12 de agosto de 2009

STICKBAITS


Recuerdo que hace unos cuantos años, solo existía un tipo de paseante, el pedazo de madera o plástico larguirucho o rechoncho que desposeído de babero, nos buscaba el engaño a base de zigzaguear por la superficie del agua en plan pececito desvalido tocado del ala. Al margen de esa opción para pescar en superficie, estaban los poppers y pencil de toda la vida y luego, en su contrario, toda suerte de engañifas para pescar hundido; minnows, jigs heads, vinilos y cucharillas. Eran tiempos hace unos años en los que la frontera superficie – hundidos estaba mejor definida que la de las dos coreas.

Pero claro, el tiempo pasa, la técnica se desarrolla, el mercado es global e inmediato y aparecen nuevos engaños que juegan con la ambigüedad, la trasgresión y la síntesis ampliando el abanico de posibilidades de profundidad y acción. Chucu chucu* aparte (algún día reportaré mis somníferas andanzas con los inchikus, inchibus, salty rubber y demás parafernalia), estamos en la era de los stickbaits. Paseantes hundidos que con repertorio ampliado y muchas veces mejorado recrean las hechuras del perrito que pasea varios centímetros por debajo de la superficie.

Y a que viene todo este rollo, pues a que estos cachivaches new age, tienen algo que hace que su manejo enganche y suba la adrenalina en cuanto algún animal se interesa por ellos.

Esta claro que una picada en superficie a las carreras de un ranger o las salpicaduras de un popper crea tal adicción y deja tal huella en la memoria de tus sentidos que solo una acumulación continuada de bolos lapidarios es capaz de hacer olvidar.

Personalmente, a día de hoy, estoy en esa fase de bolos tras picadas en superficie (recuerdo al que no lo sabe que pesco en las Canarias Centrales. Ni en el Mediterráneo ni tan siquiera en Fuerteventura) y a medida que el sobrevenido fanatismo Ranger se me va apaciguando, comienzo a volver a cotejar más posibilidades dentro de mi caja de señuelos. En este punto, hay que reconocer que lejos de las memorables alegrías de los visuales estallidos de agua y las persecuciones mar-cielo o las cotidianas capturas que proporcionan minnows y jigs, los sucedidos con los stickbaits te producen un dulce regusto que engancha y aficiona a su uso. ¿Por qué?. Pues yo creo que porque su manejo requiere cierta habilidad, porque te reta a ser cuidadoso, a estar atento, a pescar concentrado. Porque puedes inventar, porque tu manera de accionar el pececillo plástico siempre será particular, única y diferente. Porque depende de ti el hacerlo más o menos efectivo. No se por que, pero personalmente me entretiene este tipo de “titiriteo”.

En Canarias, con mareas agitadas en los sectores abiertos al norte y posturas acantiladas, un paseante tradicional no se sostiene, pero un stickbait que profundice medio metro ya da opciones de trabajo. Hay que bajar la caña, agacharse y concentrarse imaginando el resultado de cada tirón en conjunción con la ola. Hay que ir despacio, mostrando mucho flanco, zigzagueando provocativamente. Hay que procurar un twitching liviano y medido mientras sigues con la mirada la silueta de tu carnada plástica preferida.

En fin, hay que reconocer que los dichosos paseantes hundidos entretienen y enriquecen nuestras cotidianas raciones de spinning.

Por lo que respecta a marcas y modelos, ir por la red observando escaparates es derramar babas sobre el escritorio. Personalmente tengo en la canana de los imprescindibles el Mr. Joe de Sert, el Reef Pencil de Hart (Hart + algo realmente bueno = milagro), el Blues Code de Maria el Slip slide de Skatgis Design, algún tuna penn japonés – económico (que esa es otra) y sobre todo, un pepinillo franchute de resina, simple, artesanal y sin holografías (pinturitas caseras sobre fondo blanco) que pesa 33 gramos y responde al extraño nombre de Big Foot. El precio es francés, pero hay que reconocer que el maestro Le Guyader ha clavado el molde y el material. Como dicen las coletillas comerciales y publicitarias de mis paisanos fenicios, en el norte no quieren otra cosa. Chapeau.

*Chucu chucu = pesca con inchibus, inchikus o salty rubbers. ¡Ay!, que sueño…..

1 comentario:

Nicola Zingarelli dijo...

Es que el señor Eric, sabe una cosa o dos sobre la pesca. Se pasa el año buscando Lubinas en las aguas de la Bretaña. Es su trabajo, pescador profesional de caña y carrete. Otro chapeau. Luego, cuando tiene vacaciones, se va por el mundo a sacar GT grandes como burros, de los de 30 y 40 kilos de verdad, no como los que nos venden como tales y no llegan a los 20. Eric, según me cuentan conocidos comunes, es un GRAN pescador, con un sentido del agua excelente y que huele los bichos, esté donde esté. Sumale que ha sido constructor de tablas de surf y que así aprendió a manejar las resinas, y que tiene lugares y tiempo para desarrollar sus criaturas. Finalmente, no es un fantasma. Que añade algo más a sus inventos...