11 de diciembre de 2008

INSOMNIOS Y VENGANZAS

Espectacular el AVE. Cómodo, rápido. Nada que ver con los 200 años de traqueteo, con engendros tipo Madrid-Bilbao con parada en Valladolid o con la lentitud intermitente e irritante de tanta máquina antigua y desfasada que mantiene aún el parque ferroviario nacional. A Barcelona, Madrid, Málaga, Zaragoza o Sevilla, en horarios de madrugue la cosa sale rentable. Lo que no es rentable, es que a las 5:30 de la mañana te toquen al lado 3 tipos de empresa locutando para medio tren y de manera jactanciosa su tertulia de monopoly. Tres individuos con tendencias fachorras en razón de sus contenidos que no se callan ni metiéndoles debajo del agua. La Santa señora que los parió a todos. Menudas cotorras. Que sí coches de lujo, que si ferias de no se que, que si fincas, que si los perros y caballos de la puta finca, que si a Carlitos lo mandé a USA y aunque al principio no quería ahora tiene una par de novietas y no se quiere venir ni en verano el muy jodio…………sus prostitutas madres. No hay manera.
Medio coche de AVE sobando, el sueño apretándome de lleno en un cabeceo desesperante contra el respaldo y la letanía a voz en grito de los tres castellanos martilleando los hipotálamos mientras sus miradas suficientes sentencian insolidaridad ante el privado derecho a dormir.
Tras una hora de crispante somnolencia y haberme enterado de la vida y milagros de los tres personajes, terminó venciendo el sueño. Caí rendido, ganó el madrugón pese a la matraquilla de fondo y aunque no fue para mucho, la media hora escasa de dormidera sirvió para vengarme. Entre baches de alta velocidad pude verme a pleno día con los ojos abiertos y los oídos, aquellos que solo recordaban un reciente retumbar de yos, tengos y escucha Fernando que te cuento, disfrutando silencio, silencio de voces. Con los campos de Aragón corriendo alrededor alcancé a verme incorporado, asomando el cabezón y comprobando ¡oh! gracias Dios (o lo que sea), que los tres pollasbobas clase pija callaban como putos dormitando en sus sillones. Ahora me toca a mi, recuerdo que pensé, e inmediatamente comencé a tramar venganza. Inma aparecía viendo una peli y para cosas como esta es educada, madura, racional e intransigente. No me era útil, yo necesitaba escándalo, risas y gritos. De pronto y como solo sucede en los sueños, me vi en el asiento con un teléfono móvil grande y subrealista conectado a la megafonía del tren, un tono de llamada histérico y el rostro arrebatado y vociferante de mi amigo Felipe en cada uno de los monitores. Las primeras palabras bastaron para tocarle diana a los tres coleccionistas de corvettes. A las amplificadas voces de un “oh, ¿qué pasó loco?”, “¿Dónde estas metio?”, “¿Fuiste?”, los tertulianos del madrugue abrieron los ojos como catalufas y se agitaron en sus asientos como gallinas después de un cohete. Recuerdo sus miradas colocadas en modo reproche diciéndome que no querían caldo. Por supuesto que tomaron dos tazas, y más de dos. Aquello iba de un dialogo telefónico a gritos que retumbaba el vagón entero, las atronadoras risas del loco en directo y un montón de ensordecedores disparates hablados que hicieron que los tres farrucos papafritas recordaran como se siente un ser humano que pasa del sueño al insomnio. Los rezongos, los retuerzos de vigilia y las miradas inquisidoras no sirvieron de nada. Mi paranoia onírica era un tren imparable donde pijos caballeros de chaqueta y corbata eran sometidos al desquiciamiento absoluto. Empresarios fanfarrones que sangraban por las orejas, discutían entre sí mientras se tapaban los oídos, corrían por los pasillos del tren entre aullidos de desesperación y se lanzaban finalmente del Ave en marcha.
Así, en esos términos de ensoñación vengativa transcurrió mi personal viaje en ferrocarril, un viaje soñado que se interrumpió de repente cuando la megafonía verdadera lanzó aquello de “Próxima estación Atocha”. Busque a mi izquierda y solo vi revistas, periódicos y un abrigo sobre los asientos. A mi lado Inma guardaba el pequeño DVD preparando la arribada. ¿Qué ha pasado? pregunté, ¿y los tres tipos de al lado?, “No se, se han largado a la cafetería”. “Joder cariño, te has quedado dormido y te ha sonado el móvil dos o tres veces”. “No veas que escándalo, has despertado a medio tren”.
Uff, que vergüenza, no me acordé de silenciarlo.
Seguro que era Felipón.

1 comentario:

Nicola Zingarelli dijo...

Mira que eres malo.........