30 de junio de 2008

MIERCOLES 25 DE JUNIO. UNA CUCARACHA EN LA OFICINA


El cuadro del piso primero minutos después de mi desdichada aparición estaba focalizado en la compañera CS irrumpiendo en primera planta con alarma y revuelo. Lo hacía metida en una carrerita que intercalaba con infantiles brinquitos y aspavientos. Como siempre ocurre, la palabra brillaba por su ausencia y la comunicación quedaba relegada a la destreza del receptor para interpretar el significado de un gesto facial mezcla de susto, asco e histeria y las señas de dos manos, una que apuntaba al piso de arriba y otra que con dedos índice y pulgar señalaban mi tamaño con la interesada exageración del que retrata la maldad de su peor enemigo. En cualquier caso, la situación no era nada novedosa. Por lo que tengo entendido ya había pasado antes.
En el piso de arriba, el retrato era la escenificación de mi matarile. Sí, mis últimos estertores. Mi apocalipsis particular sobre piso de madera noble después de sufrir los politraumatismos del golpeo reiterado y aniquilador de un plano de equipamientos estructurantes escala 1:500 convenientemente enrollado.
¿Cuál fue mi metedura de pata? Pues supongo que la de siempre, la que pierde a todos los de mi especie. Aparecer en el lugar menos oportuno en el momento más inadecuado. Con la mala suerte añadida de que los ojos del animal humano de dos patas que me trincaron paseando el bastidor de la puerta eran femeninos. Y claro, no hay escapatoria, no hay muchas opciones ante una fémina humana con mi representación real entre pupila y pupila. O en un lance de suerte y oportunidad te marchas instantáneamente por la ventana al espacio público o no te canses en fintas, escondrijos y requiebros. Al poco, ya sea por medios químicos o por medios mecánicos, llegará el sicario masculino1 que dará carpetazo final a tu vida rastrera y buscona. No tengas dudas, en esa tesitura no hay chance.
Nuestro único resquicio de esperanza es que en vez de femenino, el campo de visión que delate nuestras evoluciones este siendo utilizado por un individuo humano macho en circunstancias de soledad. Ahí las cosas cambian e igual tu rapidez para salir de la diana y escabullirte entre muebles y rendijas te salvan del descansa en paz. Si el individuo es uno de estos machos (vale homosexual sin pluma) flemáticos y tranquilones que valoran tu existencia con sentido común e insignificancia, pasarán algunos segundos (de oro) entre el momento de detección y la toma de acciones. Suelen sopesar el método a emplear valorando el esfuerzo que representa y la viabilidad material. Además, no son demasiado persistentes en la persecución, si escapas de las primeras andanadas en campo abierto y buscas refugio soterrado tienes muchas posibilidades de escapar con vida. Eso sí, cambia de lugar inmediatamente o múdate lejos, ten en cuenta que o bien en un par de minutos si el insecticida no anda muy distante o bien más tarde si se acuerda, puede regarte la chepa con ese liquido venenoso que te emborracha de asfixia y te mata decúbito supino entre frenéticos pataleos al aire.
Y a todo esto, ¿Por qué?, ¿Cuál es el pecado existencial que nos sitúa en la aversión humana más radical?, pues aparte de ser insectos, andar alrededor de los alimentos, presentar un color oscuro, movernos a ras de suelo o aún peor, volar desordenadamente y aterrizar de manera caótica sobre cualquier lugar cotidiano, uno de nuestros mayores defectos es no ser peludos, aparentar ternura, andar todo el día lamiendo y baboseando piel humana, obedecer a nombres ridículos como suski, yackie, lulu, chispita, luna, golfo o bobo, mear sobre los periódicos de la terraza, mascar hasta la destrucción el cable del teléfono, copular contra la pernera del pantalón, armar ruido a horas intempestivas, hacernos caca en el rellano de la escalera, llenarnos de pulgas en el lugar más insospechado, ponerlo todo perdido con el celo, vomitar el pienso sobre la alfombra del salón, llenar regularmente de pelo el sofá y no ser lo suficientemente dependientes para no poder quedarnos solas un fin de semana sin tener que recurrir a la comprometidas atenciones de un tutor.
Por todo eso, por carecer de la guarrería institucionalizada y admitida de cualquier chucho casero, merecemos la condena infinita, la pena de muerte constante, el majo y limpio eterno. Somos cucarachas, sí, y aunque nuestro nivel de peligrosidad hogareño es prácticamente idéntico al de cualquier perrito mascota cuando sube de restregarse las patas contra las 100 capas de orín que contiene el sobreutilizado parterre del parque, somos insectos, negros, pequeños y subversivos. El referente cultural occidental de lo asqueroso. Que le vamos a hacer. Hay que asumir el papel, mantener el tipo y consolarnos con el hecho de que cuando nos toque aparecer en el lugar menos adecuado en el momento más inoportuno, los ojos que nos descubran sean los de uno de esos machos humanos flemáticos y tranquilones cuyo retardo de reacción quizás nos permita llegar a la rendija.
Sí Humphrey, siempre nos quedará la rendija.

1. Por regla general y debido a cuestiones que tienen que ver con el asco más puro, una mujer nuca será brazo ejecutor. En la mayoría de los casos, será un hombre, mucho menos aprensivo y sensible el que reciba el encargo de matar y hacer desaparecer el cuerpo.

26 de junio de 2008

13 DE JUNIO DE 2008. ANTE LA ENESIMA INMINENTE REESTRUCTURACIÓN DE LA OFICINA


Cerca de un año después, los cambios políticos de mi empresa siguen enviándome repercusiones. No me inquietan ni preocupan, solo me desconcentran y es por eso, por lo que hago pública a través de esta misiva mi postura al respecto.
Estimados nuevos compañeros de trabajo (fundamentalmente jefes). Antes de pasar a explicarles el motivo de estas letras, conviene advertirles que el personal de esta oficina acepta de mala gana las variaciones y reestructuración de estaciones de trabajo (mesas, sillas, ubicaciones) que inevitablemente acarreará su llegada a este inmueble. En cualquier caso, cada cual es cada cual y cada mente es un mundo. Allá ellos con ustedes y allá ustedes con ellos.
Acudiendo al grano, o sea, a lo que a mi respecta. Si aseguran que mi salario seguirá siendo intocable, voy a poder disponer de él como hasta ahora y no se prevén modificaciones en los plazos destinados a vacaciones y en los horarios de trabajo habituales. Como quiera que cada tarde despúes de mediodía comienza la vida que más satisface mi espíritu y expectativas personales y la jornada laboral diaria no es sino un requisito indispensable que hay que acometer para poder disponer del vil metal imprescindible, me da absolutamente igual que me sienten con el cieguito que vende boletos junto al porche o que me metan en un taburete dentro del cuarto de los trastos. Les libero de cualquier compromiso de respeto en lo que respecta a mi posición y lugar de trabajo en la oficina, quedando a su libre albedrío mi posible nueva situación. En este sentido, considérense libres para ocupar mi actual espacio de primera planta que se asoma elegantemente a la muy escandalosa y puñetera Calle Mayor. Es más, por rutina, el apego que le tengo al rancio y tradicional espacio urbano es tan diminuto, que llegado el caso, con todo el desprendimiento y generosidad del mundo, les cedo mi privilegiado despacho con su inseparable legado ambiental a fin de que lo padezcan con el mismo sufrimiento y perplejidad que yo lo he hecho.
Sí, les dono con efecto inmediato el rumor constante de calle peatonal, los agudos sonidos de la maquinaría que todas las semanas corta azulejos, pule pisos o secciona solemnes piezas de cantería, los desfiles infantiles de colegios gritones, los parias del barrio que enajenados por el alcohol, la droga o su propia psiquis, chillan, vociferan, cantan y pregonan por todo lo alto extensas, incomprensibles y surrealistas letanías. Que les cunda la retransmisión de la compra con marujeo ordinario de viva voz que produce la enesima gordita en licras. Que les aproveche la sinfonía de silbatos y consignas de los huelguistas de ocasión. Les regalo las estridentes canciones latinas de las tiendas de ropa, la flauta drogata de sintonía medieval, el inamovible repertorio del violinista de mediodía (que tiene una cara de buena persona…….), el día semanal de la tierra con exhibición de juego del trompo (peonzas), habilidades balompédicas y mucho, mucho folklore, las asambleas salva mundos de peludos solidarios, el mercadillo vende pájaros (ahora en época de cría) con sus viejos alegantines (habladores), los señores que esporádicamente se parten la crisma contra el paseo, los pasacalles de zancudos y rondallas, la campana de Papa Noel, la comitiva de los reyes magos, el ridículo político provinciano y populista que recoge votos, la TV Cateta realizando encuestas a píe de calle, la agrupación navideña de jubilados folkloristas y el niño que cada día llora por la ventana (suponemos que por hambre) a la hora del mediodía. Todo eso, se lo pueden envolver en papel satinado y regalárselo a ustedes mismos en cuanto aterricen por esta arquitectura que a decir de mis compañeras es de estilo academicista y que el capricho o la necesidad parece les ha colocado en el ánimo. A mí, por favor, muévanme sin temor y háganlo atendiendo solo a tres condiciones que me gustaría les resultaran de obligado cumplimiento. Bajo ninguna circunstancia me anexen a ese compañero hablador de bigotes (me cansa), no me acerquen demasiado a la salida (me tienta) y no me pongan entre puertas. Esto último motivado más por la intoxicación que suponen las corrientes de frikis que por los resfriados que me pudieran provocar las corrientes de aire. Sin más, atentamente harto. El Sentineles del despacho que da a la fachada de la muy escandalosa y puñetera Calle Mayor.

DOS DÍAS DESPUÉS DEL DESCENSO DEL CADIZ


Juro que cuando en Carrusel cantaron el penalti a favor del Cádiz me vi a mi mismo un domingo tarde de principios de los 90 en la grada más popular del estadio de mi ciudad escuchando como Quico remontaba un partido al Zaragoza o como Szendrei paraba penaltis al Málaga para quedarse en primera in-extremis, con todo el sufrimiento posible.
El domingo, en el momento de autos, hasta el relato de la jugada sintonizaba con el carácter accidentado e inverosímil del momento. Penalti claro, discutible, mano voluntaria y estúpida, involuntaria e igual de estúpida, no se entiende la acción, el Rico Pérez aplaude...... que se yo cuanta información atropellada. Lo cierto es que parecía que el destino le volvía a guiñar un ojo al Cádiz y la mano milagrosa parecía dispuesto a rescatarlo por las solapas en el último segundo. Sí, el tal Abraham Paz le iba a pegar, a cara o cruz. La verdad es que el primer pensamiento de uno es inevitable, ya esta, un penalti en el último minuto, ya se salvo, escapó el Cádiz de nuevo, que bueno diría el chikilicuatre, pero inmediatamente piensas en el fallo, y la mueca de regaño te sale sola, incluso la relatividad del tiempo mental da para marcharte a otro lado e imaginarte el estadio de Anoeta con todo finiquitado y colocarte el pellejo de la gente del Córdoba que acaban de terminar fastidiándole a la Real Sociedad lo poco que le quedaba de ascenso y fíjate, con la misma, ahí, a píe de césped, tienen que tragarse a pura lagrima el meritorio empate fuera de casa y morir sin las botas puestas.
En fin, que le pega Abraham Paz y se va al palo pero puede entrar y no, pega en el portero y se traba la lengua del locutor pero termina diciendo que es corner o fuera o el limbo, pero de cualquier manera se acaba lo que se daba en el futbol profesional para el simpático y entrañable Cádiz . Sí, el reloj no da más vida. Al palo, la tiro al palo. Y ahora menos, pero en ese momento, uno se pregunta desde la poca sabiduría que dan 20 años jugando en equipos regionales como defensa gañan y marrullero. ¿Cómo es posible que alguien, sin tiempo ni para parpadear, jugándose la supervivencia de un sentimiento colectivo tan grande como es un equipo de fútbol, elija ajustar tanto un lanzamiento de penal como para que golpee en el palo?. Acepto que a cualquiera se le atropelle la templanza de ánimos y la mande 20 metros por encima del larguero, pero que la tire al palo. ¡Hombre!..... marca el centro, dale tres cuartas más a un lado al cañón, elige empeine total, métele el cuerpo encima, pégale todo lo fuerte que puedas y que sea lo que Dios quiera. Que la rechace el portero, que le doble las manos, que le parta la nariz y vaya para adentro, que te vuelva a caer muerta para meterla de rechace. Juega con el sentimiento ajeno. Al menos pon al portero en la tesitura de poder hacer dejación de funciones o que por la mente le pase el deseo de no ejercer de aguafiestas. Quien te dice que al pibe no le da pena ver a una legión de gente vestida de amarillo colgando de un hilo y se deja caer a un lado como apartándose. ¿A que viene ese ataque de precisión?. Jugar a Beckham. En fin, de todas maneras, que bien se ven los toros desde la barrera y que ganadores son los “si hubiera”.

Lástima. Sí, siento lástima. No como lástima triste de Hincha directo del Cádiz. De ciudadano de la Tacita de Plata, de cadista verdadero. Lástima como el que tiene equipos favoritos luego del suyo y se siente identificado con una idiosincrasia, una pasión, una combinación de colores y un vía crucis parecido.
Sí, mi equipo del alma, el único que me vuelve subjetivo, el equipo de mi tierra, también viste de amarillo y azul. Como Suecia, como Brasil, como el Cádiz.
Desde niño, cuando los dos onces se enfrentaban en primera, desde los tiempos de Linares y Mágico Gonzáles. En aquellos dos estadios de malas hierbas y porterías con las bases de los palos en negro. Desde esa infancia donde uno fija los quereres, me gustaba el Cádiz y solo quería que perdiera un par de veces al año. Por eso me atrevo a escribir estas líneas, por necesidad de expresar mi pena de simpatizante lejano y acompañar a los que ahora están cabreados y tristes por su condición de hincha directo. El equipo de mi ciudad vivió historias parecidas. Tras un montón de años en primera, bajo hasta los abismos de la 2ª B. Costo años, mucho sufrimiento y sin sabores salir del pozo, se hizo, se volvió a primera y en un par de años todo se volvió a ir al garete de la 2ª B. Ahora andamos a medio camino, con dos amagos serios de desaparición superados en apenas 10 años y con una lista de empresarios y políticos sospechosos detrás que han jugado en esos 10 años con el sentimiento de un montón de gente humilde. Pero ahora, aunque el criterio deportivo no brille, al menos se gasta lo que se ingresa.
Cadistas, lo saben de sobra y se los dice el aficionado de un club con historia paralela. En situaciones así, es el interés popular el que mantiene el chiringuito. No hay más solución que no despistarse y reventar el Carranza cada domingo. En primera contra el Madrid llenar el Carranza es fácil, ahí todos los pescaditos son de colores. Para lo que hay que tener huevos es para llenarlo en 2ª B un domingo por la tarde jugando contra el Mazarrón.
Lo harán, no tengo dudas, y volverán, estoy seguro. El futbol profesional los echa de menos desde ese domingo tarde del Rico Pérez. El futbol nacional les necesita como referente de historia, simpatía y espectáculo.