16 de julio de 2009

SPINNING ADICTOS

Creo que aún estoy bajo los efectos de la pesca irlandesa. De aquellos pateos lanza que te lanza, del subir y bajar piedras y andar con la humedad a cuestas todo el santo día. La verdad es que después de aquella corta aventura lubinera he quedado de nuevo enganchado a la línea de costa y las mañas del lance ligero, y creo que no soy el único que siente lo mismo. Claro que en el lugar que me ha tocado vivir, hablar de spinning es hablar de tierra firme, de rocas y cantiles, de plataformas de abrasión, de franja intermareal, de prever los ciclos de marea, de controlar y decidir (gracias Windguru y análogos) en función de la ola y la velocidad del viento, en definitiva, de pensarlo todo un poco más y currartelo con algo más de sacrificio.
Además, por si fuera poco, el carácter y la personalidad nos ordena huir de la multitud, de la convocatoria y el jaleo masivo.Y claro, en ese trance, la elección de los lugares solo puede jugar con aquellos enclaves que por razones de accesibilidad, incomodidad y lejanía, marginan a pescadores de coche al píe y mochila cervecera. Total, que caminamos más que Kung Fu, que nos entaliscamos como cabras, pero también que pescamos con un grado de tranquilidad y paz ambiental que en asuntos de salud espiritual debe suponer lo que varias sesiones de yoga o tahichi.


Ayer, dentro de esa racha a la que se refiere mi amigo Neno y puntualizando no obstante, que la susodicha racha, más que de peces es de presencias junto al veril, volvió a roncar la bobina del pequeño Stella 4000 y volvió a doblarse la caña corrientucha del Decathlon (quien lo iba a decir). Ocurrió entre las 19:30 y 20:00 horas de la tarde, al noroeste del noroeste, bajo un cielo a medio cubrir y al frescor de una brisa engaña calores. El responsable fue uno de esos irascibles y asalvajados sierras norteños. Un animal de 8 libras (3,6 Kg) gordo y brillante al que casi no hubo freno con que parar cuando advirtió la isla que se le venía encima y la larguirucha presencia de Jacobo en sus habituales (con sorna) labores de varado.

Después, más nada. Fotografías, algunos lances y vuelta al coche entre piedras, riscos y veredas. Menudos gemelos estoy cultivando.


4 comentarios:

Abe dijo...

...quiero llorar y no puedo

...quiero gritar y no me sale

...quiero pescar y no me dejan

qué puedo gaser?? Doctor

Nicola Zingarelli dijo...

Jo si engancha hermano, vamos más que una garrapata a un perro callejero. Empiezo a hacerme algo mayor para la pesca desde tierra y sin embargo oio la llamada desde aquí, en tierra de secano, entre asfalto hirviendo y humaderas del autobús de la línea 25.
Dentro de dos semanas estaré atacando las escolleras de Azores, harto duras y verticales. Allá estaremos al límite de misión imposible pero el premio puede llegar a ser interesante. Todo quedará grabado :-)

Rafael dijo...

Y no queda otra amigo,

Si se quiere pescar tranquilo, lejos de miradas casiveras, hay que ponerse el traje de "cabra" y tragar pedregales verticales y caminos tortuosos...

Nada, habrá que pasarse por Decathlon a buscarse unas botas de monataña =P

Saludos
Rafa

Neno... dijo...

Vaya, vuelven esas tardes de recorrer costa, y huir de las aglomeraciones.

Los kilometros, pateos, porrrazos y remojones, tienen su rencompensa, a veces, en forma de pez.

Sigue con la racha, de motivación, y de jornadas a pie de orilla, que es lo que le da sentido al spinning.

Saludetes.


Neno...