1 de julio de 2009

PESCANDO EN IRLANDA. LOS LUBINEROS DEL TÉ HIRVIENDO

Irlanda, Costa Suroeste. Galway. Condado de Kerry

El paisaje es rutinariamente verde. Salpicado de campos parcelados donde se crían vacas y ovejas o se levanta una edificación impoluta con aires de casa de muñeca. Las vías de comunicación son estrechas, con un carril para cada sentido de la marcha y sin apenas cuneta. Casi no se ve gente, no hay aglomeraciones urbanas ni grandes ciudades en muchos kilómetros alrededor. Los niveles de ocupación del territorio son de todo menos densos y al ambiente sencillo y rural lo envuelve una atmósfera de tranquilidad y sosiego alejada de cualquier atisbo de humos, ruidos, prisas y stress. En este contexto de sano aburrimiento y monotonía, existe una costa preferentemente baja y pedregosa donde a la lubina se le ha concedido uno de los mayores grados de protección existentes en Europa. Las leyes irlandesas, a imagen y semejanza de las americanas, prohíben desde hace bastantes años la comercialización de lubina y su pesca deportiva esta fuertemente reglamentada por vedas, tallas mínimas y número de capturas destinadas al consumo por pescador y día. Ni que decir tiene, que estas condiciones de presión demográfica y protección ambiental, repercuten positivamente en el pez de marras, manteniendo sus poblaciones en niveles de ensueño para la pesca deportiva.

A este sugerente reclamo, acudimos hace más de una semana 4 amigos pescadores, fanáticos del lance ligero con señuelos artificiales. El plan era ponerse bajo las órdenes y el hospedaje de uno de los mejores guías de la región, John Quiland, y pescar desde tierra la costa suroeste de Kerry usando equipos ligeros de spinning.

Pescadores de a Píe. Como un Depredador Más.

Definitivamente, pescar desde tierra, tiene otro sabor. La pesca desde barco permite comodidad, rapidez de maniobra y llegar a los peces más grandes y alejados, pero la pesca desde tierra tiene un tufillo intimista y personal que multiplica por 10 el peso de cada captura. Pescar desde la orilla te concede libertad de acción y decisión. Con peces y escenarios como el irlandés te proporciona además la posibilidad de interactuar con los animales más directamente. Con el vadeador calzado y medio cuerpo dentro del agua, uno acaba siendo otro depredador que se incorpora a la cadena trófica siguiéndola en su devenir diario de mareas y movimientos.

Pesca Deliciosa pero Dura.

No es un ejercicio liviano el pescar la costa irlandesa siguiendo a las lubis. En primer lugar la luna y la marea te obligan a dormir poco y en segundo lugar se precisa una elevada afición y algo de solvencia física para andar todo el día subiendo piedras, bajando riscos y patinando con el agua a la cintura entre praderas de Kelp y rocas resbaladizas. Aparte de un estero arenoso y cómodo, el resto de escenarios se configuran por pedregales inmensos que hay que recorrer siguiendo el flujo de la marea o una costa baja con plataforma de abrasión dispuesta a modo de cuchillos salientes flanqueados por las mencionadas algas con forma de cintas. Lo del Pollack es otra historia. Son peces que se localizan en fondos más profundos y para ello es preciso descender un acantilado en un ejercicio de equilibrio y cuidado en el que mantener la concentración es tan indispensable como poseer un calzado de firme adherencia.

Básicamente y particularidades al margen, así es el terreno pescable.

John Quiland. El Guía.

El lodge es su casa de campo, un bonito Cottage irlandés donde vive con su mujer y sus dos hijos pequeños. Alrededor, el campo rabiosamente verde y a pocos kilómetros la costa lubinera. John es un hombre sencillo, humilde, serio y tranquilo. Sabe de lubinas y conoce el territorio, sabe donde buscar al moronido en función de la marea y las condiciones meteorológicas. No es cicatero ni se escaquea. Quiere que sus pescadores pesquen y a poco que el resto de circunstancias no lo impidan, lo consigue con creces.

La Pesca y sus Vicisitudes.

La pesca comenzó el viernes al atardecer – en Irlanda en esta época, el atardecer es a las 22:30 de la noche – en esos lances histéricos que preceden al viaje y que intentan calmar el mono que genera la expectación. Un par de lubinas para empezar y a dormir. El día siguiente fue inquietante. Algo de actividad a primera hora y el resto del día un ejercicio de vadeo sin capturas que empezó a retratarnos la peor de las posibilidades.

Domingo, lunes y amanecer del martes hicieron olvidar el sábado negro y multiplicaron los peces (lubinas) en tandas de capturas que en algunas ocasiones superaron la decena y la veintena de ejemplares.

En metro y medio o dos metros de agua a lo sumo, lo que mola y divierte es la pesca en superficie. Las lubinas irlandesas no andan muy resabiadas y no le hacen ascos a un paseante clásico meneado con un mínimo de fundamento. En esta labor, triunfan el Sammy y el Gunnis, el Jimmy de Excalibur, el Spirit Image, el Zara Spook, o los desconocidos High Roller americanos. Casi todo sirve. Si las condiciones no son tan optimas o sea, si el día esta despejado, brilla el sol, no hay brisa y el mar esta en calma, o si las irish Bass se ponen caprichosas, toca mojar vinilo. Gominolas sutiles sin plomar tipo Slug Go o Super Fluker. Plásticos de formas anguiliformes e imitaciones de lanzón. Los minnows y señuelos hundidos quedan para escenarios determinados y puntuales.

Para el Pollack, los jigs de bucktail o metal y los vinilos plomados son la mejor opción, estos bichos se localizan próximos al fondo y entre las hojas del Kelp. Las formas aconsejan un pequeño jerking próximo a la pared y unos rápidos reflejos que impidan al pez, una vez se ha producido el trancón, buscar piedras o liarse entre las algas. Oriol, en la media mañana de autos, logró, el solito, dar captura a 6. Y todo con un pequeño jig de metal.

Equipaje de Pesca.

En cuestión de equipos, personalmente probé la Ilicium Team de Caperlan (la caña del Decathlon) 240 para señuelos de 10 a 30 gramos y quede sorprendido de su buen comportamiento. Amigos gúrus del spinning mediterráneo ya me habían alertado sobre ella. Mueve a la perfección cualquier señuelo de superficie y se comporta mejor de lo esperado con vinilo y minnows. Fue mi vara durante los tres días de pesca. Casi no me entere de su uso y considero que sus acabados y prestaciones la sitúan dentro de esas casi gangas que solo empresas como Decathlon y su agresiva política comercial pueden ofrecer. Por otro lado y como novedad, pude observar de cerca la serie travel de Lamiglas. Nicola manejó una de sus varas durante los tres días y por lo observado la cañita es una máquina de pescar ligero. Lanza un egg, mueve todo tipo de arretrancos, tiene un comportamiento genial durante la pelea y sobre todo, cabe dentro de la maleta, hecho que para viajes de este tipo es algo que se agradece y paga con satisfacción. Para carretes, nada más grande que un 4000 cargado de trenza fina, (10 a 20 libras) y terminales de 20 a 25 mm. Por lo demás, necesario sin excusas el vadeador. Por temperatura del agua y por naturaleza del terreno. A ver quien es el guapo que mete pié y muslo entre marañas de alga, rocas y arenas sin desmayarse de la impresión. También recomendaría como muy útil un grip atrapa peces y un buen desanzuelador. Dentro del agua o empenicado en una roca es muy fácil cortarse o clavarse un anzuelo en tareas de cobro y liberación.

Las Buenas Compañías.

Oriol es viejo amigo. El padre del futuro Delta del Ebro es un pescador sin descanso. Un 24 horas de los que si no hay que comer no se come y si no hay que dormir no se duerme, que ya habrá tiempo. Un tipo con el que es imposible llevarse mal y un seguro de agradabilidad y buen ambiente para cualquier viaje. Su pasión por la pesca contagia y no te permite bajar la guardia. Lástima que no le guste el jigging, si no, lo compraba como compañero permanente de pesca.

A Tomás no lo conocía, pero ahora ya es como de la familia. Un tipo abierto, del interior, pescador de pantanos y láminas de agua dulce, los matices del agua salada le descolocaron algo la pesca, pero anduvo siempre en faena. Su bolso-capazo made in Lina Morgan es una de las anécdotas del viaje. Siempre presto a la risa, sin trabes ni susceptibilidades, un peluche de los de siempre que nos abasteció de vinilos cuando los peces se pusieron golosos.

La otra historia es el italiano. Casi ex fotógrafo de pesca. En Irlanda, tierra de mitos y leyendas, los dioses del mar le recordaron que antes que retratador fue pescador y le obligaron a coger la caña y recuperar el tiqui – taca a base de mojarle y desbaratarle el equipo fotográfico. Ni que decir tiene, que cuando el boss recupera la conciencia y se centra en la pesca suele pasarnos por encima al resto de mortales con una facilidad pasmosa. Se saca un señuelo de la manga, limosnea 3 vinilos y venga a desanzuelar lubinas. El sexto sentido y esa habilidad innata e inexplicable siguen estando ahí. Me fastidian los accidentes sufridos por su equipo fotográfico pero me alivia comprobar que el amigo pescador no ha desaparecido y la fotografía, aunque le despista, aún no le ha robado el alma.

En definitiva. Un destino precioso para darse un atracón de spinning ligero persiguiendo la legendaria lubina europea. No hay animales de talla record, pero los escenarios, la tranquilidad y las formas de la pesca son de un encanto adictivo. No es terreno para pescadores comodones de silla de combate y hotel 5 estrellas. La pesca hay que currársela y exige un mínimo de sacrificio. Es un lugar para pescadores apasionados que admiren y disfruten la pesca en todas sus variantes.

Por supuesto, volveré. Y se quienes me pueden acompañar. Y que conste que no miro para Puerto del Rosario, Alicante, Sabadell, Santa Brígida, Miller Bajo o el Puertillo.


2 comentarios:

Nicola Zingarelli dijo...

Sniff, sniff, me he commovido ... :-)

Neno... dijo...

Como solamente tú, sabes describirlo...

A llenar el cerdito de cerámica con la raja en la espalda, y a vivir esa aventura el año que viene nos toca.

De momento, y si los Dioses alinean las estrellas, en el otoño nos vemos.

Un abrazo.

Neno...