14 de mayo de 2009

AÑO RIVOLIANO

A medida que se acerca el verano, las oportunidades que el viento alisio concede a la pesca en la cara norte de la isla son contadas. Hay que aprovechar esos días de mayor separación isobárica y esporádicas recolocaciones del anticiclón para intentar administrarnos el períodico chute de jigging que calme nuestra irremediable adicción pesquera. La temporada, el período de bonanzas borrascosas otoño – invernal se ha extinguido con menos días de calma y buena mar que otros años. Sin embargo, como contrapartida, los días que han resultado hábiles, han sido activos en pesca y los peces, los que nos interesan, han aparecido con la frecuencia y actitud deseables. Desde principios de año y tras aquellos episodios de mar de fondo que amenazaron con cambiar de sitio la isla, la actividad ictia comenzó a crecer hasta alcanzar su punto culminante entre los meses de febrero y marzo. Se ha visto mucha carnada rondando por las isobatas de la centena y detrás de ella han aparecido loquillos XL y negritas en mayor número que otras temporadas. Han escaseado las samas, pero se han capturado dentones en los lugares de siempre, bocinegros, sierras, bicúas, caballas, melvas y hasta los jureles (Pseudocaranx dentex) han tenido su momento de frenesí anual coincidiendo con la agitación general.

Como señalaba al principio, ahora, las oportunidades de pescar la costa norte se reducen a ventanas meteorológicas muy concretas. Una mañana o un par de horas vespertinas en las que los alisios encuentran la puerta entornada y cambian momentaneamente de dirección. Antes de ayer ocurrió algo de esto y sin tiempo a pensarlo bien, tres voluntades jiggeras nos subimos en la pequeña autovaciante para sacudirnos mono, trabajo y neuras a base de jerking y bombeo. La cosa en lo que a medregales se refiere no ando tan cumplida como hace unos meses. Los loquillos que subieron eran pequeños, pero en contraposición a su ausencia parece notarse un prometedor arribo de samas coincidiendo con el preludio del tiempo veraniego. En este sentido, el compañero Antonio, clavó, peleó, subió y se retrató el otro día con un gibossus que tenía hechuras de antena parabólica y dio un peso de los que ya no se ven por mucho que la verborrea popular diga lo contrario. 13,5 Kg. Un ejemplar de merito, propio de un tipo que lo mismo somete a Moby Dick que ensarta de la lengua un obispo al que aún le faltan los ojos. Las cosas de Antonio.

Por lo demás, yo continuo con mi particular año rivoliano y para no faltar a la estadística, a mi hora, con mi 30 libras, mis métodos y mientras loaba en distraída charla el arte de los Xavi, Messi o Iniesta, disfrute del pleito con una de esas escurridizas negritas de 6-7 Kg, que determinados veriles isleteros acogen con relativa abundancia en años favorables.

Ahora toca guardar bártulos de nuevo. Reponer assist (Galápagos se llevó unos cuantos) y preparar la mochila de la pesca a lance, que aunque los programas canta viento anuncian una semana de nudos colorados, ya sabemos que siempre hay un lugar.

* La fotografía acompañante junto a otras que quedan a buen recaudo son obra del enfoque y el buen ojo del compañero José. Individuo al que es justo reconocerle su buen entendimiento con la focal angular y su concepto del buen encuadre. Yo puse la postura, el pez, la cámara, la exposición y la configuración del flash, pero sin encuadre, sin enfoque y sin ojo fotográfico, no habría retratera posible. Que conste.

1 comentario:

Abe dijo...

Jeje, otro te dice "chiquillo que malo eres haciendo fotos" y luego te encuentras una de ellas en portada de revista, jeje. Lo dicho a ver si ahorro un poco y voy pá la Gran Canaria a pegar algo, por aquí como vd conoce no hay puerta entornada, sencillamente porque lo que no hay es puerta y hasta creo que ni pretil. Dice nuestro patrón que la zona está buena de Samas con muchas de las dos cifras, a ver si documenta el buque y le damos un paseo. (he sido yo el suprimidor, sorry)