31 de octubre de 2008

BERMUDAS EN IMAGENES


Si la pesca es una afición apasionante, que decir de la fotografía.
Un mundo sin límites, inabarcable.
Afortunadamente el viaje y amigos que saben del tema, me colocan en la pista de aprender cada día algo más. Aún asi, el mundo de secuestrar la luz es demasiado complejo para una mente tan torpe. Se hace lo que se puede y aquí muestro algo de ello.
Gracias Nicola, gracias Esther, gracias Pepe Weigand, ustedes son mis ejemplos cercanos y los que le desmenuzan los conceptos a mi obtusa mente fotográfica.
Seguimos aprendiendo.































Perdonen el coñazo que se supone la tira de imagenes, pero no tengo tiempo ni habilidad para colocarlas de otra manera.

AL FIN, BERMUDAS, LA VIE EN ROSE


Desde la isla de Gran Canaria, acosado por el estrés de la vida convencional, con un temporal de viento y marea implacable y mientras me pregunto porque carajo le tuvo que tocar a mi archipiélago de residencia la más cutre y barriobajera de todas las colonizaciones, expongo, casi 15 días después del regreso y con todo el retraso del mundo, los pareceres y imágenes del último viaje pescador acometido, Islas Bermudas.

Otro sello en el pasaporte, otra cruz en el mapamundi.

Bermudas. A 2000 kilómetros del estadounidense Cabo Hatteras, a 7 horas en avión de Londres. Unas cuantas islas e isletas unidas entre si que presentan una superficie dos veces superior a la isla de la Graciosa y un recuento humano oficial de +/- 68.000 almas dedicadas en su gran mayoría a los servicios financieros (paraíso fiscal) y el turismo.
Por lo que se dice no hay delincuencia, no hay desempleo y la renta per capita esta entre las 5 más altas del mundo. La resultante visual de la ocupación y explotación humana del territorio es un paisaje eminentemente llano, donde entre el verde de la vegetación y las huertas familiares destacan los claros tonos pastel de las edificaciones y las tonalidades azules y turquesas de las láminas de agua que dejan las innumerables calas y ensenadas. Un territorio oceánico y anfibio en el que la náutica encuentra acerbo cultural y consideración de actividad cotidiana. Un lugar limpio, tranquilo, cómodo, agradable, pijo y 100% grato a la vista y los sentidos. Un lugar de película con muchos rasgos de sostenibilidad y cierto aire elitista. Casi un paraíso, casi otro mundo.

La pesca. 99% Jigging.

La pesca planteada tenía al jigging como técnica casi exclusiva. Solo por precaución se disponía diariamente un reten de Caranx Médium para tener algo con que contestar si los escamudos se dejaban ver por la azotea, pero el 90% del tiempo las estrategias pesqueras se centraban en el jigging vertical japanese style con las deformaciones individuales que imponen las maneras y circunstancias de cada cual. Una caña, un carrete, línea, un metal de cuarto kilo y uno o dos anzuelos (dependiendo de la desconfianza e inseguridad del pescador). Ni trozos de caballa colgando de los assist ni rejos de calamar estrategicamente situados. Si logramos engañar, habrá éxito, si no, nos jodemos y ganan ellos, los peces, o ella, la pesca.
Nos fuimos a Bermudas con la intención de pescar 5 días sobre la náutica y capitanía de una operación denominada Over Proof, cuyos responsables, Leslie y Peter, son un matrimonio joven que se reparte las tareas de organización y pesca con igualdad de eficacia, diligencia, sencillez y seriedad.
Overproof Posee dos buenos barcos, preparados para aguantar viento y marea. Un barco de currican al uso y otro que es el sabor marinero en si mismo. El Son Rae, un barco langostero de Maine trasladado a la pesca del crustáceo en Bermuda y que a su navegabilidad y resistencia al Atlántico embravecido había que sumarle unos meritorios 25 nudos de velocidad y sobre todo una bañera espectacular para la practica del jigging. Un cajón de 7 X 2 metros, libre de arretrancos y con una borda muslera que garantiza el jigging más confortable que se pueda desear. Sí, el Son Rae terminó siendo nuestro Babieca particular durante la semana de batalla.
Los escenarios de pesca transcurrían en dos bancos situados a más de una decena de kilómetros al suroeste; Challenger Bank y Argus Bank y en la ruptura de pendiente de la isla, a medio camino entre esta y los bancos sumergidos. Las condiciones de mar y viento no eran las más ideales y durante los 5 días nunca faltaron olas y vientos. En esta tesitura y con fondos de 70 a 120 metros las derivas se volvían celericas y el ejercicio de tirón y recogida costoso y cansado. No es Maldivas ni Andaman, jiggear en Bermudas es similar a hacerlo en Ascensión, Cabo Verde, Azores, Canarias o Rodrigues, un océano abierto al que recibes de frente, una inmesidad de agua salada carente de resguardo y a barlovento de lo que toque ese día en cuestiones de aire y sal. No hay escapatoria.
Íbamos con la mente puesta en los formidables y antiguos records de serviola que se han conseguido en aquellas aguas. Animales de 60 y 70 kilogramos. Pero no aparecieron, al menos en la bañera y con el pleito perdido. A cambio nos llevamos cada día de pesca unas 20 serviolas próximas a los dos kilos que constituyeron la matriz piscicola y un almaco de 40 libras que Mister Zingarelli supo engañar el último día con matutinidad y toda la alevosía que proporciona los más de 300 gramos y 20 cm de un Haoli 8 long.
Por lo demás, muchísimo entretenimiento, bastantes capturas y una diversidad de especies sorprendente e inesperada. Jureles ojones, Pseudocaranx dentex, meros y mycteropercas, pequeños peces de fondo, una especie de catalufas de competición, black fin tunas, bacoretas, raimbow runners, black jacks, barracudas, caballas, loquillos, lábridos sin identificar, ballestas, algún esparido despistado y un african pompano precioso capturado desde tierra por el incansable Vicente el de Cullera. Peces para todos los gustos, de entre 0 y 10 kilogramos. Jigging muy entretenido que de no ser por las posibilidades reales de animal y por las circunstancias de deriva y profundidad colocarían al lugar en la meca del Light jigging occidental.
Pero no es razonable, los medregales grandes seguro que están ahí y habría que ver que puede ocurrir en temporada de atunes. En fin, falta experiencia y varios viajes más para establecer algún protocolo de actuación y sacar conclusiones, pero lo que se intuye es bueno, buenísimo diría. La pesca profesional es testimonial y se imbrica con la deportiva, vamos, que son los mismos deportivos a los que la legislación deja vender sus capturas. No hay flotas extranjeras arrastrando ni flotas locales que realicen pesca intensiva. Cuatro nasas para langostas y palangres de echar y recoger con menos anzuelos que los que utiliza cualquier paisano para roliar brecas. Nada de artes de enmalle, ni de trampas para peces. Sostenibilidad total. Peces hay.
En cuanto a nuestras mañas de jigging, este obedeció siempre y con las normales adaptaciones y formas individuales al japanese style más puro, recogidas de abajo a arriba, jigs de metal convencionales entre 200 y 400 gramos, líneas trenzadas y equipos conformados en torno a las 65 u 80 libras. Bajos de monofilamento, assist simple de cordaje en la mayoría de los casos y a mover el choco que son 5 días.
Cinco días de peces pequeños y medianos en cantidad, picadas al unísono, momentos de gran actividad y otros en los que solo pescaba el jig del día; un Ouka color caballa desde proa, un Haoli slim and long con brillos envejecidos en las estanterías de Shamann o un jig chino tan cutre como fluorescente cuya distribución para España la tiene Caranx.net y que en las muñecas de un malagueño sin parecido es Marylin levantándose las faldas. En fin, las cosas de este rollo de la pesca vertical con señuelos artificiales sin carnada ni filetes de pescado en los assists que lo mismo lleva a que un SEÑOR (sin minúsculas) de San Sebastián logre 4 peces seguidos con el jig más feo e insoportable de Jigging Master, que el que el arretranco no va más del desarrollo hidrodinámico y el fetichismo comercial sucumba ante el anodino blanco cabeza roja del enconado economato ferretero mediterráneo. Las cosas de la ictiología y de la oceanografía que en circunstancias como las que contamos se vuelve una deliciosa entelequia incapaz de ser descifrada. No tenemos ni puñetera idea. Ni zorra. No sabemos un carajo de lo que pasa 70 u 80 metros debajo de nosotros ni cuales son las motivaciones ni la etología ictia ante eso que nosotros bajamos al fondo del océano con afán capturador. La pesca en términos generales, la pesca con señuelos artificiales en particular y el deep jigging en concreto se limita a una acumulación de casuística que nos regala una colección de sospechas como única base del trabajo futuro. No hay dos días iguales y además, cada individuo es uno e irrepetible, ya ande erguido y pague hipotecas o se cubra de escamas y le llamen medregal.
Delicioso rompecabezas. Adictivo y apasionante.
En resumen, las negritas salían siempre, los wahoo (punto y aparte) cortaban siempre y entre medias, barracudas dando la tabarra y jureles, atunes, meros y demás familia dando la sorpresa. Short jerking radical para algunos, long jerking de arnes para otros, guantes, cinturones de combate, gorra, gafas de sol, zapatillas de Decathlon y un kilo de desayuno en la tripa para ir quemando durante la mañana.
La sana compaña

En lo que se refiere a la compañía, al grupo de pescadores, pleno al 15.
Y es que de últimas, esto de los caracteres y personalidades de los humanos que te acompañan a pescar al quinto pino me preocupa más que las circunstancias de los animales pescables, las inclemencias metereológicas o la organización. Y es que tras algunas excursiones acompañado de personajes emocionalmente desequilibrados o socialmente coñazo, palpo madera cada vez que me toca mover el choco con gente desconocida.
En esta ocasión, excepto a Nicola Zingarelli no conocía a ninguno de los otros tres pescadores y lo lamento profundamente. Lamento el tiempo que me he perdido a gente como Vicente, Juanjo o Mikel.
Vicente es un valenciano cincuentón fanático de la pesca que rebosa bohonomia por los 4 costados y aguanta lo que haga falta con tal de estar en situación de pegar el animal. Suyas fueron las mayores visicitudes, suyo fue el mayor expolio de material a cargo de los petos, suyo el mayor de los meros y suyo el african pompano de lujo que coloco a tiro de foto un amanecer desde las piedras próximas a la cabaña. Un tipo duro, resistente al desaliento, con la risa floja y un encaje que ya lo hubiera querido para si Meldrick Taylor el día que peleó contra Julio Cesar Chavez. Luego esta Juanjo, el malagueño. Una mente rápida, coherente y racional. Un tipo que las ve venir y las esquiva o se las traga y las asume. Con detalles de flojera en el trabajo pesquero pero agarre final de palmera vieja. Con toda la gracia de las gentes del sur y toda la agradabilidad y clase de los tipos que poseen una mente abierta y se rigen por el sentido común. Personalmente, ya esta en la lista de mis viajeros favoritos. Con él, las risas no acaban. Por último, Mikel, un individuo al que debería de prescribir la Seguridad Social o el Ministerio de Asuntos Sociales. Es un solucionador de dudas, un resuelve acertijos que lo mismo te sirve para decidir que aliño le haces a una ensalada que a donde vas con la parienta esos 4 días de vacaciones en diciembre. Mikel es sabio, con él aprendes, te descojonas con los chistes de gallos y buitres y caes en la cuenta de que la seriedad no va reñida con la diversión. Es grande. Todos son grandes. Hasta el señor bajito de Valencia que le susurraba a los wahoo. Él también es grande. Con ellos desarrollo un 100% de compatibilidad humana y claro, luego hay que soportarme, pero para eso esta el hermano bueno, el chico de la agencia, el toscano, él, el imprescindible. Con su clase, su sabiduría y su diplomacia natural. Él corre con el pesar y el coñazo que uno representa. Gracias, gracias a todos.
Bermuda es Nice, la pesca con señuelos artificiales apasionante y el viaje y la exploración una actividad necesaria y adictiva. Palpo madera y firmo la renovación donde haga falta.
Se quedan cosas y detalles en el tintero. Pero ya esta bien de letras.

8 de octubre de 2008

A ÚLTIMA HORA, BERMUDAS

Es que claro, como lo dejas todo para última hora”.
Esa es la frase.

Ese es el reproche abusador y lapidario del personal femenino que te rodea dos días antes de emprender un viaje de pesca al quinto pino.
Ellas, las previsoras, las concienzudas, las fundamentalistas de la organización. Las que monopolizan el conocimiento de exacta ubicación de tus cosas útiles, las que conocen con precisión la meteorología no ya en el destino sino 200 kilómetros a la redonda. Ellas, “Las del te llevas esto, o aquello no te lo vas a llevar, y si luego…”.
Las que programan cada minuto de tu viaje aplicándole un ajuar material y un protocolo de actuación. Ellas; novias, madres, hermanas o amigas con derecho a manipularte, señoras mayores o señoritas menores, gorditas en licras, guapas pequeñajas de armas tomar o esbeltas modelos de anuncio con pamela y cesta de frutas están en sus días de gloria, uno de esos momentos en los que se reivindican como parte fundamental del devenir masculino.
La víspera, seguirán tus pasos recordándote y reprochándote a partes iguales mientras tú, apurado y forzosamente contenido desenredas la deslavazada lista mental de tus preparativos. El día “D”, mientras respiras tranquilidad en la sala de embarque del aeropuerto, te llamarán pletóricas para demostrarte que han ganado, que al final te has dejado el cargador del móvil, el neceser con los enseres de aseo y el chubasquero que te habían recomendado. “Claro, como lo dejas todo para última hora” dirán una vez más.
Pero tú, igual que yo, respirarás hondo, aguantarás su vuelta olímpica y cerrarás la comunicación con el hasta pronto más cariñoso del mundo sabiendo que en realidad no te has olvidado nada, que las cañas, los carretes, los jigs y la cámara de fotos están contigo viviendo una nueva experiencia y grabándole otra muesca a la culata del revolver. Para ti, al igual que para mi, ropajes, espuma de afeitar y baterías de móvil pueden irse a tomar por saco durante los próximos 7 días, noches inclusive.

Sí, me voy el jueves a pescar a Bermudas. Al otro extremo del charco en el que floto y sí, lo dejo todo para última hora.
Y es que lo contrario no mola. Si uno tuviera la bolsa y los equipos de viaje listos desde semanas antes, el viaje pierde un 30 por ciento de encanto, pierde el encanto que le proporcionan las prisas, la expectación, el derrape, la lucha contra el crono y la emoción de la partida.
Bermudas. Un lugar legendario donde según la historia adaptada, desaparecen aviones, barcos y personas. Un jigging fishing trip probatorio que tiene a los grandes amberjacks atlánticos en el punto de mira.
Me añado a 4 enfermos terminales del mar y sus habitantes. Tipos experimentados y amantes del buen jigging.
Me marcho al vértice noroeste del triangulo por donde dicen que se sumían aviones, barcos y personas a practicar el viaje y su esencia, la exploración.
En cualquier caso, como me temo que pueda ocurrirnos de todo menos desaparecer, contaremos a la vuelta.

7 de octubre de 2008

FORMULA 1. POR MI QUE LE DEN


De repente, este puñetero país y sus islas adyacentes, son hinchas fervientes de ese coñazo insufrible de deporte (?) que es la Formula 1.
Toda la vida sin precedentes, tradición, ni referencias de ningún tipo y hala, de buenas a primeras, un españolito achaparrado, borde, antipático y cargado de mala leche gana unas cuantas carreras, consigue un par de campeonatos y ya esta este país de papanatas e histéricos nuevos pijos subiéndose al carro de la moda a través de la versión más snob del deporte (?) de las cuatro ruedas.
Vale, admito que hasta cierto punto este es un país automovilístico donde siempre ha habido cierta afición a los rallies. Bueno, a los rallies o a las cogorzas campestres con la excusa de ver a Carlos Sains o Juha Kankunen haciendo trompos por el monte, pero en cualquier caso, esta nación que aún atufa a primitivismo, que corre y martiriza toros para luego tocarle una sentida serenata mientras cuelga desollado de un gancho, este país bipolar, tan desfasado y moderno a la vez, esta tribu mil leches que se ha pasado media historia con el transistor en la oreja apuntando goles y que solo de últimas ha admitido el baloncesto como pasatiempo deportivo a la derecha de padre fútbol, no da el pego travistiéndose los domingos en la mañana con una ridícula camisola llena de anuncios que escribe Renault en el pecho con letras mayúsculas. No es creíble, ni de coña.
Y es que la peña que hablaba de fútbol o callaba para siempre, ahora participa en conversaciones de cafetería en las que se menciona 20 veces las palabrejas safety car o pit line. El puretilla barrigón forofo del atleti ya no se jiñe en el árbol genealógico de Mejuto, ahora le preocupa el que Hamilton vaya mucho más corto que Kubica o que las curvas de Monza favorezcan a Maza que tiene mejor tracción.
Y es que ahora, como por arte de magia, todo Dios sabe de formula 1. Mí vecino del 3º sentencia complicadísimos comentarios de mecánica en cada conversación sobre automovilismo y sin embargo, el otro día lío la de Dios porque confundió la condensación del aire acondicionado de su coche con una perdida del radiador. Y es que lo que hacen es escuchar a los especialistas que comentan las carreras, leer tres crónicas y repetir como cacatuas hasta cuadrar dentro del selecto mundo de los entendidos en Formula 1, .
Enterados, eso es lo que son, enteradillos papanatas en un deporte (?) en el que en el 95% de las veces la habilidad desaparece aniquilada por las contingencias de si uno tiene que echar gasofa más veces que el otro, de ver lo que tardan los del mono rojo en cambiar una rueda, de si hay chirimiri o por el contrario jarrea…… el espectáculo activo de este rollo de la Formula 1 depende de la desgracia, del error o del accidente y concentra emoción apoyándose en el morbo.
Es como si el espectáculo y el resultado de un Madrid – Barca dependiera de la calidad y sofisticación de las botas de los jugadores o del número de lesionados.
En la formula 1 gana impepinablemente la tecnología al servicio del dinero. Gana el piloto que mejor coche tiene a disposición porque es el que más dinero tiene a disposición. Y nunca, salvo contingencias, ganará el piloto japonés que sale último. Para que eso ocurra tienen que estrellarse cuatro y averiarse seis en la misma mañana, pero aún así, el japonés no habrá ganado, habrá llegado el primero, que ni de coña es lo mismo.
En el fútbol, a la larga, el que gana también es el que más tiene, pero la tecnología en la que se invierte es talento humano, y la emoción y el espectáculo dependen de la habilidad individual y grupal y no de las virtudes técnicas de tus herramientas de trabajo. Son 11 marulos que pelean contra otros onces en igualdad de cuerpo y alma. Por eso el Barcelona cae en los Pajaritos y el Getafe disputa una final de Copa, independientemente de la nieve, el desayuno de los jugadores o la calidad de las botas.
Además, radicalizo; cualquier deporte que se precie de serlo debe mostrar como condición ineludible la imagen evidente del cuerpo humano realizando esfuerzos. Ya sea sobre una bici, atizando una pelota o nadando contra corriente en mitad del Volga. Lo contrario, son espectáculos coñazo que solo sirven para engordar el caché de fantasmillas en función del fetichismo y snobismo de la tecnología y la exclusividad.
Joder con el último párrafo. No se de donde me ha salido.
De esta me la gano, seguro.
En fin, eso, que juro que no volveré a ver Formula 1 hasta el próximo gran premio.

2 de octubre de 2008

UNA MAÑANA ENTRETENIDA


El domingo pasado la Cofradía se quedo coja. El “chesne” no obtuvo los permisos correspondientes y se perdió la marea.
El plan B se llama GESAP, el barco del loco, que a saber es cabinado, autovaciante e insumergible, aunque no estoy seguro de ninguna de esas características. La cabina es una hura de pardelas, al autovaciante no le veo tapón por ningún lado y lo de insumergible esta por ver, bueno, mejor por no ver, que nunca se sabe.
Lo cierto es que a las 7 de la mañana (a las menos cuarto ya estaba recibiendo un inquietante “¿No vas a dir al final o qué?”) quedamos en el pantalán base para perpetrar una mañana de jigging en el extremo nororiental de la todavía isla de Gran Canaria (lo siento don José).
El día, como dicen los viejillos en Arinaga o el Castillo, estaba para vender solares; mar llana, ligerísima brisa y un amanecer despejado y luminoso como pocos. De entrada recurrimos a lo más heavy. Lo más profundo a disposición con circunstancia de piedra, pared o caída. El talud de la isla al norte de la Isleta. Fondos duros, una ladera prominente con escalón terminal y barranquillo asociado que se sitúa en torno a los 120-180 metros de profundidad. Palabras mayores.
Yo saco el florete que es la Shimano Blue Rose 555S para carrete convencional y le acoplo el accuratte 197N cargado de Power Pro de 30 libras y un bajo fluor de Duel del 60. Lo hago con la esperanza de que el Atlántico sea compasivo y el garete nos deje subir y bajar con estricta verticalidad un buen rato. Empiezo con un Zero dropper de 200 gramos rosa fluor. Al poco, picada en bajada, tensión, cabezazo y suelta. Miro a mi espalda y el loco esta trabajando algo que pesa, corre, afloja, viene, se va, cabecea y al final traza circunferencias en torno al barco. Sierra, sierra a 150 metros de profundidad (menuda valencia ecológica). Le faltan gramos para los 5 kilos. Le ayudo con el embarque y le tiro tres o cuatro horribles fotos con el 10 mm de Sigma. Seguimos.
Machacamos el lugar sabedores que no hay muchos días al año en que la ausencia de deriva te permita llegar sobrado a los 170 metros de fondo. Agotamos dos o tres derivas en media hora larga. Quito el Zero Dropper y engancho un Drift Tune de Hots de 200 gramos y color plata. Empieza el baile. Coincidiendo con la media marea subiendo empiezan las picadas de nuevo. A mi me trancan en carrera cerca del fondo, sacan hilo, cabecean y a media pelea se desanzuela. Felipón tiene más fortuna y casi al unísono empieza a pelear un bicho que tiene todos los nadares de un Espárido mayor. Bocinegro grande, 4 kilos y algo. El loco se frota las manos al tiempo que se le caen las babas. Un 2-0 preocupante ante el que no puedo hacer otra cosa que seguir confiando en mí, en mis maneras y en mi equipo.
Me agarro a la convicción de que el señor Hiramatsu invento la hidrodinámica del Drift Tune para días como estos. Al poco, dos violentas picadas muy cercanas al fondo, la primera se salda con otro desanzuelado entre cabezazos, carreras e intentos de bombeo, la segunda contó con más cacheteo de la cuenta y resulto una pelea más que entretenida con otro Espárido mayor pero bastante esporádico y localizado. Un dentón que declaró en el Boga Grip las 12 libras justas. Acababa de salvar el bolo y encima con una de esas piezas que se convierten en diferentes y gratificantes para el recuerdo, la foto, y la cocina.
Tras ese último pleito y después de la sesión fotográfica, acabo la principal punta de actividad de la mañana, apareció algo de deriva, más barcos en las proximidades y decidimos rodar con El GESAP buscando otras opciones en menos profundidad.
Y acertamos, porque Felipón, con un señuelo que por feo no lo querría para mí ni regalado, pego el que iba a ser el último pez del día, otro bocinegro, esta vez más pequeño y menos beligerante que su predecesor.
Y colorín colorado…….A partir de ese momento, llegamos a la conclusión de la misa del día ya estaba dicha. Los de las escamas ya no andaban por la labor, el mediodía llamaba al estomago y sin necesidad de decirlo nuestras mentes rumiaban que no era mala opción retirarse con un resto de gusanillo en el cuerpo. En definitiva, tras dos pequeñas bajadas en un limpio cercano a puerto, desarmamos cañas y aparejos y pusimos rumbo a casita, que allí, como dice el dicho gran canario, nada pesa.
Total: un día de tiempo esplendido que deparó un buen rato de pesca, con 7 u 8 picadas en apenas dos horas. Algo que tal y como están las cosas en esta isla sobreutilizada por tierra, mar y aire, es digno de tener en cuenta.


El Light jigging

No se trata de practicar jigging ligero porque sí. Se trata de ajustar las posibilidades pesqueras a lo que más comodidad y diversión pueda ofrecernos.
Mi isla, al igual que las demás (exceptuando quizás al Hierro), nos da la oportunidad durante todo el año de capturar peces cuyo rango de peso se sitúa el 90% de los casos entre los 2 y los 10-12 kg.
En tal tesitura, no es necesario emplear equipos que sean capaces de parar el ferry de Armas. Vale, siempre estarán los que me digan que hay que estar preparados para el Apocalipsis. Para el animal de 50 kilogramos que ponga todo a prueba y nos deje con un equipo ligero por sombrero. ¿Pero cuando ocurren estas cosas?. ¿Una vez al año?, ¿una vez en la vida?. La presencia de los peces de 50 kilos (fundamentalmente medregales, no nos engañemos) puede ser prevista en base a estacionalidad, lugares y evidencias de su captura. Basta tener previsto otro equipo adaptado a ellos y asunto resuelto.
Particularmente, ahora, en mis días de jigging me acompañan dos equipos. Uno es el que referí anteriormente. Una Lamiglas 30 libras o una Shimano Blue Rose 555S para señuelos de hasta 210-220 gramos, acoplada a un Accuratte 197N cargado con unos 300 metros de línea de 30 libras. El otro es una caña 50 libras de la serie Tropical jigging de Lamiglas con un carrete Accuratte Boss 665NN y 300 y pico metros de trenzado de 65 libras.
De esta manera, estoy en disposición de hacer frente a días de fuerte deriva, mucha profundidad o lugares donde la presencia del “animal” sea frecuente y posible en muchas épocas del año y al mismo tiempo, disfrutar y divertirme mediante el empleo de equipos más ligeros contra el denominador común de capturas: samas, bocinegros, sierras, barracudas y medregales de tamaño pequeño o mediano.

El Drift Tune de Hots
El Drift Tune es un hierro más bien corto, plano por una cara y ligeramente cóncavo por la otra, tiene el peso distribuido hacia la mitad y los acabados son buenos, con una holografía concienzuda y abigarrada que no se deshace a la primera mordida.
Es un jig que se trabaja muy cómodo con equipos ligeros y no tolera bien la corriente ni las derivas grandes. Está pensado para aguas calmas y provocar a los depredadores más resabiados en función de su pronunciado sliding lateral. Yo lo utilizo en la versión 200 gramos (difícil de conseguir) y con él, en el color plata, he obtenido muchas satisfacciones haciéndolo brincar con un jerking corto y pausado cerca del fondo. Samas y bocinegros en disposición de atacar, no se resisten.
Cuidadín con los anzuelos que le incorporamos. No tolera bien los ganchos muy abiertos que se le encajan en el cuerpo. En este sentido, van bien, los Tuna Max del 6/0 o los Sidden Fisherman del 11.

Fotografía y pesca

Cada vez tengo más claro que pescar y fotografiar al mismo tiempo, son cosas difíciles de conjugar con igualdad de eficacia.
Si observan las fotografías de este escrito, verán que son como mínimo, composiciones forzadas. Y es que las circunstancias mandan y una Reflex Digital merece un mínimo de tiempo para la composición y el disparo.
Si algunos de tus compis de pesca son adictos al foto express y se estresan cuando el proceso de tomar las fotos pasa de los 10 segundos, si además hay que contar con el coñazo que resulta mantener ilesa tu cámara en barcos fundamentalmente abiertos, si tienes que intentar no sacar en la escena más arretrancos de los necesarios en un lugar que por otra parte esta cargadito de ellos y si para colmo de males, debes regatear los caprichosos contrastes de luces y sombras que tanto artefacto colgante y sobrepuesto crean en la escena. Los resultados se pueden imaginar.
Hay que reconocer que samas y bocinegros son peces bastante fotogénicos para retratar con un gran angular, pero creo que Felipón nunca terminó el modulo de poses y encima maneja el Boga Grip como si fuera un azadón.
Total, fotos malas y precipitadas. Después de algunos retoques de luminosidad y varios recortes, las más potables son las que acompañan a este escrito. Otra vez será, pero hay que empezar a plantearse más rigurosidad o más simplicidad. Cualquier opción excepto este limbo fotográfico que me cabrea e irrita.
Toy cabreado con las fotos.