18 de septiembre de 2009

¿TE VIENES DE POTAS?


Tras llegar de las vacaciones oficiales, el reencuentro con la pesca no ha podido ser más peculiar. Tras pasar la mañana y buena parte del sábado con el amigo José comprobando si determinadas marcas de jigging poseían ya entretenimiento y buscando en torno a las bolas de carnada que se agolpan más a tierra los dorados, listados y sierras que de últimas animan el spinning embarcado. Tras comprobar que para el jigging aún es pronto y que el mundo wahoo es un universo de contingencias inesperadas que siempre terminan con el peto cortando y tu ardiendo de frustración, tras todo eso y mientras almorzábamos con los seres humanos de un barco amigo, nos llegó una invitación reveladora: “Nosotros esta noche nos vamos a quedar a la pota, si quieren venir……”.

Las orejas se nos pusieron de punta y los ojos se nos abrieron de par en par. Ir a la pota. ¡Carajo!, una de las pesquerías míticas del archipiélago, lejana y peligrosa puesta a tiro de decisión. Una nueva experiencia, el mar esta planchado, iríamos acompañados de varios barcos grandes y estas cosas o aprovechas y las haces así, en caliente, o no vas nunca.

Hacemos un par de llamadas a la autoridad, obtenemos unos afirmativos tímidos y apresurados y al mar. Aunque no tenemos aparejos, con poco basta y los amigos prestan. Sí, nos vamos a la pota y que sea lo que Dios (o lo que sea) quiera.

¿Qué son?. El Todarodes sagittatus

A ver, para los lectores de este blog que no estén familiarizados con el animal, les transmito que la pota no es más que un cefalópodo de profundidad (uno más de los tropecientos que existen) que en determinadas épocas se acerca a la costa en una migración genésica (reproductiva) que a Canarias le toca entre verano y otoño. Cuando digo se acercan, me refiero a 12 millas de tierra. No crean, aunque se dan casos de avistamientos y capturas de potas muy cerca de la orilla lo natural es que este animal se sitúe en profundidades que van de los 2000 a los 3000 metros, realizando diariamente excursiones verticales con fines alimenticios que en horas nocturnas y mejor en fases de luna nueva les lleva a la mismísima superficie.

Por lo demás y en cuanto a formas y aspecto, podemos retratar a la pota como un calamar al que le dimitió el estilista. Basto y robusto, con 8 brazos y dos tentáculos repletos de ventosas con garfio, cuerpo cilíndrico, ojazos (por grandes) y el triangulo que dibujan las aletas en la parte final del cuerpo y que en su caso solo ocupa el tercio final. Desde el punto de vista gastronómico, la pota también es ruda en sabor y correosa en textura, admitiendo como preparación más idónea el guiso con papas, refrito y condimentos. En Canarias, la sabrosa y popular pota en salsa de toda la vida.

Pota. Canarias Style

La pesca de la pota en Canarias tiene un tufillo a tradición añeja que tira para atrás y la etnografía pesquera artesanal de muchas islas esta repleta de testimonios y sucedidos que tienen al cefalópodo como protagonista principal. La pesca de la pota siempre tuvo ese rejo (muy al caso) de riesgo, sacrificio y peligrosidad. Los barcos de antes, pequeños y toscamente motorizados, no andaban muy sobrados para cubrir los desplazamientos que exige la pesquería. Muchas millas mar adentro, en lugares con el sotavento perdido, de noche y al albur de imprevistos cambios de tiempo.

Hoy la cosa ha cambiado, los medios y las previsiones meteorológicas han evolucionado, pero ya no son tantos los artesanales que invierten tiempo y esfuerzo en esta pesca, hoy la profesionalidad pesquera prefiere el sota, caballo y rey de la nasa o el trasmallo cercano y son solo 4 locos irreductibles o deportivos con animo de lucro los que enfilan alta mar para echarle unas liñas al Todarodes sagittatus.

Nuestra experiencia en el abismo acongojante. Liñas del 200 contra spinning de 20 libras

Saliendo del Muelle Deportivo de Las Palmas con rumbo norte y dispuestos a ver las luces de Funchal si hiciera falta, navegamos 10 millas hasta alcanzar los 2500 metros de profundidad. Allí paramos, bajo un cielo estrellado y con una mar que al llegar tenía la brisa y el alteo justos. A rebufo del barco grande de los amigos y con el ánimo atribulado por tanta lejanía (¡joer!, el ferry interinsular de líneas Armas se ve pequeño y por tierra) y el abismo submarino. Las sensaciones que inundan mente y alma son extrañas y contradictorias. Por un lado, la paz silenciosa que ofrece la inmensidad marina, una especie de sensación de libertad y simplicidad que a mí al menos me oxigena y depura. Por otro lado, la inquietud del que se siente poca cosa, apenas un ser desvalido a expensas de un medio hostil, recóndito y poblado de criaturas inimaginables. En cualquier caso, la presencia a nuestro lado de otro barco más capaz y preparado para las circunstancias nos tranquiliza y permite concentrarnos en la pesca. El alteo crece y la brisa aumenta, la borda de la estable es escasa y mantenerse en píe y en equilibrio nos lleva a flexionar forzadamente los píes o mantenernos espalda contra espalda. José de entrada prefiere la liña, yo opto por la Caranx Médium y el Stella 4000 cargado con 20 libras. Yo poseo una potera prestada que no es más que una varilla con ganchos no plomada en la que me han ensartado una tira de pota proveniente del manto del animal (ojo, parece que los rejos no engañan igual) mientras que José empieza con una potera plomada que trabaja más en la vertical. A estribor, los amigos especialistas ponen a trabajar toda su infraestructura, un buen foco, engodo, varias liñas por mano. Nosotros tenemos lo puesto; una linterna de cabeza, un bichero reclutado del tambucho por si acaso y 1 tonelada de expectación y curiosidad sobre los hombros.

Dejo caer mi varilla, apenas suelto 10 metros, el garete la levanta y la acuesta sobre la superficie unos 10 metros más adelante. Será así, yo que se. Mi mente no hace sino reclamar un señuelo, pero lo que tengo no es apropiado. Muevo la varilla sin utilizar manivela, apenas una lenta tracción siguiendo el mecer del barco, siento como la varilla salta sobre la superficie y de pronto un golpe (lanzamiento de tentáculos), una chupadita ligera (arrastre) y un trancón (abrazo). Los tres movimientos en la picada de una pota. El Stella 4000 empieza a chillar, funciona el freno, la Caranx Médium se dobla, ¿pero esto que es?, si parece un bonito. Carreras, cabeceo, peso. La superficie se ilumina con la luminiscencia del cayo interior del animal, alucinante, los chapoteos sobre el agua auguran que la cosa esta más para mi que para ella, pero el alien vuelve a sacar hilo y alejarse. Disfruto de la pelea y me sorprende la ferocidad y el tesón del animal, lo bombeo no sin dificultades y aparece sobre el agua apuntándonos con sus brazos. Empieza el chorreo. Agua de sifón y tinta a partes iguales (y siempre atinan como dice Victor Nono), el barco se va tapizando con piel de cebra. Bichero y a bordo. Y así hasta 17 veces, animales de 3-4 Kg. 9 para mi y 8 para José (pero solo a partir de cambiar su liña del 200 y la varilla plomada por su ligera caña de spinning y la varilla sin plomar). Nos lo pasamos pipa. Nos partimos de risa, disfrutamos de cada pleito y nos divertimos con el kilombo que se monta en la bañera cada vez que acercamos un bicho. Intento pescar con poteras luminosas e incluso ensarto un Slug Go translucido y enorme en la varilla, pero no es lo mismo, parece que no se lo creen. A falta de algo más adecuado y específico lo que les va es el trozo carnoso y luminiscente del manto de un congénere.

Luego crece el garete, nos desplaza a fondos más someros (1000 metros) y aumenta el alteo y la brisa. Estamos agotados e incluso aparece el mareo. Recogemos y ponemos rumbo a puerto siempre en la compañía tranquilizadora del barco grande. Tardamos una hora y pico en arribar añadiendo a la lejanía y el cansancio la tensión de controlar la ola que nos ceba de popa. En puerto, apresuradamente lavamos barco, manos y brazos, nos quitamos la ropa de agua, fundamental para salvar las otras vestimentas y nos vamos a la cama con el regusto enorme de haber probado algo desconocido de una manera algo novedosa y que ha resultado ser plenamente deportiva. Me quedo con la rasquera de no haber encontrado un señuelo para la ocasión y de no haber bajado un jig buscando chinos (escolares), atunes o vaya usted a saber que. Me quedo con la magua de no haber podido realizar un reportaje fotográfico a medida (cosas del bamboleo, la oscuridad y la tinta), pero las circunstancias mandan y en cualquier caso, como dice el viejito; hay más días que sandias.

Esto es lo que fue y así me sale contarlo. Un día volveremos a probar. Quizás con mejor mar y barco apropiado. Quien sabe.


1 comentario:

Abe dijo...

Aun retumba en mis oidos alquel grito en el mar de las calmas inatendido de; "!!ESTAMOS PEGAOS¡¡" me juego lo que quieras a que si llegas a tener ese jig vuelves a pegar el "Chino", pero como dices se han divertido y es lo que cuenta.