7 de octubre de 2008

FORMULA 1. POR MI QUE LE DEN


De repente, este puñetero país y sus islas adyacentes, son hinchas fervientes de ese coñazo insufrible de deporte (?) que es la Formula 1.
Toda la vida sin precedentes, tradición, ni referencias de ningún tipo y hala, de buenas a primeras, un españolito achaparrado, borde, antipático y cargado de mala leche gana unas cuantas carreras, consigue un par de campeonatos y ya esta este país de papanatas e histéricos nuevos pijos subiéndose al carro de la moda a través de la versión más snob del deporte (?) de las cuatro ruedas.
Vale, admito que hasta cierto punto este es un país automovilístico donde siempre ha habido cierta afición a los rallies. Bueno, a los rallies o a las cogorzas campestres con la excusa de ver a Carlos Sains o Juha Kankunen haciendo trompos por el monte, pero en cualquier caso, esta nación que aún atufa a primitivismo, que corre y martiriza toros para luego tocarle una sentida serenata mientras cuelga desollado de un gancho, este país bipolar, tan desfasado y moderno a la vez, esta tribu mil leches que se ha pasado media historia con el transistor en la oreja apuntando goles y que solo de últimas ha admitido el baloncesto como pasatiempo deportivo a la derecha de padre fútbol, no da el pego travistiéndose los domingos en la mañana con una ridícula camisola llena de anuncios que escribe Renault en el pecho con letras mayúsculas. No es creíble, ni de coña.
Y es que la peña que hablaba de fútbol o callaba para siempre, ahora participa en conversaciones de cafetería en las que se menciona 20 veces las palabrejas safety car o pit line. El puretilla barrigón forofo del atleti ya no se jiñe en el árbol genealógico de Mejuto, ahora le preocupa el que Hamilton vaya mucho más corto que Kubica o que las curvas de Monza favorezcan a Maza que tiene mejor tracción.
Y es que ahora, como por arte de magia, todo Dios sabe de formula 1. Mí vecino del 3º sentencia complicadísimos comentarios de mecánica en cada conversación sobre automovilismo y sin embargo, el otro día lío la de Dios porque confundió la condensación del aire acondicionado de su coche con una perdida del radiador. Y es que lo que hacen es escuchar a los especialistas que comentan las carreras, leer tres crónicas y repetir como cacatuas hasta cuadrar dentro del selecto mundo de los entendidos en Formula 1, .
Enterados, eso es lo que son, enteradillos papanatas en un deporte (?) en el que en el 95% de las veces la habilidad desaparece aniquilada por las contingencias de si uno tiene que echar gasofa más veces que el otro, de ver lo que tardan los del mono rojo en cambiar una rueda, de si hay chirimiri o por el contrario jarrea…… el espectáculo activo de este rollo de la Formula 1 depende de la desgracia, del error o del accidente y concentra emoción apoyándose en el morbo.
Es como si el espectáculo y el resultado de un Madrid – Barca dependiera de la calidad y sofisticación de las botas de los jugadores o del número de lesionados.
En la formula 1 gana impepinablemente la tecnología al servicio del dinero. Gana el piloto que mejor coche tiene a disposición porque es el que más dinero tiene a disposición. Y nunca, salvo contingencias, ganará el piloto japonés que sale último. Para que eso ocurra tienen que estrellarse cuatro y averiarse seis en la misma mañana, pero aún así, el japonés no habrá ganado, habrá llegado el primero, que ni de coña es lo mismo.
En el fútbol, a la larga, el que gana también es el que más tiene, pero la tecnología en la que se invierte es talento humano, y la emoción y el espectáculo dependen de la habilidad individual y grupal y no de las virtudes técnicas de tus herramientas de trabajo. Son 11 marulos que pelean contra otros onces en igualdad de cuerpo y alma. Por eso el Barcelona cae en los Pajaritos y el Getafe disputa una final de Copa, independientemente de la nieve, el desayuno de los jugadores o la calidad de las botas.
Además, radicalizo; cualquier deporte que se precie de serlo debe mostrar como condición ineludible la imagen evidente del cuerpo humano realizando esfuerzos. Ya sea sobre una bici, atizando una pelota o nadando contra corriente en mitad del Volga. Lo contrario, son espectáculos coñazo que solo sirven para engordar el caché de fantasmillas en función del fetichismo y snobismo de la tecnología y la exclusividad.
Joder con el último párrafo. No se de donde me ha salido.
De esta me la gano, seguro.
En fin, eso, que juro que no volveré a ver Formula 1 hasta el próximo gran premio.

1 comentario:

hechelon_rafa dijo...

Uy lo que me ha dicho el penco éste...