4 de agosto de 2009

TANTAS GANAS COMO TAN POCOS PECES. Y CASI UNA EXCEPCIÓN (*)


Aunque en otros tiempos y circunstancias las ganas siempre andan por arriba de los peces, en este tiempo de estío inquebrantable, el empate es tan inamovible como insulso.
Desde el punto de vista de un pescador canario con señuelos, el verano es una feroz alimaña que a poco que no se le mantenga a raya con infusiones de entusiasmo, optimismo y movilidad acaba con el ánimo y termina aficionándote al ciclo cross, el vuelo de cometas, la restauración de muebles o el arte chino de la cocina en cuencos de porcelana Ming.

No es época de depredadores, al menos no la es como el otoño-invierno-primavera. Salvando pequeños pelágicos costeros de estación, bonitos listados o algún dorado pequeñin (currican style), la parada de las bestias no tiene lugar en los enclaves que acogen nuestro pasatiempo.
Las piedras del jigging que a modo de supervisión rutinaria son ordeñadas con periodicidad andan vacías de picadas y ecosondas. En lo que respecta a la orilla, el perímetro insular no ofrece mucho más que algún esporádico sierra y las bicúas kileras que venían con el kit de instalación de cada veril.
Por otra parte, el alisio es constante en su presencia diaria e imposibilita muchas idas y venidas. En definitiva: es tiempo de sol, viento, lances repletos de fe y retratos de ambiente. Esta ausencia o inapetencia ictia coincide con el aumento del tiempo libre, la poca mar de fondo y el mayor número de horas de luz, con lo cual, encima, la jugada suena a escóndete serviola mía que no veas como esta el pueblo de gente.


En cualquier caso, asumimos el fenómeno y nos impermeabilizamos la voluntad con soniquetes de tranquilos que todo pasa, que pronto llegarán octubre y noviembre para dar el chupinazo a la temporada. Llegarán los calamares y las agujas, y detrás de ellos es de suponer que aparezcan los “marramamiaus” de siempre.
Esperando esos entretenidos y emocionantes días cortos de otoño – invierno quedamos acumulando salud mental, tranquilidad anímica y salidas de pesca. Quien sabe, todo tiene una excepción. Igual esta tarde o mañana, suena la flauta y me tengo que comer la entrada con papas fritas.


* Como lo anterior lo escribí ayer a mediodía y ha visto la luz pública del blog este día siguiente. Como quiera que entremedios, ayer por la tarde hubo pesca y la dichosa Ley de Murphy nunca falla, casi tengo que proceder a la ingesta de la ya puñetera entrada.
El caso es que ayer tarde, haciendo spinning con mi amigo José en una de nuestras cercanas y traspuestas orillas. En horas de atardecer y dentro de los últimos 90 minutos de vaciante, mientras corría un Bounder a unos 40 metros de mi anfibio puesto frente a la esquina de un veril de poca profundidad abierto al este, una explosión en superficie similar a la que produciría la caída de un sofá desde 50 metros de altura me deja el corazón con el retumbe de un tambor Masai. Siento el peso, intento clavar con la poca precisión que conllevan los ataques sorpresa y me dispongo a intentar domar aquella fiera que corre en superficie sacándole más hilo del esperado al pequeño Stella 4000. Grito alertando a José de la incidencia y reclamando ayuda en el tramite del varado y cobro. Algunas carreras y cabezazos más tarde, la poca precisión del cachete causa efecto y toda la tensión se libera; la del pez correlón, la de la línea que lo sujeta y la de mi nerviosa concentración. Desanzuelado regresa el Ranger color Barbie, silencioso regresa José a su postura y rascado regreso yo a la realidad del verano innombrable y la bicúa Kilera de las 20:00 horas. ¡Cachis en la mar!, que poquito faltó.

En fin, de momento, que me quiten lo pescao. La picada y esos segundos de emoción e incertidumbre quedan archivados de por vida. Tuve una picada en superficie, de pez grande, en Canarias y con un Ranger. ¿Seré un elegido?.
A la expectativa de nuevas excepciones, vuelvo a la idea de esta entrada, toca esperar activamente. Esperar pescando.

Las retrateras creo que dan fe de ello.


1 comentario:

Abe dijo...

Aviso importante, el uso prolongado de Rangers puede producir adicción irreversible, puede provocar sueños que impidan su necesario descanso nocturno llenando su subconsciente de “chops chops pataplof chirriiiiiiiii” durante muchos días.

Por otro lado no entiendo por qué llama “mi pequeño Stella 4000” si todos sabemos que se trata de un gran carrete.

Busque soco y sombra compañero que esto no ha hecho sino empezar.