12 de noviembre de 2009

PATUDOS DE NUEVA INGLATERRA. LOS NUEVOS AMIGOS Y LOS PECES GRANDES

Ese fue el brindis realizado por nuestro skipper y que en dos conceptos resume buena parte de lo acontecido durante una semana de pesca en la costa estadounidense de Nueva Inglaterra.

Los Nuevos Amigos, como no podía ser de otra forma, son gentes vinculadas directamente al círculo de la pesca deportiva. Algunos de tanto renombre como el dueño de Robert Lures, o tan míticos y entrañables como el señor (con mayúsculas) Kilsong, experto jigger de New Jersey especialista en atunes y demás toneles con aletas. El resto de amigos, pueden verse retratados en la tan particular y divertida personalidad italo- americana de Dom, el agresivo, locuaz y profesional skipper de Rhode Island que durante tres jornadas maratonianas de pesca, nos guió entre broncas, gritos, carcajadas y pasión desbordada a la tarea que concierne directamente al segundo concepto de su brindis; los peces grandes. Los peces grandes y como lograr dárselas con queso, o mejor dicho, con plástico.

Los Peces Grandes. El porque de Nueva Inglaterra

Y es que desde hace unos cuantos años, los americanos, tan ejemplares en esos asuntos, han declarado estricta protección a uno de sus peces más grandes. Concretamente al atún rojo que pulula por aguas atlánticas. Para lograr tal fin. La administración ha colocado estrechos cupos de captura tanto a profesionales como deportivos. Resultado; Más atunes y más grandes. Más atunes reproduciéndose en el sur durante el invierno y más atunes y más grandes alimentándose en las aguas que rodean Cape Cod durante el verano y el otoño.

En definitiva, que el porque tiene que ver con el hecho casi indiscutible de que las aguas de New England son a día de hoy el mejor destino planetario de cara a engañar un atún rojo mediante maniobras de spinning o jigging. Eso, para cualquier adicto a la pesca con señuelos en las modalidades citadas es demasiado atractivo.

Viaje, lugar y Pesca

Semana agradable y comodísima. La verdad es que estos viajes al primer mundo te liberan de problemas e inconvenientes. Incluso en esta ocasión, la tradicional paranoia Yankee por la seguridad, el registro de equipajes, el cacheo, el contraste de caretos y las mil y una preguntas quedo despachada en un entra y sale rutinario y celérico. Madrid – Bostón y de ahí a Plymouth, al sur, al abrigo de Cape Cod. Hotel a las afueras. Confortable, junto a una mega ferretería y un restaurante japonés que servía un sushi riquísimo. Luz solar desde las 5:30 a las 17:00 h. A las 20:00 en la cama, que a las 4:45 venía Dom con la Dusky Shark a bloquear la entrada del hotel disfrazado del capitán Ahab. Tres días de pesca y otros tantos de turismo en la preciosa y agradable ciudad de Bostón o en las añejas localidades costeras de Nueva Inglaterra.

Durante El Primer Día de Pesca, la marea solo era apta para hombres y similares. Mar de fondo y viento en proceso de amaine. A 25 nudos, saltamos de cresta en cresta para salvar las 15 millas que separan la rampa de varado (para esta gente un pantalán y un atraque son conceptos desconocidos) del área de pesca situada en torno al extenso StelWagon Bank, un lugar repleto de pájaros que nadan y atunes que vuelan. Dos aquí, tres más allá, una explosión junto a la popa y otro rebullicio al frente. At eleven. Siempre saltaban at eleven.

Ese era el escenario. Entumecidos por el frío y vestidos como para la campaña austral de la merluza, empiezan los lances. Cañas de popping pesado o específicas para atún, carretes coñazo Van Staal o Shimano Stella 10.000. 65-80 libras de cuerda detrás y bajos de 100 a 130 libras delante. Dom nos advierte de la poca efectividad de poppers y pencils en las últimas semanas y nos convida a utilizar paseantes hundidos o stickbaits. Y como no, el señuelo de moda no suele fallar. Mucho muñequeo y poca velocidad. Eso justamente fue lo que utilizó Nicola para colar un Sea Dog de Tattoo en la quijada de un bluefin tuna al segundo o tercer lance de la mañana del primer día. Entre bandazos, explosiones en superficie y vómitos con pasaporte italiano, al viejito Zingarelli apenas le bastaron un par de lances para timarle la vista a un rojo de 60-65 Kg que en acertada decisión y tras la clavada y primeras carreras paso a pelear un pollo local, evitándome, todo sea dicho, el cansado trance de tener que pasarme el resto de la semana paseando al transalpino como si fuera la Madre del Rey (RIP) y estuviéramos en los toros.

Ese primer día no hubo más acción. Algunas picadas fallidas, y frío regreso al embarcadero con el comienzo de la tarde.

El Segundo Día de Pesca nos recibió con el mejor mar de la semana. Ola escasa y brisa casi nula para recibir a Kilsong y Willie que desde New Jersey se sumaron a nuestra expedición. Ksong es punto y aparte. Un personaje distinto. Su educación, caballerosidad y buen talante conmueve y su manera de encarar la pesca y gestionarla hacen reflexionar por distinta y particular. Coincido con mi amigo Nicola en que es un grande. Me referiré a él en otro momento y en otro cajón. De momento, lo que quiero contar es que con caballerosidad y educación incluidas, el coreano de Nueva Jersey nos metió durante la mañana del segundo día un dos atunes a cero que podrían haber sido tres si no se le desanzuela otro clavado a jigging a la hora del mediodía. Por su parte, Dom, cumplió con su cuota personal enganchando otro que paso a pelear y embarcar Willie un rato después.

En lo que a este que escribe respecta, se deduce que a esas alturas estaba ya con la sarna colgando de las orejas. Una tímida picada por la mañana y se acabo. Ni un puñetero atún gustaba de mis arretrancos. Total, que ante la amenaza de sarna total, por la tarde me la jugué y decidí apurar mis opciones poniendo un pequeño stickbait pensado para peces más pequeños y blandos. El hecho es que en un momento determinado lo lancé 40 metros más atrás de la popa, justo donde Dom me acababa de señalar la explosión de un atún. La primera recogida fue infructuosa, pero repetí el lance y a las siguientes dos o tres vueltas de manivela una impresionante picada me coloca un blue fin al otro lado de la línea. Carreras, colocación de arnés y bombeo tranquilo y controlado hasta la vertical del barco. Ahí empieza otra pelea, mejor dicho, empieza la pelea. En 10 minutos una punzada se apodera de mis riñones y amenaza con bloquearme física y mentalmente. Apenas faltan un par de metros, pero el animal se resiste a subir. Un poco más, ya casi esta. Dom agarra el bajo, no podemos subir el atún, hay que soltarlo, estamos fuera del cupo diario de capturas y aquí la normativa se sigue a rajatabla. Un cabezazo nos ahorra el trance de la liberación. El Stickbait aguanto lo justo. De pronto, se parte la varilla interior del señuelo y el pez se marcha con la única huella de un grueso triple ST66 sin muerte dentro del hocico. Las fotografías con el pez y el pose trofeo quedan para una próxima vez. Y creo que hasta me alegré, pues era tal mi bloqueo lumbar y mis ganas de aflojar tensión, que en aquellos minutos precedentes al final de la jornada permanecí sentado, intentando coger resuello mientras cotejaba la amenaza que suponía volver a lanzar y entrar de lleno en la posibilidad de enganchar otra locomotora. En aquel momento, con la espalda arqueada hacía atrás como una gimnasta al final de su ejercicio, decidí no tentar a la suerte, saque la cámara de la mochila y me dedique a hacer fotos al tiempo que deje a mi animo procesar lentamente la experiencia de haber sentido en carne propia lo que supone, aún en 40 metros de profundidad, la pelea con el pez más potente del mar. Un prodigio de la hidrodinámica oceánica del que confieso he quedado prendido. Una preciosidad de animal y un lance que me queda en la mente para los restos. Mi primer patudo. Un big patudo de Cape Cod.

El Tercer Día de Pesca transcurrió en jornada de sábado. Un sábado que amaneció helado y continuó helado hasta la hora del mediodía. Una mañana que a lo lejos y por la cantidad de pájaros parecía augurar jaleo y que al final quedo en una inapetencia túnida total por los señuelos de superficie y un fugaz rato de actividad sumergida a la hora del mediodía. Un barco amigo dio aviso de andar peleando un par de atunes a jigging. Nos colamos en su alrededor y dejamos caer metales. Dom tuvo una picada, se veían gruesos tacos rojos en la sonda suspendidos a media agua. De repente me da por pensar, se me enciende una neurona y opto por quitar el jig corto y amarrar lo más largo y afilado que tengo en el estuche. Y no era demasiado. Lo más lustroso solo resultó ser un Zero Dropper 200 mitad sardina, mitad flúor. Lo solté en busca de fondo, pero no tuvo tiempo de llegar. A mitad de camino, algo empieza a darle golpecitos. Cierro, cacheteo y la reacción que me llega desde abajo es un violentísimo tirón seguido de un principio de carrera. Vuelvo a cachetear, se repite el tirón del sótano con más ferocidad si cabe y de pronto, crash. Reventón. El trenzado cede en el nudo del Bimini y el furgón huye llevándose los últimos 6 metros de mi equipo.

Me fastidio el incidente, y tal y como hizo Dom que contempló la escena y para otra cosa no, pero para el grito y la locuacidad es un hacha, no pude reprimir un sonoro exabrupto que de manera irreverente anunciaba defecaciones cochinas sobre la divinidad de turno (perdonen los creyentes). Sí, ya se yayito, no se puede esperar otra cosa de un 50 libras del todo a cien.

Domenico Petrarca. 100% Particular, 100% Profesional

Yo ya lo he incluido junto a Miguel Gamito, Victor “Nono” y Peter Rhan, dentro de la lista de mis skippers de cabecera.

Dom, como abreviadamente todos le llaman, es un apasionado de su trabajo, un chiflado de la pesca que quiere ir a pescar más horas que tu, que sigue berreando con locuacidad exagerada cada atún que salta en superficie y que no escatima tiempo, millas y esfuerzo en buscar y conseguir la pesca diaria. Un tipo que aún sumergida la cabeza en agua no para de hablar. Que maldice, te abronca, se ríe, canta y cuenta asombrosas anécdotas de pesca mientras jura que de elegir una sola modalidad y un solo pez a pescar se quedaría sin duda con el calamar.

Así es Dom, un tipo sencillo y accesible, divertido, mundano y 100% profesional. Yo siempre he medido el valor de guías y skippers en base a dos cuestiones principales. La sabiduría náutica y pesquera que desprenden y la seguridad material y física que despliegan en sus actos. Dom roza el 10 en los dos aspectos.

En definitiva, seguiré comentando impresiones del viaje a Cape Cod y la sin parangón pesca del Bluefin tuna en sus aguas. De momento aquí queda lo que aconteció.

Me quedo con mis picadas y mi pelea. Con la visión de peces grandes como furgonetas saltando a diestro y siniestro, con el hecho inédito hasta ahora de practicar spinning embutido en ropa ártica, con el tufillo a paz, modernidad y civismo que desprende la ciudad de Bostón, con las buenas compañías y las nuevas experiencias. En lo que a pesca se refiere, he experimentado sensaciones nuevas, he reforzado algunas convicciones y me he enamorado de un pez. He terminado de darme cuenta que estamos muy lejos de saber los porqués de la mayoría de las cosas relacionadas con este mundillo. Aunque tal vez y pensándolo bien tampoco haría falta saberlas. Quizás solo haya que ir a pescar.

Ir a pescar.

Como hace Kilsong.

8 comentarios:

Abe dijo...

Pero vamos a ver una cosa chiquillo, hay algo que no entiendo, me puedes explicar por qué conio no se abren las fotos más grandessss....eso no se hace, saposible.

Caramba con el animalito, caramba con el patrón, caramba con el buque, caramba con tó.

Cada viaje que haces te quiero menos, que lo sepasss.

Nicola Zingarelli dijo...

Ya ves, viajar con los ancianos es lo que tiene, hay que dejarles asiento en el barco, en el autobús, recordarles de tomar sus pastillas... Pero y lo que aprendes? Anda jovencito, que no te queda na'para aguantarme.... Por cierto, ya he confeccionado mi primer wind on leader :-)

juan jose dijo...

Bailas en Irlanda y atunes en Nueva Inglaterra. Del espinin mas delicado al más beligerante.

A ver si cambias de estilo !qué no quepo!

No me gustan los frios. La aportación de lo sajón a la Humanidad ya se sabe. Y eso de tener un rojo al final de la linea, me da casi miedo…Con equipos de currican de 130 lb. los gigantes me han dado autenticas palizas físicas y morales. Una cosa es ir a pescar, y otra muy distinta ir a por "redtunas".

Congr-atun-lations.

oriol dijo...

Vaya que apasionante relato, sin duda otro destino que desafía al pescador de media suela....tengo algunas dudas, hablas de bluefinn tuna y de patudos, cual de ellos era el que estaba con vosotros??
en cuanto a la edad de los pescadores es real que cada vez nos pesan mas los brazos y las largas peleas con comedores de madera y plástico, pero no acabarán con nosotros tan fácilmente.

UNO DE TANTOS dijo...

Hola Oriol. No me vengas con cansancios que siempre te pongo como ejemplo de compañero ideal de pesca, Alguien que no ponga peros a los madrugones y que no rezongue continuamente por hambre, sed o frío. O sea, un fanático, como tiene que ser.
Respecto a lo de patudo y Bluefin te aclaro que lo de patudo es porque así es la forma en la que en Canarias se le llama al atún rojo, o sea, al Bluefin. Las tres denominaciones se refieren al mismo pez, al Thunnus thynnus.De la misma manera, al Thunnus obesus, al Bigeye, se le llama tuna y al Yellowfin (Thunnus albacares), rabil. Al Thunnus alalunga por aquí se le dice barrilote o Norte. Y a cualquiera de ellos cuando son de tamaño respetable se les denomina genericamente albacora.
Es un poco lioso, pero ya se sabe lo que pasa con los nombres comunes.

perfil dijo...

Fántastico, envidiable, increible...pienso que debe ser de las mejores experiencias para un aficionado. La manera tan limpia y salvaje de pescarlos. Lo de salvaje para el cuerpo, ya que el trance debe ser muy duro.
Me encantó la crónica.

victor dijo...

Puez, zi, que zi y ademas zi.

Mu duro, yo no quiero ni verlos ni hablar de ellos

Andres Orts dijo...

Como siempre, !!!ALUCINANTE!!!
Es un relato fantastico, enhorabuena por el mismo y por el viaje. No dejeis de iros a pescar a los lugares más remotos para ilustrarnos a los mas humildes. Me corroe una fantastica envidia que ademas me anima paa emularos cuando sea mayor. Que hay que hacer para disfrutar de esos sitios y con esa gente? Envidia, envidia y siempre envidia. Sin pretender ser asquerosamente pelota, continuar haciendo realidad los sueños tantos...