30 de noviembre de 2009

NOVIEMBRE SARNOSO

Ya Aparecerán

Esas son las dos palabras que más repetimos desde hace algunas semanas.

En lo que a jigging y el sector nororiental de Gran Canaria incumbe, desde que paso el frenesí peto, las cosas permanecen en un estado de calma chicha que aburre y desanima. No hay medregales, ni sierras, ni bicúas, ni bocinegros, ni jureles, ni samas que no sean las pequeñas tallas que circulan por los sebadales de cotas someras. Las rupturas de pendiente en la isobata de los 100 están despobladas de depredadores mayores y solo algún pequeño loquillo, enciende de uvas a brevas el piloto verde del optimismo.

¿Por qué?. No lo sabemos. Conjeturamos, imaginamos e intuimos cosas, pero el porque del ahora no, es algo que escapa a nuestro conocimiento.

La temporada pasada (buena cosecha) las cosas empezaron a ir bien un poco más adelante, cuando el fin de año estaba en puertas, tras unos rebosos apocalipticos y en medio de una dinámica invernal manifiesta. Por consiguiente, es a  ese pasado reciente al que amarramos nuestra esperanza. Al cambio de estación, a la disminución paulatina de la temperatura del agua. En fin, apostamos por el invierno que llega como tiempo idóneo para las picadas, las capturas y la diversión. Esperemos que así sea. Ya aparecerán.

En lo que concierne al spinning de píe en tierra, las noticias no son mucho mejores. Tras un verano que nos fue extrañamente prolífico, el otoño ha ido apagando el entretenimiento y reduciendo la actividad de los peces. Los sierras han desaparecido, el pejerrey es el pez del vez en cuando, las bicúas de kilo y algo se limitan a los momentos de menos luz y del resto de propicios no tenemos noticias. Aún es tiempo de agujas y su presencia nos engolosina el animo pensando en dorados o medregales, pero la cosa anda floja y las idas al veril de este tiempo son más que nunca ejercicios de oxigenación yodada y liberación de alma y mente. Si siempre el pez fue lo de menos, en esta época el acerto toma significado literal. Ya aparecerán.

Los casuales

La anécdota que hace de paréntesis a la rutina del jigging bolo la puso el pasado fin de semana una criatura curiosa que jamás habíamos capturado en la modalidad de jigging. Una coraza con pico que siente curiosidad por todo lo que le rodea y no se corta un pelo a la hora de aplicar paletas a carne, plástico, goma, madera o metal. Les juro que no venía recogiendo lentorro, ni bailoteando el jig sobre el fondo en plan pirking. Ni siquiera tenía pulpitos o flecos recubriendo los anzuelos. Andaba haciendo short jerking de manual con un Hooker Anatahan 150 azul-rosa cuando de repente algo se colgó, comenzó a pesar y apareció en la banda aferrado con cabezonería a la tija de un anzuelo Owner del 10. Un gallo, un ballesta (Balistes carolinensis).

En lo que a lance se refiere lo único destacable es la insignificante captura de un esporádico en edad de crecer. Andaba el animalito patrullando su veril con forma de media luna, cuando un jig blanco – chartreause le atrabanco el paso en el último metro y medio. Como quiera que la voluntad de los abades no es de piedra y a nadie le amarga un dulce, paso lo que tenía que pasar. Dos cabezazos más tarde la Byron lo cambio de medio y antes de un minuto el pequeñajo ya posaba con servidor frente a un charco limpio y fresco. Tras dos rápidas retrateras, fue retornado a su medio  con cariño deseando que la experiencia paranormal y el  puntazo del Eagle Claw no le pasaran demasiada factura.

En definitiva, tiempo de escasez. De momento nos quedamos con el yodo, el aire libre, la contemplación natural y todo eso. Por lo que a mi respecta, tengo tantas ganas de pescar como siempre. Además, como dicen muchos paisanos isleños de pocas luces “¿Que va a hacer uno?, vale más ir a pescar que quedarse en el bar del barrio molestando”.


1 comentario:

fishobsesion brothers dijo...

Así andamos muchos y lo que es peor en el dique seco. Estamos a veces quemados con tanta onda, y escribiendo o leyendo algo en la red. No tiene precio una salida de pesca aunque sea fugaz. Pues la desconexión de la rutina bien lo merece.