15 de octubre de 2009

PARA REMATAR, UNA NORIA

Uno de estos pasados y apacibles domingos otoñales, en horas vespertinas, me aventuré a pasear por el único espacio portuario (no cuenta el Muelle Deportivo) que le hace un guiño a mi ciudad y le permite acercarse e intercambiar con él humanidad y servicios. Me refiero al entorno del muelle Santa Catalina, entre la Base Naval (chiringuito militar para juegos y cuchipandas) y el Centro Comercial (mamotreto) El Muelle. Esa tarde sentí que no estaba en Las Palmas, que una parte pequeña de ese espacio pertenecía a cualquier otra realidad urbana europea mucho más avanzada e inteligente. Había varias manchas de cesped donde niños y mascotas jugaban con inusual civismo, pero sobre todo, había un lugar grande, abierto, desnudo y llano donde la gente paseaba y los niños corrían en patineta sin temor a estamparse contra el parterre o el zocalo de la fuente. Un lugar de suelo liso, sin extraños pavimentos acanalados o rellenos de estrías. Un espacio que permite expandir la vista y serenar la sensación isleña de gato enjaulado.

En esa pequeña planicie artificial se puede patinar, rodar con el skate, dar pedales a la bici, correr o jugar a la pelota. No es un parque, nadie lo pensó así nunca, una plaza tal vez, da igual, lo reseñable es que diariamente se convierte en un lugar de convergencia ciudadana y ocio espontáneo. Y es que por aquí, tan dados a rellenar las áreas de esparcimiento con arretrancos y artificialidades que terminan por convertirlos en exposiciones de mobiliario urbano al aire libre, encontrar una plataforma urbana diáfana y exenta de obstaculos supone un alivio al tiempo libre y la movilidad que consciente o inconscientemente a nadie deja indiferente.

Ahora la minimalista explanada esta amenazada. La afición de colmatar y densificar la urbe no encuentra descanso y la nueva ocurrencia es cercenar ese espacio colocando una noria al estilo London Eye para que los turistas guiris que llegan en crucero tengan algo a lo que alongarse nada más pisar tierra. ¿Para ver qué?. ¿Para ver una ciudad afeada que parapeta su natural fisiografía con muros y barreras?, ¿para ver los contenedores y gruas del muelle?, ¿para ver la mancha de aguas fecales que invade la bahia a la altura del Teatro y llena de estafilococos la Playa de la Laja?. ¿Para ver que?. La paradoja es grandiosa. Porquerizamos el paisaje urbano con otro mamotreto para poder tener una recurrente atalaya desde la que divisar el resto de la porquería.

Por favor, dejen la plaza (plaza sin querer) del intercambiador como esta, no le coloquen nada encima. No la toquen. Es de los pocos espacios urbanos capitalinos que permiten lanzar la vista sin obstáculos visuales inmediatos. Una explanada lisa, llana y abierta. Si quieren que los turistas vean la ciudad desde el ire metanlos en una guagua, subanlos a lo alto de la Isleta, orientenlos al sur y que se hinchen a sacar fotos y grabar videos. Generarán la misma economía de escala y desde lejos, hasta puede que el cuadro les parezca bonito.

1 comentario:

Abe dijo...

Plataforma no a la Sra Noria pero ya.

Ya quisiéramos en Puerto del Rosario tener un hueco, un huequito, hombre unos dos metros cuadrados, na más.

Razón tiene vd en protestar, por no decir que eso tiene un mantenimiento, un gasto, un personal (coleguitas), que seguramente superará todos los ingresos que se presuman.

Seguimos siendo niños, nos tiran caramelos y nos da igual si nos gustan o no, nos tiramos al suelo para recogerlos y damos las gracias con una sonrisa, al llegar a casa pasada una semana terminan en la basura y lo mismo pasará con la Sra Noria (de llegar) al final será un estorbo y terminará en la basura.

Que sus plegarias sean escuchadas compañero y si no, espero que me de una "werta" enlanoria de los c......