrero de 2009

DE "FRENA GARETES" Y MEDREGALES


El ancla de capa

Nunca había recaido del todo en las bondades de los artilugios frena barcos. Me refiero a los anclas de capa que retardan y frenan los garetes cuando pescamos a jigging y el quedarnos sobre la piedra, la pared o la barranquera es cuestión de bicho o bolo. Se lo había visto usar al maestro Nono en Fuerteventura y alguien, me cuenta a menudo, que una vez en un fin de semana tan milagrosamente bueno en pesca como sobrante de alisios, la gran bolsa de lona fue uno de los elementos determinantes para conseguir lo conseguido.
Ayer, pescando con José y Antonio una mañana de largas olas de leva y brisa noreste comprobé la efectividad del "frena derivas". Te permite llegar mucho más vertical al fondo y andar más tiempo sobre el pastel. Además, lejos de las composiciones mentales que me había hecho acerca de su preparación y despliegue, la maniobra resulta bastante sencilla y rápida, tanto a la hora de largarlo como a la hora de izarlo. En momentos de animales proclives a la verticalidad y el poco ángulo, lo recomiendo fervorosamente. Y no trabajo en El Kilo. Que conste.

Seriola rivoliana (negrita)

Llegaron por época de Reyes Magos con la piel pálida y ese aspecto de limpieza metálica que distingue a los recién llegados. Apenas un mes después, el bronceado de la piedra y los colores de la tierra submarina ya se advierte en los que suben a ver la isla aérea.
No se observan grandes concentraciones y su dispersión parece ocupar los recovecos de siempre; caídas, barranquillos, bajas y demás relieve. Son astutos, nerviosos, desconfiados, caprichosos, y correlones. Les va el brillo, cazar a mitad de columna y el toc toc más que las grandes zancadas.
Su presencia inmediata se intuye en base a los inexplicables y escasamente científicos sentidos de cada cual, las cuadraturas de las mareas y las lecturas de la sonda. Ayer fueron olfateados nada más silenciar motores. La segunda subida ya fue en modo pelea.


15 libras en el Boga Grip. Luego el sierra de casi siempre. Un estándar de 3 kilos que aterrizo en la bañera escupiendo fulas 3 colas y que sirvió para reafirmar la veneración y gratitud de Antonio y un servidor por la especie y su laxa valencia ecológica.
Lo demás, lo humano, se convirtió en un rato más de salud, con gente sana, divertida y apasionada de una manera de pescar. Gente que a veces se marea, pero que siempre aguanta. Todos cosecha anterior a 1985.
Que siga.

6 de febrero de 2009

CANARIAS 7. ¿NUEVO TABLOIDE?

Desde hace algún tiempo, parece que Canarias tiene un “tabloide” al más puro estilo de los panfletos tremendistas británicos. Le falta el formato, pero cumple todas las premisas de un periódico sensacionalista y amarillo que hace sangre de la sangre y se reboza en la tragedia y la catástrofe. Hasta ahora nunca había valido todo. La ética, siempre tan proclive a ser prostituida, se mantenía anclada a ese pizco de raciocinio que supuestamente debería alejarnos de la barbarie.
En cambio, desde hace unas cuantas lunas, la línea editorial es otra y lo que se lleva, aparte de la imprescindible manipulación y tergiversación política interesada, es alarmar y envilecer. ¿De qué manera?, pues a través de la exhibición textual y sobre todo fotográfica de lo más duro de nuestros sucedidos y lo más gore de nuestros accidentes. Nada de omitir lo más escabroso ni ser delicado o tratar con tacto sangres, testimonios, personalidades, escenarios, rostros y motivaciones. Nada de eso. No se recorta nada de lo más vil y monstruoso. Se sirve en primera página y con todo lujo de detalles.
Ejemplos en los últimos tiempos hay muchos. La tragedia aérea de barajas y la publicación de listas, nombres y rostros de fallecidos, las imágenes de varios inmigrantes flotando ahogados en el fondo de una patera, el asesinato de una niña asiatica en el Muelle Grande, y de ultimas, las fotografías en primera página de los monstruos que asesinaron a un adolescente en Santa Catalina, el juicio por la desgarradora muerte de un bebe presuntamente víctima de malos tratos o el suicidio carcelario de un supuesto violador. Y todo vale para contarlo. En especial lo más escabroso, lo más humanamente desagradable, la muerte, el dolor, el dramatismo más espeluznante. Cada vez es más raro el día en el que en el taxi, en un semáforo, o en el revistero de un Kiosco, no se te cuele en la vista imágenes del horror más cercano y vecinal. Testimonios desgarradores, escenas mácabras con el horror a escala real y rostros de víctimas y verdugos en un acto de regodeo y exhibición cien por cien asqueroso. La finalidad, por un lado la de siempre, vender periódicos a partir de titulares sensacionalistas e imágenes impactantes, pero quizás detrás también haya otros fines mucho más maquiavélicos y malvados. ¿Qué les parece lo de sembrar miedo, inquietud, alarma, alerta o cualquier cosa que indique que Canarias es un infierno de inseguridad y maldad y por tanto se pueda justificar la necesidad de más policía, más tutela pública y más legislación que recorte libertades?. ¿Y por qué no envilecernos un poquito?. Convertirnos en justicieros, en vengadores, fabricar nuestra rabia y azuzarla. Se trataría de decirnos subliminalmente que nos andemos con ojo, que no nos movamos, que no nos fiemos, que no amemos, que no seamos compasivos ni seres sociales, que podemos ser la próxima víctima. Luego ya les haremos ver que nosotros somos los garantes de su seguridad, los que velamos por su integridad física y los que invertimos en su paz vital arbitrando la jungla diaria. Pues sí, la verdad es que me cuadra más en la lógica política e ideológica de la caciquil derecha nacionalista que arrasa la región desde hace décadas.

En fin, ese es el nuevo tabloide. Algo que una vez fue un periódico.

Y esa es la papilla que nos dan para desayunar, miedo y bilis. Luego, por la tarde noche para narcotizar y estupidizar tenemos las papanatadas de en “Clave de Ja” o “La Gala” (madre mía, que programa). Ahí es donde Willy el corto, al frente del otro rejo manipulador se gana el sueldazo de encargado.
Que asco, que rabia y que miedo. Sí, miedo. Otro miedo. Igual de dañino, menos paralizante y mucho más descorazonador.

4 de febrero de 2009

VARIVAS SERIOLA. NO GOOD


El otro día, mientras compraba vía web unos jigs de primera necesidad, recaí en los sugerentes anzuelos Varivas Seriola.
Como quiera que nunca los había probado y Varivas junto a Seriola suena bien que te cambas, pues pedí un paquetillo de tres anzuelos del 5/0 para ver que tal.
Y los he probado, y han suspendido. Paso lo de la sección fina que tanto me inquieta a la hora de asegurar la presa, incluso paso lo de las barbillas exteriores. Lo que ya no paso es que después de una sola tarde, de la picada fallida de un peje de aire y la captura de una sama talla bandeja del horno, el anzuelito de los eggs muestre señales de haber sido enrocado 100 veces o haber pasado media vida durmiendo con el Titanic.
La punta ha desaparecido y las manchitas de herrumbre tapizan la tija.
Decepción de 13 dolares.
En fin. Por si alguien duda en comprarlos que sepa que parecen ser de un solo uso. Y Personalmente, para lijar y afilar un Varivas de 9 euros y envio transoceánico, prefiero lijar y afilar un Assari 3 euros de la cutre y mezquina fenicia local.

He dicho.

3 de febrero de 2009

UN CANTARERO, UNO. (Y a jigging no mixto, ....cachis la mar)


La OMS y la FAO le deberían adjudicar un 10 sobre 10 en la reducida lista de especies marinas proclives a perpetrar un caldo de pescado de quitar el hipo. La ciencia le llama Scorpaena scrofa y en las ocho piedras que me han tocado por hábitat inmediato, el paisanaje le llama de manera común cantarero.
Son accidentes esporádicos del jigging, sobre todo del no mixto. Algo que aparece en la bañera porque un par de minutos antes, jugando a los barquitos sobre la cuadricula de un océano inmenso, la casualidad quiso que un metal amarillo y verdoso medio cantoso, medio "encendió" (Felipe dixit) cayera delante de una boca grande, oportunista y nada escrupulosa.
Subió con trabajo de manivela pura y aires de bolsa plástica, ascendió entre quinielas fallidas de arañas, pulpos y enredos y pasó a la posteridad en manos de un tipo ataviado con el atuendo de almuerzo que los italo – americanos usaban en el Nueva York de principios de siglo XX.


Son los lances de un invierno duro, frío, norteño y ventoso. Un año de mareas gordas que sin embargo, en función del relieve y la dirección de los temporales se deja pescar según la orilla de isla que te toque.
Lo demás quedo en un sierra intrascendente para un servidor y una bicúa lamentablemente pequeña para Felipe. No hubo samas esta vez y tampoco medregales. En fin, otro día más sin el animal. Pero sigue ahí, estoy seguro. Es su tiempo.