23 de septiembre de 2008

ETOLOGÍA COFRADE. CUANDO SE RÍEN DE MI


Cuando los dos compañeros de jigging se rien de mi porque alguno de los Accuratte se cruza de espiras y hay que desovillar hilo con la mano, o porque en un descuido me da por lanzar el señuelo unos metros y se arma la de Dios con el trenzado y el bajo, siempre les respondo lo mismo porque indefectiblemente siempre pasa lo mismo: no se rian, que ya saben que cuando hacen eso, en cuanto termino de desenredar y dejo caer de nuevo, lo pego. Que pego el animal, ya lo verán y también verán como quedan rascados por haberse reido y burlado de mis contingencias. Miren que Dios o lo que sea nos acecha desde la otra dimensión y miren que cumpliendo con la ininteligible creencia humana que le atribuye justicia y recompensa por un tubo les va a pribar de su peje a favor de este ridiculizado y sacrificado sujeto que pacientemente y sin decir ni mu sufre el latoso desenredo. Déjense ir un poquito, que miren que tal y como esta el veril, un peje es gloria del día y si lo cojo yo no lo pegan ustedes.
Pero nada, ellos ni caso. Que si los molinillos de café de Mariao, que si loco quita eso que no sirve, que si el equipo de Mary Poppins, que si se ve más el dedo que el carrete, que si sigue así bobito y no tengas prisa que yo pesco por ti, y Jojojojo y Jajajajaja. En fin, todo eso y más cosas que no cito y que caben en una especie de rosario guasón de 5 minutos que reproduce burlas, relajito, bacilón y risas contra mi persona y que como ocurrió el pasado domingo, trasciende a mejor vida en cuanto mi jig vuelve a tocar océano y un jerking sobre hierro japonés semilargo, siempre corto y ajustado al peje que se intuye, le mete fuego en el cuerpo a una sama decana en libras que ofrece una pelea violenta, sostenida y divertidísima al ajuar pesquero de la mentada Mary Poppins.
Entonces se acabo la risa y viene el asombro, el rascarse la cabeza, el mirar para otro lado, el achique de culpas, las justificaciones y los remojones de indolencia. Las primeras manifestaciones son inculpaciones reciprocas entre los agraviados: “lo ves, ya te lo dije loco que no te rieras que luego la pegaba”, “Cállate maricón, que el que estabas descojonándote de él eras tu”, “no te acuerdas del otro día que paso lo mismo”. Las segundas reflexiones son explicaciones anti cabala; “Claro, tu no ves que cae el último y el bicho viene ya detrás de los resplandores nuestros”, “se lo vamos engodando”. El tercer tipo de manifestaciones ya solo persigue deshacer el tiro de amargura, rebajar el sabor de la medicina recién ingerida. Viene a ser como un vaso de agua helada tras beberte una botella de mojo. “Chacho, esta guapa la sama”, “ños, estaba pa ti”. “Es la hora bobo, ahora seguro que empiezan a comer”, “tuviste suerte, le cayo en el hocico, ellas se le tiran a cualquier cosa que les pase cerca”, “a mi antes también me dieron un raspillón. “Yo cogí dos ayer p´alli tras”……etc, etc, etc, pero lo único verdadero es que las risas cambiaron de bando y ahora soy yo el que ríe último, cargo contra los “compis” y encima me puede permitir como penitencia a su actitud, imponerles la sesión de fotos que se me antoje. Eligiendo ángulos, ordenando el escenario y tomándome todo el "time" del mundo. No hay legitimidad para la protesta.
Ay, mi cofradía. Aunque parezca lo contrario, un domingo juntos es salud mental para el resto de la semana.


No hay comentarios: