26 de junio de 2008

DOS DÍAS DESPUÉS DEL DESCENSO DEL CADIZ


Juro que cuando en Carrusel cantaron el penalti a favor del Cádiz me vi a mi mismo un domingo tarde de principios de los 90 en la grada más popular del estadio de mi ciudad escuchando como Quico remontaba un partido al Zaragoza o como Szendrei paraba penaltis al Málaga para quedarse en primera in-extremis, con todo el sufrimiento posible.
El domingo, en el momento de autos, hasta el relato de la jugada sintonizaba con el carácter accidentado e inverosímil del momento. Penalti claro, discutible, mano voluntaria y estúpida, involuntaria e igual de estúpida, no se entiende la acción, el Rico Pérez aplaude...... que se yo cuanta información atropellada. Lo cierto es que parecía que el destino le volvía a guiñar un ojo al Cádiz y la mano milagrosa parecía dispuesto a rescatarlo por las solapas en el último segundo. Sí, el tal Abraham Paz le iba a pegar, a cara o cruz. La verdad es que el primer pensamiento de uno es inevitable, ya esta, un penalti en el último minuto, ya se salvo, escapó el Cádiz de nuevo, que bueno diría el chikilicuatre, pero inmediatamente piensas en el fallo, y la mueca de regaño te sale sola, incluso la relatividad del tiempo mental da para marcharte a otro lado e imaginarte el estadio de Anoeta con todo finiquitado y colocarte el pellejo de la gente del Córdoba que acaban de terminar fastidiándole a la Real Sociedad lo poco que le quedaba de ascenso y fíjate, con la misma, ahí, a píe de césped, tienen que tragarse a pura lagrima el meritorio empate fuera de casa y morir sin las botas puestas.
En fin, que le pega Abraham Paz y se va al palo pero puede entrar y no, pega en el portero y se traba la lengua del locutor pero termina diciendo que es corner o fuera o el limbo, pero de cualquier manera se acaba lo que se daba en el futbol profesional para el simpático y entrañable Cádiz . Sí, el reloj no da más vida. Al palo, la tiro al palo. Y ahora menos, pero en ese momento, uno se pregunta desde la poca sabiduría que dan 20 años jugando en equipos regionales como defensa gañan y marrullero. ¿Cómo es posible que alguien, sin tiempo ni para parpadear, jugándose la supervivencia de un sentimiento colectivo tan grande como es un equipo de fútbol, elija ajustar tanto un lanzamiento de penal como para que golpee en el palo?. Acepto que a cualquiera se le atropelle la templanza de ánimos y la mande 20 metros por encima del larguero, pero que la tire al palo. ¡Hombre!..... marca el centro, dale tres cuartas más a un lado al cañón, elige empeine total, métele el cuerpo encima, pégale todo lo fuerte que puedas y que sea lo que Dios quiera. Que la rechace el portero, que le doble las manos, que le parta la nariz y vaya para adentro, que te vuelva a caer muerta para meterla de rechace. Juega con el sentimiento ajeno. Al menos pon al portero en la tesitura de poder hacer dejación de funciones o que por la mente le pase el deseo de no ejercer de aguafiestas. Quien te dice que al pibe no le da pena ver a una legión de gente vestida de amarillo colgando de un hilo y se deja caer a un lado como apartándose. ¿A que viene ese ataque de precisión?. Jugar a Beckham. En fin, de todas maneras, que bien se ven los toros desde la barrera y que ganadores son los “si hubiera”.

Lástima. Sí, siento lástima. No como lástima triste de Hincha directo del Cádiz. De ciudadano de la Tacita de Plata, de cadista verdadero. Lástima como el que tiene equipos favoritos luego del suyo y se siente identificado con una idiosincrasia, una pasión, una combinación de colores y un vía crucis parecido.
Sí, mi equipo del alma, el único que me vuelve subjetivo, el equipo de mi tierra, también viste de amarillo y azul. Como Suecia, como Brasil, como el Cádiz.
Desde niño, cuando los dos onces se enfrentaban en primera, desde los tiempos de Linares y Mágico Gonzáles. En aquellos dos estadios de malas hierbas y porterías con las bases de los palos en negro. Desde esa infancia donde uno fija los quereres, me gustaba el Cádiz y solo quería que perdiera un par de veces al año. Por eso me atrevo a escribir estas líneas, por necesidad de expresar mi pena de simpatizante lejano y acompañar a los que ahora están cabreados y tristes por su condición de hincha directo. El equipo de mi ciudad vivió historias parecidas. Tras un montón de años en primera, bajo hasta los abismos de la 2ª B. Costo años, mucho sufrimiento y sin sabores salir del pozo, se hizo, se volvió a primera y en un par de años todo se volvió a ir al garete de la 2ª B. Ahora andamos a medio camino, con dos amagos serios de desaparición superados en apenas 10 años y con una lista de empresarios y políticos sospechosos detrás que han jugado en esos 10 años con el sentimiento de un montón de gente humilde. Pero ahora, aunque el criterio deportivo no brille, al menos se gasta lo que se ingresa.
Cadistas, lo saben de sobra y se los dice el aficionado de un club con historia paralela. En situaciones así, es el interés popular el que mantiene el chiringuito. No hay más solución que no despistarse y reventar el Carranza cada domingo. En primera contra el Madrid llenar el Carranza es fácil, ahí todos los pescaditos son de colores. Para lo que hay que tener huevos es para llenarlo en 2ª B un domingo por la tarde jugando contra el Mazarrón.
Lo harán, no tengo dudas, y volverán, estoy seguro. El futbol profesional los echa de menos desde ese domingo tarde del Rico Pérez. El futbol nacional les necesita como referente de historia, simpatía y espectáculo.


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