25 de septiembre de 2009

ENTRE TANTA PESCA; UNA FLOR


Cada dos años, en verano y en horas nocturnas, en una azotea del barrio de Schamann, en Las Palmas de Gran Canaria, un cactus reptante de aspecto andrajoso que se pasa la vida soportando sol y sed, decide justificar su gris y poco agraciada existencia regalándonos una especie de milagro natural que tiene a la belleza floral como argumento. Cada dos años, uno de esos ejemplares de cactus que mi santa madre posee en su particular jardín urbano, decide quitarse el traje de cenicienta y ponernos ante los ojos una floración exuberante y espectacular que como todo lo bello y sublime dura solo lo justo y necesario. Y lo justo y necesario es una sola noche, desde la caída del sol hasta los primeros rayos del amanecer.

Y es que cumpliendo probablemente con las leyes de la adaptación y al margen de nuestros humanos ojos, deseos y entramados mentales, el vegetal pinchante pone esa noche toda su energía vital en perpetuarse a través de un reclamo visual y olfativo irresistible. En tales circunstancias, cada dos años, el cactus de mama es tratado mejor que a cualquier hijo, recibe toda la atención y mimos posibles y un servidor, simple soldado en manos del estado mayor femenino sea cual sea su naturaleza, no hace más que cumplir ordenes y subirse a la azotea en horas intempestivas con todo el equipo de retratar, bajo la premisa ineludible de bajar sí o sí un reportaje fotográfico de tan magno acontecimiento.

A las 10 de la mañana, la flor es hojarasca marrón. Un apéndice seco en el extremo de uno de los tallos que no desentona con la apariencia vegetal global. A la misma hora, las ojeras de mi madrugón también son marrones y parecen hojarasca, pero el estado general de bostezo merece la pena. Soy de los que opina que la belleza siempre merece sacrificio.

Más aún si es tan caprichosa y efímera.

4 comentarios:

pescaenkayak dijo...

Podrias satisfacer la curiosidad de este gato cibernetico colgando la foto de la flor marchita? Como se llama el cactus?

UNO DE TANTOS dijo...

Lo siento Pescaenkayak. Si el cactus expone belleza efímera la dueña demuestra amor y apegos aún más efímero y la flor marchita fue desechada con celeridad.
Respecto al cactus, creo que se trata de alguna variedad de cactus de San Pedro. Pero no me he puesto a investigar nombres ni nomenclatura. mi vieja dice que es Brasileño y tratándose de un ser vivo que no nada, no se le tira a un señuelo artificial ni es capaz de sacar hilo de un Stella, mi interés por el mismo cae en un pozo de dejadez y olvido irremediable. Al menos hasta dentro de dos años. No obstante, por su interés,
prometo rastrearlo y ponerlo en conocimiento.
Saludos.

pescaenkayak dijo...

Tks. No te preocupes, el nombre científico no la va a hacer más hermosa, ni tampoco va a hacer mayor su singularidad!

Nicola Zingarelli dijo...

La foto que podrías haberle hecho a ese cactus... mamón, y era tan sencillo :-)