17 de septiembre de 2008

MAS NADA

Hace unas cuantas noches, mientras esperaba mi turno en la farmacia para comprar un medicamento, una isleña de mediana edad que llevaba de la mano a un niño vestido con el traje típico de los barrios marginales de Los Angeles o Nueva York, se atrevió apoyándose en su solemne analfabetismo a corregir a una amiga el hecho de responder al dependiente con la expresión “más nada”, cuando este le había preguntado si deseaba comprar alguna otra cosa.

Se dice nada más María, se dice nada más”, le espeto corrigiéndola la gordita madura mientras armaba una sonrisa que trataba de rebajar el desaire.

La paisana María, inconsciente de lo que no había cometido, algo aturullada, molesta por la corrección de la erudita y despejando la posible vergüenza respondió con un “Bueno, bueno, el señor me entendió ¿verdad?”. Para a continuación recoger el cambio, cargar lo comprado en el bolso fucsia de esparto y tomar camino, no sin antes, clavarle a su comadre una mirada que en caso de haber sido laser hubiera fundido cuatro manzanas de edificios alrededor.

Pues sí Doña María, si la entendió. Mire si el farmaceútico la entendió que en cuanto usted y su amiga movilizaron sus lustrosos morcillones y sacaron puertas afuera de la botica, el almacén de dulces Eidetesa y cafes con leche que contienen sus 100 kilos en licras, se me quedo mirando, procesó mi gesto de complicidad guasona y en un ataque de locuacidad e inteligente ironía comenzó, mientras me despachaba la caja de grajeas, a recitar en viva voz portuguesa y a lo Pessoa, unos versos que terminaban cada estrofa con un sonoro y muy vocalizado “Mais nunca”.

Si Señora María, yo, como el farmaceútico, también la entendí. Mire si la entendimos, que a renglón seguido y tras terminar de asentir con mi cabeza la ocurrencia del poema, sin hablarlo y como arte de telepatía, aquel tipo flaco, de nariz aguileña y ademanes de Sir ingles estaba mentalmente enfrascado con un servidor en cerrar aquel lance de socarronería de la única manera posible; sin más conversación, sin un gracias, sin tan siquiera un buenas noches, sin otra cosa que no fuera una pregunta, la pregunta y sin otro añadido que no fuera una respuesta, la respuesta.

Me pidió 3 euros por las pastillas, se los pague con creces, buscó el cambio, me lo alargó, me miró con una mueca de risa y regodeándose en la fabricación de un final limpio y perfecto me preguntó con pausa y solemnidad: “¿Desea usted alguna cosa más?”.

Imagínense. Nunca he respirado tan hondo y nunca he visto a nadie disfrutar más con una contestación. Mi respuesta fue la más contundente y vocalizada de mi vida. Fue un lusismo eterno, uno de esos giros gramaticales de mi habla diferenciada, de esos que conforman mi idiosincrasia y me identifican con un lugar y un acerbo cultural.

Fue un “MÁS NADA” de libro, un “MÁS NADA” rotundo que me salió del alma.



Para los que no estén al tanto, la denominada habla canaria es una modalidad archipielagica, meridional o atlántica del español, que se caracteriza por ser fonética, gramatical, léxica y semanticamente producto del mestizaje cultural desarrollado durante siglos en virtud de la situación geográfica, el proceso de colonización de las islas y latinoamerica, el legado aborigen, los fenómenos migratorios y las relaciones con portugueses e ingleses en siglos posteriores.

Precisamente a esas influencias portuguesas se debe la presencia en el habla común de las islas de palabras y expresiones identificadas como lusismos. Lusismos como el “mas nada” y el “más nunca provenientes del “mais nada” y el mais nunca” de la lengua portuguesa.

También para los que no estén al tanto, las dos mujeres de la farmacia pueden representar perfectamente la matriz sobre la que se desarrollan las personalidades de muchos canarios actuales. Secularmente pasivos, ignorantes (por ignorantados), pobres, acomplejados, obesos, indolentes, miedosos y analfabetos. Desconocedores de su historia y de los valores de su cultura, sobreviven como feroces consumidores de elementos y estereotipos ajenos a las características que informan el lugar donde viven y las costumbres y hábitos de su personalidad colectiva originaria.


1 comentario:

Abe dijo...

Si vd supiera de la bronca que un servidor mantuvo con una Agente de la Autoridad a la que me dirigí con nuestro “mi niña”............... pues eso que más nada.