8 de octubre de 2008

A ÚLTIMA HORA, BERMUDAS

Es que claro, como lo dejas todo para última hora”.
Esa es la frase.

Ese es el reproche abusador y lapidario del personal femenino que te rodea dos días antes de emprender un viaje de pesca al quinto pino.
Ellas, las previsoras, las concienzudas, las fundamentalistas de la organización. Las que monopolizan el conocimiento de exacta ubicación de tus cosas útiles, las que conocen con precisión la meteorología no ya en el destino sino 200 kilómetros a la redonda. Ellas, “Las del te llevas esto, o aquello no te lo vas a llevar, y si luego…”.
Las que programan cada minuto de tu viaje aplicándole un ajuar material y un protocolo de actuación. Ellas; novias, madres, hermanas o amigas con derecho a manipularte, señoras mayores o señoritas menores, gorditas en licras, guapas pequeñajas de armas tomar o esbeltas modelos de anuncio con pamela y cesta de frutas están en sus días de gloria, uno de esos momentos en los que se reivindican como parte fundamental del devenir masculino.
La víspera, seguirán tus pasos recordándote y reprochándote a partes iguales mientras tú, apurado y forzosamente contenido desenredas la deslavazada lista mental de tus preparativos. El día “D”, mientras respiras tranquilidad en la sala de embarque del aeropuerto, te llamarán pletóricas para demostrarte que han ganado, que al final te has dejado el cargador del móvil, el neceser con los enseres de aseo y el chubasquero que te habían recomendado. “Claro, como lo dejas todo para última hora” dirán una vez más.
Pero tú, igual que yo, respirarás hondo, aguantarás su vuelta olímpica y cerrarás la comunicación con el hasta pronto más cariñoso del mundo sabiendo que en realidad no te has olvidado nada, que las cañas, los carretes, los jigs y la cámara de fotos están contigo viviendo una nueva experiencia y grabándole otra muesca a la culata del revolver. Para ti, al igual que para mi, ropajes, espuma de afeitar y baterías de móvil pueden irse a tomar por saco durante los próximos 7 días, noches inclusive.

Sí, me voy el jueves a pescar a Bermudas. Al otro extremo del charco en el que floto y sí, lo dejo todo para última hora.
Y es que lo contrario no mola. Si uno tuviera la bolsa y los equipos de viaje listos desde semanas antes, el viaje pierde un 30 por ciento de encanto, pierde el encanto que le proporcionan las prisas, la expectación, el derrape, la lucha contra el crono y la emoción de la partida.
Bermudas. Un lugar legendario donde según la historia adaptada, desaparecen aviones, barcos y personas. Un jigging fishing trip probatorio que tiene a los grandes amberjacks atlánticos en el punto de mira.
Me añado a 4 enfermos terminales del mar y sus habitantes. Tipos experimentados y amantes del buen jigging.
Me marcho al vértice noroeste del triangulo por donde dicen que se sumían aviones, barcos y personas a practicar el viaje y su esencia, la exploración.
En cualquier caso, como me temo que pueda ocurrirnos de todo menos desaparecer, contaremos a la vuelta.

No hay comentarios: