3 de junio de 2009

JIGGING GC. ÚLTIMOS SUCEDIDOS

"Ya me quite la sarna"

Eso fue lo que exclamo el amigo José cuando en el último minuto del tiempo añadido a una tarde de jigging no mixto y sin pulpitos en el assist (esto último es importante), logro poner en seco un loquillo (Seriola fasciata) próximo a los 8 kilos. Y es que en estos casos, un pez voraz, que caza en la penumbra de una batimétrica centenaria en la hora solunar clave solo puede terminar prendido en el gancho de un jigger desesperado que menea con más que correctas formas el mejor metal que de momento han parido los chicos malayos de Jigging Master.

Eso de la sarna es una coña, la verdad sea dicha, pero como otras palabras absolutamente locales y casi personales, se han colado en la jerga de nuestra pesca para quedarse y ejemplificar situaciones y sucedidos.

En principio según el diccionario de la Real Academia, sarna es una afección cutánea contagiosa. En Canarias, además de esta acepción, la semántica popular le confirió siempre un sentido que aplicado a un semejante, expresa su mala pata, su cenizo o su secular tendencia a la desgracia.

En asuntos de pesca, dos días sin capturas o trancones relevantes pueden ser indicios de sarna y tres días sin pesca, te cuelga definitivamente la etiqueta de sarnoso. Cuando esto ocurre, entras de lleno en ese mundo de cachondeo compañero y mosqueo íntimo que te arrastra a un sin vivir de comparaciones, cuestionamiento material y dudas respecto a tus modos de hacer y actuar. Esta etapa, inevitable para cualquiera, encuentra final en el momento en que algún escamudo se cree a píes juntillas el meneo de tu choco y decide subir a probar un poco de oxigeno 100% atmosférico. Es la ocasión en la que desaparecen todos los fantasmas cerebrales y vuelves a habilitarte como pescador seguro de ti mismo y confiado en tu suerte. Además, en ese momento, generalmente ya habrá algún compañero al lado para tomar el testigo sarnoso.

Así andaba José en días pasados, con la S de sarna colgada del cuello. Por supuesto y como es de rigor, nosotros alimentábamos su conflicto con veladas insinuaciones hacia su equipo, su manera de jiggear o simplemente haciendo cabalas superticiosas respecto a palabras o actos que adornaban sus días de pesca y que convenientemente relacionábamos con su mala suerte. Que si el otro día le restaste valor al samote de Antonio, que si pasaste por la tienda del negro, que si le quitaste el anzuelo Muro y le pusiste el Jigging Master….etc, etc.

Pero la sarna como viene se va. Cuando menos te lo esperas y más lo deseas. Así fue uno de estos días pasados. Hartos de la ausencia de picadas en una piedra que hace tan solo unos meses parecía isla Ascensión, el patrón se revolvió de determinación y decidió poner proa a una intuición parecida pero situada mucho más al norte. Nos quedaban tres garetes y la verdad es que sin decirlo, todos íbamos pensando en el mismo peje. Al final nos sobraron dos derivas, pues en la primera, la Custom 300 de Jigging Master, acusó un golpetazo y al poco ya se doblaba en modo pelea con un bicho al que se nos antojaban maneras de sama. Así llego a la borda, pareciendo sama pero siendo finalmente uno de esos medregales made in Canarias (los pescadores de siempre lo refieren como el medregal nuestro, el que esta todo el año) que tanto nos divierten y entretienen. Con el peje reposando para la fotografía y el final de la tarde redondeado, al patrón, al amigo José, la exclamación le salió sola. “Ya me quite la sarna”.

Cosas de bocinegros

Menuda “personalidad” la de estos pejes. Sus apariciones y desapariciones en lo que al jigging respecta empiezan a parecerse a las del jurel. Tres meses sin contacto y de buenas a primera, en dos días, la columna de agua se vuelve bocinegra.

Esto es lo que ha pasado en los últimos días. En lugares diferentes y siempre en torno a los ciento y pico metros de profundidad, hemos detectado varios incidentes que tenían la firma casi indiscutible del Pagrus pagrus. En la misma secuencia, dos o tres picadas fuertes retiradas del fondo y un espárido rebosante de agresividad y mala milk que se prendé y engrosa el peso animal de a bordo. ¿Período reproductivo?, ¿condiciones marinas favorables?, vaya usted a saber, lo cierto es que en 24 h varios individuos han subido a ver la cosmopolita y luminosa isla de Gran Canaria. A mi me han tocado dos. Uno de buen porte, 3 kilos y algo y otro más en el tamaño estándar de las 4 libras.

Sorprende ver como animales no destacadamente ictiófagos y de carácter demersal, atacan a mitad de columna de agua, por dos o tres veces y hasta prenderse, metales artificiales de 25 o 30 cm. En fin, nosotros y nuestros inútiles esquemas mentales.

Esto es todo, el verano ya esta encima, pero de momento el alisio anda algo remolón y el Atlántico cercano se deja querer. Tocamos madera.

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