21 de febrero de 2009

ORDENACIÓN DEL TERRITORIO EN CANARIAS. EL MITO DE ROBIN HOOD AL REVES. 2ª PARTE


I. El Personaje

El personaje es un fortachute - un amigo de Gáldar llamaba a los guardias de seguridad con el gracioso adjetivo de fortachutes - , un don nadie venido a más gracias al apoyo de un capo local que lo aupó desde un guarda bingos al cuasi monopolio de la Seguridad privada insular. Un cateto propenso a la chulería y con el ego acrecentado por el dinero y la popularidad de presidir algo muy goloso desde el punto de vista mediático. Un tipo con cara de matón de telefilme que se maneja en las altas esferas del pacto de gobierno regional con ese fantasmeo ignorante de los nuevos ricos y la impunidad que procuran dinero e influencias tendentes a la corruptela. Pues bien, este personaje, ha convertido media ladera de un Espacio Natural Protegido en su Beverly Hill privado. Como una servidumbre de paso le atravesaba la finca y el tipo quiere que lo suyo sea Fort knox, que para eso ahora es alguien. Como quiera que ser rico debe significar que uno puede hacer lo que le venga en gana por su cuenta y riesgo, jugó a ingeniero, contrató un tractor y con la rapidez que exige la ilegalidad, en medio día mudó el paso de ladera desde el interior de su propiedad a un extremo exterior y ajeno llevándose por delante una cantidad indeterminada de flora entre las que sobresalían una comunidad de acebuches y granadillos en pleno proceso vital de recolonización. Nada nuevo. Un modus operandi clásico de los que se sienten amos, señores y caciques, de los que no reciben un no por respuesta, porque si hay que pagar se paga y si hay que pelear se pelea, que para eso esta el dinero. Bah, cuatro matos. Enseguida están los ecologistas dando la tabarra

II. El Seprona

Una media mañana cualquiera, aparece una pareja del Seprona con sus motos montesas y sus agentes de verde. Buenos días. Por favor, ¿me puede usted enseñar la licencia de obras y las autorizaciones?, ¿Podemos pasar?, veo que están ustedes desarrollando más actuaciones, ¿y eso?, ¿y ese alpendre tapiado en metacrilato?, ¿y aquel estanque megalítico de hormigón?, ¿y el vallado?, joer, si parece el de Central Park……..uff, Ramón, traéte el rollo de precintar que aquí nos terminamos la bobina.

Y se la terminaron.

III. Política de hechos consumados

El ayudante de su pijo arquitecto de cabecera parece buen tipo. Un chiquillo tranquilo, de aspecto sencillo y reflexivo. Se me sienta enfrente intentando transmitirme la letra pequeña de su ánimo con la mirada. Capto su momento de apuro y lo tranquilizo reduciendo la agresividad y la intransigencia. Se empapa de mi actitud y se alivia, no puede gritarlo a los cuatro vientos, pero esta harto del fortachute nuevo rico, de su prepotencia y de su política de embrague (primero mete la pata y luego hace los cambios). Sabe que lo que trata de recomponer es un disparate, otra barbaridad de otro cateto con dinero.

Y yo lo se, se que ganarse los garbanzos con un curro de ese estilo, implica a veces tragar Bilis, otras, tergiversar tu formación intentando cuadrar la sin razón y la ilegalidad con criterios peregrinos que te hacen tartamudear y buscar alojamiento en Peteneras. Pero no hay otra, cuando te pasas de cacique, a veces te caen encima con esa vaina de la legalidad y o bien te apuntas a bruto y terminas pasando por caja mientras la piqueta se empadrona en tu jardín, o empiezas a batallar a toro pasado con el fin de salvar lo máximo posible de cada disparate cometido.

Y claro, como casi siempre optan por la segunda opción y no son doña Leocadia ni su hijo sino peces gordos integrados plenamente en el circulo de tiburones que mandan, dirigen, mangonean y manipulan los destinos del suelo insular y los animalitos (incluyo vegetales) que lo pisotean, pueden marear perdices, convocar concilios, amañar reuniones, recabar voluntades favorables con poder de decisión y gastar dinero en reformados de proyecto y costas millonarias de picapleitos urbanistas. Todo excepto dejar de salirse con la suya y no poder dar sacramento oficial a sus faraónicas ocurrencias constructivas y su hortera sentido de la arquitectura.

IV. Los Totales

Total; entre dilaciones, silencios, reuniones, recursos, contenciosos y pasteleos, las megaconstrucciones del cateto siguen ruborizando el paisaje y la senda arrasadora tiene categoría de camino vecinal.

Total; el atentado ambiental lleva camino de quedarse sin castigo ni recomposición. Se evidencia que la impunidad de algunos es máxima y las leyes no son iguales para todos.

Total; por lo que a mi respecta y ante el tranfuguismo canario de Robin Hood, cada vez cotejo más la posibilidad de que Doña Leocadia disfrute de su ambulancia en una vía de dos carriles y cuneta central.

Total; sí lo anterior terminase siendo de esa manera, del acebuche revuelto que mira al pozo me pido los tres gajos superiores más venteados. Se me ocurren dos palos de bastoneo y una beta para cabos de cuchillo.

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